Caminata Girardota - Alto de la Virgen
Asistentes: Luis Fernando Zuluaga Zuluaga, Juan Fernando Echeverri Calle y Jorge Iván Londoño Maya.
Inasistentes: Carlos Olaya Betancur y Gloria Helena Gutierrez Gómez. Otra más y se les cancela la matricula.
Duración: Que hijuemama 3 horas pa´ duras
Nombre: De la Mano de María Virgen
¿Pa´donde van don Jorge?
Arfirio, vamos a subir del parque de Girardota hasta el alto de la Virgen.
Aaahhhh, que subida tan berrionda; pero eso pa´ustedes no es nada
Eso cree usted Arfirio
Menos mal don Jorge el día pinta como bueno
Ojala, al menos que no nos llueva y que se quede encapotado que así es mejor para caminar.
Bueno Arfirio, Dios mediante hablamos esta tarde
Que les vaya muy bien don Jorge.
Este fue el diálogo que sostuve con Arfirio, el portero de nuestro edificio, quien además es el director del grupo de música guasca Arfirio y sus Friolentos, yo los puse así porque todos son oriundos de Santa Rosa de Osos. Para presentaciones en diciembre no pregunten, porque están copa´os desde marzo. Así de sencillo.
A buen paso completé las 6 cuadras hasta la estación Estadio. Allí me uní a Juanfer quien muy puntual venia en el segundo vagón, y hágale para Niquía, punto de encuentro. En la estación san Antonio cogimos para el lado contrario, y nos dimos cuenta hasta cuando íbamos bajando las escaleras, ¿la causa? Contándole a Juanfer intimidades de la pasada tertulia, a la cual no pudo asistir porque lo llamaron a una reunión con la plana mayor del metro para condecorarlo como “pasajero fiel” y para prestar una platica en el grupo financiero que representa.
Con diez minutos de adelanto llegamos a la estación Niquía, otrora pista aérea para elevar cometas que se elevaban tanto que les ponían bombillos intermitentes para alertar a las avionetas que por allí pasaban raudas para el Olaya Herrera; así como dormitorio cinco estrellas de los trenes del glorioso Ferrocarril de Antioquia, de los cuales hoy, vencidos por el tiempo, sólo quedan los esqueletos de tres o cuatro vagones, arropados por los recuerdos de quienes fuimos sus agradecidos pasajeros y abrazados por la maleza que pretende tapar la indiferencia de todo un pueblo.
Raro que no encontráramos a Luisfer por ahí sentado en alguna banca leyendo el Colombiano, porque es más cumplido que agiotista cobrando intereses. Al rato apareció mezclado entre el gentío que a esa hora sube y baja de la plataforma, y como soldado que llega tarde a la izada de bandera, dio las explicaciones del caso, plenamente justificadas por la cúpula de los Todo Terreno.
Del metro pasamos al paradero de los buses hasta que paso una estrecha buseta para Girardota, apta para llevar niños de kinder pero no caminantes con “alguito” de sobrepeso, con cayados de 1 metro y 50 centímetros de estatura y morrales con sobrecupo. La subida y la bajada de ese armatoste se convierte en un exigente ejercicio físico, apenas para los hombres de acero.
Esa buseta se fue a mil, parecía un marrano huyéndole a un bulto de helecho, por lo que sólo dio tiempo para leer la columna del contertulio Raúl Emilio Tamayo y la de su vecino Ramiro Valencia Cossio. No eran las 8 de la mañana y ya estábamos a merced de los 40.404 girardotanos entre quienes comparten honores el alcalde Luis Fernando Ortiz, nombrado hace poco como el mejor alcalde de Colombia para municipios hasta 50.000 parroquianos, y el Señor Caído.
Girardota, que en sus inicios tuvo el nombre de Hato Grande, es hoy un remanso de paz aromatizado por 35 trapiches paneleros; ubicados en los cuatro puntos cardinales, para muestra, hace como dos años cerraron la cárcel, por lo que sus instalaciones pasaran a ser oficinas de la administración pública. Este año tuvieron que traer dos presos prestados de Copacabana para celebrar el día de la virgen de las Mercedes, patrona de los reclusos. Y sin Cañar, al sepulturero lo tienen trabajando medio tiempo.
Dos cuadras mas abajo del parque nos bajamos como pudimos de la buseta, y nos entramos a una panadería muy diferente a aquella de San Antonio de Prado, ¿la recuerdan? Ésta si de mobiliario modesto pero con mucho calor humano. Afuera sobre bandejas se exhibían humeantes los pandequesos, las almojábanas, los buñuelos y demás piezas del amplio repertorio de nuestras típicas panaderías. El luisfer y el juanfer se fueron por par almojábanas con cafecito con leche, y el suscrito por un huevo en cacerola tirando paso sobre una deliciosa pista de maíz (arepa) y a falta de chocolate bueno es el chocolisto. Creo que me demoro para pedir huevos revueltos, porque es muy difícil conseguir algunos medio parecidos a los que hace Marta Ligia Rodas de Londoño.
La cuesta se va empinando hasta que llegamos a las partidas para la vereda Manga Arriba, que nos da un respiro por el terreno plano y ondulado. En este tramo nos encontramos un amable parroquiano quien el primer sábado de cada mes sube al alto de la virgen, o sea el más indicado para darnos cartilla sobre el camino a seguir.
