Caminata Vereda La Granja (Montebello) - El Retiro

Fecha: sábado 8 de marzo de 2008

Asistentes: Luis Fernando Zuluaga Zuluaga, Juan Fernando
Echeverri Calle, Carlos Alberto Olaya Betancur y Jorge Iván
Londoño Maya

Duración: 7 horas

Nombre: “Sinfonía de Dios en clave de A”

Pues si, el que es caminante repite, y esta vez volvimos a coger para Montebello, que si es monte y es bello. En crónica anterior lo afirmé: “Montebello es la sala de espera del cielo”, calificativo que me valió mi dosis personal de aguacate por sécula seculorum, generosa donación que me hiciera Oscar Domínguez y Giraldo, montebellanita de fruta y cepa, quien a lo mejor todavía debe andar en los dispendiosos trámites notariales para hacer realidad tan mantequilludo ofrecimiento. Mientras tanto, los seguiremos comprando y “palpando”, cual copa B, en el puesto de mi tocayo ubicado en toda la pepa de la carrera 73 con la calle 47D (Antonio Roldán Betancur) donde no se requiere de ficho y mucho menos de fecha en el calendario, porque abre todos los días.

Así que muy advertidos con el cumplimiento del horario, porque si nos dejaba el lechero de las 7 y 30 nos llevaba el de Aguadas, pueblo muy famoso por estos días, nos encontramos en la Terminal del Sur, otra novia de los Todo Terreno, a la que visitamos de vez en cuando pero que siempre nos recibe con los buses abiertos.


Comprados los tiquetes en la flota para el bus de las 7 y 30, pasamos a la barra de uno de los kioscos para disfrutar del sencillo pero delicioso desayuno, que tuvo como entrada un espumoso café con leche y de salida los buñuelotes de siempre, las empanadas con cuerpo de quinceañera y los pasteles de pollo con forma de mini platillo volador, pedido que se hacía de acuerdo con el gusto de cada caminante.

En plataforma nos esperaba un enorme bus marca GMC rojiazul, colores que le afloraron a Luisfer una sonrisa de norte a sur. Adueñados de las primeras sillas, y con una vecina que no sabe de “despechos” ni cree en catarros, salimos cumpliendo horario de cohete espacial, para hacer el recorrido por la autopista sur, la variante de Caldas y terminar en la vieja pero aguantadora carretera para el alto de Minas, en cuya subida la pegamos la miradita de rigor a la hermosa trigueña que atiende el puesto de control de la flota Santa Bárbara, y que el sábado pasado nos dejara boquifruncidos con esos ojos, esas cejas tupidas y esa sonrisa, como para no entrar en más detalles.

Cuando llegamos al alto de Minas, no propiamente quiebra patas, sino quiebra alientos por el delicioso chorizo que allí se come, y que se exhibe colgado por kilómetros lineales, el bus fue parado por el escuadrón de soldados que allí se mantienen apostados; uno de ellos se subió y se presentó como soldado del batallón de infantería Pedro Nel Ospina, (el hombre no sabía que adentro iba toda la cúpula del grupo de caminantes José María Córdova) y agregó: las mujeres se bajan por la puerta delantera y los hombres por la de atrás y no me dejan nada en los puestos. Al bajarnos Juanfer los saludó con un “viva nuestro glorioso ejército Nacional” y a charlar se dijo. Luego de la requisada y la confrontada, vía Internet, de cada cédula; la cual, para desconsuelo mío, me devolvieron con la misma edad, volvimos a los mismos puestos. Ahora si, hágale que vamos es bajando.

En las partidas de Versalles hicimos una parada cafetera y técnico prostática de 5 minuticos, además para destensionar los músculos, porque de ahí en adelante se nos iban a volver con mas nudos que lazo de marinero, porque que hijuemama carretera si estaba peligrosa con el crudo invierno de los días anteriores, contrario a como estaba el sábado pasado cuando cubrimos esos mismos 12 kilómetros a pie. Había que ver algunos tramos, donde el precipicio nos llegaba al cuello. ¡Milagrosa bendita!

A las 9 y 15 llegamos a la vereda la Granja, 4 kilómetros antes de Montebello. Allí terminó el suplicio, por lo que como alma que lleva el diablo nos bajamos suspiro en mano y avemaría en boca de nuestro pomposo y embarrado GMC, que a esas alturas iba repleto de campesinos de la región, a quienes les dejamos el honor de seguir mirando las bondades de nuestra vecina, lo que le valió una despedida con “ultimas” y encima de matadita de ojo de aquel sabemos.

Entramos a tomar tintico a la agradable, surtida y típica tienda, donde no cabe un afiche más del Nacional, pero si la onceaba estrella, pero con malas noticias, porque el dueño y administrador parece que no le ha cogido la medida al café. Así que bien acompañados por dos soldados a quienes invitamos a compartir con nosotros, dimos buena cuenta de unas galletas cucas y de juguitos en bolsita.

A las 9 y 25, teniendo como fondo el aviso de los 26 kilómetros que nos separaban del Retiro, y la bendición de nuestra patrona, dimos el primer paso de nuestra caminata entre la vereda la Granja y el municipio del Retiro, por una carretera destapada, estrecha y que nos depararía unos paisajes como para envolver y llevar a casa.

Como ya vieron en la foto, teníamos 26 kilómetros de plazo para conversar sobre: la cumbre de Río y las caras que ponía el tal correa, la pasada al papayo, con mutilada incluida, de iván ríos, las virtudes y defectos de Baltasar Botero, las columnas de nuestros contertulios Elbacé, Raúlemi y Odominguez. Lo que se nos vendría encima en caso de no haber ocurrido los apretones de manos entre presidentes, así fueran acompañados con la mirada calibre 38 largo del mismo correa. El partidazo que se jugo Nacional frente al Sportivo Luqueño, todo lo relacionado con el capítulo único de la serie: “los reyes ya no somos así”, la desmenuzada de la tertulia del pasado primer lunes de marzo, la llegada a la misma de Jesús María Daniel Samper Ruiz y Palacio, alias sietenpunto, la tolerancia, la sabiduría de Uribe Vélez, la sabiduría de Uribe Vélez, (no se asusten, está por duplicado) la bajada del dólar, la subida del petróleo, los cambios en la cúpula de Empresas Públicas, que le pasará a Salazar que no arranca, las dotes de la vecina de bus ¡ah! y no podíamos dejar por fuera las juevoniadas de JuanCé, con el poema el Seminarista de los Ojos Negros, fina atención del Lobato. Eso si, los temas que no se pudieran tratar por falta de kilómetros, quedaban pendientes para la próxima caminata, y que conste en el acta.

No habíamos caminado dos cuadras cuando nos alcanzó Carlos Eduardo, un joven de la región, residente en la vereda San José, quien terminaba su trote sabatino, por lo que con sobre cupo comenzamos a deshojar metros, que en este primer trayecto son en pura bajada, y a tratar los primeros temas. Carlos, el nuevo, caminaba y oía la conversación; de vez en cuando nos hacía algún comentario sobre la región.

Mientras más bajábamos más metidos quedábamos en el enorme cañón, rodeado por enormes montañas, entre las cuales resaltaba la que sostiene a Montebello, el cual se aferra a la misma como garras de leona en cadera de cebra. La quebrada la honda hace su aparición, dueña ella de un buen caudal, que en un largo trayecto sería otra compañera más del grupo.

