Video de la Caminada

Caminata San Antonio de Prado - Belén Aguas Frías

SINFONÍA DE VERDES SIN GUANDOLO.

Ya eran bastantes sábados que por cualquier motivo no caminaba con los TTs. Pero bueno, siempre habrá sábados para invertirlos en compañía de ese grupo que por disparejo es que se logra mantener cohesionado a pesar de los diferentes inconvenientes para no estar todos juntos en algunas ocasiones. Entre los 5 miembros no hay dos ni medio parecidos en manera de ser, en creencias, política, futbol etc. etc. Siempre habrá divergencias, pero en el placer de caminar y hablar cháchara a 10 manos estamos unidos y sobrados de lote. Se camina y habla a 5 lenguas por km recorrido.

A las 7 am a la estación Itagüí fuimos llegando, ellos en el Metro y yo caminando desde Sabaneta; el efusivo saludo para el caminante pródigo como el hijo aquel, un tintico y llegó la buseta que nos llevó hasta el parque del Corregimiento San Antonio de Prado de Medellín.

Reseña de Wikipedia

Las tierras del actual San Antonio de Prado fueron divisadas por Jerónimo Luís Tejelo en misión enviada por el mariscal Jorge Robledo cuando se encontraban en tierras de Heliconia en busca de sal. En esta misión se descubrió la Quebrada Larga, en el sitio que hoy conoce como el Alto El Barcino, divisando tribus de Los Nutabes y el hermoso y fértil Valle de San Bartolomé, nombre impuesto por él a esta extensión de tierra que hoy es la ciudad de Medellín.

San Antonio de Prado, comienza su desarrollo en la época de la Colonia, en 1860 se estableció en Prado el señor Felipe Betancur quien repartió estas tierras entre sus hijos.

En 1903 mediante Ordenanza se creó el municipio de san Antonio de Prado, segregando territorio del municipio de Itagüí. El cual tuvo una duración de aproximadamente 4 años y luego pasó a ser Corregimiento de Medellín. El 14 de octubre de 1918 se realizó el IX censo de población, contabilizando un total de 2.913 habitantes, indicando con ello el aumento demográfico alcanzado.

Para el período comprendido entre 1920 y 1940 la vida económica de San Antonio de Prado estaba dada por arrieros y comerciantes de tabaco, aguardiente y una extensa actividad extractiva de maderas.

La industria y comercio de Medellín e Itagüí provocó un desplazamiento de la población rural hacia el casco urbano del corregimiento recuperando y restaurando muchas de las viviendas para ocuparse en las actividades recién creadas. Más tarde en la década del 50, el corregimiento recibe una amplia corriente migratoria de poblaciones vecinas.

En 1960 el crecimiento de la vivienda urbana se incrementa. Mediante el acuerdo No. 052 de 1963 se definió la sectorización del Municipio de Medellín y en el se establecieron las áreas urbanas, semi-rural y rural, conservando los límites que establece para el Corregimiento la ordenanza que lo creó en 1903.
La definición del perímetro urbano de San Antonio de Prado ha estado sometida a modificaciones que han incidido en el proceso de expansión del área urbana sobre área rural y de hecho sobre el incremento de las actividades urbanísticas de la población que estas atraen. Como expresión de esta tendencia, el acuerdo No. 018 de 1983, amplio el área urbana del corregimiento incorporando en ella, los nuevos núcleos poblados de Pradito y El Vergel.

Ya en el parque, visitado varias veces por los TTs, nos llegamos hasta la cafetería que queda a un costado de la Corregiduría, una hermosa construcción republicana, que por cierto es vigilada por unos acuciosos agentes del orden que no permiten que sea fotografiada; vaya uno a saber porqué…

Café con leche (tibia por favor) ají con pastel de pollo y pastelitos de arequipe fueron el frugal desayuno de los 4 del camino, porque el Lobato tenía compromisos familiares ineludibles. Aunque a veces nos sentimos como rebaño sin pastor, ahí nos defendemos para no hacerlo quedar mal…

Dado por terminado el festín, tomamos rumbo a la ruta que nos llevaría hasta la terminal de buses de la ruta Belén Aguas Frías. Pero primero y como siempre nos ocurre, le preguntamos al primer “Perico de los palotes” que nos aparezca a mano, cuál sería la ruta indicada para llegar a nuestro destino. Ni siquiera teniendo los mapas a mano, hemos optado por seguirlos sin preguntar; nos fascina que a cada parroquiano que le preguntemos nos de una ruta diferente.


Corridas las amonestaciones de rigor, nos enrutamos hacia abajo, a buscar el cauce de la quebrada que abajo, ya en Itagüí, toma el nombre de “Doña María” pero en sus orígenes se llama “Quebrada Larga” Una carreterita vecinal pavimentada bordeada de casas de recreo, otras de vivienda corriente, algunos ranchos y casa fincas con vacunos y caballares. En una de estas, con su establo rudimentario nos encontramos a una orgullosa mamá yegua con su potrillo de pocos meses. El chico salió a ver quien le interrumpía su desayuno y cuando vio que éramos unos viejitos recochudos, resopló y regresó a sus menesteres alimenticios de la mañana.


