Cuarta caminata al parque Arví

Mil besos bajo la lluvia de sol en el Parque Arví

Advertencia: La Gladyz de esta crónica es con zeta, si señor,con zeta.

Durante toda la semana había circulado bajo la puerta un email con la invitación sabatina al Parque Arví – venía con la firma de Pericles y Zuluaguita - ¡Sello de Calidad!


Sabia y rica decisión – justo a las 8 y 15 de la mañana me apeaba del Metro en San Antonio. Las coordenadas coincidían con la Farmacia Pasteur. Muy puntuales los dos calidosos de arriba fueron apareciendo – el triple abrazo se escuchó 100 metros a la redonda. El día pintaba gris y lluvioso, razón por la cual la leída Elbacé y Grúa
Ltda optaron por seguir "reculando" en casa – muy pronto estábamos
llegando a la estación Acevedo.


Era un paisaje lunar – bajo las góndolas del Metrocable se extendía
el cielo infinito de techos de zinc y hojalata, encima de ellos los
adobes y piedras parecían describir las órbitas de miles y miles de
cometas, estrellas y meteoritos sin obedecer ninguna ley física,
solamente la de los vendavales y fuertes aguaceros – volábamos
justo encima de la comuna nororiental, allí donde a alguien, humano
además, se le ocurrió construir un Metrocable para integrar toda su
gente a la ciudad (a otro se le hubiera ocurrido levantar un muro).


La estación de Santo Domingo nos despidió con un desayuno muy light – por eso muy pronto estábamos levitando sobre el hermoso tapete verde del parque Arví – la neblina era densa, lo acariciaba todo….como se acariciaban ese par de tortolitos que nos tocó por compañía en la góndola…..eran Gladyz y Alexander – líderes comunales, trabajadores de RECUPERAR y veedores del presupuesto para obras públicas de Santo Domingo y sus alrededores. Los invitamos a caminar con nosotros…..y ellos gustosos se pusieron a la par.


Ellos eran el fiel reflejo de la felicidad – tal como lo escribiera
Tomás Carrasquilla, cuyas letras honran la estación del Metro. Felices los cinco caminantes muy pronto nos fuimos sumergiendo en los bellos senderos prehispánicos del parque Arví. Mientras JuanFer nos iba explicando con todo detalle, la
pareja comunal se deshacía en besos y caricias detrás de cada arbolito que encontraban! Era entonces cuando Pericles los regañaba para que apuraran el paso y Gladyz no se fumara otro cigarrillito – amén de la cervecita y uno que otro aguardientico para amainar el frío.


Con cada paso la Madre Naturaleza nos maravillaba con todo su
esplendor, los rayos del sol se filtraban por entre el follaje confirmando el
pronóstico de JuanFer de que no caería una sola gota de agua hasta
después de las ¡5 y 35 de la tarde! – la gama de verdes era
impresionante.


A un costado del camino aparecieron las viejas ruinas de una escuela, inmediatamente
nuestros corazones se trasladaron a aquellos tiempos de tiza y pizarrón, a los de la canción Camino Viejo…….¡rumbo a la escuela de Doña Inés! También nos encontramos con el típico horno campesino para hacer carbón de madera, fue entonces cuando Zuluaguita se deleitó en explicaciones para la joven pareja de Gladyz y Alexander
La caminada era suave y sin apuro alguno, era un dulce paseo en abrazo con la Naturaleza misma.

Tan embelesados estábamos que casi no escuchamos el
repique de La Coneja llamando desde los "estates unidos" – fue
un placer escucharla, todo un sentido homenaje a tan "fiel
roedora" – ¡Sus orejotas peludas nos calentaron el alma!


Doquiera que miráramos, todos los senderos eran hermosos –
caminos de piedra, el humedal, la laguna, las alfombras de
musgo, el bosque, los altos pinos - decidimos entonces tomar el
sendero de La Flora, rumbo al Núcleo de El Tambo – de paso
pudimos apreciar la construcción de la futura sede de los carabineros y algunas tienditas del camino, en las que vendían dulce de vitoria con quesito - después de un buen rato llegó la hora del almuerzo, eso sí, ¡con un brindis primero!