Al llegar al final del descenso, encontramos el puente sobre el río Tigre, sitio desde el cual eran lanzados por los paracos los cuerpos de las personas que ellos masacraban, siempre acusados como auxiliadores de la guerrilla. Nos contaba Carlos que esta zona estuvo azotada nueve años por esta clase de delincuencia, tiempo durante el cual atropellaron a la población civil y cometieron delitos inenarrables en esta crónica. Por fortuna desde hace varios años, tal vez cinco, volvió la paz a toda esa región y a casi toda Colombia.

A un costado del puente se encuentra el monumento más pequeño que hayamos encontrado, dedicado a la virgen del Carmen, quien hoy es la encargada de velar por la seguridad de viajeros y caminantes de esa otrora peligrosa vía, pero que hoy renace para darle posibilidad de trabajo a muchas personas que hoy vuelven a tener allí un techo y una ilusión de vida




Comienza el ascenso, que en sus inicios no es pronunciado. Esta zona es inestable por lo que ha dejado a varios campesinos sin vivienda, debido a las grietas formadas en las casas. Se presentan igualmente varios derrumbes, algunos de gran magnitud, que nos hacen acelerar el paso y pedirle a Juanfer que le merme volumen a su vozarrón.

La subida nos vuelve a mostrar a Montebello, ahora si en toda su plenitud. Como siempre, se destaca la iglesia, la que por su altura siempre saca la cara por todos los pueblos. Los cafetales a lado y lado de la carretera no se hacen esperar y con el rojo de los granos aparecen los palos de guamas, los platanales con sus enormes racimos, las gallinas que ni se inmutan por nuestra presencia, los yucales; mejor dicho, todo un sancocho en vivo y en directo.

Y que decir del muestrario de pájaros, comenzando por un par de hermosas soledades conversando como Tola y Maruja en la rama de un árbol, y siguiendo con una bandada de toches que disfrutaban de una amena tertulia en pleno cafetal y que con nuestra presencia desplegaron el vuelo para mostrarnos su negro plumaje y sus pintas color rojo, ratificando así que siguen siendo los chachos mas hermosos de la cuadra.

Mas o menos en la mitad del camino llegamos a las partidas para san José, allí nos despedimos de nuestro caminante ocasional Carlos Eduardo, quien, como mínimo, se empapó de la situación del país y del continente. Entrados en jurisdicción del Retiro aparecen nuevos horizontes. Atrás dejamos la divisa de Montebello y los cafetales, los cuales en esta zona son reemplazados por extensos aguacatales, cuyos frutos, en forma de bombillos verdes, hacen de cada árbol un árbol de navidad que perdura todo el año. ¡Feliz navidad muchachos!

Para alegría de Luisfer llegamos a la fonda Monte Verde, en donde aprovechamos para refrescarnos y deleitarnos con nuestra tradicional picada de chitos, a la cual le mezclamos papitas de limón. Esa fonda tiene un quiosco muy singular, construido por el mismo propietario, armado con ventanillas de buses chatarreados. Como era de justicia, a los de apellido Pilsen les toco de a par cervezas, porque a decir verdad el calor era intenso con ese día tan esplendoroso. No sólo nos refrescamos sino que disfrutamos el paisaje que se aprecia desde la terraza del estadero.

Reiniciada la marcha procedimos con el rezo del Ángelus, (12 y 15 el día) el cual fue interrumpido por un grupo de testigos de Jehova, ¡que tal! dirigidos por una hermosa rubia, quien nos entregó unos volantes de invitación a una celebración en la Ceja.

Mas adelante nos encontramos una colorida culebra cazadora que se deslizaba por plena carretera, pero que se hizo “la muerta” cuando sintió nuestra presencia, momento que quedó registrado en la oportuna cámara de nuestro polaroid Olaya. Esta culebra nos hizo recordar que tenemos pendiente por pagar la cuenta de los servicios. A propósito, que esta crónica sirva para recordarle a polaroid que debe hacer el reclamo por el exagerado valor que le están cobrando por el servicio de alcantarillado.

En algunos tramos de la carretera, no sólo de ésta, sino de muchas que transitamos, la vegetación nos proporciona frescura y sombra, por lo que Caliche, con su inigualable ingenio, nos dice: “muchachos, aprovechemos que el aire acondicionado natural lo pusieron en alto”, y en efecto, se quita uno la cachucha, respira profundo y siente como el aire frío crea un refrescante oasis. Y que decir del aroma cuando los árboles son pinos o eucaliptos. Definitivamente a sufrir no salimos.

Seguimos devorando los 9 kilómetros de ascenso hasta que llega la recompensa. En efecto, se nos presenta una hermosa cascada empotrada en la montaña, la cual no se ve en toda su magnitud debido a la espesa vegetación que la cubre. Para llegar hasta la cascada nos salimos de la carretera y caminamos quebrada arriba hasta que llegamos al sitio donde se aprecia todo ese caudal de agua, que baja raudo golpeándose contra el lecho rocoso, produciendo una sinfonía de naturaleza viva y un ambiente húmedo por las gotas en miniatura que por millones flotan en el aire. Como nadie nos supo dar el nombre de la quebrada que forma la cascada, o el nombre de la misma, la bautizamos “Sinfonía de Dios”. Nombre registrado en la notaría única celestial.

Salidos de este momento mágico, regresamos a nuestra carretera, para encontrarnos con el estadero los Guaduales, allí disfrutamos de más cervecitas y unas empanadas que iban cogidas de la mano de un ají señoritero que no les hizo ni cosquillas a nuestros catadores boquidragones de Luisfer y Juanfer. Estando allí se nos vino el aguacero, creo yo que como respuesta de la Milagrosa a la desatención por la rubia aquella cuando rezábamos el Ángelus; lo que nos obligó a ponernos nuestras capas plásticas. Así que en fila india y cual procesión de monjes camandulenses, seguimos carretera arriba buscando el alto.

Además de las fincas de recreo, los aguacatales, los hermosos pinares, los cultivos de flores, entre ellos los de hortensias, las cascadas y los bosques nativos, se encuentran algunas trucheras, de las cuales sobresale la que aparece en la foto, cuyas instalaciones dan la sensación de una amplia autopista gringa.

Cuando amaina la lluvia alcanzamos el alto. Allí fuimos saludados por un humilde campesino que regresaba a su casa montado en su yegua, llevando en el anca el bastimento para la semana. El viejo quien posó muy majo para la lente de Olaya, le preguntó después de la primera foto: ¿si quedé bien? (como de pellizco, diría Elbacé) expresión que le valió el último de los bombombunes.

Desde el alto se divisa el hermoso municipio del Retiro, con sus modernas urbanizaciones, sus bien trazadas calles y sus hermosos morros vecinos. Una cabalgata nos da la bienvenida, la cual es alborotada por Juanfer al ritmo de su arenga “Que viva Uribe” la cual fue copiosamente correspondida por los jinetes.

A las 4 y 25, es decir, siete horas después de haber dado el primer paso en territorio montebellanita, nos echamos la bendición en la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, patrona de los 18.740 guarceños (tranquilos que yo también creía que eran retirenses) que disfrutan de un agradable clima, de la mejor agua aromática del oriente (pídanla en el quiosco) de su titina banda municipal, declarada fuera de concurso en varios eventos, de los amenos estaderos y de las tradicionales mueblerías. En su pequeño, pero hermoso parque, se encuentra, entre otros, el monumento a la libertad, inaugurado en diciembre de 2007.

Luego de conversar varios minutos con una atractiva y elegante guarda del tránsito, pasamos al restaurante la Silla, el cual tuvo el honor de contar entre sus comensales a los Todo Terreno, quienes despachamos en lo que dura una retreta de la banda del Retiro, cuatro señoras bandejas, con porción extra de papitas tal como le gustan a Olayita. Cuando terminamos nos dimos cuenta de que habíamos olvidado la foto de los platos, no obstante que el polaroid, con la curia del caso, había instalado su cámara en el sofisticado trípode que anda estrenando por estos días.

