Caminata Colegio Latino - Santa Elena, vereda El Tambo


ALPINISMO, FLORES, PAISAJE, BELLEZA, PROGRESO Y CABLE.

ENCUENTRO

7 am. Estación Exposiciones de nuestro Metro, donde los tres amigos: Luis Fernando Zuluaga Z. Carlos Alberto Olaya B. y Juan Fernando Echeverri C. como en un rito al cumplimiento y a la caminería hicimos “foro” para iniciar esta nueva aventura.
Ausentes: Jorge Iván Londoño M. por compromisos familiares y José María Ruiz P. compromisos y a lo que se suma un problema en sus gemelos.

INICIO DE VIAJE


7:05 am. Ya desayunados desde la casa, los tres caminantes y mejores amigos, debidamente acomodados en una buseta de Transportes La Ceja tomamos rumbo a Las Palmas y en lo que demora el indeseable de J.J. Rendón en armar un chisme, estábamos frente al Colegio Latino dispuestos a iniciar al ascenso hasta el hermoso Corregimiento de Santa Elena, cuna de silleteros y milagro de paz hecho flor.

INICIO DE ASCENSO

7:20 am. Dábamos nuestros primeros pasos por la nueva y bien pavimentada vía que bordea el Colegio Latino, la cual se inclina inclemente, mostrando ante nuestros ojos un paisaje totalmente cambiado, al que vimos y dejamos meses atrás, ya que el progreso (sí así se puede llamar) ha transformado el entorno en forma exagerada, dando paso a modernas urbanizaciones que se cuelgan de la montaña, mientras se destruye la fauna, la flora y las aguas , con la aquiescencia de las autoridades, pero quién sabe si de la naturaleza, la cual mañana cobrará por ventanilla.

Esta caminata ya la hemos hecho como en una siete oportunidades, es decir nuestros cayados nos llevan solos, pero es casi que irreconocible el entorno, tanto que no teníamos certeza del sendero a tomar, que nos llevara por esa senda que se combina con caminos de piedra tejidos por nuestros aborígenes y utilizado por nuestros arrieros durante años y los cuales facilitan el ascenso.

Llevábamos unos cuarenta minutos recorridos, en un ambiente frío, con un camino liso y algo empantanado debido a las lluvias caídas y todo envuelto en una neblina que no se atrevía a cerrase por no perderse el paso de los caminantes. Paisaje hermoso arriba con la empinada cordillera, donde la neblina si era toda una ruana, y atrás la vista tenue de Medellín, nuestra orgullosa y bella ciudad que poco a poco se nos alejaba a medida que avanzábamos, mostrándonos su norte.

Muchachos, dijo Zuluaga: “El sendero que cogimos no es el de los caminos de piedra, es aquel el de la trepada que casi nos mata”. Sí, se refería a otra ruta que ya habíamos tomado meses atrás y que por su topografía y condiciones, resultó una verdadera escalada sobre una pared de piedra, donde una caída podía ser fatal, ya que “viejo caído es viejo perdido…” pero que le vamos a hacer ya que caminante que se respete no tira reversa.

Y así entre charlas, dichos, conversaciones de cualquier tema existente y por existir seguimos nuestro ascenso. De pronto, al tomar un recodo del camino en una parte boscosa, un grito, unas voces y unas risas detuvieron nuestros pasos y nuestro aliento. ¿Qué será? Nos preguntamos mientras Zuluaga y el suscrito cautelosos nos adelantamos y Olaya se quedaba atrás prevenido.

Así despacio y desconfiados superamos el recodo y vimos más adelante, como a doscientos metros, un grupo de muchachos que tomaban fotos y se divertían. ¿Boys Scouts? ¿Paseantes? ¿Caminantes?...Ninguno respondía y seguimos nuestra marcha firme y en pocos minutos los estábamos emparejando.


Efectivamente pudimos comprobar. Eran seis jóvenes con edades entre los diez y ocho y veintidós años máximo, quienes desde sus figuras de “combo” respondieron a nuestro saludo, al tiempo que comprobábamos que se hacían acompañar de cuatro perros (más tardecito pudimos enterarnos que eran perras) de la temida raza PitBull, de esos prefabricados y amaestrados por el hombre para pelear y matar y ahí sí afinamos nuestro susto y nuestra desconfianza.

El grupo quedó integrado físicamente pero desintegrado mentalmente. Nuestra desconfianza era mutua y poco a poco nos ganamos la confianza de los jóvenes, con quienes compartimos fotos en la cámara de Olaya, quien a su vez los hacía posar. Ellos se interesaron por saber quiénes éramos, qué hacíamos y “que verracos ustedes para caminar”

Realmente al suscrito en ese momento, y los que siguieron, sólo le me importaba la ubicación de las perras, las cuales continuamente pasaban rozándome con sus largos rabos y jadeando, mientras dominaban el ascenso, el cual se tornaba más complicado en la medida en que aparecían esas rocas caprichosamente superpuestas en el sendero por la naturalezas y que desafiaban nuestras fuerzas.


Como sin querer queriendo les dije: “Muchachos, ¿Las perritas ya desayunaron y tomaron agüita? “Sí cucho”, me dijo el más joven de nuestros casuales acompañantes, “antes de salir les dimos comida y agua…” Eso me tranquilizó, pero me parecía que Yira, nombre de una de las perras, le decía a otra de color amarillo quemado y recién parida como lo mostraban sus ubres y tetas colgantes y rebosantes de leche: Mona, tranquila que a estos viejitos nos los almorzamos más arriba…El nombre de la otra perra era Nana y nunca me interesé en averiguar el de la cuarta.