Pronto estábamos bordeando la quebrada y traje a mi memoria a un viejo amigo de juventud, que por cosas del destino terminó metido en el lado oscuro de la fuerza y fue “desaparecido” por estos lados hace muchísimos años, cuando esto eran potreros y breñales inhóspitos. También recordé que detrás de una novia de estos lados, acampamos alguna vez a la orilla de la quebrada un fin de semana muchos años atrás. Es lindo recordar…


Hechas las remembranzas, nos dedicamos a disfrutar del paisaje tachonado de construcciones de diferentes estilos y presupuestos; estaderos, trucheras, finquitas de recreo, alguna institución educativa y mucho tránsito de motocicletas y automóviles que alguna vez, ahora 25 o 30 años fueron último modelo y ahora sirven para transporte veredal.


La quebrada siempre a nuestra derecha, en algunas partes estaba adornada con rocas de gran tamaño y revenideros que alcanzaban a mostrar la magnitud de alguna de sus muchas crecidas invernales y de los estragos que sería capaz, si no se le respeta y cuida su cauce natural. Un “estadero” ostentaba como adorno una descomunal herradura que hace imaginar a Juanfer el tamaño del caballo al que pertenecía. El de Troya era chiquito al pie de la herradura de este. Un poco más adelante, volvimos a los Suramericanos de Medellín; Las ventanas de una de las casas del camino eran del mismo material, color y diseño de ese tan bonito que hacía las veces de paredes de los escenarios deportivos. ¿De dónde salieron? ¡Vaya uno a saber!


A medida que avanzábamos, el terreno se iba despoblando; ya las casitas y las fincas eran más campesinas y a ambos lados, la ladera de la montaña mostraba potreros divididos con cercas eléctricas para racionalizar su uso con el ganado vacuno, lo que indicaba la presencia de hatos lecheros industrializados. Ya había las pequeñas construcciones en las que los tanques de enfriamiento de leche eran la nota predominante. La carreterita, aunque algo maltrecha por tramos, seguía quebrada arriba, hasta que un puente nos condujo al otro lado. Empezaba aquí la falda para ascender al alto de “El Barcino” y al “Pico Manzanillo” dos de los cerros tutelares del “Valle del Aburrá”


Desaparecen las casitas semiurbanas, pero empiezan a aparecer las rurales de las fincas ganaderas y de las fincas con vocación agrícola, sobre todo de Cebolla de hoja larga o de rama que llaman “Junca” (Allium fistulosum Linnaeus) Algo de tomate de árbol también había. Se abre el paisaje y el verde en todos los tonos predomina en un festival de paisajes que embriaga y reconforta. Hatos ganaderos de predominancia Holstein, lecheros por antonomasia pululaban por las laderas. El ascenso es suave y conversadito, conversadito llegamos a un punto en que ya se divisa San Antonio de Prado y parte sur del “valle del Aburrá”; desde aquí pudimos darnos cuenta de la magnitud de la contaminación dentro de la cual vivimos y morimos un poco a diario. Una mancha ocre sube desde el fondo del valle, afeando el paisaje lejano.

Juanfer y Zuluaguita ya habían hecho el recorrido, pero en sentido contrario, por lo que en más de una ocasión tocó invocar la ayuda de la tocaya de Lobato, personificada en algún campesino y esta vez en un vigilante de un escuelita rural, ante la bifurcación del camino. Estábamos cerca de la cima.


De pronto nos vimos caminando por plan y divisando todo el vallecito de la cuenca de la “Quebrada Larga” o “Doña María” y al otro lado de la montaña, la carretera que lleva a Armenia Mantequilla y Heliconia, pasando por el alto de “El Chuscal” Todo verde en todos los todos posibles y muchas casitas colgadas de las laderas. No metimos a un bosque de pino “Pátula” y por un momento nos detuvimos a escuchar el viento cantando por entre las ramas.


Se abre el paisaje al frente y abajo ya se divisa por entre la bruma ocre de la contaminación y las copas de los árboles, el centro de la ciudad de Medellín. Iniciamos el descenso y llegó a colación un tema en el que sí estamos conectados todos los TTs.; la Coneja que está como perdida hace días… Suena un teléfono y adivinen quien era… 3 veces se interrumpió la señal por las estribaciones del camino y 4 veces llamó hasta que logró hablar con cada uno de nosotros. Ha estado muy juiciosa y alimentando las ganas de venirse de nuevo de paseo, como lo hizo hace poco. Por aquí la esperamos como TT honoraria y en ejercicio cuando quiera salir a caminar con nosotros.


