Guayabas, agua y desidia oficial

Santo Domingo - Alejandría

Caminantes:
Luis Fernando Zuluaga Z. (Zuluaguita)
José María Ruiz P. (Chema)
Juan Fernando Echeverri C.. (Juanfer)
Ausentes por fuerza mayor:
Jorge Iván Londoño M. (El Lobato)
Carlos A. Olaya B. (Olayita)

¡Esto sí es mucho amor al arte y a los caminos!. Son las 5:20 am. y uno aquí montado en un vagón del Metro de Medellín, listo a aterrizar en la Estación Caribe donde quedamos de encontrarnos Los Caminantes Todo Terreno a las 5:45 am., fin atender nuestro compromiso sabatino de caminar por la naturaleza y la salud, tocándole hoy al trayecto Santo Domingo a Alejandría, es decir 20 kilómetros de puro verdor, historia y costumbrismo, ya que el primer municipio mencionado es la patria chica de Don Tomás Carrasquilla, terrenos que ya han sido tocados por nuestras plantas, calzado y cayados.

Ahí metido y arrastrado por el tumulto de gente que se bajaba del Metro a esa hora, distinguí como a unos cuarenta metros más delante la figura inconfundible e irrepetible de Chema, mi compañero de patoniada a quien acelerando un poco el paso alcancé.

Nos dimos el saludo de rigor, lleno de camaradería el cual se ahogaba en medio del bullicio de la estación y avanzamos hasta los torniquetes a la espera de Zuluaguita, quien apareció dos trenes más tarde y siendo las 5:45 y 23 segundos, es decir más cumplido que Senador de El Polo citado para un debate.

Se repite el saludo pero multiplicado por tres y sin mucho misterio, tomamos el puentecillo peatonal que une la estación con la Terminal del Norte o Mariano Ospina Pérez, la cual debido al puente del 11 de noviembre, presentaba una buena concurrencia de pasajeros en potencia, muchos de ellos desquitándole cualquier minuto al sueño perdido ante la madrugada de celador, recostados en una banca o hasta de pie contra cualquier muro o columna.

Dimos un rodeo por la estación, ya que teníamos dudas de la ubicación de la Flota Santo Domingo, la cual ubicada entregamos a Chema el case (vaca) para los gastos y procedimos a comprar los tres tiquetes, rumbo a “La Tierra del Costumbrismo”, procediendo luego ahí en uno de los puestos que existen en la estación, despachar de carrera unos traguitos para darle contentillo al desayuno que nos esperaba en el terruño de Carrasquilla.

Muy cómodos y a bordo de una bien tenida buseta de Santo Domingo, enfilamos tendido de llantas sobre la “autopista norte”, la que fuimos devorando a buen paso en medio del contaminado ambiente de ciudad, que se tornaba más pesado ante el frío de la mañana, el color plomo del cielo, combinado con unas franjas amarillentas que lo cruzaban.

Zuluaguita y Chema quedaron juntos en el lado izquierdo de la buseta y el “sustecliante”, en el lado derecho, es decir el opuesto, tirando ventanilla y todo en compañía de un señor muy simpático, quien no tubo empacho para empezar a botar corriente, pero buscando no hablar muy duro para no despertar a la Milagrosa y al Padre Calixto quienes venían en nuestros morrales.

Su nombre; Jairo Ernesto, natural de Santo Domingo y quien reside en Bello donde tiene un negocio de revueltería, pero cada quince días visita a sus padres quienes viven en la Vereda El Rosario allá en Santo Domingo.

Así, “tirando más lengua que un perro tomando leche”, el cuarteto se fue desplazando por toda esa ruta verde ya tan conocida, mientras la buseta bajaba y subía pasajeros. Ni cuenta nos dimos, cuando llegamos a Molino viejo para doblar a la derecho y arrancar a trepar por la “recién” pavimentada carretera, la cual en tramos mostraba un prematuro deterioro, rumbo a nuestro destino, interrumpiendo a ratos nuestra tirada de verbo, para admirar el paisaje, lleno de belleza y ausente de sol. Esperemos que no nos llueva.

Entramos a las estrechas calles de Santo Domingo en medio de sus casas viejas muy bien tenidas y remozadas con pintura reciente sobre sus fachadas, donde nos bajamos todos los ocupantes de la buseta ahí cerca del parque y al frente del Restaurante y Residencias Doña Rosa, al cual dirigimos nuestros pasos con la misma velocidad que se nos perdió Jairo Ernesto de quien no tuvimos ni modo de despedirnos.

Ingresamos al restaurante, que estaba solito en grima, con la excepción de una niña que devoraba un tazón de chocolate con galletas y quien nos miraba con sus ojitos repartidos el uno a la taza y el otro a los visitantes, que ingresaban al lugar saludando y haciendo notar su presencia.

En esas sale la “doñita” que ya nos conoce y echándose la bendición gracias al nombre de Dios carnudito que haría con nosotros, nos tomó el pedio casi parejito con su saludo. En cosa de minutos, teníamos ante nosotros un trío de tazas de chocolate, cuñadas por huevos revueltos, arepa y quesito, alimentos que no tuvieron tiempo ni de encomendarse al Creador.

Ya en la calle y ante la mirada atenta de los parroquianos quienes nos ven como visitantes muy importantes, dirigimos nuestros pasos al muy bonito templo de Santo Domingo de Guzmán, cuya construcción se inició en 1868 y que posee la bobaita de nueve puertas y cuatro altares hermosos, labrados en madera, verdaderas joyas de arte religioso.

Dimos gracias al Gran Arquitecto, salimos al atrio, mientras Chema hacía sonar el clic de su cámara. Ahí, en medio de los típicos toldos de nuestros pueblos, infortunadamente en vía de extinción, tuvimos tiempo para echarle una mirada de lejos al parque, a la fuente de los perros, a la casa donde nació Don Tomás Carrasquilla, sometida hoy a una lenta restauración y hasta ayudar con las ventas de carne de cerdo en uno de los toldos.

“Buenos día señor, ¿cierto que esta es la salida para Alejandría? Pregunto el Zuluaguita. Sí mi doncito, siga derecho y allá donde están haciendo la feria de ganados ahí va a ver el puente más adelantico a la derecha sigan por ahí no “masito” y esa es la carretera a Alejandría.

A pié de letra seguimos las instrucciones y fuimos avanzando bajo un cielo que seguía gris y friolento, pero que ya mostraba sus lamparones azules como de componenda y apertura al día, al tiempo que teníamos que ir sacándole el cuerpo a los pantanos y charcos, en un terreno totalmente destapado y ahí en plenas goteras del pueblo. ¡Increíble!

Efectivamente en cosa de minutos estábamos frente a la construcción que se adelanta de la feria de Ganados, la cual parece pinta de buen tamaño y calidad, ante la tradición ganadera de éste municipio y que tendrá según un aviso allí fijado, un costo de $1.133.000.000.00 (ya voy Toño,... pues yo que digo...)

Dejando atrás la construcción ahora si tomamos la carretera en muy mal estado, mientras allá a nuestras espaldas se iba quedando el pueblo, en una vista muy hermosa, enmarcada entre barrancos y bosque, todo resaltado por las hermosas torres del templo que parecen arañar el cielo, mientras Chema le pone oficio a su cámara y Zuluaguita, le mostraba otros ángulos, ya que también tiene ojo de fotógrafo.

Poco a poco el sol fue como medio apareciendo entre las oscuras nubes que se negaban a darle espacio al azul del firmamento en su plenitud y los primeros rayos cayeron sobre nosotros, pero a una temperatura agradable, que motivaba nuestro “paso de perseguido pero no muy nervioso”, lo cual no era óbice para dejar de admirar las casas del camino, las flores, escuchar el canto de los pájaros, admirar las filas indias de las hormigas arrieras cargadas con sus pedacitos de hoja cortadas uniformemente en forma de media luna.

Divisar el paisaje, saludar las aguas y pequeñas cascadas repetidas a la vera del camino y poder comprobar la cantidad de árboles de guayaba que serpenteaban como cercas vivas en los alambrados que defienden las propiedades, dejando ver sus frutos amarillos y tiernos.

¿Quién dijo guayaba? No las habíamos terminado de ver, cuando ya Zuluaguita y el Chema estaban esgrimiendo sus cayados para tumbarlas y con avidez devorarlas sin compasión. Dulces, deliciosas, sanas y sin gusanos. Ese fue nuestro común denominador en casi todo el recorrido, de ésta hermosa caminata tan llena de agua, de guayabas y de la desidia oficial con una carretera que es algo menos que una trocha, sin importar la trascendencia económica de la región y de sus habitantes.

Nuestra marcha era constante al igual que nuestra conversación, la cual toca todos los temas habidos y por haber, sólo medio puesta a marcha de tumbo, por algo que pueda tocar con la Biblia o con una lima “vieja” (eso dijo Chema) que nos encontramos en el camino, encabada en forma curiosa y con gran imaginación por algún campesino que la había perdido, es decir, creo debió amolar su rula hoy, contra cualquier piedra.

“De pronto, como el roce de un ala sobre el viento, una pregunta de un poeta le hace cosquillas al profundo silencio”: ¿Ven ese pájaro en ese estacón? ¿Cuál pájaro? Exclamó Zuluaga. Ese rojo allá en ese estacón insistía Chema...Yo no veía nada.

Con paso fino y cámara lista para ser disparada, se acercó chema al estacón, pero nada, no era un pájaro...sólo un pedazo del estacón al cual en su parte superior le habían dado unos brochazos con pintura roja, lo cual arrancó las risas de los tres alegres amigos y caminantes.

Devorando el camino, devorando guayabas, devorando temas de toda índole y devorando paisaje, al ritmo del clic clic clic de la cámara, fuimos los caminantes dando buena cuenta de las distancias. No nos importaban las piedras, el pantano, los charcos ni los carros que a ratos hacían detener nuestras marcha, incluyendo los carros de escalera o líneas (mal llamados chivas) que pasan atiborrados de parroquianos que necesitan desplazarse a las cabeceras con sus productos o a trabajar o a mercar, pero a quienes la desidia oficial ante la carencia de vías de comunicación, les hace la vida muy difícil. ¡No hay derecho!