Dele pa’ lante mijo y no pregunte nada era la consigna, y efectivamente nos dimos cuenta los tres caminantes que el ritmo que llevábamos era endiablado y superamos esa pared de roca en un tiempo increíble, sin importarnos lo lisas y peligrosas, por el agua que aún corría por ellas, el pantano y los pequeños charcos que se negaban a dejarse absorber por el terreno poroso y flojo, que acompañado de vegetación se había metido entre las juntas de las mismas.

LA CIMA EN LA MESETA, NUESTRA META.

Cuando nos dimos cuenta y a escasos metros de llegar a la cima en el sitio conocido como La Meseta, habíamos dejado al grupo de muchachos y sus perras atrás, lejos en el camino y perdidos de nuestra vista. No fueron capaces de seguirnos el paso, dijo Zuluaga con voz triunfante, mientras para mis adentros yo me decía “que va home es que el miedo hace milagros”.

Tranquilos y serenos seguimos la marcha en un terreno más amable, interrumpida nuestra cháchara por el ya acostumbrado grito de Zuluaga, nuestro Rodrigo de Triana criollo, “Coronamos”. Efectivamente el terreno se tendía ante nuestros ojos cual tapete verde pringado de pinos y sietecueros, en ese plan tan familiar para nosotros, mostrándonos al frente el viejo arrastradero en escala que se ha utilizado para sacar madera y que lleva a la vereda El Plan y a nuestra izquierda ese camino amable que lleva a la vereda Las Delicias y nos decidimos por este.

En medio de esas casitas hermosas de Santa Elena, todas en flor, respirando la paz de ese corregimiento, la cual es silvestre en toda la extensión del mismo, sinónimo de silleteros y muestra viva de nuestro ancestro paisa, matizamos la marcha con las experiencia vividas y las que pudimos haber vivido y experimentado, al tiempo que reconocíamos el paisaje y así nos fuimos acercando a la cabecera de Santa Elena, hermosa como siempre y resaltada por su pequeño templo, la bella escultura en homenaje a nuestros silleteros y ese marco de plaza que nos traslada a esa “Antioquia grande y altanera”, donde la fe, la honradez y la convivencia eran un mandamiento.


Ingresamos al templo, dimos gracias al Creador y salimos a tomar alguna cosa. Eran las 10:20 am, nos había rendido la marcha. Entonces tomamos asiento en una heladería y frutería que linda con la iglesia, donde rebosamos de amistad, arreglamos el país, elegimos presidente, recordamos experiencias y así entre cervecitas, Mr. Tea y buena” parla”, matamos el tiempo y resucitamos vida.

Bueno y el almuercito ¿qué? Está temprano pero sí, vamos a buscarlo para que luego salgamos a recorrer y sigamos al Tambo y al Parque Arví, la nueva reserva ecológica y turística hecha por el Municipio, el Metro y algunas empresas para goce de la comunidad y nuevo orgullo de Antioquia, máxime que cuenta ahora con la extensión de la línea “k” del Metro, ese cable aéreo que hace “las delicias de propios y extraños”. Fácil hacer planes.


Empezamos a desandar lo andado, en medio de negocios de frutas y de flores mientras Olaya ponía a funcionar su cámara. Aprovechamos cada instante para plasmar las experiencias y sentir las mismas y hasta foto nos hicimos tomar portando un hermoso ramo de Girasoles, flor de moda y que con seguridad, adornará muy pronto los pasillos y salones de la casa de Nariño.

Pasamos por el Restaurante Los Pinos, hoy remodelado y el cual ya no pertenece a Doña Edilma, aquella matrona de nunca olvidar, cuyos famosos sancochos se reproducían en los platos de los clientes como por arte de magia y gracia al generoso cucharon de esa señora, que llenaba los platos cuando veía que estaban mermados.

Seguimos de largo a buscar el Restaurante las Montañitas, lugar que también ha sido de nuestra predilección dada la calidad y buena atención y donde Jorge Iván Londoño (El Lobato), recién ingresado al grupo, se nos quedó encerrado en un baño de donde casi tiene que ser sacado por los bomberos.


Es bonito el sito y está siendo remodelado. Allí fuimos recibidos por una hermosa morena con unos hoyuelos encantadores y luego del saludo de rigor y sentarnos a tablas (allá no hay manteles gracias a Dios) pedimos tres cervezas Club Colombia (casi que me dan ronchas ya que prefiero la Pilsen ) luego la carta e hicimos pedido, y en un santiamén estaba la morena ubicando sobre la mesa las viandas de mondongo para Zuluaga y el suscrito y Cañón al Carbón para Olaya. No dieron un brinco esos tres platos.

Cubierta la cuenta, fina despedida, las gracias y las felicitaciones por tan excelente atención y mejor comida, salimos como unos “chinches” de repletos y tomamos carretera rumbo a la vereda El Tambo, para completar nuestro recorrido y volver a Medellín por el cable vía Santo Domingo.

El sol había salido en todo su esplendor y calentaba el paisaje, pero avisando lluvia para màs tarde; no conociéramos “al mono Jaramillo” y sus caprichos. Que gentío Dios mío…puro turismo y pura fiesta. El mismo paisaje repetido en flores, follaje, frutas y belleza. En poco tiempo estábamos ingresando a los terrenos del Parque Piedras Blancas, donde se hacen amplios parqueaderos para lo que se viene. Pudimos conocer el proyecto “Muros de Tierra” de la fundación Tierra Viva, la cual ha retomado la construcción de tapia o tierra pisada para vivienda y locales, así como el uso de techos vivos, es decir, verdaderos jardines que techan las nuevas construcciones, lo cual quedó registrado en la cámara de Olaya.

