De piedra en piedra, de polín en polín
Día: sábado 25 de julio de 2009
Asistentes: Juan Fernando Echeverri
Gloria Luz Coneja Muñoz
José María Ruíz
Gloria María de Poeta
Luis Fernando Zuluaga
Carmencita de Zuluaga
Luis Fernando Múnera
Clarita de Mú.
Grúa
Elbacé Restrepo
Atendiendo a una vieja invitación de los Caminantes Todo Terreno para que nos uniéramos a su grupo, el sábado 25 de julio se nos llegó la hora. Nos levantamos antes que el gallo, para estar listos y llegar a tiempo a la cita que nos puso Juanfer en la estación San Javier a las 6:04 a.m., ni un minuto más, ni un minuto menos. Los demás llegarían a sus respectivos puntos de encuentro y finalmente deberíamos reunirnos todos en la terminal del norte a las 6:29. Así de exactos.
¡Y llegamos! Sólo faltaba nuestro amigo Kurdo, a quien nos dispusimos a esperar entre abrazos, picos, holas y qué más… El chiste del momento estuvo a cargo de Grúa, el sardino, que nunca dizque se imaginó estar en un paseo de la tercera edad. No, pues, tan chiquito el niño y ya camina.
Una vez hecha la vaca y entregada la plata al poeta tesorero, Zuluaga y Juanfer nos mandaron a todos a “tanquiar” mientras ellos esperaban al ausente. Como para comer no nos tienen que rogar, seguimos a Josema, siempre a paso de caminante, y en una de las cafeterías de la terminal hicimos el pedi
No supe nunca si abordamos un bus pequeño o una buseta grande, pero su interior estaba bastante confortable.



Por el momento, dijo don Benjamín, no hay recursos para adelantar un proyecto turístico, a pesar de que se está restaurando la estación Santiago, una casa bellísima como podrán ver en las fotos.
Esperamos, con el cariño inmenso que sentimos por nuestra tierra paisa, que los proyectos que se adelantan y los que aún están en el papel, como la doble calzada Hatillo – Barbosa – Puerto Berrío, lleven progreso y bienestar a Santiago y a sus mil y piquito de habitantes.
El desayuno consistió en arepa y carne; arepa, huevos y tajada de plátano maduro; arepa, quesito y carne…

Después de tener la barriga llena, como nos gusta a los Todo Tragones, cogimos cayados, morrales, linternas y cámaras. Merodeamos por ahí y nos dispusimos a empezar la aventura más emocionante del día: pasar a pie el túnel de la Quiebra, un monumento a la ingeniería que empezó a construirse en 1926, Imagínense: ¡1926! Casi podríamos decir que para la época no se construyó ni siquiera con las uñas, sino con la cutícula. A continuación, la maravillosa opción que nos ofrece internet (copiar y pegar) sobre la historia del túnel:
“El túnel de la Quiebra era el último obstáculo a vencer para comunicar a Medellín con Puerto Berrío. Es una de las obras de ingeniería más importantes realizadas en Antioquia e iniciadas en el siglo XIX, como el Puente de Occidente, que buscaban facilitar el intercambio comercial con el resto del país y con el exterior.
El ferrocarril de Antioquia, iniciado en 1875 buscaba comunicar a Medellín con el puerto fluvial de Puerto Berrío. El trazado general del ferrocarril había sido diseñado por el ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros, quien había utilizado los cursos naturales de los ríos Nus y Porce, para evitar tener que realizar grandes trabajos de remoción de tierra; sin embargo y al llegar al sitio denominado "La Quiebra" sobre la Cordillera Occidental, era necesario tomar una decisión que alteraría el curso normal del trazado férreo que había sido pensado para tener una inclinación máxima de un 3%, por cuanto y debido a la considerable altura un trazado con esa inclinación no podía superar la montaña.
El estudiante de ingeniería Alejandro López Restrepo, en 1898 en su trabajo de tesis El paso de la Quiebra en el Ferrocarril de Antioquia, luego de analizar las anteriores posibilidades, propone la construcción de un túnel de más de 3.500 metros, que no sólo incrementaba en más de un millón de pesos la construcción total de la línea sino que resultaba impensable para sus jurados de tesis quienes por poco evitan que pueda graduarse.
La tesis de López no sólo resulta visionaria por proponer una solución avanzada para su época desde el punto de vista técnico, sino que nace de la creencia que el hacer una importante inversión económica en esta obra a largo plazo se verá compensada con la reducción de los costos de operación y mantenimiento, que las anteriores propuestas no contemplaban.
En 1914 cuando la primera locomotora llegó a Medellín, el ferrocarril estaba aún interrumpido entre las estaciones de Santiago y Cisneros que se comunicaban por una carretera de 27 kilómetros. En este momento se consideró la posibilidad de construir un túnel a través de la cuchilla que separa los cañones del Río Porce y el Río Nus. Aunque la obra tuvo muchos opositores a causa de los altos costos, siempre contó con el apoyo del General Pedro Nel Ospina Vásquez ahora Presidente de la República, quien apoyó como Rector de la Universidad de Antioquia la tesis de López y ahora se empeñó en su realización.
El 15 de marzo de 1926, el Gobierno de Antioquia dictó la ordenanza autorizando la construcción del túnel con la firma canadiense Frasser-Brace Ltda. En el contrato, la firma se comprometió a entregar el túnel en tres años, empleando personal principalmente antioqueño y a entregar la maquinaria utilizada a la Empresa del Ferrocarril de Antioquia, garantizando la calidad de las obras por seis años.
Inicialmente se extendió el ferrocarril hasta el punto denominado El Limón, que cobró importancia como terminal de la división Nus y frente de trabajo para la construcción del túnel. Se construyeron edificios para el destacamento de guardias de Antioquia y para el telégrafo, de madera y teja de barro. Igualmente se edificaron otros para convertir a este sitio en un puerto seco para el ferrocarril.
En los terrenos aledaños se trazó una población que tenía la intención de ser higiénica y confortable, dotada de alcantarillas, agua potable y luz eléctrica, pero el poblado nunca superó los diez edificios a pesar de la entusiasta acogida inicial.
La obra finalizó el 14 de julio de 1929, siendo inaugurado con el paso del primer tren de carga el 7 de agosto del mismo año.
Bueno, y allí estábamos nosotros, 10 caminantes entre expertos y novatos, dispuestos a cruzar el túnel exactamente 80 años después de su inauguración,