Que cantidad de aguas, que cantidad de guayabas las que acompañaron nuestra marcha, en esa bonita y fresca mañana, acompañada en gran parte por esa serpiente amarilla y bravía del río Piedras. Casas del camino con su humo, sus habitantes con sus saludos y sus huertas. Algunos perros que ladran a nuestro paso y niños con sus caritas de inocencia, que reciben los Bom Bom Bum para endulzar su vida y su inocencia.

De pronto desde un recodo, divisamos el hermoso salto Velo de Novia, allí donde el río Nare deja resbalar con violencia y sobre la roca pulida durante siglos por la fuerza de las aguas, todo el caudal que arrastra para caer al río Piedras, mientras se eleva hacia los cielos, las nubes de vapor condensado, formando un lindo espectáculo, plasmado en la cámara de Chema.

Continuamos la marcha y triste espectáculo nos mostró más adelante Zuluaga, ya que en el sitio donde se levanta o mejor hacen equilibro Los Termales de Santo Domingo, los más fríos del mundo, sólo quedaba desolación, piedras, arena, palos, basura y tierra.

El río piedras hace casi un año y durante una gran avalancha, tumbó la bancada de la vía, arrastró con la parte trasera de los termales y tumbó el puente, dejando casi incomunicada a la región y para los campesinos y moradores, más complicaciones para su trabajo y sustento, gracias a la desidia oficial, que nada ha hecho por arreglar en puente, no obstante que hablamos de dobles calzadas, autopistas de montaña, túneles y trenes. ¡Pura baba carajo!

Nos acercamos con curiosidad y precaución al lugar donde estaba antes tendido el puente, el cual pudimos observar allá en el fondo o lecho del río, sostenido por uno de sus lados y formando como una especie de rampa, que es utilizada por los campesinos para poder pasar al otro lado.

El sitio es todo desolación y a lado y lado de donde antes era la carretera, quedaron dos grandes cortes casi verticales, en greda gris y blanca, representando un gran peligro para quienes por allí transiten, ya que una caída puede ser fatal, ruta que utilizamos los caminantes para llegar hasta el puente caído.

Zuluaguita y Chema, bajaron ese talud como quien camina por una acera en Junín. El suscrito, más nerviosito y consciente del peligro, si prefirió bajar casi agachado y aferrado al terreno, ya que “viejo caído es viejo perdido y es mejor bolero que dure y no rock and roll que canse”.

Como cosa curiosa y que muestra el ingenio de la gente, cuando llegamos al puente inclinado contra una de sus bases, cual cadáver antediluviano queriendo contener el río, observamos que sobre su superficie, habían puesto pequeños resaltos de cemento a igual distancia uno del otro y a manera de escalones para facilitar la subida de los “suicidas” que se quieran arriesgar a pasar, lo cual rematan con una escalera de madera, para alcanzar la truncada carretera, que sigue con su martirio hacia Alejandría.

Realmente no sabemos si estas “obras de fina ingeniería” así improvisadas, fueron inversión del Ministerio de Obras Públicas, en cabeza de Fray Uriel “Carriel” Gallego, quien con Antioquia pocón, pocón, o de verdad iniciativa de los moradores de las veredas, para aliviar en algo sus penalidades, ante la desidia oficial.

En un momento dado (12:07 pm), Zuluaga se despoja de su gorra y con voz firme comienza a rezar el Ángelus, el cual no puede faltar, por instrucción del Lobato y como agradecimiento a nuestra Patrona la Milagrosa.

Sin perder el ánimo, aprovechando la belleza de día, con ese sol apenas perceptible, admirando los saltos de agua, el paisaje enmarcado en helechos y bosque nativo y devorando guayabas, nos tragamos esa carretera que a ratos se componía mostrando un piso más afirmado, hasta que ante nuestros ojos apareció la panorámica de Alejandría y su hermosa entrada empedrada, sembrada de faroles los cuales han sido destruidos en su mayoría por los ociosos muchachos y ante la desidia oficial y jardines saltones que hacen de ese sendero una delicia.

Ya en las calles del pueblo, con sus casitas bien conservadas y, su gente amable, fuimos sacados de nuestra conversación por una camionetas blanca desde la cual nos llamaron la atención; era el Maestro escultor Oscar López, amigo de Chema y conocido del “sustecliante”, autor del hermoso obelisco que adorna el parque de la localidad, que está siendo sometido a una restauración por parte del artista.-

Despedidos del ilustre conocido, al igual que de sus acompañantes, continuamos nuestro camino, hasta el hermoso parque de la localidad, dominado por la Iglesia de San Pedro Alejandrino, el monumento a la madre, el obelisco (desprovisto de sus placas), la arborización y un quiosco social, del cual lamentablemente sólo salen los estridentes Vallenatos, que no encajan con lo acogedor del sitio y de la antioqueñidad que allí se remonta a la minería, arriería y colonización.

Tomamos asiento en las afueras del Salón Social, donde consumimos algunos refrescos, pero nunca nos pasó por la cabeza almorzar, ya que era tal la carga de guayabas deliciosas que habíamos consumido en el camino, que el hambre se había escapado de nosotros; lo que nos llevó anticipar nuestro regreso a casa en Medellín, por lo que escogimos el próximo viaje ahí en la flota, eligiendo un bus que salía a las 2 pm. pasando por Concepción.

Compramos tiquetes, dimos una última mirada al hermoso pueblo y abordamos el bus rumbo a casa, el cual sacudido y a media marcha en gran parte del trayecto, gracias al pésimo estado de la carretera, nos dejó en la estación Niquía luego de algo más de tres horas de recorrido. Pudimos comprobar que tanto La Milagrosa como el Padre Calixto, ya venía mareados dentro de los morrales, por efectos de la zaranda.

Hay que agregar que en horas de la mañana y mientras estábamos en la buseta, sonó el celular de Chema. Era Gloria Muñoz “La Coneja”, nuestra Caminante Honorífica desde “Estados Hundidos”, quien normalmente se contacta con nosotros para pasar revista a nuestros pasos y hacernos compañía moral con sus palabras.

Hasta la próxima con el Superior permiso del Gran Arquitecto, a quien le pedimos nos de buenos riñones para poder aguantar estas vías que nos toca recorrer, donde se desajusta una culebra, gracias a la desidia oficial.

Los Caminantes Todo Terreno
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Juan Fernando Echeverri Calle

Una Misa de encuentro.

Caminata 189

Caminantes Todo Terreno.

Fecha: Sábado 31 de octubre de 2009.

Lugar: Vereda Normandía, El Retiro

Participantes: Clara Inés Gaviria (Clarita), Luis Fernando Zuluaga (Zuluaguita), Juan Fernando Echeverri (Juanfer) y Luis Fernando Múnera (Luismú).



La caminata de esta mañana de sábado es un alimento especial para el alma. Tiene el propósito de asistir a la misa campal en memoria del padre Gustavo Vélez, Calixto, programada y organizada por sus hermanas de sangre y de fe, que se celebrará en el lugar donde tuvo su encuentro definitivo con el Señor, allá en lo alto de la montaña oriental del Valle de Aburrá en jurisdicción de El Retiro, vereda Normandía, cerca de los límites con Envigado. No sobra recordar, además, que nuestra señora La Milagrosa y el padre Calixto son los patronos de los Caminantes Todo Terreno.

Nos reunimos, a las 6:30 de la mañana, Clarita, Zuluaguita, Juanfer y Luismú en los bajos de la estación Exposiciones de nuestro Metro. Faltaron Carlos Olaya (Olayita) y José María Ruiz (Chema), quienes tenían otros compromisos ineludibles, y Jorge Iván Londoño (El Lobato), quien continúa su apostolado filial en los Estados Unidos. Gloria Muñoz (Conejita) fue una de las primeras en confirmar que “iría” a esta caminata y efectivamente la sentimos entre nosotros espiritualmente. Durante la semana habíamos considerado las alternativas de caminar desde Envigado, como ya lo habían hecho los Todo Terreno en dos oportunidades (caminatas del 12 de septiembre y el 3 de octubre de 2009), o desde La Fe, cerca del alto Las Palmas. El grupo de los caminantes había elegido la segunda opción para esta ocasión. Tomamos entones el transporte para subir hasta Carabanchel, en el sector de La Fe.

La mañana está fresca, algo toldada por una neblina leve que promete disolverse pronto. El cielo azul ya se insinúa detrás de ella. A la subida conversamos entre nosotros animadamente acerca de algunos eventos recientes del país y de las familias. Estas conversaciones enriquecen y fortalecen la unión del grupo; no siempre estamos de acuerdo en la visión o interpretación de algunos hechos, pero tanto el disenso como el consenso son entre nosotros respetuosos y motivadores.

Llegamos a Carabanchel a las 7:00 a. m. Todos los negocios están aún cerrados y no hay donde desayunar o comprar agua. Decidimos arrancar a caminar de inmediato, para ganar tiempo pues la misa está anunciada para las 9:30. Entramos por la parcelación La María. El portero nos recibe muy amablemente y nos abre la puerta. La vía de acceso tiene muy buenas condiciones, la rodean casas bonitas, con prados y jardines muy bien cuidados. Y por ella ascendemos poco a poco. Bordean el camino hermosos árboles de helechos, cipreses, eucaliptos, sietecueros y muchas especies del bosque nativo. En las orillas aparecen algunos hongos vistosos. En las ramas de un ciprés se posa una soledad o barranquero, hermosa ave de plumaje brillante azul y verde.

A medida que el camino sube, divisamos abajo a la derecha retazos del embalse La Fe que se entrevé en medio de la neblina, persistente aunque tenue. Es inevitable recordar que en su último mensaje por celular el padre Calixto informó que alcanzaba a ver una casa blanca y una laguna a lo lejos, sin duda una vista similar a la nuestra de estos momentos.