Hablando de estreno y antes de que se me olvide, porque de lo contrario “quien se lo aguanta”, ahí lo tienen exhibiendo el reloj Casio que se compró en la “venta directa de bus” durante la caminata anterior. Con razón en esta caminata le incluyó los segundos a la hora que nos daba


Del restaurante pasamos a la moderna Terminal de Transportes, en donde tomamos el bus que salía a las 5 y 45. Los diez minutos de espera los aprovechamos para seguir conversando, porque como casi no tuvimos tenido tiempo de charlar. Cuando el chofer metió la llave en el encendido, Olaya creyó que el asunto era con él y ahí mismo prendió sus motores somníferos. Claro que después de semejante madrugón, de tremenda patoniada y suculenta bandeja, que mejor que una siesta bajo el arrullador ruido del motor de un elegante Sotraretiro.

Luego de una hora por la ya conocida vía de las Palmas, llegamos al Intercontinental en donde se bajó el Zuluaga para tomar taxi hasta su casa; bueno, eso fue lo que nos dijo. Nosotros nos bajamos en la avenida 33, en donde Olaya tomó taxi y Juanfer y yo nos fuimos en metro hasta nuestras casas.

Para que no se queden pensando que quiere decir la letra “A” que le puse al nombre de la caminata “Sinfonía de Dios en clave de A” ésta se refiere a la sinfonía de Aguas y de Aguacates que por fortuna pudimos disfrutar, así fuera de pura vista, en esta dura pero hermosa y gratificante caminata.

Hasta la próxima

JORGE IVAN LONDOÑO MAYA

Para ingresar al álbum de fotografías de esta caminata, favor utilizar el siguiente vínculo:


http://picasaweb.google.es/joaco6161/Montebello_ELRetiro08_03Marzo

Caminata Versalles - Montebello

Fecha: Sábado 1 de marzo de 2008

Integrantes: Luis Fernando Zuluaga Zuluaga (Zuluaguita). Carlos Alberto Olaya Betancur (Polaroid) Jorge Iván Londoño Maya (Lobato) Y Juan Fernando Echeverri Calle (Juanfer)

Nombre de la Caminata: Borrachera de paisaje y noticias que llegan


Cielo medianamente opaco, con nubecillas que se desplazaban hacia el occidente. Mañana fresca y por encima del Cerro Pan de Azúcar, el más alto del Valle del Aburra, se logra ver el astro rey asomado hasta la cintura; parecía coger acomodo para “patiarse” el amanecer en el pequeño y hermoso valle, con su poncho al hombro, sus parrillas en bajo y su rútila y gigantesca moneda , que brilla coronada por esos rayos inofensivos que apenas empiezan a despertar, matándonos el ojo y sonriendo maliciosamente, como queriendo informar algo muy bueno.- “Cosas mías home Juanfer, deja de “imagínate imaginaciones” y movete que vas a llegar tarde a tu cita..

Los caminantes Todo Terreno: Luis Fernando Zuluaga Z: Jorge Iván Londoño M. Carlos A. Olaya B. Y Juan Fernando Echeverri C. nos habíamos dado cita en la hermosa, funcional y recién remodelada Estación de Itagüí de nuestro metro, para otra patoniada más, la No. 136 en nuestro ya largo historial de caminantes.

Efectivamente, encontrados los cuatro amigos y trotamundos domésticos y previo saludo de rigor, tomamos una buseta de Caldas, ahí en los cómodos paraderos habilitados para el transporte que hace integración con el metro, para arrancar raudos y felices, cual bobo chupando caña, rumbo a Primavera, ya que la caminata pensada era, desde ésta vereda de Caldas hasta el cafetero...... feo y faldudo, pero muy rico, municipio de Fredonia, allá en el suroeste antioqueño.

Apeaos del vehículo de marras, arrancamos carretera arriba para llegar al Restaurante Los Lagos, ese donde desayunan casi todos los “ferchos”, quienes luego pasan a “comer” ahí en las residencias del lado, pues eso dicen,..... ya que sólo me consta a medias.

En el precitado restaurante pedimos dos pares de “lunches” de camionero bachiller, consistentes en calentao, pero sin chorizo ni frisoles....es decir, algo más livianito, ya que nos han recomendado que a la hora de caminar, la comida abundante es malita para la carrocería y el chasis y quien no recibe consejo, no llega a Fredonia.

Más “satisfechos” que sanitario de flota o que hijo de sirvienta, arrancamos carretera arriba a buscar la trocha o camino veredal que lleva a Fredonia, según las instrucciones del Lobato, nuestro guía en esta oportunidad; pero una cosa piensa el burro y otra los que se pierden pasando un caño. Si, así fue....nos perdimos o nos envolatamos mejor, ya que no dimos con la trocha o salida pa’ Fredonia, la cual parece se la tragó un gigante de esos encantados, al mejor estilo del manco de Lepanto, ya que todo al que le preguntábamos sabía donde era la maldita trocha, pero.... ¿Quién la topaba pues?? Si queridos lectores, si es que por error, equivocación o exceso de ocio existe alguno, nos dimos cuenta que estábamos como envolataitos, así como nuestro padre Adán en un día de madres, pero cuando ya habíamos recorrido como cuatro kilómetros.-

Entonces, como no hay mal que por bien no venga, ni envolatada que por mal no aparezca, decidimos cambiar la patoniada.” ¡Si señores, vamos pa’ MonteBello, la patria chica de nuestro amigo Don Oscar Domínguez Giraldo (a. El Desvertebrado), propuesta aceptada en forma unánime por todos los caminantes, quienes nos sentamos en el murito de una fonda caminera que estaba cerrada a esa hora, pa’ esperar un bus cualquiera que nos llevara a Versalles y de ahí arrancar pa’ ese pueblo, que se aferra a la montaña como una mancha plateada, haciendo equilibrio en no se que cosa y desafiando a Newton, según se mira de lejos y que no es “monte ni bello”, pero si todo un maromero o mejor alpinista y de los buenos.

Esa determinación la tomamos en una fonda caminera que se encontraba cerrada, donde pudimos observar una mesita en su corredor, ocupada por una pareja de jóvenes: un muchacho y una muchacha...pero que muchacha...q ue mujerota....., con contarles que al Lobato le tuvimos que dar respiración artificial, ya que se nos estaba quedando frío....y es que no era para menos. Eran estos muchachos en su orden los encargados de hacer el control de los buses de MonteBello y Santa Bárbara, por lo cual aprovechamos para acercarnos y conversar con ellos y admirar ese ejemplar femenino que el día ponía a nuestros ojos, como consuelo a estos caminantes envolatados en la vereda La Salada, con la seguridad que mis tres compañeros (pero que no sepan) rogaban al Altísimo para que no pasara ningún bus.

Infortunadamente para ellos, la dicha no siempre es duradera y en pocos minutos, teníamos ante nuestros ojos un bus de Santa Bárbara Bendita el cual paramos sin dudar y de un brinco multiplicado por cuatro nos encarapetámos en el mismo, pa’ salir rumbo a Versalles donde nos bajaríamos pa’ enfilar hacia la tierra del aguacate; pero aclaro, no Oscar Dominguez Giraldo, sino esa deliciosa fruta que no puede faltar en nuestras comidas.

Que cosa tan jodida, nos tocó parados pero no importa ya que el trayecto era corto, eso si, me extrañó que aquellos ni chistaron siquiera y se quedaron parados en un mismo punto, arremolinados el uno contra el otro, estorbando con su barriga y sus cayados, COMO HIPNOTIZADOS....claro, si en el maldito bus iba otra hermosa chica, la madre!!!! Tenía una figura, una cara y una boca que ni la de Rosario Tijeras.....lo cual casi deja sin sentido a mi “cuñita” Olaya.....y no era para menos.