Hermosos proyectos y hermoso el paisaje, lástima que “algunos señores adinerados de Medellín” se han venido asentando en el lugar, comprando a los moradores sus finquitas con sabor a silletero y arriería, para construir lujosas casas de ladrillo a la vista, teja española y grandes vidrieras que contaminan la vistas y nuevamente con la aquiescencia de las autoridades. ¿Cuáles?

Aprovechamos la oportunidad para tratar con algunos habitantes y preguntarles sobre su impresión con la transformación que vine sufriendo el corregimiento, unas de cal y otras de arena. Están contentos, pero temerosos “que se les acabe la paz y llegue la delincuencia, con tanta afluencia de turistas y de extraños, que no dejan de ser un problema”.

Efectivamente, en el camino pudimos ver los sitios limpios para disposición de residuos sólidos hechos con plástico reciclado, las canecas, los cobertizos y especies de descansaderos, para que las familias, algunas de las cuales disfrutaban de sus sancochos en plena vía y en cómodas mesas dispuestas para tal fin, puedan organizar sus almuerzos, sus fiestas, sus siestas y su camping.


En medio de ese mar de gente, llegamos al estadero Tambo que hervía, es decir se volvió un verdadero machete para sus propietarios. Allí refrescamos nuevamente nuestros maltrechos radiadores y nos encaminamos a la estación del metro cable Arví, retirado algo así como medio kilómetro, y cuál sería nuestra sorpresa al llegar y comprobar que las filas eran interminables.

Una para comprar tiquete y otra para ingresar al sistema. Hasta ganas nos dieron de devolvernos al Tambo a coger bus, máxime que se había soltado el aguacero, pero bueno…caminante que se respete no retrocede (ya habíamos dicho) y nos aguantamos la fila y el agua, la cual por fortuna amainó ligero quedando el tal aguacerito moja bobos.

Hicimos de las filas y la espera una fiesta, ya que nos dedicamos a charlar con la gente y sobar la paciencia y por primera vez, los tres amigos y caminantes coincidimos en que había desorden e improvisación en todo esto, algo raro y que no es propio de nuestro Metro, el cual funciona para todo como un relojito. Igualmente empezamos a creer que si en Santa Elena no se ubican algunos CAI y estación de Policía…la seguridad quedará en entredicho, como en entredicho quedó la construcción del cable, el cual fue montado y puesto en servicio, sin haber culminado la infraestructura de todo el sistema y sus anexos.

Mientras hacíamos la fila, se nos arrimó una hermosa muchacha quien nos preguntó si nos podía hacer una entrevista para la Organización Metro Parque Arví, a lo cual accedimos gustosos, la misma que se desarrollo en medio de cámaras, amplificadores y reguladores de sonido, micrófonos y la gente a medida que la cola avanzaba.


Por fin compramos lo tiquetes luego de sortear mil condiciones. Hicimos fila para ingresar a las góndolas, las cuales llegaban totalmente vacías ya que a las 4 pm se suspendió la venta de tiquetes para subir, porque es tal la afluencia de público que de no ser así, no alcanzan a evacuar la gente que ocupa el Parque Arví y sus alrededores en cantidad de visitantes.


Acomodados en la góndola con una joven pareja, dos jóvenes señoras con sus hijos pequeños y un muchacho visitante que viajaba solo, más los T. T. iniciamos nuestro viaje aéreo. ¡Que hermosura carajo! ¡Qué espectáculo! ¡Qué verdor y paisaje!...Todo un descreste lo que se logra ver desde arriba, en esa inmensidad de Arví, el cual medio cubierto por la niebla y bajo la lluvia que nuevamente había arreciado, nos brindó un espectáculo nunca imaginado.

Si esto no es raza…¿Qué es entonces? Y así conversadito con nuestros compañeros de viaje superamos la montaña, para quedar descubierto ante nuestros ojos, toda la belleza del Valle del Aburra y abajo el Barrio Santo Domingo, que hace esfuerzos por salir, progresar y recuperar su tranquilidad y su seguridad, y allá a lo lejos todo el esplendor de nuestra Medellín.


Al paso por los colegios de “calidad” y la hermosa Biblioteca España, recordamos a nuestro ex alcalde Doctor Sergio Fajardo Valderrama, artífice de todas estas obras y hoy candidato a la Vicepresidencia de la República.


En la Estación Santo Domingo, bajamos de la góndola, para comprar nuevos tiquetes y abordar otra en el integrado segmento de cable “Línea k”, el cual nos llevó a la Estación Acevedo, donde tomamos el Metro, ese que nos pondría a tiro de piedra de nuestra residencia

Ahí queda esta crónica para los lectores, si alguno se atreve a arrimarse por estos lados, y para nuestras autoridades y la organización Metro, ya que hay mucho por prevenir y mejorar en esta maravillosa obra que habla de la grandeza de Antioquia.

Cordial saludo a todos y hasta la próxima si el superior permiso lo permite.

JUAN FERNANDO ECHEVERRI CALLE

ÑAPA, COMO DICE UN QUERIDO AMIGO: Una lástima enterarnos por la prensa de mayo 5, que despreciables vándalos y desadaptados, habían quemado uno de los sitios limpios del parque Arví, robado algunas canecas metálicas y desmantelado varios elementos paras disposición de sólidos, así como una caseta. Duro con esos antisociales, ya que la delincuencia no puede prosperar en la tierra de los silleteros.