El valle se fue abriendo más y la carreterita que hasta la cima era destapada, de pronto resultó pavimentada en cemento rizado y piedra de agarre con sus “obras de arte” bien organizadas. Parecía entrada a finca de presidente… Le están trabajando por tramos y en diferentes tipos de pavimentos, quien sabe porque razón; pero lo importante es que le están metiendo mano. Esta vía está proyectada como “Circunvalar” que rodearía el “Valle del Aburrá” por las montañas circundantes y acercaría mucho los diferentes puntos de nuestra geografía urbana y semi-rural.

Ya más abajo, un joven sin camisa y con una 2 litros de gaseosa en la mano, subía trotando. Al vernos se detuvo. Hizo algún tipo de seña a otros que venían detrás un poco más abajo, lo que nos alertó. Llegamos hasta donde se detuvo y lo saludamos sin prevención y el hombre se notó más tranquilo y los otros dos chicos y un niño que los acompañaba, nos acompañaron a hacer chanzas. Uno de ellos levaba una gran olla entre un costal. Un poco más abajo, 4 jovencitas subían también. Era programa con sancocho.

Muy empinada la carretera. Rastrillones en la vía mostraban la dificultad con que subían los carros y la bajada golpeaba sin piedad las rodillas de los TTs, ya de por sí viejitas y maltratadas. El paisaje era parecido en algo al del otro lado, pero sin vacas. Mucha cebolla sí, lo que hacía parecer el paisaje como una colcha de retazos en verde y tierra.


Llegamos por fin a la terminal de transportes de Belén Aguas Frías. De aquí tomaríamos bus hasta el centro, pero decidimos buscar primero a doña Cervecita. Un poco más arriba la encontramos acompañada de pasteles cuadrados y triangulares de arequipe y guayaba y una señora muy atenta que nos abrió la reja de su tienda como si nos conociera de toda la vida. Por supuesto Juanfer pidió “Míster Tea” y se conformó con del que hubiera. Unas galleticas ponderadas por Juanfer como exclusivas de “Mamá Inés” completaron el menú. Terminado el refrigerio, abordamos una buseta para el centro y en dos pedalazos estábamos en la estación Industriales; ahí cada quien pegó para su casita y hasta luego.

José M.

Caminata Colegio Latino - Santa Elena, vereda El Tambo


ALPINISMO, FLORES, PAISAJE, BELLEZA, PROGRESO Y CABLE.

ENCUENTRO

7 am. Estación Exposiciones de nuestro Metro, donde los tres amigos: Luis Fernando Zuluaga Z. Carlos Alberto Olaya B. y Juan Fernando Echeverri C. como en un rito al cumplimiento y a la caminería hicimos “foro” para iniciar esta nueva aventura.
Ausentes: Jorge Iván Londoño M. por compromisos familiares y José María Ruiz P. compromisos y a lo que se suma un problema en sus gemelos.

INICIO DE VIAJE


7:05 am. Ya desayunados desde la casa, los tres caminantes y mejores amigos, debidamente acomodados en una buseta de Transportes La Ceja tomamos rumbo a Las Palmas y en lo que demora el indeseable de J.J. Rendón en armar un chisme, estábamos frente al Colegio Latino dispuestos a iniciar al ascenso hasta el hermoso Corregimiento de Santa Elena, cuna de silleteros y milagro de paz hecho flor.

INICIO DE ASCENSO

7:20 am. Dábamos nuestros primeros pasos por la nueva y bien pavimentada vía que bordea el Colegio Latino, la cual se inclina inclemente, mostrando ante nuestros ojos un paisaje totalmente cambiado, al que vimos y dejamos meses atrás, ya que el progreso (sí así se puede llamar) ha transformado el entorno en forma exagerada, dando paso a modernas urbanizaciones que se cuelgan de la montaña, mientras se destruye la fauna, la flora y las aguas , con la aquiescencia de las autoridades, pero quién sabe si de la naturaleza, la cual mañana cobrará por ventanilla.

Esta caminata ya la hemos hecho como en una siete oportunidades, es decir nuestros cayados nos llevan solos, pero es casi que irreconocible el entorno, tanto que no teníamos certeza del sendero a tomar, que nos llevara por esa senda que se combina con caminos de piedra tejidos por nuestros aborígenes y utilizado por nuestros arrieros durante años y los cuales facilitan el ascenso.

Llevábamos unos cuarenta minutos recorridos, en un ambiente frío, con un camino liso y algo empantanado debido a las lluvias caídas y todo envuelto en una neblina que no se atrevía a cerrase por no perderse el paso de los caminantes. Paisaje hermoso arriba con la empinada cordillera, donde la neblina si era toda una ruana, y atrás la vista tenue de Medellín, nuestra orgullosa y bella ciudad que poco a poco se nos alejaba a medida que avanzábamos, mostrándonos su norte.