Después de haber sacado a mis compañeros del sopor y haberle puesto orden a la situación, recuperamos la respiración y seguimos raudos nuestra marcha, por carretera ampliamente conocida, hasta que el fogonero gritó con su vos destemplada: ¡Versallleeesssss!!! a lo que ni cortos ni perezosos nos tiramos de ese bus, no sin antes dar una última mirada a la portadora de esa boca y de ese “todo”, quien se alejó “más seria que un marrano miando” a bordo de ese vehículo, no propiamente el 039 que se la llevó sin dársele nada, ya que definitivamente uno de tenis, cortos o bluyin desteñido, morral y palo en mano..... ¿A quién le vamos a gustar?? si casi todo el mundo nos confunde con unos locos o unos limosneros, pero no importa, somos caminante y a mucho honor y de los buenos; y nuestra novia es la naturaleza y si caminamos es porque existimos y si existimos, es porque gozamos....así que tranquilianos arrancamos hacia nuestro destino final..

Efectivamente, ya en plena carretera, recién pavimentada y la cual nos aprestamos a recorrer por segunda ocasión, ya que antes habíamos hecho Versalles a Sabaletas, enrutamos cayados hacia “el milagro del equilibrio” o Montebello, allí donde los aguacates no los tumba la gravedad sino el mareo; en medio de un paisaje de montaña, donde la carretera se extendía en el horizonte como una inmensa culebra gris y se nos perdía en el horizonte tras de una curva cualquiera y en medio de un paisaje lleno de verdor, vegetación nativa, casitas campesinas muy bien tenidas y un cielo azul que lucía en su pecho, como un prendedor de fantasía, al astro, pero dejaba escondido en las brumosas nubes, al rey, como si presintiera algo; además de dejar sobre nosotros un calorcito muy sabroso, en un día fresco y muy hermoso.

Como ha beneficiado la pavimentación de la carretera a los lugareños y a los municipios y veredas que une, por calidad en transporte, agilidad, facilidad de sacar los productos, sentido de pertenencia y nuevos negocios como piscinas naturales, aprovechando las fuentes de agua que bajan de las montañas y muchas cosas positivas más, producto del progreso, ese que se debe pedir y tolerar, pero sin hacerle daño a la naturaleza, daño del cual se han encargado los carros, no sólo con su negro humo, sino con la matanza de culebras cazadoras, de las cuales encontramos aplastadas tres sobre el pavimento. Una verdadera lástima, ya que esas muertes si duelen más que otras y ya verán el motivo.

Así, en nuestro alegre caminar y mejor compartir, antes de llegar a la vereda La Granja, le sonó el “celubobo” a Polaroid Olaya, quien se retiro presuroso con su cabeza agachada, manos en el oído sosteniendo el “fastidiosito” aparatejo contra su oreja y cayado bajo el brazo, fin atender la llamada. Cuando de pronto, no como el roce de un ala sobre el viento, sino como el aletazo de un cóndor sobre un filo, llega el hombre saltando y gritando de la felicidad: ¿Muchachos, muchachos.....muchachos....noticias:
Pues nos imaginamos que le había salido contrato para la pintada del Edificio Coltejer y la enderezada de la Torre de Piza para su empresa Man&Obras,....pero no.....no y no....la cosa era otra: Nuestro Glorioso Ejército Nacional había dado de baja a raúl reyes, el barbudito y cruel comandante de las farc, quien tanto daño había hecho a Colombia. Entonces, los que brincaron gozaron, saltaron y celebraron....fueron otros. Con razón el sol se había como despojado de su rey, mostrándose como un hermoso astro simplemente, y Colombia ya no tenía tampoco reyes pero si un presidente verraco y muy pero muy valiente....

Optimistas y comentando la situación, luego de hacer saludo a la bandera que siempre llevamos sobre nuestras muñecas y cantar el himno nacional, nos dirigimos a la Tienda La Granja, la más típica y completa tienda de su tipo (estilo antiguo) que hemos visto en nuestras caminatas, donde aprovechamos para tomar cervecita y refrescos, no sólo para enfriar nuestros chasises y cardanes, sino para apaciguar nuestros espíritus, que parecían querer volar con ansia de libertad.

El camino se nos hizo corto y muy rapidito divisamos a MonteBello a la distancia. Pueblo culto por excelencia y tierra del aguacate como hemos dicho. La iglesia, los techos rojizos, la montaña que lo enmarca y sostiene y la formalidad de la gente, que se siente en el ambiente.

Sin darnos cuenta, estábamos subiendo por la empinada calle que lleva al pueblo, donde encontramos el Hospital, encerrado en un inmenso muro, sobre el cual plasma un hermoso mural, relacionado con el área de la salud, el artista Montebelluno: Edison Bedoya (otros engrupidos en la “W” dicen dizque Bedout), con quien tuvimos oportunidad de compartir y hasta posar con él para las fotos del gran Polaroid.

Saludo va y saludo viene con todos los lugareños vecinos y parroquianos, a quienes aprovechábamos para preguntarles por el hijo dilecto de MonteBello, Don Oscar Domínguez Giraldo, hijo de Don Luis y Doña Geno, pero nadie nos daba razón, ni siquiera los habitantes más viejos, lo cual nos dejó verracos; ya que si uno va a cualquier ciudad de Egipto le informan donde nació Tutankamon o Ramsés II , le indican la clínica, quien atendió el parto, el lugar donde vivió y hasta el número de la nomenclatura de su calle, carrera y casa..., cédula d ciudadanía y libreta militar..Habrá que recurrir al carbono 14 y a los tubos de Geiger para profundizar más sobre los orígenes y vida infantil de nuestro genial “Desvertebrado” Domínguez”.

Como silleteros debutantes en desfile de las flores, ingresamos al parque Simón Bolívar, ante la mirada de la gente que en éste se apostaba por montones, donde tampoco nos dieron razón de Don Domínguez, pero eso si, nadie nos negó el saludito.



Dirigimos nuestros pasos a la Heladería del Parque a reclamar la cervecita, recompensa espiritual del Zuluaga, que estaba feliz con el suceso del día y se quería pegar una rasca y allí nos encontramos con la prima de Don Oscar, quien muy formal nos reconoció y nos acompañó mientras refrescábamos nuestras humanidades, ni agobiadas ni dolientes, por el contrario felices.

Ingresamos a la hermosa iglesia de nuestra Señora de las Mercedes y visitamos la muy buena emisora FM, en donde trasmiten más arriba de las montañas, donde pudimos compartir con sus empleados, ya conocidos desde nuestra primera salida a MonteBello, donde pudimos ver por TV, y enterarnos en detalle de la buena nueva; EL Polaroid hacía traquiar su cámara y el Lobato hacía premoniciones sobre lo que vendría.

Salimos de la emisora y nos dirigimos al restaurante que queda en la zona comercial, algo así como a una cuadra y media del parque; no digo su nombre, ya que nadie paga la cuña, donde sentados a manteles fuimos atendidos muy amablemente por el mesero de turno, a quien sin vacilar le pedimos un “cuarteto” de sancocho, sin importar si de cuerdas, vientos o cobres, era lo de menos, con el filo que nos consumía.