Rumbo a El Tambo confirmábamos en cada paso la calidad de Gladyz y Alexander; llevaban tatuados en toda la piel todo el sentimiento y las ganas por su barrio, por su Guadalupe, por su Santo Domingo, por su Sierra, por su Enciso, por su comuna – Nos enseñaron lo emprendedores que eran con toda su gente, nos enseñaron del trabajo pulcro, honesto, sencillo y constante, nos enseñaron su lenguaje "siniestro" lleno de frases, vocablos y verbos raros: Pirobos, carteliar, banderiar, qué chimba parce, entonces que go….nea, y mil palabras más, todas terminadas en ! ulo y nea ! – Nos enseñaron que la gente de Medellín no somos solamente los que vivimos en El Poblado, Belén, La América o en Laureles ¡Somos todos!

El parque Arví sólo fue un pretexto de Dios, para que en esta sabatina caminada nos
encontráramos a nosotros mismos, y en ella la bendición de haber conocido una pareja de amigos ¡tan sencilla, tan honesta y tan orgullosa de sus valores!


Las inmensas piedras de cuarzo que nos recibieron a la entrada del parque, dan testimonio y fe pública, cual Notaría de Teodolindo, de la férrea y pétrea voluntad de esta bella tierra Antioqueña, a pesar de la inmensa problemática y grandes vicisitudes (busque el diccionario).


Finalmente El Tambo fue testigo de esta bella caminada, rematamos con un aguardientico, nos dimos un fuerte abrazo de despedida y me quedé con la alegría inmensa de haberles regalado a Gladyz y Alexander, a nombre de los TTs, una camiseta y La Virgen bendita de Fátima en Portugal – Ellos nos enseñaron con su liderazgo y veeduría de 6 años, que no sienten miedo alguno por su labor, que ¡Todos en Medellín somos comuna! y que como tal, pertenecemos a
alguna de ellas – ubíquese en el mapa de abajo, aterrice, por favor.



Definitivamente ¡Caminada pa´bella! ¡Naturaleza con todo su verdor!

Aprendimos muchas cosas inter-comunas – ellos nos hablaron de sus barrios, nosotros les hablamos de nuestras caminadas y tertulias, ellos le pidieron un hijo a Dios, nosotros les cantamos a todo pulmón, medio serio, medio en broma:

¡Será varón, será mujer….lo que Dios quiera como la primera vez!
Y si es varón….será varón,
Y si es mujer….será mujer,
Y si es un gay...Que sea gay, como la madre que le dio todo su ser!

Además de la pareja de marras, pudimos conocer gente muy querida, como la señora Beatriz, de la Cámara de Comercio, quien en compañía de su familia y dos amigos de España y Estados Unidos, brincó de alegría cuando reconoció a los TTs y se llevó sendos correos autografiados – Pero la verdad sea dicha, la gente más querida de toda la caminada fue sin duda alguna, aquella familia que nos prestó el baño de afán, cuando Gladyz "yacía" en gárgaras y la boca le sabia a "champaña"…!!!


FELIZ DIA / KURDO – Octubre 30/2010

CAMINATA II PARQUE ARVÍ SENDERO ARROYUELO

Borrachera de Belleza…pero…

Sábado 23 de octubre de 2010. Colgando del mismo cable pero en otra góndola, bajo el mismo cielo pero con otra cara y con el mismo paisaje en otro tono, los Caminantes Todo Terreno, Luis Fernando Zuluaga Zuluaga y Juan Fernando Echeverri Calle, quienes dijimos “presente” al compromiso y ante ausencias obligadas de nuestro compañeros; enamorados de la hermosura y belleza del Parque Arví, ese que hoy se levanta en Santa Elena, con sus 1.171 hectáreas, quisimos repetir el recorrido de octubre 2, pero bajo otros caminos e intereses.

Habíamos salido desde la estación San Antonio de nuestro querido Metro, ese que a muchos les levanta celos enfermizos, que uno lo quiera de igual manera, como si eso hiciese daño, según nos comenta nuestro amigo Jealbo, quien no tolera que le menosprecien al orgulloso quinceañero, independiente si es grande, pequeño, moderno, lento o rápido…Es nuestro, nos llena de orgullo, a nosotros sirve y por eso lo queremos….lo demás son cuentos sin asidero.


Llegamos a la Estación Acevedo y allí abordamos la línea “J” del Metro (Cable), para dirigirnos hasta Santo Domingo, dónde siendo las 9:05 am. El cable entra en funcionamiento, lo cual Zuluaguita, convertido en fotógrafo, hacía funcionar su cámara para plasmar otros planos del paisaje, con la ciudad al fondo, la biblioteca España en primer plano y las techumbres de Santo Domingo enmarcando todo, mientras avanzábamos en la fila.