El pavimento ha quedado atrás y el camino continúa con piso de tierra y cascajo, pero sigue siendo amplio, firme y bien nivelado. El aire frío huele delicioso, cargado con aromas a humedad y a follajes. Un poco después de las 8:30 nos alcanza un automóvil que sube con una familia que evidentemente también va para la misa. Se detiene y nos saludan muy amablemente. Juanfer y Zuluaguita les suministran información sobre cómo acabar de llegar. Juanfer le pregunta en broma a un señor mayor que va en la banca de atrás:

-¿Usted es el padre que va a celebrar la misa?

-No me diga así, pues yo soy abuelo.

-¿Abuelo? Entonces ¡dos veces padre!

Ofrecen llevar a alguno de nosotros, les agradecemos pero declinamos, vinimos a caminar.

A eso de las 8:45 de la mañana alcanzamos un pequeño boquerón del camino, detrás del cual el paisaje cambia abruptamente por uno de topografía más abierta con bosques nativos más densos. Ya estamos cerca. Un poco más adelante, encontramos una casa prefabricada al lado de la carretera y saludamos a una señora que realiza allí algunas tareas domésticas. Después de seguirnos la broma que le hacemos para que nos invite a desayunar, nos pregunta:

-¿Es verdad que hoy habrá misa donde encontraron al padre?

Le confirmamos que será dentro de media hora.

-¿Y yo sí puedo ir? Es que quisiera hacerlo pero he visto subir a mucha gente, tanta que…

-Señora, usted seguramente es más gente que muchos. Venga con nosotros.

-Entonces me cambiaré de ropa y subiré más tarde.

A los pocos minutos nos alcanza otro vehículo, una camioneta Van, que transporta unas ocho religiosas de las comunidades Capuchinas, Jesús Redentor y La Presentación. Se detienen a saludar y, después de algunas frases, Juanfer les dice:

-Una pariente mía, Silvia Calle Zapata, pertenece a la comunidad de las Capuchinas.

La monja que conduce el vehículo y pertenece a Jesús Redentor le responde con alegría:

-¡Claro! Es la superiora. ¿Por qué no tiene usted familiares en nuestra comunidad Jesús Redentor?

Juanfer manifiesta con cara de picardía y obviamente en broma: “Porque las Capuchinas son mejores”. La religiosa le contesta, en el mismo tono y con numerosos aspavientos con los cuales simula limpiar la ventanilla y la portezuela del vehículo, donde está apoyado nuestro compañero, de las impurezas que éste ha dejado: “¡Quítese de ahí! ¡No me ensucie el carro! ¡Váyase, váyase!”. Todos reímos de buena gana, en particular las religiosas. Cuando se han alejado, Juanfer culmina diciendo: “La monjita me echó. Ese carro queda vetado para aceptarles que nos lleven a la bajada”.

Hacia las nueve de la mañana hemos llegado al lugar. A un lado del camino, una pequeña cruz de setenta centímetros de alto, fabricada en hierro forjado, dice en letras grabadas con soplete de acetileno: “Calixto. 9-9-09” (en recuerdo del padre y de la fecha en que fue encontrado). Detrás de ella está el pequeño altar levantado recientemente por su familia, compuesto por una columna de piedras pegadas y una pieza ovalada de madera, su altura y su diámetro miden menos de un metro cada uno. Lo cubre un mantel tejido y sobre él están el misal y los vasos sagrados para la ceremonia. En el lugar se encuentran ya unas quince personas, entre religiosas y seglares. Dos monjas Misioneras de la Madre Laura, en cuyo convento el padre Calixto ofició como capellán sus últimos tiempos, reparten a los asistentes unas hojitas con los cantos para la misa.

Dos de las hermanas de sangre del padre Gustavo, las hermanas Isabel y María, dominicas de La Presentación, saludan a la gente con serenidad y discreción, no exentas de tristeza. Con voz suave cuentan que en su casa fueron diecinueve hijos en total, de los cuales, seis tomaron los hábitos, a saber, el padre Gustavo y las hermanas Gabriela, Filomena, ya fallecidas, Camila y ellas dos. La mayor de la familia, Eugenia, ahora de 102 años, se encargó de los hermanos al morir los padres. Una sobrina del padre, Regina, es la mamá de Constanza, quien trabaja en la Universidad Católica de Oriente, compañera de Luismú.

Al costado derecho del altar corre una quebrada de aguas cristalinas, que sale del bosque nativo. Es la misma sobre la cual encontraron el cuerpo del padre Calixto, unos trescientos metros más arriba. Los cuatro caminantes decidimos adentrarnos en la vegetación para seguir la trocha que bordea la corriente y visitar el sitio de su encuentro definitivo con Dios. Con nosotros va una muchacha joven que permanece callada casi todo el recorrido. Rápidamente el sendero se estrecha debido a la vegetación que lo rodea, además, está resbaloso pues anoche llovió un poco. Este contacto con la naturaleza, en medio del momento solemne que se vive, llena nuestro espíritu con sensaciones y sentimientos elevados. Caminamos con alegría, apartando ramas y sorteando fácilmente las pequeñas dificultades iniciales. Al poco rato encontramos un grupo de gente que regresa por el camino, dentro de él va una señora mayor, elegantemente vestida, quien para nuestra sorpresa no dudó en emprender esta incursión. Las dificultades aumentan poco a poco pues el terreno empieza a ascender y los puntos de apoyo y los espacios donde se puede pisar en forma segura escasean. Hay que cruzar varias veces la quebrada sobre piedras inestables. Encontramos un árbol semi caído que debemos pasar por debajo, casi arrastrándonos. Finalmente, llegamos a un lugar donde el camino se empina abruptamente. Clarita decide quedarse y Luismú le ofrece acompañarla. Sin embargo, Juanfer dice: “Yo ya conozco el lugar, por lo tanto me quedaré aquí con ella para que Luismú continúe”.

Unos cincuenta metros más arriba, Zuluaguita, la muchacha joven y Luismú llegamos al sitio donde encontraron al padre aquel 9 de septiembre. Allí la quebrada se despeña sobre una roca de unos cinco metros de altura y forma un pozuelo al pie. Presumiblemente, Calixto se habría caído por ella en la noche de su excursión final. La descripción que Juanfer hace de este lugar es exacta: “Allá está el último charquito y desde ahí se ve el cielo”.

La muchacha joven, que no quiere decir su nombre y sólo cuenta que le correspondió atender al padre durante el último año en el convento de las Misioneras de la Madre Laura, mira tristemente el sitio y exclama:

-Ese día no se trajo su ruanita.

Descendemos hasta el lugar en silencio, con respeto y veneración. Al lado del charquito elevamos una corta oración por nuestros seres queridos, por nosotros y por el padre Calixto, quien probablemente es el menos necesitado de ella. Después iniciamos rápidamente el regreso, pues la misa está por empezar. A la bajada, el camino es más rápido y al mismo tiempo más difícil y peligroso. En uno de los pasos de la quebrada, Clarita pierde el equilibrio, se cae y recibe un fuerte golpe en el codo y la pierna derechos, afortunadamente sin consecuencias.

Cuando llegamos, la misa ya está avanzada. Están congregadas unas ochenta personas. Los celebrantes son los presbíteros Constantino Gutiérrez y Gustavo Mejía. Para la primera lectura, han elegido la primera carta de San Juan.

Dios es luz, en Él no hay tiniebla alguna. Si decimos que estamos en comunión con Él y caminamos en tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. Pero si caminamos en la luz, como Él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros (I San Juan, 1 5-7).

Para la lectura del evangelio seleccionaron el sermón de Jesús sobre las Bienaventuranzas. En este bello pasaje el evangelista se alegra por quienes son pobres de espíritu, son mansos, lloran, tienen hambre y sed de justicia, son misericordiosos, son limpios de corazón, trabajan por la paz o están perseguidos por la justicia o injuriados, porque tendrán recompensa grande. Según palabras de Juanfer: “Ésta es la síntesis de todas las propuestas políticas que en el mundo existen”. Y Luismú le contesta: “Ojalá se cumpliesen”. En la homilía, el celebrante enfatiza que este sermón fue promulgado por el Maestro parado en la monte al lado del lago. El pueblo elegido por Dios, en sus momentos solemnes y trascendentales, buscó siempre la montaña y el agua. El paralelo con las circunstancias en las cuales el padre Gustavo tuvo su encuentro final con ése su Dios, aquí en la montaña y dentro del agua, no puede ser más diciente y afortunado.

En su escrito publicado el 4 de noviembre de 1979, Calixto había dicho:

Estamos en noviembre. "Cómo se pasa la vida tan callando", reza la copla de Jorge Manrique. Después de los días, de las luchas, de las cicatrices, no queda sino el amor a Dios y los frutos del amor al hermano.
Son múltiples, como las estrellas del cielo, los motivos para amar al Señor. También único y simple este motivo: porque Él es nuestro Padre. Porque todo cuanto tenemos nos vino de sus manos. Porque nos manda la alegría para invitarnos desde ahora a la fiesta del cielo. Porque alguna vez permite que el dolor se nos acerque, para que no extraviemos la senda.
Amémosle porque sale el sol y porque llueve. Porque nos permite ver, oír, oler, gustar, tocar: esas cinco maneras de construir el universo. Porque nos sacó de la nada. Porque permite que los demás nos quieran. Porque tenemos dos manos y dos pies. Porque nos regala un arado, y tierra fértil ante nuestros pasos. Porque, si tú quieres, pasado mañana compartirás el Reino de los Cielos.
El señor Hugo Bustamante, amigo entrañable del padre Calixto, quien compartió con él una parte de las últimas horas de su vida terrenal, está en primera fila del grupo, sumido en honda meditación, su cara serena y algo triste refleja los sentimientos que deben embargarlo. A la hora de la comunión, ayuda a repartirla.