Primavera - Amagá

Caminata Primavera - Amagá

CASCADAS DE ORQUÍDEAS

Entrada

Hay caminadas que hacen falta como los buenos amigos, por lo que hay que ir a verlos, o que vengan, y esta es una de esas. Mediana en distancia con sus cinco agradables y descansadas horas, planita; con un comienzo oloroso por la fábrica de arepas encargada de levantar la bandera ajedrezada y con un final delicioso que tiene como culpable el carnudo mondongo del restaurante Ramitama, allá en pleno parque de Amagá. Obvio que este comienzo y final gastronómico hay que sazonarlo con un generoso paisaje que tiene como referente el imponente cerro Bravo, más una buena cantidad de cascadas, una naturaleza tupida y a veces altanera en sus formas y con la inocente mirada de los niños que viven a lado y lado de la carrilera.

Bien Paraditos


Los tres tenores, para no desentonar, nos encontramos por pura coincidencia a la salida del mismo metro en la estación Itagüí, en cuyos bajos, y antes de abordar la buseta que nos llevaría hasta la vereda Primavera del municipio de Caldas, tomamos un muy liviano desayuno en uno de los puestecitos establecidos para atender a los múltiples viajeros. En el primer negocio la niña nos puso mirada inquisidora, por lo que pasamos al siguiente unos metros más adelante. Allí, parados como se pudo, acompañamos una “aromática de café con leche” con algo del único menú: palito de queso, pastel de pollo o empanada. Ah, y nada de cuartos o mitades, todo entero porque se trataba del desayuno.

Primavera

Cumplido con el “debe haber”, tomamos la buseta que nos llevaría hasta Primavera. Gracias a Dios, y creo que por primera vez, nos toco un chofer muy decente en su manejar, sin las carreras de otros; por lo que en un apacible viaje por la carretera vieja, a la que le han hecho algunos maquillajes, llegamos sin espavientos a Primavera, lugar que fuera famoso por sus bailaderos, sus charcos y sus sancochos a campo abierto, los que casi siempre terminaban pasados por agua, gracias al infaltable aguacero de turno.

Carrilera adentro

Esta caminata se hace en buena parte por donde otrora pasaba el tren que venía del suroeste con pasajeros y cargas de café. Hoy solo quedan vestigios de los rieles que en algunos tramos asoman la cabeza como pidiendo a gritos por su renacer, y de las casonas de las estaciones que ayer eran lugares bulliciosos de encuentro y comercio de todo tipo y hoy son espacios silenciosos de paso para parroquianos y caminantes.

Los primeros pasos se hacen por la carretera que lleva al Suroeste. Quinientos metros más adelante está el desvío para tomar la carrilera, una bajada de respeto, la pasada por un puente a lo maromero, sin barandas, y al otro lado la fábrica de arepas que les cite al comienzo, en la que trabajan unas amables mujeres, que arepa en mano, nos responden el improvisado cuestionario. Al fin con los pies sobre la carrilera, y siendo las 7 y 45 de la mañana de este sábado 10 de abril de 2010 dimos inició oficial a esta caminata que gracias a su ruta, se nos volvió amiga especial.

Niños al por Mayor


A lado y lado de la carrilera se encuentran las viviendas. Las hay de todos los materiales, colores, tamaños; hay desde tugurios hasta casitas hechas de material. De cada casa sale una canción o una palabra diferente, pero todas tienen algo en común, los niños. Son tantos que los bombones hay que repartirlos en secreto. Como una bolsa alcanza para tres casas optamos por escoger los tramos donde menos barrigoncitos veíamos. Recuerdo mucho los últimos clientes, medía docena sentados en la entrada de una casa, todos hinchas del “eeeellín”, quienes, además, exigían el color de la envoltura.

Cambio de tercio


Dejamos atrás las casitas, los crespitos, los gaticos, los perritos, los vallenatos, el reggaetón y la salsa a todo volumen, y nos entramos de lleno al amplio horizonte que brindan las cadenas montañosas del suroeste. Llegan los bosques, las cascadas que abundan por esta región, las cuales, gracias a las lluvias vuelven a tener un caudal interesante y refrescante para el ambiente. La variada y fértil vegetación nos da la bienvenida lo mismo que los tibios rayos de sol que juegan trencito con las nubes. Entre paso y paso, conversa y conversa y trino y trino vamos abrazando centímetros y agregando felicidad a nuestro delicioso caminar.

Los Montoyas


A mitad de la mañana llegamos a la vereda Salinas, donde se encuentra el derrumbe en el sector de Los Montoyas, el mismo que, irresponsablemente diría yo, pasamos aquella mañana del 23 de agosto de 2008 siendo todavía una colada de barro que bajaba de la cima. Allí continua pero hoy con alguna incipiente vegetación crecida en sus laderas, y un camino hecho a mano por las pisadas de los habitantes de la región. Que recuerdos nos trajo pasar por este tramo.

Mas adelante queda un pequeño kiosco restaurante, tipo rancherito, en donde aquella vez aprovechamos para lavar las botas y de paso probar una picadita de chicharrón la cual nos cobraron de marrano entero. Por fortuna esta vez no teníamos nada que lavar y mucho menos que probar, así que pasamos de largo haciéndonos los que no los conocíamos.

Estación Nicanor


La casona de esta estación se conserva. En su interior hay una tienda y un salón de billares. Aprovechamos la parada para tomar algo de guandolo, hasta hoy el mejor preparado por su especialista el Lobato, según comentarios hechos “in situ” por los fieles clientes Zuluaga y Echeverri, y para sacarnos las piedritas que se van metiendo entre las botas y que a la larga se convierten en inocente motivo para pagar promesas que no teníamos en mente. A falta del unípode de Olayita y Josema, una hermosa chica nos sirvió de fotógrafa a quien no le quitamos la vista, razón por la cual no tuvo necesidad de decirnos a donde teníamos que mirar, de plano únicamente a sus ojazos. Como muestra solamente miren nuestra mirada en la foto.