Efectivamente, los platos llegaron adornados con arepa y todos los fierros, menos uno: El Aguacate; increíble....No había un aguacate en MonteBello, tierra de esta deliciosa y apetecida fruta, donde cada dos años entre el 30 de junio y el 3 de julio, le celebran las fiestas.......nuestra protesta fue tan brusca e inconsciente como de simio venezolano, víbora ecuatoriana o cucaracha nicaragüense, pero inmediatamente comprendimos que era injusta. Simplemente no es época de cosecha y la tierra en la inmensa sabiduría del creador y de natura, también ovula, lo cual resignamos diciendo: “para la ganas que teníamos de aguacate” en lugar de decir “las uvas están verdes”, ya que por esos pagos no se consigue una sola uva.

Así llenitos, con nuestra cumplida y contentos de haber hecho nuestra segunda visita a MonteBello, pueblo cordial y de la más pura antioqueñidad, salimos hacia los transportes, donde compramos tiquetes para los cuatro; eso si, pedimos que nos rebajaran el de Olayita a la mitad, ya que el viaja dormido y como tal, gasta menos, pero que va home: “tiene más rebaja una guía de marranos.”

Ahí en el paradero de los buses, mientras nos tocaban la campaña y llamaban por los altavoces para salir, hicimos nuestra espera. Ayudamos a montar a pura fuerza un bus sobre unos bloques de cemento, seguimos indagando por el origen y vivienda del desvertebrado, hasta que un viejito, que conoció a Don Luis y a Doña Geno, nos dijo, vea esa fue la casa de ellos y claro, estábamos calientes, calientes, ya que casi que “revolotiabamos” en su fachada.

Ahí les queda la foto, para que Don Oscar nos diga si es cierta la nada arqueológica investigación o si es otro dato más de esos falsos, sacados de cualquier fantasía como las del sargentico dictador vecino de oriente.



MonteBello es un pueblo interesante y amable. Nada de feo como se dice. Tiene cosas muy buenas y dignas de visitar, así como sus veredas y entorno en general, el cual forma una sinfonía de montañas, que hace del paisaje un canto angelical.


Así, esperando la hora de partida, llegó a nuestros tímpanos, el primer aviso de los altoparlantes avisando la salida del expreso a Medellín, el cual abordamos en forma apresurada. Luego de cumplirse el segundo y tercer aviso, el conductor inició su reverenciosa marcha, la cual tras un viaje muy bueno y ameno, nos dejó en la Terminal del sur de Medallito del alma, desde donde cogimos taxi para dirigirnos a nuestras casitas temprano. Teníamos un motivo: ir a ver el partido que perdería el verde....pero no les digo con cual equipo para no levantar ronchitas ni malos recuerdos.

Saluditos y hasta la próxima si Dios nos da fuerza, vida y salud,

JUANFER

Caminantes Todo Terreno

Para ver el álbum completo de las fotos de esta caminata, favor ingresar al siguiente archivo:

http://picasaweb.google.es/joaco6161/Versalles_Montebello0103



Caminata Caldas - Angelópolis - Amagá

Fecha: sábado 23 de febrero de 2008

Asistentes: Luis Fernando Zuluaga Zuluaga, Carlos Alberto Olaya
Betancur y Jorge Iván Londoño Maya

Duración: 7 horas

Nombre: Paso a Paso, Pino a Pino, Bosque a Bosque y Mina a Mina

Si señores, Itagüí levantó la mano y dijo presente para ganarse el derecho a ser el punto de encuentro de esta caminata.

Con la lamentable ausencia de Juanfer por motivos laborales, los únicos que son capaces de alejarlo de estas experiencias calzadas de botas, nos encontramos Zuluaga, Olaya y Londoño en la estación Itagüí del metro, estación que por cierto va teniendo nueva cara, gracias a los trabajos que allí se vienen adelantando; entre ellos, los parqueaderos para las diferentes líneas alimentadoras, como puede apreciarse en la foto de nuestro genio de la lente, quien llegó estrenando cayado con olor y sabor a bambú, adornado en su cima con un sofisticado trípode para su cámara. Así mismo, como dato curioso, los tres nos pusimos la misma cachucha, así que parecíamos impulsadores del mismo laboratorio.

Definitivamente esas plataformas de nuestro metro son una pasarela interminable de hermosas mujeres, que a esa hora no sólo alborotan el espíritu sino el ambiente con sus perfumes en todas las presentaciones y su caminado con sabor a pecado original. Todos los pasajeros nos confundimos en un solo propósito, llegar a nuestro destino para conjugar los verbos: trabajar, estudiar, vagar, descansar y obviamente el nuestro, caminar.

De la estación pasamos a la buseta que nos llevaría hasta La Valeria, hoy municipio de Caldas, donde el campeón de la vida, Luis Fernando Montoya, hace las veces de su propio técnico y se prepara a diario para afrontar el partido de la lucha por la vida. Transitando por la carretera vieja, que ahora parece nueva por la repavimentación, llegamos en diez turnos de parqués a la sede de los señores aguaceros, tan famosos que tienen su fiesta anual, las señoras obleas y la señora cerámica.

Nuestra señora de las Mercedes salió a recibirnos y a invitarnos a su catedral, que cuenta con un sobrio altar. En uno de sus costados se encuentra la cripta con los restos de los primeros pobladores, todos nacidos a finales del siglo XIX, según reza en las bien conservadas lápidas.


Como Olayita se tiene confianza en conocer el pueblo, pues allí floreció uno de sus tantos amores, nos llevó a la zona rosa a buscar el desayuno, el cual encontramos en una de las varias panaderías. Muy bien atendidos dimos buena cuenta de las mejores empanadas que nos hemos comido en caminata alguna, y unos pandebonos también con muy altas calificaciones, amén del infaltable cafecito con leche. Nos llamó la atención el precio de las deliciosas empanadas, 200 pesos, y que conste que por el tamaño pagan pasaje completo en cualquier bus

Con rumbo al occidente por el pasaje peatonal llegamos a las partidas para Angelópolis. Vía que comienza muy empinada y que muy rápido llega a la zona rural, donde aparece la carretera destapada y en preparación para ser próximamente pavimentada.

Con los primeros metros de caminata ya sabemos lo que nos espera, pues aparecen los sembrados de pino pátula, todavía decorados con trazos de neblina que se resisten a darle el paso a los primeros rayos de sol, que igual nos hace presagiar un día esplendoroso, aunque esplendoroso también es un día nublado, simplemente es diferente, como anota Julio Vélez, nuestro esporádico caminante pero siempre amigo.

Esta caminata, nueva para Olaya, es de lujo por sus paisajes, sus pinares, sus bosques, sus importantes cascadas y su variada vida animal, todo enmarcado bajo la tutela de Corantioquia bajo el nombre de reserva forestal el Romeral. En sus predios viven a cuerpo de rey 153 especies de aves, entre ellas el pájaro gulungo con sus originales nidos con forma de jíquera, que por motivos desconocidos no pudimos observar. En la lista de animales propios de la región están: tigre lomo de machete, oso perezoso de dos y tres dedos, ñeque, liebre, guagua, armadillo, perro de monte, chucha y ardilla, entre otros.

A medida que ascendíamos para alcanzar los 2. 750 metros de altura, quedábamos rodeados de hermosos paisajes compuestos por cadenas de montañas que nos dan la bienvenida al suroeste antioqueño, sobresaliendo el imponente cerro Bravo, cuya subida ya hace parte de nuestro inventario. Con las horas el firmamento queda convertido en un telón azul, que hace juego con el verde de los bosques.

La carretera es más bien sola. Esporádicamente pasan los camperos Toyota pintados de blanco y verde que conforman la elegante flota de chiveros, llevando pasajeros entre las dos poblaciones, así como los camiones con su deliciosa carga de cerdos y los motociclistas que superan en número a los vehículos. Aparecen los miradores con su preciosa vista, a los que nos les falta su fogón para hacer los sancochos que animan los paseos dominicales. También sirven para descanso de los caminantes; para muestra ahí tienen.