Termina la misa. En el ambiente se sienten las emociones que produjo la ceremonia y que se reflejan en el semblante de los presentes. Algunos están en paz, otros, alegres y a los demás los embarga la tristeza. El cielo vuelve a nublarse y el frío se agudiza en el aire. Saludamos a dos sobrinas de Calixto, Martha Cecilia Vélez, ex contralora de Medellín, y Regina Vélez, acompañada por su hija Constanza Restrepo, compañera de trabajo de Luismú en la universidad.

Isabel Vélez, hermana del padre y religiosa de La Presentación, que vive en Perú, evidencia en su cara un hondo conflicto: Su fe le dice que su hermano goza de Dios, pero el corazón no cede a la tristeza humana que le embarga. Se acerca a nosotros nuevamente y nos dice con voz frágil:

-Gracias a nuestra sobrina Constanza hemos conocido los escritos que hicieron los Caminantes Todo Terreno sobre Calixto. Se los agradecemos mucho en nombre de toda la familia. Nos ha alegrado que el mensaje de Gustavo llegue a tanta gente diferente. Y que haya gente buena y sensible como ustedes. Quisiéramos que guarden esta tarjetita en recuerdo de él.

Juanfer y Zuluaguita reciben el obsequio en nombre de todo el grupo y le responden que tanto las caminatas como las crónicas las hicieron con amor y con el deseo de penetrar más en el mensaje del padre Gustavo. En su cara se observa emoción. Abrimos el sobre y encontramos una tarjeta sencilla y bella con un poema de Calixto que dice:


Este mi barro

Cansada está mi arcilla, Señor,
y se ha rajado,
al golpe de los días,
de los dolores y los desengaños.
El paso de la lluvia y el del viento
sus huellas me dejaron
como un tatuaje adolorido y hondo
en la piel de mi barro.

Pero, serenamente
contemplo mi vasija, así puesta de lado
en la penumbra de un rincón sin nombre,
bajo un silencio rítmico y arcano.

No me olvides, Señor, en esta hora;
soy un pobre cacharro
pero que aún conserva muy fielmente
las huellas digitales de tus manos.

Los juncos y las hierbas me rodean;
le hacen cuna a mi vaso,
y en este atardecer en que mi vida
se pinta de un gris pálido,
vuelvo a sentir tu omnipotente fuerza
en el temblor doliente de mi barro.

Siento que me modelas nuevamente;
llega hasta mí tu hálito
y contemplo sin pena
mis bordes desbordados
y las grietas oscuras de mi arcilla
por donde ya quizá se ha evaporado
toda mi agua y mi sed… y mis aromas;
y mis anhelos… y mis sueños vanos…
Y hasta parece que mi ser se escapa
de mi polvo, Señor. Mas sin embargo
hoy sé que estás más cerca, más que nunca
de este mi barro,
y que mi arcilla quebrantada y rota
se hace polvo de estrellas en tus manos.

Calixto

Este escrito, además de su belleza y espiritualidad, parece contener una premonición.

Saludamos a otras dos personas amigas del sacerdote: María Isabel Estrada, quien participó activamente en los tres días que duró su búsqueda, y Ana Mercedes Gómez, directora del diario El Colombiano.

Aproximadamente a las once de la mañana, iniciamos el descenso de la montaña para regresar a casa. Vamos alegres comentando el mensaje y experiencia que nos ha dejado esta vivencia espiritual. A poco andar nos alcanza nuevamente la camioneta Van con las monjitas que encontramos a la subida. Se detienen y nos saludan con muestras de amistad y aprecio. Nos obsequian algunos dulces, deliciosos por cierto, y continúan su camino. Esta vez el bon bon bum les ha funcionado al revés a los Caminantes Todo Terreno.

Un poco más adelante nos alcanza otro vehículo que también se detiene a nuestro lado. En él viene doña Ana Mercedes Gómez. Conversamos con ella un buen rato y de muchas cosas. Viene feliz con el homenaje a su amigo Calixto. Después de la misa, intentó subir por la quebrada hasta el lugar donde lo habían encontrado, pero no le fue posible llegar por lo difícil del terreno. Los Caminantes Todo Terreno se ofrecen para acompañarla en otra oportunidad, cuando la trocha esté en mejores condiciones, y ella acepta con demostraciones de gozo. Nos invita a participar en un evento que se celebrará a finales de este año, llamado Evolución Colombia, en el cual se está convocando a personas y entidades para trabajar por un propósito concreto a favor de la nación. Se despide con mucha amabilidad y una gran sonrisa.

En el camino recibimos en el teléfono celular la llamada de Conejita, quien desde Estados Unidos ha estado pendiente de nosotros hoy. Saluda con emoción a cada uno y Zuluaguita le dice:

-Conejita, arrodíllese que le voy a entregar la bendición que le envió el padre Calixto: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén.

Y, por supuesto, así lo hace ella.

Poco antes de salir a la carretera principal, nos cruzamos con Javier Botero. Como dijo Chema en su crónica, no un Javier Botero cualquiera sino uno de los campesinos que encontró el cuerpo del padre Gustavo. El mismo Javier que el 3 de octubre les mostró a los caminantes Todo Terreno el sitio donde el sacerdote descansó, después de que su alma se reuniese con el Creador en medio del bosque y del agua, muy posiblemente bajo la luz de la luna llena. Conversamos con él unos minutos y le escuchamos otra vez la historia de ese día, cuando los vecinos intensificaron las tareas de búsqueda y tuvieron éxito en su empeño.

Cerca de la 1:00 p. m. terminamos nuestra excursión sentados a una mesa del Carabanchel, donde nos hemos recogido los cuatro caminantes de hoy para sintetizar los detalles de la experiencia espiritual que acabamos de vivir. A la 1:30 caemos en la cuenta de que, por habernos detenido a conversar en el camino, se nos olvidó rezar el Ángelus a las 12:00 m. Pero “más vale tarde que nunca”, nos decimos, entonces nos quitamos las gorras y Zuluaguita encabeza con “el ángel del Señor anunció a María” al cual respondemos “y ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo”… Así cumplimos el encargo que El Lobato nos ha hecho de acordarnos siempre de La Milagrosa y de paso pedimos otra vez por la salud de nuestros don Juancé y doctor Ramiro Vélez.

Como aún es temprano, emprendemos de una vez el regreso a Medellín. Al llegar, nos esperan para el almuerzo los tamales deliciosos de Mis Envueltos, salidos de las manos de la muy querida Elbacé.

Luis Fernando Múnera López

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Con los amigos entre Ceja y Ceja.