Muchachos, dijo Zuluaga: “El sendero que cogimos no es el de los caminos de piedra, es aquel el de la trepada que casi nos mata”. Sí, se refería a otra ruta que ya habíamos tomado meses atrás y que por su topografía y condiciones, resultó una verdadera escalada sobre una pared de piedra, donde una caída podía ser fatal, ya que “viejo caído es viejo perdido…” pero que le vamos a hacer ya que caminante que se respete no tira reversa.

Y así entre charlas, dichos, conversaciones de cualquier tema existente y por existir seguimos nuestro ascenso. De pronto, al tomar un recodo del camino en una parte boscosa, un grito, unas voces y unas risas detuvieron nuestros pasos y nuestro aliento. ¿Qué será? Nos preguntamos mientras Zuluaga y el suscrito cautelosos nos adelantamos y Olaya se quedaba atrás prevenido.

Así despacio y desconfiados superamos el recodo y vimos más adelante, como a doscientos metros, un grupo de muchachos que tomaban fotos y se divertían. ¿Boys Scouts? ¿Paseantes? ¿Caminantes?...Ninguno respondía y seguimos nuestra marcha firme y en pocos minutos los estábamos emparejando.


Efectivamente pudimos comprobar. Eran seis jóvenes con edades entre los diez y ocho y veintidós años máximo, quienes desde sus figuras de “combo” respondieron a nuestro saludo, al tiempo que comprobábamos que se hacían acompañar de cuatro perros (más tardecito pudimos enterarnos que eran perras) de la temida raza PitBull, de esos prefabricados y amaestrados por el hombre para pelear y matar y ahí sí afinamos nuestro susto y nuestra desconfianza.

El grupo quedó integrado físicamente pero desintegrado mentalmente. Nuestra desconfianza era mutua y poco a poco nos ganamos la confianza de los jóvenes, con quienes compartimos fotos en la cámara de Olaya, quien a su vez los hacía posar. Ellos se interesaron por saber quiénes éramos, qué hacíamos y “que verracos ustedes para caminar”

Realmente al suscrito en ese momento, y los que siguieron, sólo le me importaba la ubicación de las perras, las cuales continuamente pasaban rozándome con sus largos rabos y jadeando, mientras dominaban el ascenso, el cual se tornaba más complicado en la medida en que aparecían esas rocas caprichosamente superpuestas en el sendero por la naturalezas y que desafiaban nuestras fuerzas.


Como sin querer queriendo les dije: “Muchachos, ¿Las perritas ya desayunaron y tomaron agüita? “Sí cucho”, me dijo el más joven de nuestros casuales acompañantes, “antes de salir les dimos comida y agua…” Eso me tranquilizó, pero me parecía que Yira, nombre de una de las perras, le decía a otra de color amarillo quemado y recién parida como lo mostraban sus ubres y tetas colgantes y rebosantes de leche: Mona, tranquila que a estos viejitos nos los almorzamos más arriba…El nombre de la otra perra era Nana y nunca me interesé en averiguar el de la cuarta.


Dele pa’ lante mijo y no pregunte nada era la consigna, y efectivamente nos dimos cuenta los tres caminantes que el ritmo que llevábamos era endiablado y superamos esa pared de roca en un tiempo increíble, sin importarnos lo lisas y peligrosas, por el agua que aún corría por ellas, el pantano y los pequeños charcos que se negaban a dejarse absorber por el terreno poroso y flojo, que acompañado de vegetación se había metido entre las juntas de las mismas.

LA CIMA EN LA MESETA, NUESTRA META.

Cuando nos dimos cuenta y a escasos metros de llegar a la cima en el sitio conocido como La Meseta, habíamos dejado al grupo de muchachos y sus perras atrás, lejos en el camino y perdidos de nuestra vista. No fueron capaces de seguirnos el paso, dijo Zuluaga con voz triunfante, mientras para mis adentros yo me decía “que va home es que el miedo hace milagros”.

Tranquilos y serenos seguimos la marcha en un terreno más amable, interrumpida nuestra cháchara por el ya acostumbrado grito de Zuluaga, nuestro Rodrigo de Triana criollo, “Coronamos”. Efectivamente el terreno se tendía ante nuestros ojos cual tapete verde pringado de pinos y sietecueros, en ese plan tan familiar para nosotros, mostrándonos al frente el viejo arrastradero en escala que se ha utilizado para sacar madera y que lleva a la vereda El Plan y a nuestra izquierda ese camino amable que lleva a la vereda Las Delicias y nos decidimos por este.