San Fernando Rey de Borbón a la Vista


A un paso de la estación aparece arrecostado sobre la montaña del frente el municipio de San Fernando Rey de Borbón, hoy Amagá. Por ese motivo, y en honor a su aristocrático tocayo, Juanfer se vino muy elegante con su zuluaguina, chompa impermeable, fino regalo de Zuluaga para todo el grupo, y que solamente se vino a quitar al final del trayecto con el único propósito de rebajar, dijo él, unos 4 kilos. Sabrá Sarita


Además de la panorámica del pueblo, aparecen las fincas con sus sembrados de café y cítricos, y por motivos de la temporada, una gran cantidad de orquídeas de la clase San Juan, que engalanan los jardines exteriores de muchas casas, lo que obligó a Luisfer, nuestro fotógrafo suplente en esta caminata, a fajarse unas buenas fotos sobre la belleza y colorido de esta planta, lo que le mereció otorgarle la orquídea de plata por los servicios prestados.

Corregimiento La Mina


Pasadas las once del día llegamos al parque principal del corregimiento La Mina, que tiene dos particularidades. La gran cantidad de melenas que cuelgan de los árboles y que la iglesia siempre la encontramos cerrada, o sea que siempre la miramos como a los coliseos de la unidad deportiva Atanasio Girardot durante los juegos Suramericanos, por entre los huecos de la puerta. Esta vez vimos que le cambiaron el piso por uno muy elegante, como imitación mármol o algo así. Desde el atrio de la iglesia y mirando a la derecha, se alcanza a apreciar a Angelópolis. Con razón lo llaman el balcón del suroeste

Los restos


Cuando uno mira a Amagá desde la estación Nicanor, dice con toda tranquilidad ¡Llegamos! Ni crea, son dos horas largas de camino, en su mayoría bajando. En la caminata anterior un muchacho del pueblo nos había soplado un desvió, el cual recordamos y usamos en esta oportunidad, desvío que nos lleva directamente al cementerio. Es un campo santo bien tenido, al cual siempre entramos con el debido respeto de sus moradores. Luego de apreciar algunas obras de arte y de leer con detenimiento los mensajes de algunas lápidas, continuamos empedrado abajo para entrar al pueblo y comenzar a subir las empinadas cuadras que nos separan del parque

Emiro Kastos


El parque principal lleva el seudónimo del escritor, político y pensador amagacita, Juan de Dios Restrepo. Actualmente se remodela en su totalidad y por lo visto promete quedar muy moderno y acogedor; ya les contaremos. La plaza de mercado quedo ubicada en el costado oriental del parque, en un moderno edificio de dos plantas. Imperdonable no ingresar al interior de la iglesia parroquial San Fernando Rey, por lo que nos correspondió oír los avisos parroquiales de la misa de 12, entre los cuales el nuevo párroco anuncia la remodelación de los zócalos y de las bases de las columnas, que según él parecen unos sanitarios por el tipo de material utilizado. Que pena oír los problemas de las casas vecinas, pero nos tocó.

Mondongo, Arepa y Amabilidad

Igualmente es imperdonable no visitar el restaurante Ramitama (familia Ramírez Tamayo) atendido hoy por su nueva y amable propietaria Ruth Piedrahita, admiradora incondicional de los Todo Terreno, quien se prodiga en atenciones cuando la visitamos. El pedido es igual para los tres, mondongo completo, y de postre las crocantes lenguas horneadas por la panificadora Iberu de Ciudad Bolívar, pedidos al teléfono 841.1041 Por fina atención de Juanfer, cada uno salimos con de a dos paquetes de lengua, y uno adicional para comer en el camino a ver si se nos “afloja” la conversadera.

En Bus

A las 2 partió el enorme bus con su característico ronquido y su lento rodar por esas empinadas calles, rito que se convierte en un mini tour por la zona comercial, hasta llegar a la carretera que nos lleva a Medellín.

Mucho antes de llegar a Caldas se larga tremendo aguacero por lo que Luisfer exclama: ¡La Milagrosa no nos falla!

Hasta la próxima

Jorge Iván Londoño Maya

Caminada Prado- Heliconia

Caminata San Antonio de Prado - Heliconia

Contando con la ausencia física de Lobato por cuestiones de salud, cosa que lamentamos profundamente, nos encontramos el resto de los caminantes en la Estación Itagüí de nuestro Metro a eso de las 6.30 am. de ese sábado 13 de marzo de 2010 y salimos rumbo a San Antonio de Prado, para de ahí subir hasta el alto de “El Chuscal” y bajar luego hasta el Municipio de Heliconia, famosa desde los tiempos de la Colonia por sus salinas, que desde tiempos inmemoriales los nativos de la región; Nutabes, Titiribíes y Arvíes, explotaban comercialmente en forma de “Panes de sal”.

En ese entonces, el poblado se conocía como Arví o Murgia (Lugar de sal) y por tiempos de la Colonia fue llamada Guaca por la gran cantidad de entierros con tesoros indígenas que se encontraron allá. Cuenta el cronista que cuando llegaron los españoles, los nativos corrieron a enterrar sus posesiones y muchos de ellos se suicidaron y se hicieron enterrar con sus tesoros. Hoy todavía es una región arqueológica muy cotizada y con ruinas de los entables para el procesamiento de la sal en tiempos de la Colonia.