De tour por La Ceja y Pontezuela.
Con un dolor muscular de los mil diablos en la planta del pie, pero con el deseo de cumplir el compromiso con mis amigos TTS., me desmonté del Metro en la estación Exposiciones, en donde ya estaban Juanfer y Zuluaga esperándonos. Ya casi eran las 6.30 a.m. hora dada para el encuentro. Un voceador o promotor de pasajes a La Ceja en taxis colectivos gritaba: ¡Dos a la Ceja, dos a la Ceja! Nosotros ya éramos tres, y esperábamos a Olayita. Olayita nunca llegó, suponemos que por asuntos laborales, aunque no se manifestó en toda la semana. En esas llegó una buseta de La Ceja y rápido la abordamos. Lo mismo de rápido ya estábamos en el parque de la población y saludando al dueño del aviso en su hermoso templo.
Fuimos a buscar desayuno al mismo restaurante de siempre en el marco de la plaza. Apenas empezaban a organizar el desorden dejado por una fiesta del día anterior, pero de inmediato nos atendieron como siempre, muy bien. Desayuno livianito: Huevos, arepa, quesito y chocolate. Y a caminar.
Decidimos ahora sí cumplir nuestro propósito principal; enterarnos in situ del estado de salud de nuestro amigo “Radio Viejo”, más conocido en los círculos intelectuales del Centro de Medellín y La Alcancía como JuanC, JuanCé, o Juan Cristóbal, pero no sabíamos a ciencia cierta en cuál de las dos instituciones hospitalarias de La Ceja era que estaba recluido.
Con diligencia nos llegamos al hospital de La Ceja que queda ahí cerquita del parque en el que luego de la antesala reglamentaria que hay que hacerles a los empleados públicos para que no den ninguna razón sobre lo que se les pregunta, subir a otro piso y buscar quien atendiera en la recepción, nos dimos cuenta que aquí… No estaba.
Nos fuimos entonces para la otra entidad hospitalaria en las afueras y con “Paso de perseguido” atravesamos raudos el pueblo. Como uno sabe que hay lugares en los que se encuentra motivos fotográficos a discreción y sin mucho esfuerzo, cuando llegamos a un puente del camino, justo en la confluencia de unas quebraditas que se juntan y pasan bajo éste nos detuvimos. La vez pasada que estuvimos por estos lados con las hermanitas Echeverri, aquí mismo nos encontramos además de la común contaminación de aguas sucias y demás porquerías, un televisor desechado quizá por viejo, quizá porque era en blanco y negro, quizá porque no se le conseguían repuestos… Ahí estaba abandonado, desbaratado entre aguas sucias y malolientes. Ya no estaba el viejo televisor en el que con toda seguridad algún parroquiano le tocó ver “El llanero Solitario”, “Rin tin tin” o “Lasssie”… Esta vez estaba abandonada, mutilada y con la cabeza cubierta con una bolsa negra como si hubiera sido asfixiada por algún iconoclasta y semisumergida en la cloaca una mediana estatua de la que alguna vez pudo haber sido una diosa griega o romana…
Triste fin le espera a todo lo que el homo stupidus desecha y al mismo tiempo ofrenda como despojo al consumismo rampante; divinidad de hoy.
Zuluaga arriesgando su integridad, pero vencido por la curiosidad, bajó al caño y luego de mojar uno de sus tennis por un mal paso, le destapó la cabeza de la vejada diosa. Estaba descabezada. Nunca supimos a cuál de las muchas deidades grecorromanas representaba la pobre escultura. A lo mejor era alguna de las musas; Euterpe o Melpómene, musa de la tragedia, pero terminó como una de las Nayades, ninfas que habitan los ríos y las fuentes… A lo mejor era Medusa; una de las Gorgonas a la que Perseo le cortó la cabeza…
Comentando cualquier otra cosa seguimos el camino por una avenida totalmente recta que lleva hasta la Clínica San Juan de Dios de los Hermanos Hospitalarios. Llegamos hasta la portería y un amable portero nos dijo que las visitas eran a partir de las 10 a.m. Eran las 8.45. Juanfer casi lo convence de que nos deje entrar diciéndole que veníamos desde Medellín a pie. El señor confundido no sabía que decir y sólo balbucía que esas eran sus órdenes. Soltamos la carcajada y dándole las gracias le dijimos, nos dijimos, que más tarde regresaríamos entonces. Sobre la marcha de regreso a la avenida, decidimos irnos hasta la Vereda Pontezuela de Rionegro, en la que nuestro amigo Decano en amistad, camaradería, aguante con una sonrisa nuestras chanzas a veces destempladas, de tertulias y creo que hasta de Ingenierías, don Luis Fernando Múnera; tiene una finquita de descanso en el paradisíaco lugar. Otra vez con “Paso de perseguidos” a pesar del dolor latente en la planta de mi pie, que a ratos me hacía cojear, caminamos por espacio de una hora hasta el lugar definido por algunas construcciones que ya van formando un pequeño poblado.
Un poco más abajo y a la izquierda está la entrada encascajada que sirve de acceso a varias fiquitas de descanso y a unos 350 metros, está la portada de entrada a la finquita de nuestro amigo. No había nadie…Excepto unos palos de guayaba cargados de deliciosas frutas y que desde lejos nos hacían caratoñas como diciendo: Vengan y sacudan el palo para que vean… Ganas no faltaron, pero la decencia de la edad sólo nos permitió imaginar el asalto y la huída, seguidos por un mayordomo con una escopeta de 2 cañones humeantes. Volvimos sobre nuestros pasos y estuvimos admirando la casita que en convite le fue donada a la señora vecina; La Providencia. Bonito y difícil de olvidar. Cuando salimos de nuevo a la carretera, convinimos en que para que nuestro amigo se enterara de que estuvimos por esos lados, le dejaríamos una tarjeta muy especial. Juanfer se devolvió a entregarla a la hija de la dueña de La Providencia para que se la diera a don Luis MÚ cuando llegara al lugar.
Decidimos hacer un alto para refrescarnos por estos lados, donde se levantan ahora nuevas construcciones y las antiguas se remodelan. Una de las en remodelación, es la que a principios del año en vigencia visitamos y asaltamos en sus pastelitos, unos deliciosos bocaditos de hojaldre y arequipe o guayaba que fueron devorados por los Todo Tragones sin misericordia. Esta vez comprobamos, luego de visitar la finquita de don Luis MÚ que o los habían escondido, o de verdad no habían. Pensamos que los escondieron cuando nos vieron pasar. Bueno, a falta de bizcochitos, buenas son galletas, aunque esta vez no desocupamos la cajita que las contenía. Nos conformamos con tinto, agua y como siempre, Juanfer pide Mister Tea del que con toda seguridad no hay. Ya se lo habíamos advertido al dueño de la tienda. Había de mora y limón; Juanfer pidió de té verde. Se conformó con el de limón.
Regresamos entonces sobre nuestros pasos, esta vez tratando de hacerlo más despacio, pero no lo logramos; nos hacen falta Olaya y Lobato además de para muchas otras cosas, para que nos hagan regular el paso sin necesidad de aceleramientos. Sin embargo, logramos admirar y remirar el hermoso paisaje circundante y la variedad de casas del camino de diferentes estilos, presupuestos y cultivos. Esas casas en los caminos hablan del estrato socioeconómico y cultural de los habitantes de cada lugar. Por estos lados también hay varias comunidades religiosas, que en construcciones antiguas o en edificios nuevos, se han venido a disfrutar de la paz de estos contornos.
Otra hora larga de camino y de nuevo estábamos a las puertas de la Clínica San Juan de Dios de los Hermanos Hospitalarios. El amable portero sonrió al vernos llegar y con un ademán nos autorizó a entrar ahora sí. Supongo que su sonrisa fue por acordarse de la “mentirita” de Juanfer de que veníamos a pie desde Medellín. Pedimos instrucciones al mismo señor portero y nos guió a los pasillos de Cuidados intensivos, en donde se encuentra nuestro amigo JuanCe.
Dos chicas muy lindas sentadas en una de las banquitas de los patios de descanso de la clínica nos observaban curiosas. Juanfer que no se puede quedar callado, dice después de ver un letrero que decía “Altura Máxima 2.80 mts.” - ¿2.80? ¡JuanCe no cabe por ahí!, ¡Lo tuvieron que entrar acostado y doblado! - Entre tanto, Zuluaga que se había retrasado un poco, identificó a Eulalia la hija de JuanCe en una de las dos chicas que nos observaban, al tiempo que ella se preguntó porqué esos señores mientan un JuanCe. Así le dicen a mi papá – pensó ella – Luego de las risas por ambas coincidencias, las presentaciones y un primer informe del estado de salud de nuestro “Radio Viejo”, alter ego del señor director de las Juevoniadas que harta falta nos están haciendo. Aunque se ha recuperado bastante - nos dice Eulalia - el proceso será largo y difícil, por lo que habrá que seguir esperando y confiando.
Al poco rato apareció desde las habitaciones de cuidados intensivos AnaT, la compañera de JuanCe, que se alegró mucho con nuestra presencia. Las jóvenes se marcharon a una diligencia y nos quedamos con AnaT conversando sobre nuestro amigo. El cuadro clínico aunque difícil, es prometedor y el paciente está respondiendo efectivamente. Había pasado toda la mañana sin respirador artificial y eso era muy buen síntoma, aunque había dormido poco durante la noche. Hasta tiempo y disposición para hacer chanzas tuvimos en ese rato que conversamos con AnaT. Ella nos preguntó que si deseábamos ver a JuanCe y al preguntarle por lo conveniencia de hacerlo, nos manifestó y comprendimos que él andaba muy retraído y sin ganas de ver a nadie. Aceptamos y le pedimos entonces que le llevara saludos de nuestra parte y con muchas recomendaciones y parabienes con nuestros amigos floricultores, nos retiramos de la Clínica, no sin antes tomarle unas fotos a una bella imagen de San Juan de Dios, que cargando a un enfermo, se erige en el hall del recinto hospitalario.
Retomamos el camino al parque de La Ceja y ya cerca de él, nos metimos a una cafetería a tomarnos algún refresco. Resultamos tomándonos unas cervezas mientras hablamos y hablamos de lo divino y de lo humano. Estaba todavía bien temprano. Seguimos hacia el parque y mientras decidíamos que hacer, vimos un enorme bus dispuesto a partir para Medellín sin nosotros, por lo que de inmediato compramos pasajes. A las 12.40 p.m. estábamos apoltronados cual reyezuelos rumbo a la “Vella biya” y mientras un zurdo de despersigna, estábamos aterrizando en la estación Exposiciones del Metro.
Juan Fernando Echeverri
Luis Fernando Zuluaga
José M. Ruiz.
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Juan Cristobal Mejía Valderrama.

Santa Bárbara - Fredonia.

Participantes:
Luis Fernando Zuluaga Zuluaga (Zuluaguita)
José María Ruiz Palacio (Chema o el Poeta)
Juan Fernando Echeverri Calle (Juanfer)

Bonita la mañana y sin lugar a dudas por el color del cielo y la intensidad con que se veía el resplandor del sol, allá por encima de las montañas al oriente del Valle del Aburrá, todo hacía presagiar un hermoso día con olor a carne asada, para goce y tormento de los sólo tres caminante que nos habíamos dado cita, ante la ausencia obligada de nuestros compañeros Carlos Olaya B. Y Jorge Iván Londoño M. a quienes junto con nuestra caminante honoraria Gloria Muñoz “La Coneja”, metimos entre los sentimientos de nuestros morrales, para enrutar nuestros pasos nuevamente hacia el suroeste antioqueño donde la tradición de café, carbón y arriería se niega a morir ante el empuje del progreso. ¡Ahh! Sin olvidar a La Milagrosa y al Padre Calixto nuestros patronos.

Encaramados en una cómoda buseta de Transportes Santa Bárbara iniciamos nuestra marcha repetida, pero nunca igual, ya que ni el paisaje es el mismo, ni nosotros mismos lo somos, dado que todo es cambiante como cambian las nubes de forma, estado y posición sobre el azul del cielo; para llegar hasta esa fracción del “Balcón de los Bellos Paisajes”, Santa Bárbara, municipio fundado en 1774 y que hoy con sus casi 27 mil habitantes y sus 185 Km2 de extensión, nos prestaba un pedacito de su territorio para iniciar nuestra caminata número 187.

Efectivamente, abandonamos el vehículo a la altura del conocido “Estadero” La Última Copa, al que ingresamos tiesos y majos pidiendo desayuno, pero nada. El citado estadero, al que se le puede hacer el inventario mientras se sacude, sólo muestra buen surtido en todo lo que sea ron y aguardiente, ya que de mascar o tomar, más bien pocón, debiéndonos autoconvencernos que desayunar con la mano en la cintura, también es bueno.

Fue así como resignados hicimos nuestros pedidos: Dos tintos para Zuluaga y Chema y un Yogurt para Juanfer, todo acompañado con una bolsa de doce “pandequesos de tuvo” pedida por Chema, y digo de “tuvo” ya que efectivamente los mismos “tuvieron” queso pero se lo sacaron.

En un suspirar y ambicionar cosita mejor, dimos cuenta del “mañanero manjar de celador”, guardando en nuestro morrales cuatro “pandequesos” sobrantes dizque para el camino, el cual emprendimos ahí mismito y en la vereda Guayabo Alto, por esa carretera veredal muy antigua, que otrora sirvió de vía de comunicación y para sacar el café de Fredonia a lomo de mula y empuje de arrieros, de esos que cargaban sobre las enjalmas, el desarrollo de un pueblo que le jugaba escondrijos a la dureza de las montañas.