En medio de esas casitas hermosas de Santa Elena, todas en flor, respirando la paz de ese corregimiento, la cual es silvestre en toda la extensión del mismo, sinónimo de silleteros y muestra viva de nuestro ancestro paisa, matizamos la marcha con las experiencia vividas y las que pudimos haber vivido y experimentado, al tiempo que reconocíamos el paisaje y así nos fuimos acercando a la cabecera de Santa Elena, hermosa como siempre y resaltada por su pequeño templo, la bella escultura en homenaje a nuestros silleteros y ese marco de plaza que nos traslada a esa “Antioquia grande y altanera”, donde la fe, la honradez y la convivencia eran un mandamiento.


Ingresamos al templo, dimos gracias al Creador y salimos a tomar alguna cosa. Eran las 10:20 am, nos había rendido la marcha. Entonces tomamos asiento en una heladería y frutería que linda con la iglesia, donde rebosamos de amistad, arreglamos el país, elegimos presidente, recordamos experiencias y así entre cervecitas, Mr. Tea y buena” parla”, matamos el tiempo y resucitamos vida.

Bueno y el almuercito ¿qué? Está temprano pero sí, vamos a buscarlo para que luego salgamos a recorrer y sigamos al Tambo y al Parque Arví, la nueva reserva ecológica y turística hecha por el Municipio, el Metro y algunas empresas para goce de la comunidad y nuevo orgullo de Antioquia, máxime que cuenta ahora con la extensión de la línea “k” del Metro, ese cable aéreo que hace “las delicias de propios y extraños”. Fácil hacer planes.


Empezamos a desandar lo andado, en medio de negocios de frutas y de flores mientras Olaya ponía a funcionar su cámara. Aprovechamos cada instante para plasmar las experiencias y sentir las mismas y hasta foto nos hicimos tomar portando un hermoso ramo de Girasoles, flor de moda y que con seguridad, adornará muy pronto los pasillos y salones de la casa de Nariño.

Pasamos por el Restaurante Los Pinos, hoy remodelado y el cual ya no pertenece a Doña Edilma, aquella matrona de nunca olvidar, cuyos famosos sancochos se reproducían en los platos de los clientes como por arte de magia y gracia al generoso cucharon de esa señora, que llenaba los platos cuando veía que estaban mermados.

Seguimos de largo a buscar el Restaurante las Montañitas, lugar que también ha sido de nuestra predilección dada la calidad y buena atención y donde Jorge Iván Londoño (El Lobato), recién ingresado al grupo, se nos quedó encerrado en un baño de donde casi tiene que ser sacado por los bomberos.


Es bonito el sito y está siendo remodelado. Allí fuimos recibidos por una hermosa morena con unos hoyuelos encantadores y luego del saludo de rigor y sentarnos a tablas (allá no hay manteles gracias a Dios) pedimos tres cervezas Club Colombia (casi que me dan ronchas ya que prefiero la Pilsen ) luego la carta e hicimos pedido, y en un santiamén estaba la morena ubicando sobre la mesa las viandas de mondongo para Zuluaga y el suscrito y Cañón al Carbón para Olaya. No dieron un brinco esos tres platos.

Cubierta la cuenta, fina despedida, las gracias y las felicitaciones por tan excelente atención y mejor comida, salimos como unos “chinches” de repletos y tomamos carretera rumbo a la vereda El Tambo, para completar nuestro recorrido y volver a Medellín por el cable vía Santo Domingo.

El sol había salido en todo su esplendor y calentaba el paisaje, pero avisando lluvia para màs tarde; no conociéramos “al mono Jaramillo” y sus caprichos. Que gentío Dios mío…puro turismo y pura fiesta. El mismo paisaje repetido en flores, follaje, frutas y belleza. En poco tiempo estábamos ingresando a los terrenos del Parque Piedras Blancas, donde se hacen amplios parqueaderos para lo que se viene. Pudimos conocer el proyecto “Muros de Tierra” de la fundación Tierra Viva, la cual ha retomado la construcción de tapia o tierra pisada para vivienda y locales, así como el uso de techos vivos, es decir, verdaderos jardines que techan las nuevas construcciones, lo cual quedó registrado en la cámara de Olaya.

Hermosos proyectos y hermoso el paisaje, lástima que “algunos señores adinerados de Medellín” se han venido asentando en el lugar, comprando a los moradores sus finquitas con sabor a silletero y arriería, para construir lujosas casas de ladrillo a la vista, teja española y grandes vidrieras que contaminan la vistas y nuevamente con la aquiescencia de las autoridades. ¿Cuáles?

Aprovechamos la oportunidad para tratar con algunos habitantes y preguntarles sobre su impresión con la transformación que vine sufriendo el corregimiento, unas de cal y otras de arena. Están contentos, pero temerosos “que se les acabe la paz y llegue la delincuencia, con tanta afluencia de turistas y de extraños, que no dejan de ser un problema”.

Efectivamente, en el camino pudimos ver los sitios limpios para disposición de residuos sólidos hechos con plástico reciclado, las canecas, los cobertizos y especies de descansaderos, para que las familias, algunas de las cuales disfrutaban de sus sancochos en plena vía y en cómodas mesas dispuestas para tal fin, puedan organizar sus almuerzos, sus fiestas, sus siestas y su camping.