Llegados a San Antonio de Prado, visitamos el templo; estaban en misa, por lo que rendimos nuestro tributo de agradecimiento y salimos en busca del reglamentario desayuno. Poca oferta gastronómica a esta hora por estos lados. Nos tocó desayuno de panadería: Cafecitos con leche (tibio para Juanfer), empanadas, pandequesos, buñuelos y listo. ¡Y claro; medio frasco de ají para dos empanadas!


San Antonio de Prado tiene varias particularidades: Un enorme condominio colombófilo, o sea una gran palomera en el centro del parque; varios bustos de personajes del pueblo, especialmente uno de un señor que parecería el papá de Ñoño de apellido Betancur y una réplica mugrosa de Bolívar. También y aparte de los borrachitos matinales, el parque es un parqueadero en altura: Los carros cuelgan precariamente de los lados de la iglesia que tiene una torre de castillo medieval y del mismo parque. Estuvimos tratando de recordar cómo es que lobato dice del asunto.


Salimos al carretero y tomamos rumbo al “Chuscal” sin afanes; mirando como cuelgan las casas, las casitas y los ranchos de las laderas de la montaña. Algunas regiones de Antioquia son un desafío para la imaginación. La vía serpentea por entre los recovecos de la montaña, unas veces arborizada, otras pelada, alguna más chamuscada por los pirómanos, pero siempre enhiesta y majestuosa. A la derecha abajo el cañón de la Doña María, arriba “El Barcino”, “El Manzanillo” y el paso hacia Belén Altavista. A la izquierda, la Cordillera de “El Romeral” y nosotros caminando; otros en bicicleta y los autos raudos rumbo a y desde la cima. Todo moteado de casitas de todos los estratos posibles e imposibles, algunos cultivos de hortalizas y bosques de pino industrial. También hay asentadas en la región algunas granjas avícolas y de cárnicos en general.


Antes de las 2 horas estábamos en la abertura o Abra sobre el lomo de la montaña, en donde ya hay desde monumento Mariano, hasta tienduchos que ofrecen de comer y beber a los transeúntes, ciclistas y todo el que quiera parar en el lugar a disfrutar de una amplia vista hacia ambos lados de la montaña. Un aviso reza: ARMENIA MANTEQUILLA 22 KMS. HELICONIA 13 KMS. Armenia a la izquierda, Heliconia a la derecha. Íbamos para Heliconia, la tierra de “COSIACA” por si no sabían; arrancamos carretera abajo y estrenando pavimento de cemento que por lo visto fue derramado con toda la técnica y especificaciones como para que dure muchísimo tiempo.


La dicha nos duró unos 20 minutos y hasta ahí llegó el asfalto sin terminar de alabarlo todavía. De nuevo un camino tortuoso, con más cara de camino de herradura que de carretera intermunicipal, como casi todas las vías de nuestro departamento que a pesar de tener presidente y muchos ministros, incluido el de Obras Públicas Antioqueños, como que les da pena meterle la mano a estas hermosas regiones que si tuvieran vías apropiadas, serían emporios turísticos con mucho futuro. Bueno, pero nos consolamos pensando que se camina mejor por camino sin asfalto…


El paisaje se abre al frente hasta el infinito de la sucesión de cadenas montañosas y valles escondidos entre ellas. La carreterita sigue siendo una serpiente que se desenrolla perezosa sobre la falda de la montaña. De pronto en una curva pronunciada, vimos muy abajo el pueblo. La ilusión de cercanía se desmorona a cada paso que damos, porque uno piensa que ya está cerca; curva va y curva viene y como la puerta, en el mismo punto se mantiene. No es problema; nos entretenemos en hablar de lo divino y lo humano y admirar el paisaje reconociéndolo. A lo lejos se alcanza a ver la otra serpiente que lleva a Armenia Mantequilla y guiado por ella, distingo y muestro a mis compañeros, la finca de unos amigos allá lejos. En esas, suena mi celubobo como dice Juanfer. Dicen que lo de la Telepatía es cuento, pero la llamada era precisamente de la dueña de la finca que llamó a saludar…Únicamente a saludar y a preguntarme que cuando iba a volver por esos lados a pasear. Le conté por y con quien andaba; de inmediato ofreció Sancocho de Gallina para esta o para otra, previo aviso. Quedamos casos después de comentarlo con los cuchachos caminantes.


Algunas casitas, muy pocas cuelgan por aquí también de las faldas de la montaña; varias motocicletas y unos pocos carros pasan y algún campesino se esconde furtivo entre las rastrojeras o en la oscuridad de sus casas. Mientras hablamos y hablamos una motocicleta se escucha y al momento pasa a nuestro lado con sus dos policías de dotación. Saludan y siguen hacia arriba. Al poco rato pasan hacia abajo despacio y saludan de nuevo. Nada extraño; recordamos a unos que yendo para Angelópolis, nos abordaron muy cordiales si, y entre charla y charla, con disimulo nos tomaron algunas fotos. Nosotros también les tomamos a ellos.

Seguimos bajando y en una curva, unos perros de malas pulgas nos salieron al paso, mientras un campesino malencarado con un machete desenvainado nos saludó entre dientes y con desconfianza. Los perros dijeron “tate” ante nuestros disponibles báculos. Al poco rato, un motociclista pasó mirándonos fijamente casi sin contestar el saludo y al momento volvió a bajar levantando el polvero. Con seguridad – pensamos – lo llamaron de arriba y vino a ver quiénes éramos… Estos parajes estuvieron infestados de irregulares y la desconfianza es norma. ¡Qué carajos! Nosotros ya somos inimputables con nuestras caras de abuelitos en ejercicio. ¡Es más peligroso un gusano de Col!