Eran las 8 am. en punto y ya el “rubio Jaramillo”, luciendo gafas oscuras, bermudas y acicalándose lo mejor de sus rayos, los dejaba caer sobre nuestras espaldas, mientras sobre un piso pedregoso, bien asentado, rodeado de buena vegetación y custodiado por los hermosos cerros lejanos que caracterizan esa orografía en esos lugares , los caminantes aporreábamos el suelo con nuestros pasos y cayados.

Aparecieron las primeras casitas del camino. Los primeros moradores que con sus herramientas al hombro se preparaban a iniciar labores o aquellos que ya las habían iniciado, arañado la tierra con sus recatones y azadas, mientras interrumpían el silencio y la labor con su infaltable “buenos días mi don”. El canto de los pájaros se dejaba escuchar, el aire nos traía el olor a pulpa fermentada de café y saltones por entre los barrancos, los lechos secos de algunas pequeñas quebradas que bajo la forma de cascada se desprenden de la montaña en época de lluvias.

Seco se veía el paisaje en esos primeros kilómetros. Polvoriento el bien conservado camino y así como atraídos por nuestros pasos, a un ritmo bastante bueno, fueron apareciendo ante nuestros ojos los primeros cafetales con sus granos verdes entreverados en amarillo pálido, invitando a la madurez y a tomarnos un tinto.

Nuestra marcha era ligera, uniforme y rendidora. Como siempre, no paramos de hablar, cambiar de tema y de gozar, ya que el paisaje es imposible mirarlo, repasarlo y reconocerlo, sin admirar su belleza y sus encantos.

Poco a poco el “rubio aquel” le subía calor a sus resistencias para minar las nuestras, no obstante el polvo del camino iba desapareciendo para dejar ver sobre sus orillas, algunos pequeños charcos o pantaneros menores endurecidos, indicando que las aguas lluvias en el lugar se habían hecho presente, lo cual lo confirmaron las dos o tres caídas de agua ruidosa y espumosa que encontramos en nuestra marcha.

Estábamos en la vereda Los Naranjos, donde el olor fermentadamente delicioso de la pulpa del café invadía el aire, al igual que los cafetales se hacían numerosos y continuos en el camino y a lado y lado, interrumpidos por los antejardines decorados con San Joaquínes, Novios, Navidad y algunos frutales de esas casitas saltonas que abundan en el camino, como empezaban a abundar aún más los granos rojos de ese nuestro café, que en gajos ofrecían a nuestros ojos aquellos cafetales, como tejiendo sobre la crisis, un mantel en cadeneta y cruz para abrigar una esperanza a nuestra economía cafetera en el inmediato futuro.

¡Que montón de café carajo y que hermosura! Con razón dicen los analistas, que Colombia tendrá una cosecha calculada en de once millones de sacos para el 2010 para la exportación y con esa calidad que nos distingue a nivel mundial.

Parece que vuelve la esperanza cafetera, especialmente en Antioquia, ya que de producir otrora el 35% del café nacional, hoy ocupamos un quinto o sexto lugar, gracias al soqueo, a los elevados precios de la tierra que no justificaban frente a la poca rentabilidad de los cultivos y a la transformación de las haciendas cafeteras en fincas hoteles para el turismo, criaderos de bestias finas o pastos para el ganado de engorde y levante que pasta en estas tierras.

Proporcionalmente a la rebaja de sacos, aumentaba el desempleo y la inseguridad, pero por fortuna no hay mal que dure cien años ni vocación cafetera que lo resista y pudimos comprobar los caminantes, como los cafetales soqueados ayer, estaban hoy en plena producción. Otros nuevos se levantaban a nuestra izquierda y derecha y al fondo, en las faldas de la empinada montaña, se veían los almácigos retoñados y fértiles, como oscuras pecas intrusas sobre el terreno preparado para recuperar la producción.

Que calor, que color de paisaje, que olor revuelto con el cantar de algunas aves y el rumor de las aguas repetidas bajando de la montaña, para perderse abajo, muy abajo en esos abismos que como dijo alguien “cuando los miro detenidamente, a ratos parece que ellos me miraran”. Sólo hicimos unas pequeñas pausas para tumbar ciruelas maduras de algunos árboles plantados al borde del camino, repletos del dulce fruto y seguir adelante.

Habíamos ingresado a la vereda Morro Plancho” donde creímos encontrar una tienda para echarle algo diferente a agua a nuestras resecas gargantas, pero estaba cerrada y siga adelante, devorando las mandarinas y las granadillas que nos carga Zuluaga, mientras aparece el desquite en la ruta, la cual nos trajo tres jovencitas que armadas de bolígrafo y porta planillas, así como sus escarapelas y chalecos distintivos, hacían un censo para el Sisben en la región y ordenado por el Municipio de Santa Bárbara, el cual no habíamos abandonado no obstante nuestro aplastante paso, pero que también nos indicaba que teníamos a Fredonia nuestro destino final, “más o menos cerca”.

Al golpe de las 12 m. en nuestros relojes, Zuluaga da la orden de entonar el Ave María, lo cual hicimos, no sin antes despojarnos de nuestra gorras y con toda seguridad hacerlo con fervor pidiendo a la Madre de Jesús, interceder ante su hijo por la salud de nuestro amigo, maestro, director y contertulio Juan Cristóbal Mejía Valderrama, quien se encuentra hospitalizado y algo delicado de salud, debido a un accidente que había sufrido dos días antes y a quien dedicamos cariñosamente esta exigente y soleada caminata.

Por fin abandonamos a Morro Plancho e ingresamos a la Vereda El Mango, donde el calor incrementaba su voltaje, el camino se empinaba y la caminata se tornaba mucho más exigente, situación que no fue óbice para mermar el paso, del cual en un momento afirmó Chema que “teníamos paso de perseguido”, situación que arranco risas, pero que también nos hizo pensar, que posiblemente nunca antes habíamos hecho un recorrido en forma tan pareja, rápida y sostenida.

Sudábamos a mares. Nuestras camisas escurrían y esa es la idea, pero bajo ninguna circunstancia bajábamos el ritmo y la guardia, pese a que en el talón de mi pié izquierdo sentía un ardor fastidioso e incómodo, anunciando la posibilidad de una ampolla.

Debo agregar, que a estas alturas, ya hacía rato que el Municipio de Fredonia se veía a la distancia. Parecía una manchita blanca que interrumpía el paisaje de montaña, ese que artísticamente enmarcado por los Cerros Combia y Cerro Bravo, imponente y desafiante como siempre, nos mostraba esa acuarela de colores que sólo sabe pintar el Creador.

De pronto, nuestra atención fue desviada por un sencillo aviso publicitario sobre la tapia de una casa, indicándonos la existencia de una tienda, la cual estaba cerrada, no obstante su propietaria en la ventana contigua, se asomaba a ofrecernos su servicio , el mismo que nos brindó muy amablemente, al tiempo que nos indicaba que Fredonia estaba más o menos a una hora, mientras un parroquiano allí presente hablaba de dos horas y media, es decir, mejor nunca creerle a nadie y esperar lo que digan nuestros pasos.

Con los alientos refrescados por las frías bebidas consumidas y despedidos de la amble y muy bonita señora la cual estoy seguro y me imagino, habría impresionado muy gratamente a “alguno” de nuestros compañeros ausentes y cuyo nombre no quiero decirlo, continuamos nuestra marcha a paso de perseguido como afirmaba el poeta Chema, avanzando sobre el empedrado camino, mientras Fredonia parecía retroceder y de las casas salían perros a nuestro encuentro ladrando y pelando sus colmillos, situación que fue el común denominador durante todo el recorrido, de toda aquella ruta perruna con figura de purgatorio ante la alta temperatura.

A partir de allí y con Fredonia en frente de nuestros ojos, pero como que no se acercaba, con un camino al que lentamente le ganábamos grados a la inclinación, un sol que atormentaba nuestras espaldas y con el cansancio hospedado en nuestras piernas, cafetales rojos en su fruto y el bosque nativo que mostraba en algunos tramos las muestras de las infames quemas y uno que otro chorrito de agua sediento y que se resistía a secarse entre las piedras de su lecho, fuimos arrebatándole distancia a la lejanía.

Nos parecía mentira. Otra que coronamos afirmaba Zuluaga, mientras nos deslizábamos por esa empinada carretera que lleva a la “tierra de hombres libres” como se conoce la patria chica de Rodrigo Arenas Betancur y la cual servía por tercera vez casi sucesiva de llegada a los caminantes en las últimas salidas.

Todo muy familiar. Atrás y a borde de carretera había quedado esa cloaca de aguas negras que arrastra las inmundicias del pueblo y para satisfacción nuestra, ya no nos recibió en toda su entrada, esa nube de gallinazos quienes en un basurero improvisado por la mala educación y la falta de civismo de algunas personas, se peleaban los despojos comestibles de algún pelado hueso arrojado en el lugar y según describimos en reciente crónica.

Por fin, el encementado y adoquinado de las calles de Fredonia. Detuvimos el paso; dimos una mirada a las montañas cercanas, ensombrecidas por las organizadas filas de cafetos y encaminamos cayados al parque principal escogiendo la loma menos parada, ya que en este rico municipio se rueda una babosa, para entrar ante la mirada de los moradores, quienes no niegan un saludo al ambicionado parque.

Una visita al bonito templo de Santa Ana, donde soltamos la oración de gracias y la encimita por el amigo enfermo, para salir nuevamente al atrio donde Chema hacia funcionar el clic de su cámara, como lo hizo a lo largo del recorrido, plasmando con la misma, el infame y lamentable estado que presentan las esculturas “primíparas”, del Maestro Rodrigo Arenas Betancur, hijo dilecto de Fredonia “pintadas o patinadas” recientemente y hoy convertidas en el papel de esos vándalos canallas que no pierden oportunidad para dejar sus nombres, el de sus amores con burdos corazones o el de sus equipos de fútbol, como muestra fiel de la incultura que los caracteriza y acompaña.-

Duele ver tanta ignorancia, tanto desamor por el arte y por la memoria de nuestros artistas y nuestras tradiciones y pensamos que quien es capaz de rayar una obra de estas, es capaz de rayar el rostro de su propia madre.