En medio de ese mar de gente, llegamos al estadero Tambo que hervía, es decir se volvió un verdadero machete para sus propietarios. Allí refrescamos nuevamente nuestros maltrechos radiadores y nos encaminamos a la estación del metro cable Arví, retirado algo así como medio kilómetro, y cuál sería nuestra sorpresa al llegar y comprobar que las filas eran interminables.

Una para comprar tiquete y otra para ingresar al sistema. Hasta ganas nos dieron de devolvernos al Tambo a coger bus, máxime que se había soltado el aguacero, pero bueno…caminante que se respete no retrocede (ya habíamos dicho) y nos aguantamos la fila y el agua, la cual por fortuna amainó ligero quedando el tal aguacerito moja bobos.

Hicimos de las filas y la espera una fiesta, ya que nos dedicamos a charlar con la gente y sobar la paciencia y por primera vez, los tres amigos y caminantes coincidimos en que había desorden e improvisación en todo esto, algo raro y que no es propio de nuestro Metro, el cual funciona para todo como un relojito. Igualmente empezamos a creer que si en Santa Elena no se ubican algunos CAI y estación de Policía…la seguridad quedará en entredicho, como en entredicho quedó la construcción del cable, el cual fue montado y puesto en servicio, sin haber culminado la infraestructura de todo el sistema y sus anexos.

Mientras hacíamos la fila, se nos arrimó una hermosa muchacha quien nos preguntó si nos podía hacer una entrevista para la Organización Metro Parque Arví, a lo cual accedimos gustosos, la misma que se desarrollo en medio de cámaras, amplificadores y reguladores de sonido, micrófonos y la gente a medida que la cola avanzaba.


Por fin compramos lo tiquetes luego de sortear mil condiciones. Hicimos fila para ingresar a las góndolas, las cuales llegaban totalmente vacías ya que a las 4 pm se suspendió la venta de tiquetes para subir, porque es tal la afluencia de público que de no ser así, no alcanzan a evacuar la gente que ocupa el Parque Arví y sus alrededores en cantidad de visitantes.


Acomodados en la góndola con una joven pareja, dos jóvenes señoras con sus hijos pequeños y un muchacho visitante que viajaba solo, más los T. T. iniciamos nuestro viaje aéreo. ¡Que hermosura carajo! ¡Qué espectáculo! ¡Qué verdor y paisaje!...Todo un descreste lo que se logra ver desde arriba, en esa inmensidad de Arví, el cual medio cubierto por la niebla y bajo la lluvia que nuevamente había arreciado, nos brindó un espectáculo nunca imaginado.

Si esto no es raza…¿Qué es entonces? Y así conversadito con nuestros compañeros de viaje superamos la montaña, para quedar descubierto ante nuestros ojos, toda la belleza del Valle del Aburra y abajo el Barrio Santo Domingo, que hace esfuerzos por salir, progresar y recuperar su tranquilidad y su seguridad, y allá a lo lejos todo el esplendor de nuestra Medellín.


Al paso por los colegios de “calidad” y la hermosa Biblioteca España, recordamos a nuestro ex alcalde Doctor Sergio Fajardo Valderrama, artífice de todas estas obras y hoy candidato a la Vicepresidencia de la República.


En la Estación Santo Domingo, bajamos de la góndola, para comprar nuevos tiquetes y abordar otra en el integrado segmento de cable “Línea k”, el cual nos llevó a la Estación Acevedo, donde tomamos el Metro, ese que nos pondría a tiro de piedra de nuestra residencia

Ahí queda esta crónica para los lectores, si alguno se atreve a arrimarse por estos lados, y para nuestras autoridades y la organización Metro, ya que hay mucho por prevenir y mejorar en esta maravillosa obra que habla de la grandeza de Antioquia.

Cordial saludo a todos y hasta la próxima si el superior permiso lo permite.

JUAN FERNANDO ECHEVERRI CALLE

ÑAPA, COMO DICE UN QUERIDO AMIGO: Una lástima enterarnos por la prensa de mayo 5, que despreciables vándalos y desadaptados, habían quemado uno de los sitios limpios del parque Arví, robado algunas canecas metálicas y desmantelado varios elementos paras disposición de sólidos, así como una caseta. Duro con esos antisociales, ya que la delincuencia no puede prosperar en la tierra de los silleteros.