Las cascadas con su generoso caudal de aguas cristalinas y heladas, acompañadas con peculiar ruido, contrastan con la exuberante vegetación, todo lo cual genera un ambiente de paz, belleza y frescura envidiable, lo que ratifica que es uno de los destinos mas hermosos para transitar.


Para completar el marco aparecen a los lejos Angelópolis y Armenia Mantequilla, éste último parece un huevo frito puesto sobre la cima de la montaña, siendo la yema la iglesia con su color naranja y la clara las casas pintadas de blanco, huevo que ya nos comimos en caminata realizada el año pasado.

Rayando el medio día llegamos a los confines de los 6.620 angelopolitanos, donde sobresalen los Arboleda, los Ochoa y los Salas, representados por la Iglesia Santos Ángeles, con su altar de madera, allí rezamos el Ave María y descansamos espiritualmente. Luego pasamos a una de las heladerías del pequeño parque Simón Bolívar para el descanso corporal, porque nos esperaban otras tres horas de camino hasta Amagá.



Quien visite Angelópolis no puede privarse de conocer la fonda Los Paisitas, de propiedad del señor Héctor Ochoa, pero no el compositor. Es el museo de objetos antiguos, allí se encuentra desde el nido más pequeño, el del tominejo hasta el más grande, el del gulungo. Se pasa de una vieja cámara de fotografías a un catre con más de ciento cincuenta años de antigüedad, y de un reloj de muro de 2 millones de pesos a un radio Philco. Allí todo se vende, todo se compra, todo se valoriza con el pasar de los años y el pesar de los primeros propietarios.

A las 12 y 30 pusimos nuestros relojes en cero para comenzar la segunda caminata hasta Amagá. Con razón decía Olayita, que eran dos caminatas en una. Amagá se divisa en toda su extensión allá abajito, pareciera que los 14 kilómetros de distancia se pueden abarcar con las manos extendidas. Por fortuna el trayecto es en bajada no muy pronunciada.

El paisaje cambia abruptamente. Pasamos de los bosques a las minas de carbón, bien sea en socavón o a campo abierto, de las cascadas de cristalinas aguas a las quebradas con agua turbia, muchas con las basuras de siempre. Aparecen los derrumbes, el pantano, aparece el hombre, los caseríos, la tierra dolida por su explotación, aparecen muchas cosas.

Pero también aparecen los niños con su sonrisa y su inocencia siempre cogida de la mano, con su mirada sincera y su amable figura. Miren los que nos encontramos en una humilde casa al lado de una mina. La niña nos descrestó hablándonos en inglés, sorpresas nos da la life. Nosotros les dejamos los bombones y ellos nos regalaron su espontánea alegría.

Debido al clásico que se jugaría esa noche, nos encontramos con muchos hinchas de Nacional con su camiseta puesta, por lo que me dio por preguntar a varios de ellos el marcador para esa noche, todos pusieron a Nacional ganando, hasta uno de ellos nos apostó 100 mil pesos, pero entre los tres no llegábamos a esa cifra; además, no podemos apostar contra el equipo de nuestros amores, así nos digan que somos hinchas de….¿de que? , bendito sea Dios, que memoria la mía.

Muy cerca de la vereda La Estación, paramos para refrescarnos porque el calor era infernal. Obviamente ya habíamos disfrutado de nuestro mercado portátil, consistente en: manzanas, mandarinas, granadillas, la porción de bocadillo, la bebida hidratante y el agua bendita, porque como dice Olaya, el agua es tan vital que no necesita bendecirse, pues así viene de fábrica.




De un momento a otro llegamos al corregimiento Minas, el que tiene un parque que muchos municipios querrían, bien arborizado, fresco y de buen tamaño. Se destaca entre sus monumentos el del minero. A estas alturas las plantas de los pies duelen por la cantidad de piedra suelta de la carretera, pero el afán por llegar nos alienta, así que el último tramo hasta Amagá lo hacemos a un paso más acelerado.

La entrada la hacemos por el cementerio, hermoso recinto y muy bien tenido. Las calles para llegar al parque son empinadas y en cada cuadra hay como mínimo dos ventas de empanadas. A las 3 y 30 pisamos el parque principal, llamado Emiro Kastos, atestado de kioscos de mercado, carne, legumbres, frutas, (3 piñas por 2 mil pesos) ventas de cachivaches, mecato, ropa y variedades.

La entrada a la iglesia parroquial San Fernando Rey, debe hacerse a lo maromero, pasando por encima de la gente apostada en las puertas porque allí también tienen el vicio de algunos pasajeros del metro. Claro que valió la pena porque a la entrada me estaba esperando mi tocaya, la Milagrosa. Luego de agradecer la oportunidad de poder caminar, pasamos al restaurante Ramitama (Ramirez Tamayo) donde nos esperaba su amable y agraciada propietaria Ruth, quien como siempre nos hizo sentir como sus mejores clientes.

La sopa de mondongo, pero señor mondongo, fue la calle de honor a la bandeja con todos los juguetes, acompaña de litros de claro, jugo y cerveza como para cerrar con broche de oro tan extenuante pero maravillosa caminada.



Salimos del restaurante y nos encontramos de frente con la moderna buseta que iba para Caldas, por lo que sin pensarlo nos montamos. En medio de una tarde resplandeciente nos despedimos de la tierra de don Belisario Betancur. Luego de un agradable viaje llegamos a Caldas y allí tomamos la buseta hasta el metro. Como quien dice el regreso lo hicimos de a traguitos.

Con el metro aparecieron la belleza femenina y los hinchas del Nacional como hormigas, presagio que esa noche seguramente nos sonreirían las mieles del triunfo, como efectivamente sucedió, gracias a esa obra de arte de Camilo Zúñiga.

Los primeros rayos de la noche me sorprendieron debajo de una fría y prolongada ducha, que se llevó el sudor y el cansancio de 7 horas de caminar, pero no el recuerdo de 28 kilómetros de vida.

Hasta la próxima

Jorge Iván Londoño Maya


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Caminantes TT

Caminata Bello - Vereda La Unión

Fecha: febrero 16 de 2008

Integrantes: Luis Fernando Zuluaga Zuluaga (Zuluaguita). Carlos Alberto Olaya Betancur (Polaroid) – Jorge Iván Londoño Maya (Lobato) Juan Fernando Echeverri Calle (Juanfer)

Nombre de la Caminata: Oda a una Lavandera y a su hijo Presidente.

En una mañana fría, plomiza y con los signos de la lluvia caída la noche anterior y que amenazaba con seguir cayendo, nuevamente los Caminantes Todo Terreno en pleno, dijimos si a nuestra nueva salida ecológica, para atender una cita con la naturaleza, para lo cual, sin importar la hora, nos encontramos como ya casi siempre es costumbre, Jorge Iván Londoño M., Carlos Alberto Olaya B. y el suscrito, en la estación estadio de nuestro Metro, ataviados a lo bien, con nuestras camisetas alusivas a nuestra tierra, cayados , morrales bien surtidos, buen calzado, la infaltable cámara del Polaroid nuestro fotógrafo oficial y la alegría de estos amigos, que confundidos en un abrazo, guardamos un 50% del mismo, para dárselo a nuestro otro caminante, el gran Luis Fernando Zuluaga Z., con quien nos reunimos en la estación del Municipio de Bello y quien, como siempre, allá estaba esperándonos con El Colombiano en la mano y su inigualable simpatía, por lo cual, le dimos el abrazo que le estábamos debiendo y quien con los ojos cuasi inundados en lagrimones, nos dijo: ¡Huyyy que columnota se fajó hoy nuestro contertulio Raúl Emilio Tamayo, como para colección!!! Y es que el Just Gentium se convirtió en el Catecismo Astete de los Todo Terreno, así como Doña Viena Ruiz, nuestro ángel de la guarda, por su defensa al medio ambiente.