Nos llamó la atención que en un punto del túnel, que presumiblemente es la mitad, se puede observar el resplandor de la luz en la boca de entrada y en la de salida, lo que hace pensar que el túnel es recto en su extensión. Si estoy equivocada me corrige algún ingeniero, por favor.
Durante el trayecto se oían los avisos de Josema, que a paso de caminante marcaba el ritmo de la marcha: “Ojo que por aquí está lloviendo”, y sí. Efectivamente cae mucha agua dentro del túnel. El aire es denso, helado y a la luz de las linternas se veía bastante particulado.
Teníamos mucha expectativa de ver “la oficina” donde les pagaban entonces a los trabajadores de la obra. Y la vimos: una mesa que remeda un escritorio y una silla, talladas en la misma piedra de la montaña y debidamente incrustadas en ella. Muy bonito, sí señores.
Dos veces nos hicimos a un lado para que pasara la “marrana” otra muestra de ingenio para transportar mercancías de una estación a otra, en un volco relativamente pequeño amarrado a una moto que se mueve por los rieles como pez en el agua.
Cuando empezamos a ver la luz al final del túnel también empezó a oírse una serenata ofrecida por los duetos de Coneja y Gloria, Zuluaga y Múnera, Grúa y Poeta. Así, entre piedras, polines, chorros de agua y canciones colombianas; después de una hora salimos a la luz. Ahora estábamos en la estación

Unos cuantos pasos más y estábamos en la Estación El Limón. Un paisaje muy bonito, lleno de verde, de sol y de calor extremo. Guiados por los TT expertos fuimos a refrescar gargantas en Alaska, una tienda, cantina, discoteca, no supimos a ciencia cierta, demasiado grande para un caserío donde no vimos más de tres personas que viven en no más de seis o siete casas. En todo caso, en medio de un calor infernal, Alaska nos provocó una sonrisa, por el contrate entre nombre y entorno, y un referente de nieve, hielo y frío que proyectamos en unas cuantas cervezas bien heladas para refrescarnos.
El viejo hotel donde se hospedaban los viajeros del tren es una construcción tan bonita como abandonada. Después de las incontables poses para alimentar todas las cámaras, reanudamos la marcha. Sentí que me desmayaba cuando oí, de refilón, que nos faltaban tres horas para llegar a Cisneros, destino final. Quienes son tan sedentarios como yo sabrán entenderme… pero ¡a lo que vinimos! Un, dos, tres…
Bueno, así, entre charlas, risas, riachuelos, moliendas,

Lo que siguió fue comprada de tiquetes para asegurar el regreso y un recorrido por la plaza, que no es plaza, en busca del almuerzo, ¡qué hambre! De camino a Residencias Lolita pasamos por la casa donde vivió la familia de Juanfer y donde nacieron sus hermanos mayores. Fotos, reminiscencias y más fotos.

El almuerzo, como podrán ver,

Salimos de allí un rato después, soy mala para llevar tiempos, y avisó Juanfer que todavía faltaba visitar el puente colgante. Entré en huelga. Ya había sido suficiente de piedras y polines. Carmenza se unió a la desobediencia civil y nos quedamos cómodamente sentadas en una mesita de un café bulloso mientras los demás hacían la caminata final. Después nos reunimos todos de nuevo, unas cervezas, gaseosas y aguas de más y ahora sí, al bus que vamos es pa Medallo.
Pasando por Santiago ya de regreso, nos detuvo la procesión de la Virgen del Carmen, que la llevaban en camión. La romería estaba compuesta por un caballo con dos jinetes, dos carros decorados para la ocasión y quince motos bullosas desde donde disparaban voladores. Una vez el bus reanudó la marcha, ¡los que se duermen! Casi todos, menos el poeta, que se dedicó a tomarnos fotos para obtener registros babiados, de boca abierta y mandíbula desencajada. No sé por qué pero tengo un pálpito: me late que el poeta quería cobrar una venganza y lo logró con esas fotos.
Hubo material anecdotario como para llenar el blog, pero se quedará en el recuerdo de los que acertamos con la decisión de ir a caminar con la gallada. Será con más frecuencia, por mi parte, que me ponga los tenis, la gorra y las ganas de conocer de cerca estos paisajes que tanto nos enorgullecen en la mejor compañía que cualquiera pueda desear: los CTT.
En la Estación Niquía abordamos nuestro Metro y seguimos juntos hasta San Antonio, donde Juanfer, Grúa y yo nos despedimos entre abrazos, picos y gracias por todo, para tomar nuestra ruta de la línea B. Próxima estación, la cama.
¡Hasta la próxima!
Elba Cecilia Restrepo.