Primavera - Amagá

Caminata Primavera - Amagá

CASCADAS DE ORQUÍDEAS

Entrada

Hay caminadas que hacen falta como los buenos amigos, por lo que hay que ir a verlos, o que vengan, y esta es una de esas. Mediana en distancia con sus cinco agradables y descansadas horas, planita; con un comienzo oloroso por la fábrica de arepas encargada de levantar la bandera ajedrezada y con un final delicioso que tiene como culpable el carnudo mondongo del restaurante Ramitama, allá en pleno parque de Amagá. Obvio que este comienzo y final gastronómico hay que sazonarlo con un generoso paisaje que tiene como referente el imponente cerro Bravo, más una buena cantidad de cascadas, una naturaleza tupida y a veces altanera en sus formas y con la inocente mirada de los niños que viven a lado y lado de la carrilera.

Bien Paraditos


Los tres tenores, para no desentonar, nos encontramos por pura coincidencia a la salida del mismo metro en la estación Itagüí, en cuyos bajos, y antes de abordar la buseta que nos llevaría hasta la vereda Primavera del municipio de Caldas, tomamos un muy liviano desayuno en uno de los puestecitos establecidos para atender a los múltiples viajeros. En el primer negocio la niña nos puso mirada inquisidora, por lo que pasamos al siguiente unos metros más adelante. Allí, parados como se pudo, acompañamos una “aromática de café con leche” con algo del único menú: palito de queso, pastel de pollo o empanada. Ah, y nada de cuartos o mitades, todo entero porque se trataba del desayuno.

Primavera

Cumplido con el “debe haber”, tomamos la buseta que nos llevaría hasta Primavera. Gracias a Dios, y creo que por primera vez, nos toco un chofer muy decente en su manejar, sin las carreras de otros; por lo que en un apacible viaje por la carretera vieja, a la que le han hecho algunos maquillajes, llegamos sin espavientos a Primavera, lugar que fuera famoso por sus bailaderos, sus charcos y sus sancochos a campo abierto, los que casi siempre terminaban pasados por agua, gracias al infaltable aguacero de turno.

Carrilera adentro

Esta caminata se hace en buena parte por donde otrora pasaba el tren que venía del suroeste con pasajeros y cargas de café. Hoy solo quedan vestigios de los rieles que en algunos tramos asoman la cabeza como pidiendo a gritos por su renacer, y de las casonas de las estaciones que ayer eran lugares bulliciosos de encuentro y comercio de todo tipo y hoy son espacios silenciosos de paso para parroquianos y caminantes.

Los primeros pasos se hacen por la carretera que lleva al Suroeste. Quinientos metros más adelante está el desvío para tomar la carrilera, una bajada de respeto, la pasada por un puente a lo maromero, sin barandas, y al otro lado la fábrica de arepas que les cite al comienzo, en la que trabajan unas amables mujeres, que arepa en mano, nos responden el improvisado cuestionario. Al fin con los pies sobre la carrilera, y siendo las 7 y 45 de la mañana de este sábado 10 de abril de 2010 dimos inició oficial a esta caminata que gracias a su ruta, se nos volvió amiga especial.

Niños al por Mayor


A lado y lado de la carrilera se encuentran las viviendas. Las hay de todos los materiales, colores, tamaños; hay desde tugurios hasta casitas hechas de material. De cada casa sale una canción o una palabra diferente, pero todas tienen algo en común, los niños. Son tantos que los bombones hay que repartirlos en secreto. Como una bolsa alcanza para tres casas optamos por escoger los tramos donde menos barrigoncitos veíamos. Recuerdo mucho los últimos clientes, medía docena sentados en la entrada de una casa, todos hinchas del “eeeellín”, quienes, además, exigían el color de la envoltura.

Cambio de tercio


Dejamos atrás las casitas, los crespitos, los gaticos, los perritos, los vallenatos, el reggaetón y la salsa a todo volumen, y nos entramos de lleno al amplio horizonte que brindan las cadenas montañosas del suroeste. Llegan los bosques, las cascadas que abundan por esta región, las cuales, gracias a las lluvias vuelven a tener un caudal interesante y refrescante para el ambiente. La variada y fértil vegetación nos da la bienvenida lo mismo que los tibios rayos de sol que juegan trencito con las nubes. Entre paso y paso, conversa y conversa y trino y trino vamos abrazando centímetros y agregando felicidad a nuestro delicioso caminar.

Los Montoyas


A mitad de la mañana llegamos a la vereda Salinas, donde se encuentra el derrumbe en el sector de Los Montoyas, el mismo que, irresponsablemente diría yo, pasamos aquella mañana del 23 de agosto de 2008 siendo todavía una colada de barro que bajaba de la cima. Allí continua pero hoy con alguna incipiente vegetación crecida en sus laderas, y un camino hecho a mano por las pisadas de los habitantes de la región. Que recuerdos nos trajo pasar por este tramo.

Mas adelante queda un pequeño kiosco restaurante, tipo rancherito, en donde aquella vez aprovechamos para lavar las botas y de paso probar una picadita de chicharrón la cual nos cobraron de marrano entero. Por fortuna esta vez no teníamos nada que lavar y mucho menos que probar, así que pasamos de largo haciéndonos los que no los conocíamos.