Medio rengos por el esfuerzo, nos enflechamos sin pensarlo dos veces, al muy buen Restaurante Otra Parte, donde sentados a manteles fuimos atendidos por su propietaria, quien presta a despachar nuestros “limitados pedidos” al gusto de cada sediento caminante, ya que sólo nos provocaba bogar y bogar, con decir que ni siquiera fuimos capaces de dar cuenta de los “pandequesos”, escasos de queso, que nos habían sobrado en la mañana en el ya lejano “estadero” la última copa.

Satisfechos con los alimentos y bebidas consumidas nos vimos nuevamente en el parque del pueblo rumbo a la Terminal de Transporte, por fortuna todo en descenso; allí consumimos nuestra última bebida para abordar la buseta de Transportes Fredonia la misma que a buen ritmo y por la vía del café, sometida hoy a “mantenimiento y alta cirugía ingenieril” nos fue llevando al Valle del Aburrá custodiados en buen trecho del camino, por la mirada atenta de Cerro Bravo, ese referente que evoca para nosotros los caminantes, excelentes recuerdos y mejores esfuerzos y que fue quedando atrás como diciéndonos hasta pronto con la oscura pañoleta de la tupida vegetación que crece en su cima.

Hasta la próxima con el superior permiso y esperando contar por muchos años, con nuestro amigo Juan Cristóbal Mejía V. gozando de perfecta salud y como un fiel lector de nuestras crónicas y quien acostumbra dejarnos sus mensajes en nuestro blog, bajo el seudónimo de Herodes Neponte.

Juan Fernando Echeverri Calle (Juanfer)
Los Caminantes Todo Terreno –Medellín-
http://www.caminantestodoterreno.blogspot.com/

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En busca de la fuente de vida.

Como muchas veces ocurre, da la impresión que algunas cosas que se quiere hacer; algo o alguien, hacen hasta lo imposible para que no se puedan llevar a cabo.
Desde el mismo instante en que se supo del extravío del Padre Calixto en las montañas de El Retiro, a los T.Ts. se nos metió en la cabeza que ya que no pudimos contribuir en la búsqueda, por lo menos y cuando supimos que lo habían encontrado, que haríamos la misma ruta que él en su honor o por lo menos llegaríamos hasta el lugar en que lo encontraron.

El sábado siguiente a su localización, hicimos el recorrido que supuestamente él debió hacer para regresar a Envigado, bajando por El Salado. A la semana siguiente y fundamentados en la teoría de que el padre se extravió por ese mismo camino y tomó a la izquierda en un lugar de la ruta, quisimos buscar esa supuesta ruta, pero un aguacero de racamandaca esa madrugada me hizo desistir del asunto y mis compañeros se fueron a Fredonia por Piedra Verde. Luego decidimos que si había buen tiempo, un sábado de estos lo intentaríamos.

Hasta el Jueves 1 de Octubre, todo fue un hermoso y calcinante verano y como por algún motivo que no se entiende, el viernes llovió copiosamente en la tarde, lo mismo que en la noche al amanecer del sábado, pero ya estábamos jugados. Nos encontraríamos en la Estación Envigado del Metro a las 6.30 a.m.

Tempranito llegué al lugar y empecé la fila en las busetas alimentadoras que suben hasta Las Palmas que nos llevaría hasta el Alto del Escobero para meternos a la reserva forestal San Sebastián – La Castellana. Saldríamos a las 6.40 a.m.

A las 6.30 a.m. repica mi teléfono; era Zuluaga preguntando por Juanfer… Lo estaba esperando desde hacía rato y el Juancho no aparecía. Se va a buscarlo a la otra salida y menos, se vuelve a la otra y ahí si, después de que ya se fue la buseta, aparece Juanfer que hacía rato, desde adentro estaba de salida en salida buscando a Zuluaga… En esto ires y venires, Zuluaga botó el zurriago que le sirve de bastón y apoyo en los caminos. Todo se va dando como para que nos arrepintamos de ir a buscar la ruta del padre Calixto. Ahora a esperar la buseta de las 7.10 a.m.

Por fin nos vamos y como todo se estaba dando para que nada saliera como se debe, no nos fijamos bien y nos desmontamos de la buseta mucho más abajo del lugar indicado y por unos 20 minutos nos tocó subir la loma del Escobero a paso de vencedores. Llegamos al inicio del sendero; Zuluaga encontró un tronco de unos 10 cms de diámetro y metro y medio de largo al que adoptó de inmediato como bastón en son de chiste. Claro que de todos modos buscó uno que de verdad le sirviera, porque hace falta un punto extra de apoyo, sobre todo bajando por entre el monte. Como ya conocíamos esta parte del trayecto, pronto estábamos en la explanadita en que está el aviso que guía hacia la vereda Normandía y hacia Envigado. Es de anotar aquí que de nuevo nos encontramos un grupo de estudiantes de la Nacional, observando aves. Nos contaron que habían encontrado nuestro blog y leído algunas crónicas; como siempre Juanfer les encareció “dejar un mensajito”

La vez pasada, aunque sabíamos del camino, no caímos en cuenta de la bifurcación y muy orondos nos dejamos llevar por el sendero. Ya muy abajo supimos que íbamos rumbo a Envigado sin atenuantes. Esta vez yo había mirado bien el mapa de google earth y marcado la distancia desde el punto de partida, hasta el sendero hacia Normandía; 120 metros equivalentes a 160 de mis pasos. Incrédulos, Zuluaga y Juanfer me miraban contar los 160 pasos y justo ahí; 160 pasos y a la izquierda estaba el sendero a Normandía un poco tapado con rastrojo. Machete en mano lo rectifiqué y después de los parabienes y admiración de mis compañeros nos internamos rumbo a la vereda Normandía.

Como el terreno ya no es parte de la reserva ecológica San Sebastián – la Castellana, el camino es poco transitado y a la vez mejor conservado su entorno silvestre, aunque a veces medio desaparece entre el rastrojo. Claro que en la búsqueda del Padre Calixto, este fue uno de los rumbos que se pensó él tomó, por tanto en partes había todavía signos del paso de rescatistas, helicópteros, dada la gran cantidad de árboles y rastrojos derribados. También encontramos todavía algunos volantes informativos de los lanzados en procura de encontrar al sacerdote extraviado. En un momento dado, de nuevo se extravió el sendero; un claro en el bosque pero lleno de esa infamia que llaman “Chusco”, borró el rastro. A nuestra derecha lo encontramos de nuevo bajo un árbol que con sus ramas bajas y con seguridad por efecto del giro de las aspas de los helicópteros, lo habían tapado. Otra ración de machete y el camino abierto de nuevo.
Había plantas bajas de muchas especies, deleite para botánicos; hasta aquella que junto a las hermanas Echeverri buscamos en “El Capiro” pulula por estos lados. Árboles nativos, ni se diga. El sendero unas veces hacia arriba, otras hacia abajo, rumbo al sur, de pronto a occidente y en un momento hacia el norte desubica al más baquiano si no se tiene sentido de orientación y en algunos tramos de duda, una brújula. La certeza de que el sendero va por la cima de la montaña hacia el sur y mientras se mantenga definido, es prenda de seguridad.
Muy húmedo el follaje por las lluvias del día y la noche anterior, empapó nuestras ropas y el sudor también hacía su parte a pesar del frío reinante. Nuestro paso se veía interrumpido de tanto en tanto por las ramas atravesadas, pero “Merejo” se encargaba de abrir paso sin miramientos. Algo de lodo revuelto con hojarasca a veces también nos retrasaba algo, pero el sendero casi todo el tiempo fue muy definido, dado, pienso en que con toda seguridad estábamos transitando si no por un camino Prehispánico, por lo menos del tiempo de la Colonia.

Por largo rato seguimos esta ruta hasta que apareció un claro; era el final del camino por entre el bosque nativo y el comienzo del bosque cultivado; en esos momentos recién tumbado y con trabajos de resembrado. Total desolación y abajo una carretera. No deja de resentirse el corazón y la vista ante el Dantesco espectáculo. Y para colmo descubrir que la compañía maderera propietaria de los cultivos está arrasando y quemando poco a poco, aprovechando lo remoto del lugar, el bosque nativo para cultivar Pino “Pátula”. Tenemos las pruebas fotográficas.
Con dificultad logramos llegar a la carretera utilizada para sacar la madera del lugar y ahora si, por terreno conocido tomamos rumbo a la escuela de la vereda Normandía. A poco de andar nos alcanzó una motocicleta con dos muchachos trabajadores de la maderera que nos confirman lo que ya de varias maneras sabíamos; en esta zona no hay señal de celular, por lo que ni el Padre Calixto estuvo por aquí, ni nosotros nos habíamos podido comunicar con nadie, a pesar de varios intentos y ya me lo había dicho un amigo rescatista y caminante que ha estado en varias ocasiones por estos lados. Les preguntamos por la laguna y el lugar en que encontraron al padre; nos dieron las indicaciones del caso y siguieron su camino. Nosotros seguimos el nuestro y al rato de buscar la laguna, decidimos no perder tiempo en eso. Dimos vuelta y tomamos de nuevo hacia Normandía.