¡Esto tiene más curvas que Natalia París y Tatiana de los Ríos juntas! Ya el calorcito empezaba a mellar los cuerpos y el guargüero a pedir líquido diferente al agua, abundante por cierto en nuestros morrales. Ni un tienducho abierto por estos lares, como para violar una ley seca que como alcaldada reglamentaria nos afrijolan en cada evento electoral. Ya empezaba el terreno más llano y a verse más casas y fincas en el camino. A un parroquiano que se asomó a una puerta le preguntamos por una tienda y nos dijo que abajito, en la curva había una… ¿Abajito? ¿En la curva? Todo era hacia abajo en medio de curvas y un polvero del carajo. Eran tantas las ganas que Zuluaga se metió a una casa con tan buena suerte que esa era la tienda. Ahora quedaba convencer a la señora de que nos vendiera cerveza. Casi que no. Hasta nos dejó entrar a la casa dizque para no dar papaya… Seguimos polvero abajo y por fin; la entrada al pueblo.


La calle se amplía y el piso está forrado en Piedra Verde en tres hileras, otras cuatro de Cemento y sus respectivas obras de arte o de recolección de aguas lluvia. Quedamos maravillados pero poco duró la dicha, se acabó la belleza y siguió un tramo de adoquín mal puesto por un trecho; luego de un resalto, otro tramo de adoquín este sí bien dispuesto. Aquí nos encontramos una tienda en que sin miramientos de leyes secas, nos brindaron polas bien frías con chitos más conocidos como ensalada Lobato. El dueño de la tiendita era tan flaco que Olaya le tomó foto para mandarla a Cuba con el argumento de que para ser flaco no hay que morirse de hambre como el periodista Fariña.

Nos montamos de nuevo a la vía y siguió el desfile de pisos distintos; lo que nos dejó claro cuántos alcaldes habrían intervenido en los “arreglos” de la entrada del pueblo; unos 5, y más o menos cuántos faltarían para terminar de hacer la carretera hasta el alto de “El Chuscal” Calculamos así “por encimita” unos 253 alcaldes de aquí para adelante…


Ya llegamos al Cementerio que tiene forma circular como plaza de toros, pero estaba cerrado, por lo que consideramos que estarían fuera de temporada los que se murieran por estos días. Más abajo, un grupo de muchachos departía alegremente, y tan pronto nos vieron pidieron la foto reglamentaria entre chanzas. Se les tomó la foto y ya se les envió por correo; claro que con el estado de la vía entrando al pueblo, a lo mejor ni les llegue…

Entrando al pueblo propiamente dicho, o sea al parque principal, hay una subidita también adoquinada, que dadas las circunstancias, consideramos que está así desde los tiempos de la Colonia, o por lo menos desde la primera elección popular de Alcaldes, que seguro eligieron con la promesa de adoquinar la vía hasta “El Chuscal”, pero el billete le alcanzó sólo hasta la quebradita de abajo, a 200 mts, después de sacar su tajadita.


la sorpresa mayúscula se la lleva el visitante cuando después del primer golpe de vista que incluye un árbol florecido de anaranjado arriba en medio de la montaña circundante, se encuentra con las oficinas de la UMATA y en su zona verde, tirados de cualquier manera están los bustos de Federico Estrada Vélez en un rincón, y pegados a la reja “protectora” los de Enrique Olaya Herrera y del Libertador Simón Bolívar en el más abyecto de los abandonos; casi perdiéndose entre la maleza, despintados y sucios a más no poder.

Ya veremos a quien se la montamos, porque hace tres años estaban en las mismas – dijo Juanfer – Es el colmo de la falta de respeto, no sólo con los próceres y personajes ilustres, sino con el visitante que espera por lo menos que su visita sea agradable. Al pedir explicaciones a las habituales parroquianos, todos tienen 10 dedos para señalar al alcalde; por algo será…


No todo es malo; seguimos hasta el templo, una construcción pequeña, de corte similar a la de la Veracruz de Medellín, limpio y bonito. El altar mayor parece tallado en ébano, madera cuya particularidad son su textura negra y su brillo nacarado, además adornado con laca dorada, simulando las láminas de oro que a lo mejor alguna vez tuvo.

Ya de regreso al parque, buscando la empresa transportadora y un restaurante en donde almorzar, nos cayó la ley y esta vez con interrogatorio. Es que cuatro viejitos barrigones, mirando todo y tomando fotos en vísperas de elecciones, son como sospechosos. Nos quitamos al policía de encima cuando le preguntamos que qué sabía él del estado de los bustos. Se fue tranquilo, después de inculpar también al alcalde. En medio de la risueña por la sacada que le pegamos al policía, nos metimos al creo que único restaurante de Heliconia, llamado “Sal de Guaca” en donde tras prometernos cerveza, nos acomodamos con Sancocho de tres carnes para Zuluaga, carne asada con papitas para Olaya y Juanfer y para el suscrito desganado una pendeja, digo bandeja de cerdo, o con cerdo para los “puristas”.

¡Cuales cervezas! La muchacha que nos atendió llegó muy cariancha y nos dijo que como el “honorable” concejal estaba también ahí gorriando almuerzo, no podían embarrarla. Tocó resignarse a ese revoltijo que en algunas partes llaman limonada, que ni es limonada ni es nada; nada más que panela derretida en quien sabe que agua, con una muestra de limón y algo de hielo. Otros lo llaman dizque Guandolo, pero Guandolo no hay sino uno y ¡nosotros sabemos cuál es, carajo!