Ahhh!!! Pero hablando del Municipio de Bello, no crean que éste sólo tiene un manicomio, montaña de basura, barrios de invasión, talleres y cosas malucas……..No querido lector, cambiemos esa imagen de que Bello sólo era bueno cuando pasábamos rumbo a la costa y que progresaba más un mico apunta de limonada. Naditica de eso, paren bolas y verán cual es la realidad.

Claro que también tiene el cementerio ferroviario más grande del mundo, clara muestra de la incapacidad, la deshonestidad y la desidia de aquellos funcionarios que dejaron acabar los Ferrocarriles Nacionales, hecho que sólo puede ser contado en nuestro país.


BELLO: Fundado, no formalmente, en 1676 bajo el nombre de Hato Viejo, está ubicado al norte del Valle del Aburra y es el segundo municipio de Antioquia, con 400.300 habitantes, regaditos cómodamente en 149 Km2. y a una altura de 1.450 m.s.n.m contando con una temperatura promedio de 22ºC el cual es envidiable, al igual que su posición, ya que está a una distancia de Medellín de 10 kilómetros que se cubren en 15 minutos, pero con una gran ventaja, hay que advertirle al viajero cuando sale a Medellín, ya que prácticamente están pegaitos.

Esperen más adelantico, que ya iré complementando ésta crónica y se darán cuenta que Bello hoy si es ese Bello que dejó de ser tan feito, gracias a que sus últimas administraciones le han puesto la mano y han sudado la camiseta, paren bolitas y van a darse cuenta lueguito.

Mientras tanto sigamos con los caminantes, quienes apeados del metro en medio de la lluvia que arreciaba, nos dirigimos a la Panadería Marco Fidel Suárez, ahí mismito, donde tomando asiento y muy bien atendidos, pedimos nuestros desayunos consistentes en cafecitos para aquellos, con Almojábana y Mr. Tea para Juanfer, acompañado de palito de queso y un pandequeso de tal tamaño que se le veía el 3,1416 sin necesidad de recurrir a Euclides ni nada por el estilo.

Así, medianamente desayunados, pero muy satisfechos, emprendimos a las 8:30 AM. nuestra marcha rumbo a San Félix, corregimiento de Bello, incrustado allá arriba en la cordillera o a San Pedro de los Milagros, es decir al que nos diera la cuerda y las ganas, lo cual definiríamos cuando estuviésemos allá en pleno alto, ya que son sitios más o menos equidistantes, llevándonos nuestros pasos al parque principal o Francisco de Paula Santander (“·&&···%%&$·&%%·$···), el cual para nuestra sorpresa, no fue reconocido por nosotros, ya que estaba remodelado, pero señora remodelación, toda una belleza:

Su piso forrado en una especie de adoquines cuadrados color amarillo claro, mezclado con piedrita en sus juntas, jardineras muy bien distribuidas, el espacio público impecable y muy bien definido, arborización, lámparas y en su costado occidental, la hermosa iglesia del Rosario, construida en 1947, la cual muy pinchada luce puertas italianas forjadas y vitrales italianos preciosos, la cual reemplazó a la vieja iglesia o capilla de Hato Viejo, ubicada al frente y construida en 1792 y en la cual fue bautizado el más grande de los hijos de Bello, Don marco Fidel Suárez, presidente de la república, literato, escritor, senador, orador y gloria de nuestras letras, quien con Caro y Cuervo, forma esa trilogía de la literatura Hispanoamericana.

Así mismo, se destacan en el parque, los imponentes bustos del Genio de la Gloria Simón Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacio y Blanco y de Francisco de Paula Santander, obras del escultor Jorge Marín y quienes desde el frío bronce, parece se miran con recelo. Descrestados quedamos los Todo Terreno, con la belleza del parque y su entorno, en el cual se nota el trabajo. Igualmente nos llamó la atención la amabilidad de la gente, quienes llamados en su atención con los caminantes, respondían a nuestras preguntas, al tiempo que nos daban la bienvenida a su Municipio y nos indicaban la ruta a seguir para nuestra caminata, al tiempo que dejaban constancia de la belleza de la misma.

Alejándonos del Parque Santander y dirigiéndonos hacia la vía que sube al costado izquierdo de la iglesia, vigilados por el imponente Cerro el Quitasol y con la lluvia inclemente encima, de esa que llaman “moja bobos”, nos encontramos con el hermoso monumento en bronce, piedra y acrílico, obra del mismo Jorge Marín, denominado Oda a Una Lavandera y con el cual se hace justo reconocimiento a Doña Rosalía Suárez, la humilde mujer que dio a luz a Don Marco Fidel Suárez, en un acto de amor, más allá del deber en abril de 1885 y en esa humilde choza que se conserva intacta entre una gran construcción de mármol y vidrio, ubicada a escasos doscientos metros del lugar.

Si, esa choza, que vio nacer al autor de la Oración a Jesucristo y los Sueños de Luciano Pulgar, además de otras publicaciones, discursos, columnas, escritos, manejos al idioma, aportes literarios y de preceptiva entre otros y que llegó a la Presidencia de la República en medio de la humildad y la pobreza para el período 1918 a 1922 pero que no pudo culminar, ya que los envidiosos e infames ataques de un siniestro personaje, que prefiero no mencionar, le obligaron a renunciar a su cargo.

Hay que llamar la atención de las autoridades de Bello, para que le den una manito a la choza de Don Marco Fidel Suárez, la cual presenta el vidrio de su puerta principal destrozado y sus alrededores tomados por algunos como dormitorio, dando un feo aspecto a éste hermoso monumento.

Poco a poco fuimos avanzando hacia el occidente, por una calle bien pavimentada, en medio del saludo de los parroquianos y de la presencia abundante de automóviles, entre los que no se ven casi modelos nuevos, predominando los viejos, pero muy bien tenidos, siendo la mayoría de ellos de la marca Renault en sus modelos 4, 6, 9, 12, 18 y 19…….

VIMOS TODOS LOS MODELOS
PERO MENOS EL VEINTIUNO,
PUE ESE ERA TAN MALO
QUE YA NO QUEDA NINGUNO.

En medio de nuestra marcha, aprovechamos para comprar en una venta de frutas deliciosas rebanadas de piña, bananos y papaya, alimentos que fueron a dar a nuestros morrales para más tardecito y así continuamos nuestra marcha, por esa calle inacabable que se iba parando a medida que avanzábamos, tornándose más complicada y en la misma forma, el ambiente urbano desaparecía, mientras la lluvia amainaba y el sol, el cual había extendido su sueño casi hasta las 9:00 A.m. estiraba sus brazos, bostezaba y suspiraba, para saludar a los caminantes con sus rayos tímidos y vestidos de nubes grises, mientras a nuestro pasos y a nuestros ojos, se aparecían los primeros rasgos rurales, interrumpidos por el verdor opaco, el campo abierto cubierto con la niebla, cual novia que se niega a ser desflorada por los rayos del sol que se resisten a calentar, al tiempo que se escuchan los más claros y gratos cantos de los pájaros.