Enrutados de nuevo, al poco rato aparecen de entre el bosque de pinos un señor de bastante edad con 4 machetes en la mano y uno envainado; también un hombre, una mujer más jóvenes y un perro de raza indefinida. Saludamos y el primero que contestó fue el perro. Los otros también y ahí se inició un una conversación que duró bastante rato, porque con ellos conocimos muchos de los pormenores de la zona que nos intrigaban y que sería largo enumerar aquí. Lo importante era que conocían varios atajos para ahorrar camino por ser residentes desde hacía 9 meses en una de las casas que la compañía maderera tiene para sus trabajadores y sabían del sitio exacto en que encontraron al Padre Calixto. Eran esposos e iban a visitar a sus hijas y nietas en el Peñol. Nos acompañamos mientras conversábamos animadamente sobre cualquier cantidad de cosas posibles y compartimos agua y bocadillos camino a la cima y límites de la vereda Normandía y nada que llegábamos al sitio en que encontraron al Padre. Varias casitas ocupadas por trabajadores de la maderera están regadas a la largo de la vía y hasta escuela y colegio de bachillerato tienen por estos lados. En alguna de esas casitas estuve amaneciendo con mis compañeros de juventud hace como 40 años, cuando todos estos terrenos eran la granja experimental “Fizebad” de Everfit – Indulana y manadas de varias razas de ovejas pastaban en sus potreros.

Llegamos a los límites de la vereda Normandía y ya teníamos a la vista la represa de La Fe. El sitio en que encontraron al Padre Calixto no aparecía todavía y más era nuestra confusión. Todos los informes que conocíamos daban cuenta de que lo habían encontrado en dicha vereda, pero ya habíamos salido de ella. Don Miguel Valencia y su señora Emilsen María, como se llaman nuestros amables y conversadores acompañantes durante todo este tramo del camino, se prestaban a despedirse mientras nos indicaban que siguiendo la carretera, encontraríamos la cruz erigida para recordar el sitio en que fue hallado al Padre Calixto. Ellos seguirían por un camino que nosotros también recorrimos alguna vez rumbo al sitio “Carabanchel” en El Retiro. Mientras nos despedíamos y recibíamos instrucciones, encontramos a un joven de unos 30 años que con dos niños y una niña, como que esperaban a alguien. Lo mejor para romper el hielo es un Bombombun y los 4 lo aceptaron gustosos mientras nos presentábamos y les contábamos nuestra misión. Era Javier Botero, su hija y dos vecinitos. Un Javier Botero es igual a cualquier otro Javier Botero, pero cuando le contamos a éste nuestro propósito, pasó a ser un Javier Botero muy importante…
. Si claro, yo conozco el sitio en donde encontraron al padrecito… Yo fui el que lo encontró junto con unos compañeros de trabajo.
Al fin las cosas tomaban su rumbo previsto…

Muy lejos del lugar en que nosotros creíamos lo habían encontrado; a la vista de la represa de la Fe que el Padre confundió con una laguna, estaba la cruz en hierro forjado con su seudónimo: Calixto y unos números; 9 9 2009 correspondiente a la fecha en que fue encontrado, aunque casi con seguridad, el padre murió ese mismo domingo 6 de septiembre en la noche o la madrugada del lunes siguiente. Unas maticas de jardín, tratan de pelechar alrededor de la cruz.

Amablemente Javier nos contó los pormenores de todo el suceso, incluidos los desagradables de sentir que después de la labor cumplida se sugiriera que por haberlo encontrado tan rápido (3 días con sus noches) a lo mejor era que ellos lo habían empujado al precipicio…

Qué bien sé yo la fonte que mana y corre,

aunque es de noche.

Le manifestamos a Javier nuestro deseo de ir hasta el sitio en que lo encontraron y aceptó gustoso. Nos metimos monte arriba bordeando y vadeando un arroyito que cantaba de peña en peña bajando sin prisa.


1. Aquella eterna fonte está escondida,

que bien sé yo do tiene su manida,

aunque es de noche.

2. Su origen no lo sé, pues no le tiene,

mas sé que todo origen de ella tiene,

aunque es de noche.


Por entre la vegetación a orillas de la quebradita y bajo la sombra de frondosos árboles, con dificultad avanzamos unos 100, 150 metros por entre peñas, musgos, helechos, palmichos y árboles caídos; por donde ya los rescatistas primero y luego los muchos visitantes han ido construyendo un camino.

3. Sé que no puede ser cosa tan bella,

y que cielos y tierra beben de ella,

aunque es de noche.

4. Bien sé que suelo en ella no se halla,

y que ninguno puede vadealla,

aunque es de noche.


Con gran dificultad llegamos al sitio; fresco, sombreado, oculto, casi místico… Los árboles circundantes forman una bóveda verde sobre dos paredes verticales de roca formando un ángulo; hay un tronco añoso atravesado entre el barranco y una de las paredes. Muchas piedras filosas en el suelo. El agua baja abrazada a unas raíces por entre las rocas y se detiene por un instante sin ruido, sin afanes, en un pozo en el que también caen las hojas. Es limpia, cristalina.


5. Su claridad nunca es oscurecida,

y sé que toda luz de ella es venida,

aunque es de noche.

6. Sé ser tan caudalosos sus corrientes;

que infiernos, cielos riegan y las gentes,

aunque es de noche.


Una gesta nos contó Javier. La del Padre Calixto buscando la fuente de la vida eterna y encontrándola justo aquí; en el silencio de la noche, en la paz de la montaña, en las entrañas de la Madre naturaleza.
Sólo un loco o un místico hubieran tomado la decisión de recorrer aquel sendero agreste que recorrió él ese domingo.
Sólo alguien buscando algo definitivo se hubiera atrevido a desafiar sus propias limitaciones sin medir las consecuencias de sus actos.


7. El corriente que nace de esta fuente

bien sé que es tan capaz y omnipotente,

aunque es de noche.

8. El corriente que de estas dos procede

sé que ninguna de ellas le precede,

aunque es de noche.


El padre Calixto no estaba loco, pero era un místico imbuido en el amor al creador y sus manifestaciones, y estaba buscando la fuente de la vida eterna.

10. Aquí se está llamando a las criaturas,

y de esta agua se hartan, aunque a oscuras

porque es de noche.

11. Aquesta viva fuente que deseo,

en este pan de vida yo la veo,

aunque es de noche.

La encontró en una noche, como su amado San Juan de la Cruz en ese hermoso poema que recitó y explicó él, el 1 de Septiembre en Televida.

Otra gesta nos contó Javier; la de los humildes peones de una compañía maderera que hicieron lo que no pudieron más de 400 rescatistas de la policía, el ejército y civiles: Encontrarlo luego de tres angustiosos días con sus noches en ese hermoso lugar, en medio de la naturaleza que tanto amaba.

Como epílogo a todo suceso, siempre algo nos llama la atención: Después de bajar de nuevo del sitio en que encontraron al Padre Calixto y despedirnos de Javier Botero, nuestro guía, y luego de reiniciar el camino hacia Carabanchel, una mirada hacia atrás nos revela a un nuevo caminante que nos pisaba los talones; un joven de unos 22 años que apoyado en dos bastones de bambú pronto nos dio alcance. Robert Escovar; Venezolano de padres colombianos, que ya entrado en materia nos contó que sin pensarlo y después de encontrar en nuestro blog la crónica de la anterior aventura por estos lados, decidió hacerla él también, con la salvedad que él siguió el sendero que nosotros abandonamos porque consideramos esa vez que nadie en sus cabales, con 79 años de vida y sin equipo adecuado, se atreviera a meterse por semejante camino tan peligroso. Nos contó que la primera parte del recorrido es de alto grado de dificultad, aunque después se desemboca en un bosque de pinos “Pátula” y el sendero te va llevando hasta salir a la carretera en los límites de la vereda Normandía. ¿Por qué se extravió entonces el Padre Calixto?

Entréme donde no supe:

y quedéme no sabiendo,

toda ciencia trascendiendo.

1. Yo no supe dónde estaba,

pero, cuando allí me vi,

sin saber dónde me estaba,

grandes cosas entendí;

no diré lo que sentí,

que me quedé no sabiendo,

toda ciencia trascendiendo.
San Juan de la Cruz(fragmento)


Agotadora, pero satisfactoria la jornada; a punto de cháchara y luego de despedir a Robert, terminamos de llegar hasta el ya próximo “Mall de Carabanchel” y mientras nos refrescábamos y nos almorzábamos unos emparedados, cortesía de doña Carmecita de Zuluaga, nos hicimos llamar un taxi que nos llevara en volandas de nuevo a Medellín.

Padre Calixto:
Vos que encontraste la ruta a la fuente de la vida que tanto buscaste,
ayúdanos a no perder la nuestra por los caminos del señor.
Los TTs.
Luis Fernando Zuluaga
Juan Fernando Echeverri
José M. Ruiz.


Vea más fotos en el siguiente vínculo:
http://picasaweb.google.com/sietenpunto/AltoDelEscoberoCarabanchel#


Este poema de San Juan de la Cruz fue pronunciado y explicado por el padre Gustavo Vélez Calixto en su última eucaristía celebrada en Televida el martes 1 de septiembre de 2009, el martes anterior a su encuentro con el Padre Celestial. Aquí lo compartimos con ustedes.
(Tomado de la pág. web de Televida)

QUÉ BIEN SE YO LA FONTE QUE MANA Y CORRE

Qué bien sé yo la fonte que mana y corre,

aunque es de noche.

1. Aquella eterna fonte está escondida,

que bien sé yo do tiene su manida,

aunque es de noche.

2. Su origen no lo sé,

pues no le tiene,

mas sé que todo origen de ella tiene,

aunque es de noche.

3. Sé que no puede ser cosa tan bella,

y que cielos y tierra beben de ella,

aunque es de noche.

4. Bien sé que suelo en ella no se halla,

y que ninguno puede vadealla,

aunque es de noche.

5. Su claridad nunca es oscurecida,

y sé que toda luz de ella es venida,

aunque es de noche.

6. Sé ser tan caudalosos sus corrientes;

que infiernos, cielos riegan y las gentes,

aunque es de noche.

7. El corriente que nace de esta fuente

bien sé que es tan capaz y omnipotente,

aunque es de noche.

8. El corriente que de estas dos procede

sé que ninguna de ellas le precede,

aunque es de noche.

9. Aquesta eterna fonte está escondida

en este vivo pan por darnos vida,

aunque es de noche.

10. Aquí se está llamando a las criaturas,

y de esta agua se hartan, aunque a oscuras

porque es de noche.

11. Aquesta viva fuente que deseo,

en este pan de vida yo la veo,

aunque es de noche.