El almuerzo estuvo buenito; ¡Pa`qué!. Hicimos roncha un rato, pero antes de que a Olaya le diera por sacar piyama para hacer la reglamentaria siesta, salimos a recorrer el pueblo ante la vista inquisidora del vecindario. El pueblo conserva muchas de sus bellas casas coloniales propias de los pueblos alejados; sin ostentación, pero grandes, altas, con sus techos a dos o tres aguas; todo bien cuidado y sus calles empedradas o adoquinadas. Bajamos hasta donde suponíamos habría vestigios de las antiguas factorías de las salinas. Ya sólo quedan algunas chimeneas en adobe que se levantan sobre los restos del olvido, con ramas y arbustos retoñados entre las fisuras y en la punta de ellas.


Un viejo puente con barandas en adobe macizo a medio derruir cruza sobre una quebrada que ya en su recorrido ha recolectado las aguas negras de parte de la población y las fuentes salinas se están secando y desapareciendo sus vestigios. Nadie sabe nada sobre el asunto. Todos los preguntados responden con evasivas mientras esquivan la mirada. De regreso sobre nuestros pasos, de nuevo la policía, pero ya esta vez con cámara en mano. Los confrontamos y posamos para su informe sin problema, aunque ellos trataron de disimular su intención de tener un registro de nuestra “sospechosa visita” y nuestra preguntadera.

Nos fuimos de subida por otra calle y nos encontramos una edificación que data de 1923 y al parecer sigue prestando el servicio para lo que fue construida; una bellísima escuela; la Escuela Modelo. Hermosa y bien conservada por lo que se alcanza a ver en su exterior. De regreso al parque, una concentración de jóvenes en un local nos aterrizó en las vísperas electorales y un sujeto que se nos abalanzó gritando arengas a una candidata nos pintó las maravillas del lugar y cuando le preguntamos por lo de los bustos, nos mandó para donde el alcalde también… Vámonos más bien – dijo alguno – y nos fuimos a buscar transporte. En el camino, nos encontramos de nuevo la policía pero ya en el comando; Olaya dijo: Entonces qué; ¿Ley seca o Ley cerca? Primera vez que nos sentimos tan bien acompañados y protegidos por los cuerpos de seguridad del Estado.

Ya en el parque, el local de la flota seguía cerrado, pero estaban los populares “Chiveros” con los que nos tocó negociar el traslado a San Antonio de Prado. En el restaurante nos dijeron que cobraban $40 000, pero como nos vieron cara de “gringos”, nos pidieron $60 000. ¡Ya voy toño!, ¡más gringa tu abuela! Otro, con cara de jeque árabe en desgracia sentado en una silla de ruedas, nos ofreció llevarnos por los 40, pero teníamos que esperar un rato a que llegara su carro. ¡Para eso esperamos el bus! – le dijimos - . Zuluaga logró violar de nuevo la ley seca y de salida ofreció 50 para que nos llevaran. Cuando ya el “chivero” se decidió por los 50, el de 40 asomó en la esquina… Era un Land Rover más acabado que la honradez, por lo que nos decidimos por el de 50 al ver que era una Toyota en muy buen estado; como quien dice: Uno era un chevette y el otro un mercedes Benz. Así de sencillo. Y por $10. 000 no nos íbamos a quebrar.

Más nos demoramos en sentarnos en el campero que Olayita en estar dormido; que hombre tan valiente o tan dormilón ser capaz de echarse semejante pestañazo casi hasta “El Chuscal” durante 25 minutos de subida a toda velocidad por carretera destapada y serpenteando montaña arriba. Cuando llegamos a la vía ya pavimentada, el chofer nos contó que ese tramo fue construido con concreto reforzado de entre 28 y 32 cms con hierro sin hambre y que el próximo tramo de 3 kms lo iniciarán en agosto cuando se termine lo de la “Ley de garantías”. Uno se ruboriza cuando le dicen que no se puede hacer ninguna obra, ni ninguna contratación estatal en tiempos electorales para evitar la corrupción. Y sin embargo roban y roban con ley o sin ley. O amparados en la ley.

Pronto estábamos ya esperando colectivo del SIT para el Metro y de ahí cada quien para su casita a dar gracias por el entretenido día y a dejarse querer de “mija” y los niños…

José M.

Más fotos en:
http://picasaweb.google.com/sietenpunto/PradoHeliconia#

El origen del verraco de Gauca.

El caso es muy sencillo y trataré de sintetizarlo para no hacerme cansón con el tema: berraco y verraco no son lo mismo, aunque el segundo dio origen al primero en la población paisa de Heliconia que antes se llamaba Guaca. Allí un campesino tenía un verraco (cerdo padrón) al que nada lo detenía para ejercer las funciones asignadas en el Diccionario (ver www.rae.es). Talanqueras y cultivos eran poca cosa para el verraco cuando iba tras su elegida. La fama del verraco de Guaca superó las fronteras del pueblo, de tal manera que cuando algo se consideraba imposible de realizar, se decía que eso no lo hacía ni el verraco de Guaca.

Poco a poco el sustantivo se fue volviendo adjetivo de lo que se quería expresar como en grado superlativo. Se fue dejando a un lado el significado de cerdo y el lugar de origen. Los paisas no hemos podido diferenciar los sonidos de b y v, por lo que al aparecer el verbo con la preposición en, llegó como emberracar, donde la m se escucha perfectamente diferenciada de cómo pronunciamos Envigado, en la que el sonido de n sí alcanza a percibirse antes del de la v. Con esto, para los paisas no hay duda de que la grafía berraco es la correcta. Y mientras verraco no deja de ser un cerdo padrón, berraco tiene más significados que un berraco.
Por: Sófocles El Espectado