Estación Nicanor


La casona de esta estación se conserva. En su interior hay una tienda y un salón de billares. Aprovechamos la parada para tomar algo de guandolo, hasta hoy el mejor preparado por su especialista el Lobato, según comentarios hechos “in situ” por los fieles clientes Zuluaga y Echeverri, y para sacarnos las piedritas que se van metiendo entre las botas y que a la larga se convierten en inocente motivo para pagar promesas que no teníamos en mente. A falta del unípode de Olayita y Josema, una hermosa chica nos sirvió de fotógrafa a quien no le quitamos la vista, razón por la cual no tuvo necesidad de decirnos a donde teníamos que mirar, de plano únicamente a sus ojazos. Como muestra solamente miren nuestra mirada en la foto.

San Fernando Rey de Borbón a la Vista


A un paso de la estación aparece arrecostado sobre la montaña del frente el municipio de San Fernando Rey de Borbón, hoy Amagá. Por ese motivo, y en honor a su aristocrático tocayo, Juanfer se vino muy elegante con su zuluaguina, chompa impermeable, fino regalo de Zuluaga para todo el grupo, y que solamente se vino a quitar al final del trayecto con el único propósito de rebajar, dijo él, unos 4 kilos. Sabrá Sarita


Además de la panorámica del pueblo, aparecen las fincas con sus sembrados de café y cítricos, y por motivos de la temporada, una gran cantidad de orquídeas de la clase San Juan, que engalanan los jardines exteriores de muchas casas, lo que obligó a Luisfer, nuestro fotógrafo suplente en esta caminata, a fajarse unas buenas fotos sobre la belleza y colorido de esta planta, lo que le mereció otorgarle la orquídea de plata por los servicios prestados.

Corregimiento La Mina


Pasadas las once del día llegamos al parque principal del corregimiento La Mina, que tiene dos particularidades. La gran cantidad de melenas que cuelgan de los árboles y que la iglesia siempre la encontramos cerrada, o sea que siempre la miramos como a los coliseos de la unidad deportiva Atanasio Girardot durante los juegos Suramericanos, por entre los huecos de la puerta. Esta vez vimos que le cambiaron el piso por uno muy elegante, como imitación mármol o algo así. Desde el atrio de la iglesia y mirando a la derecha, se alcanza a apreciar a Angelópolis. Con razón lo llaman el balcón del suroeste

Los restos


Cuando uno mira a Amagá desde la estación Nicanor, dice con toda tranquilidad ¡Llegamos! Ni crea, son dos horas largas de camino, en su mayoría bajando. En la caminata anterior un muchacho del pueblo nos había soplado un desvió, el cual recordamos y usamos en esta oportunidad, desvío que nos lleva directamente al cementerio. Es un campo santo bien tenido, al cual siempre entramos con el debido respeto de sus moradores. Luego de apreciar algunas obras de arte y de leer con detenimiento los mensajes de algunas lápidas, continuamos empedrado abajo para entrar al pueblo y comenzar a subir las empinadas cuadras que nos separan del parque

Emiro Kastos


El parque principal lleva el seudónimo del escritor, político y pensador amagacita, Juan de Dios Restrepo. Actualmente se remodela en su totalidad y por lo visto promete quedar muy moderno y acogedor; ya les contaremos. La plaza de mercado quedo ubicada en el costado oriental del parque, en un moderno edificio de dos plantas. Imperdonable no ingresar al interior de la iglesia parroquial San Fernando Rey, por lo que nos correspondió oír los avisos parroquiales de la misa de 12, entre los cuales el nuevo párroco anuncia la remodelación de los zócalos y de las bases de las columnas, que según él parecen unos sanitarios por el tipo de material utilizado. Que pena oír los problemas de las casas vecinas, pero nos tocó.

Mondongo, Arepa y Amabilidad

Igualmente es imperdonable no visitar el restaurante Ramitama (familia Ramírez Tamayo) atendido hoy por su nueva y amable propietaria Ruth Piedrahita, admiradora incondicional de los Todo Terreno, quien se prodiga en atenciones cuando la visitamos. El pedido es igual para los tres, mondongo completo, y de postre las crocantes lenguas horneadas por la panificadora Iberu de Ciudad Bolívar, pedidos al teléfono 841.1041 Por fina atención de Juanfer, cada uno salimos con de a dos paquetes de lengua, y uno adicional para comer en el camino a ver si se nos “afloja” la conversadera.

En Bus

A las 2 partió el enorme bus con su característico ronquido y su lento rodar por esas empinadas calles, rito que se convierte en un mini tour por la zona comercial, hasta llegar a la carretera que nos lleva a Medellín.

Mucho antes de llegar a Caldas se larga tremendo aguacero por lo que Luisfer exclama: ¡La Milagrosa no nos falla!

Hasta la próxima

Jorge Iván Londoño Maya