Pasamos por la tienda en donde el 18 de marzo de 2006, día que hicimos esta misma caminata, paramos con el kurdo, ataviado con su turbante musulmán y Olayita, hoy ausentes. Nos duro poco la dicha porque el terreno plano se nos acabó en un sitio conocido como “las sombrillas”. A pesar que llevábamos las instrucciones de aquel amable girardotano, reforzamos con las indicaciones que nos dio un jubilado de Polímeros Colombianos, quien lucia la camisa de trabajo con el nombre de la empresa, lo que le valió un emocionado saludo de Juanfer, quien a todo le hace una piñata.
Ahora si, la subida es subiendo. Por fortuna yo llevaba mis tractores con cordones que se aferraban muy bien a los rieles de cemento, los cuales desaparecieron al poco rato para darle la bienvenida al camino real, con piso de barro amarillo, que estaba blando pero transitable. En ese momento el pelicandela Restrepo tenía las parrillas en alto, pero unos negros nubarrones jugueteaban con nosotros pasando de izquierda a derecha y viceversa.
Terminamos el primer tramo del camino y llegamos a la vía pavimentada la cual nos llevó hasta el sitio conocido como la Terminal. Allí nuevamente cogimos los empinados rieles hasta llegar al corazón de la vereda Manga Arriba, en donde fuimos recibidos por unas amables señoras que estaban soleando la nieta de una de ellas. Dos cuadritas mas arriba se nos abre el panorama y aparece ante nosotros la enorme montaña que nos espera arremangada y que con vos de hombre nos dice: ¡vengan pues que aquí los espero, no estaban tan machos allá en el atrio!
En el último plan, de dos cuadras de largo, nos encontramos un perrito pelicandela que se nos pegó a la caminata y la hizo completa a nuestro lado. En este tramo obtuvimos la última información sobre el camino a seguir, dado por una persona inválida quien con pelos y señales nos mostró el mapa virtual hasta el santuario de la virgen Santificadora, nuestra meta.
Al pasar por una de las dos casas que hay a borde del camino, y en la que se nos acabaron las existencias de bombones, la dueña nos dijo que Tote era una perrita, y que se mantenía por esos caminos. Que ella no la adoptaba porque ya tenía varios perros. Así que la seguimos llamando Totea, para que el nombre le saliera con el cambio de sexo.
Terminado el repecho regresa el ascenso hasta el sitio donde hay unas partidas. Allí, a diferencia de la primera caminata, cogimos por la trocha que nos llevaría directamente hasta el santuario de la Virgen Santificadora. Cuando se entra a esa trocha, haga de cuenta que nos despedimos del mundo, corrimos el telón y quedamos solos para afrontar el último repecho de la montaña.
Al llegar a la cima, y gracias al sermón que desde muy atrás traía Juanfer, “ya casi se larga el agua” se dejaron venir unos enormes goterones, por lo que de inmediato imploré a la Milagrosa para que no lloviera, dimos 20 pasos, ceso la lluvia y salió tímidamente el sol, fue cuando aproveche para decirle a Juanfer: “hombres de poca fe, no prueban leche porque no hay café”
De la cima comienza la descolgada y luego el plan en donde aparecen unas voces que irrumpen el silencio del bosque, eran unos peregrinos rezando en el santuario. A las 11 y 20 de la mañana Totea rompió la cinta de llegada y detrás los caminantes.
Del santuario bajamos hasta la iglesia donde tiene su asiento el convento de las monjas de la comunidad Siervas de María Santificadora, en donde daban inicio a la misa de las doce del día. Allí fuimos recogidos por mi hermana Sonia, su esposo Mario, y mi tia Gilma, monja de la comunidad de las Teresitas, quienes previamente nos habían invitado a almorzar a su finca, ubicada muy cerca de donde nos encontrábamos. Así que tirando “carro particular” nos fuimos hasta la finca en la parcelación Altos de la Molina.
Luego de conocer la huerta, donde el primer puesto se lo disputan las granadillas, las curubas, las uchuvas, la papa, la mora de castilla, los higos, el maíz, el fríjol y las legumbres pasamos a manteles. Lo primero que había que hacer era escoger el plato, obviamente Juanfer se llevó el que parecía una ponchera de esas para enjabonar ropa toda la noche. Claro que Luisfer y el suscrito no nos quedamos atrás.
Luego de la siesta virtual y de echar más cháchara. Sonia y Mario nos bajaron hasta la autopista en donde cogimos una buseta de Marinilla, las del atraco de aquella tarde, y claro…nos tocó de pie, pero hasta mejor porque si encontramos puesto a esta hora todavía estaría el chofer bregándonos a despertar de la siesta.
En la estación Universidad cogimos el metro de regreso a nuestras casas, no sin antes admirar el maravilloso espectáculo que brindan el parque Norte, el parque Explora y el jardín Botánico. Devolviendo los pasos por las 6 cuadras de la estación Estadio hasta mi casa, caí en cuenta de que no habíamos rezado al Ángelus y era precisamente la caminata en honor de la Virgen María. ¡No te enojes Milagrosa que en la próxima te lo rezamos dobles!
Recuerden, mañana martes 27 de Noviembre es el día de la Virgen Milagrosa, patrona de los Todo Terreno y mi tocaya, a mucho honor.
Hasta la Próxima
JORGE IVAN DE LA MILAGROSA LONDOÑO MAYA