Casitas de corte campesino, algunas huertas caseras, pinares, vegetación nativa, hermosos bosques de siete cueros bellamente florecidos, la montaña camuflada entre la niebla y la carretera, en la que hasta una culebra cazadora, encontramos acabada de aplastar por un carro, los cuales se han convertido sin lugar a dudas en otro gran enemigo de la fauna. Niños jugando con sus perros y con sus ilusiones, mariposas con su vuelo entre flores jugando a las escondidas y mil detalles más, que hacían las delicias de los caminantes.

Paso a paso, pero seguros, ascendíamos la exigente carretera, cuyo tráfico es algo pronunciado, haciendo gran presencia, las busetas verdes que hacen conexión con el metro y que prestan un excelente servicio a las veredas, ya que hay que decirlo y reconocerlo, es el Municipio de Bello, el que posiblemente tiene el mejor transporte en todo el Valle del Aburra y se ha convertido en un ejemplo para los demás municipios que lo componen.

Así charlaito y en medio de historias cuentos, chistes, carreta y arreglar el país, avanzábamos los caminantes, cuando nos sacó de nuestra “conversa” una hermosa cascada, que si bien no muy alta, si caudalosa y de rápido correr, cuyas espumosas aguas, hacían una fiesta en nuestras pupilas. Esa cascada lleva el nombre de Mundo Malo, al igual que la vereda y no me pregunten el origen de ese nombre, ya que se asimila a la realidad que vivimos y que se comprueba plenamente, cuando al acercarnos a mirar el lugar donde caen las aguas, pudimos comprobar que hay un charco pequeño y transparente, pero en el que flotan, suspendidos en un remolino, platos de icopor, envases desechables, cartones, palos y mil cosas más, dejadas por esos caminantes y paseantes irresponsables y antisociales, que no piensan en el daño que le hacen a la naturaleza y al ecosistema ***)=/&$&&”·$&/()%..-

Fueron varias las quebradas y caídas no muy grandes que encontramos en el camino, ya que el agua abunda en el entorno recorrido. Poco a poco fuimos acercándonos al alto, pero también poco a poco aumentaba el frío, el cual aunque agradable, era penetrante y nuevamente, se sentía caer la lluvia sobre nuestras gorras, espaldas y ponchos,

Por fin llegamos a la carretera principal, la cual de subida sigue para San Pedro y de bajada para San Félix, pero de verdad, no pensamos en ninguno de los dos, sólo llamó nuestra atención el Estadero Coca Cola (ocurrente el que puso ese negocio así en medio de tan hermoso paisaje y habiendo tanto nombre lindo para escoger) , donde fuimos atendidos por una morena como de 1.80 metros de altura, cuerpo de reina y una amabilidad especial, quien compadecida de los fatigados caminantes (pa’eso que damos golpe donde llegamos) se dedicó a atendernos y estar presta a nuestros pedidos de gaseosa y cerveza, ya que no provocaba sino bogar y bogar.

El frío seguía en aumento, el cielo se encapotaba y creo que ni los ruegos a la Milagrosa nos salvarían de una mojada, por lo cual, decidimos agarrar hacia San Félix, buscando “lo más cerca”,para regresar a Medellín y así en plena bajada, con la “moja bobos” en la espalda, llegamos al corregimiento de La Unión, donde la presencia femenina, la música y el olor a almuerzo, nos sacaron de nuestros ponchos, para mostrarnos el restaurante y estadero La Unión, al cual dirigimos nuestros cayados y nuestra hambre mediana, par ser atendidos en medio de un ambiente medio campechano, en unas sillitas súper altas e incómodas y unas mesitas en las que apenas cabía un plato dulcero, una cuchara y el palillo de dientes.

Así, más incómodos que tres en un taburete y sin chistar, hicimos nuestro pedido, consistente en bandeja con diferentes carnes al gusto, gaseosas, cervecita pa’los que sabemos y clarito de mazamorra. Fue larga la espera para que llegara el “servido”….y ¡Oh! sorpresa, que “montononón” de comida junta, con verla, el hambre se vino al suelo y al probarla ahí si que fue cierto…Más bien regularonga, con decirles que es la primera vez que dejamos cada uno de a casi medio plato con pedazo de carne y todo, ya que ni el boquidragón, como me dice el Lobato, por lo refinado de mi gusto al comer, tuve que ceder al nada encanto de esta comida. Claro que nada se perdió, ya que al salir, recogimos las sobras para dárselas a los perritos callejeros que en las afueras del negocio, esperan que cualquier cosita les caiga…….y jijuemama si les cayó bien bueno y bastante; para su hambre y su gusto.

Hasta las fotos de Polaroid Olaya se sintieron desganadas, en nuestro acostumbrado ritual de saludar y tomar visticas a nuestras viandas, las cuales tuvimos que adornar, con un poncho típico de fondo, para darles medio saborcito, ya que la comida, como que no lo tenía.

Como por arte de magia o de pura chepa, apareció ante nosotros una pequeña buseta blanca, bonita de la empresa Copetransa, la cual abordamos de inmediato, pero a los estrujones, ya que los cayados, apenas cabían en aquella reducida carrocería. “Incómodamente” acomodados, con las rodillas pegadas contra el espaldar de adelante, los cayados parqueados de cualquier manera y nuestras posaderas de lado, cual Gay en pleno concurso de belleza, arrancó el aparatejo a buena velocidad, carretera abajo rumbo a Medallo…..

Que paz, que tranquilidad, más experiencias para contar y repasar, cuando de pronto nos interrumpe un vecino, para preguntarnos que si éramos caminantes….y desde ese momento no volvió a parar nuestro inoportuno agrónomo de nombre Marco Antonio y quien se dedica a asesorías tributarias en San Pedro, es decir, está más desubicado que Adán en un bazar de huérfanos; además que se contaba unos chistes verdositos y simploretos como una sopa de carretas, lo que en un momento determinado casi me mueve a sacarlo por la ventanilla.

Así, medio mareados con el vecino (aunque queridito el parroquiano, pa’que pues todo hay que decirlo). mariada de la que se salvó el Polaroid, ya que como cosa rara se puso a mirar pa’entro.

En un santiamén, estábamos en la 80, ahí donde quedaba Colpisos y allí nos bajamos; pero en medio de un aguacero impresionante, que nos obligó a buscar refugio. No importa la hora de llegada….el día seguía como lo dejamos al salir en la mañana; es decir, los relojes y los meridianos se habían quedado estáticos y el sol, se quedó debajo de su ruana.

De allí, Zuluaga cogió taxi rumbo al Poblado y Polaroid, el Lobato y el suscrito, tomamos otro, pero rumbo 80 abajo, donde a cuenta gotas nos repartiríamos a nuestras casas.

Bonita la caminata No. 134 y muy rendidora, ya que tempranito estábamos en casita. Todo un placer comprobar que Bello ya no es ese pueblo feo y estancado que siempre conocimos. Otra cosa es recorrerlo hoy en día, para ver el cambio y la mejora, claro pues que tampoco como pa’decir: ¡Que bruto!!!!.

Hay un datico importante que aclarar de Don Marco Fidel Suárez, gloria de las letras y la literatura hispana, pero cuestionado como Presidente, posiblemente gracias a una historia mal contada, ya que El, contrario a lo que se dice, no fue quien entregó a Panamá a los gringos y mucho menos lo vendió; simplemente que por esas cosas del destino y estando en el solio de Bolívar, le tocó en 1920, recibir los USD25.000.000.00 con que descaradamente los imperialistas del norte indemnizaron a Colombia por
el “I Took Panamá”, con el que perdimos el istmo, el ferrocarril, el canal, nuestra soberanía y nuestro honor, que sigue mancillado hasta nuestros días, pues esos USD25.000.000.00 como afirmaría Fernando González, se volvieron veinticinco millones de prostituciones.

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JUANFER