Apresurados abordamos la góndola o cabina, que ya estaba bastante avanzada sobre el espacio asignado para tal fin y por poco caemos encima de dos agraciadas niñas que viajaban en ella. Saludamos e inmediatamente y por sus uniformes, vimos que eran empleadas del Área Metropolitana y su función, Guías de Turismo.

Eran ellas, Mildrey y Yesenia con quienes luego de romper el hielo y vencer nuestra timidez, iniciamos un diálogo de nunca acabar. Efectivamente prestan su servicio allá en la estación Arví, conocen su bonito oficio como nadie y nos fueron muy útiles ya que con su conocimiento, recomendaciones y experiencia, armamos nuestra caminata desde antes de llegar a la estación final. Que bonita misión y oficio el de estas niñas, no me canso de repetir y hasta las envidio.


Nos bajamos de la cabina, recorrimos con ellas unos trescientos metros, nos tomamos la foto de rigor y despedidos de tan agradables niñas, tomamos el mismo rumbo empleado en la salida de octubre 2, es decir hacia el sitio donde se construye la base de Carabineros, la cual pasamos entre charcos y pantanos, acompañados de un ambiente frío y un cielo que amenazaba lluvia.


Como nosotros no salimos a sufrir, según ha afirmado siempre el buenazo de Zuluaga, buscamos un desayunadero y lo encontramos: Restaurante Polo a Tierra, donde pedimos dos tazas de chocolate caliente y seis empanadas. Sin exagerar, el chocolate más maluco y aguado que he probado en mi vida y las empanadas, las cuales tenía forma como de castañuela, eran con derecho a reclamo si uno les encontraba un tris de carne.


Mucho visitante para la hora, mucho turismo que hacía calistenia en grupos y a mano izquierda, el hermoso aviso de señalización, indicando la ruta a seguir para el Sendero Ecológico El Arroyo, el cual tomamos sin hacernos rogar y previa toma de fotos por parte de Zuluaga.

Un camino en tierra y piedra, bien tenido, con algún descenso y que poco a poco nos fue metiendo en medio de una espesura baja y hermosa, esa que reemplazó un bosque existente en otra época y hoy talado para dar paso al helecho marranero, al sarro común, sarro amarillo, sarro rojo y al fastidioso y chuzudo chusque (no chusco como erradamente lo hemos llamado en otras crónicas”, entre otras especies tan propias de estas regiones y climas.


Pronto aparecieron los primeros pinares interrumpidos por hondonadas del camino, hermosa y artísticamente adaptadas al paso del caminante mediante puentes, escalas y terraplenes en tierra y piedra, con pasamanos de madera inmunizada, la misma que se utiliza para las señalizaciones, combinada artísticamente con láminas de metal, en las cuales y a manera de un “daguerrotipo”, se pueden ver fotos de las especies más representativas, sus nombres científicos y vulgares y breve reseña, así como mapas e indicadores de dirección sobre el camino.


Que descreste es este Parque Arví y que inversión la que se hace para el servicio futuro de una comunidad, calidad de vida, cantera turística, reserva ecológica, pero…el pero sigue. Era tal la belleza de lo que íbamos lentamente recorriendo y admirando, que llegó un momento, en que los amigos caminantes tuvimos una sana discusión sobre cuál caminata era más hermosa, ésta o la realizada en octubre 2, pero ante la barrera de los gustos y lo inútil de comparar dos gotas de agua, cedimos la razón a la belleza generalizada y punto.

Arrayanes, pino ciprés, pátula, sietecueros, encenillos, chagualos, yarumos, mano de oso, drágos y otras muchas especies, enmarcaron nuestro recorrido, el cual siempre hicimos por ese bonito camino tan bien demarcado y que se metía a ratos entre bosque para volver a salir a claros. Hasta un calvario sin nombre y sin fecha, nos regaló el camino…supusimos era del soldado o el caminante desconocido.


Prácticamente todo el recorrido lo hicimos acompañados por la cristalinas aguas del “Arroyo”, ese que garrulo y saltarín dejaba escapar sus melodías líquidas para acaricia nuestros oídos. Extrañamos la presencia de aves, uno que otro pinche, algún cucarachero (ruiseñor), tórtolas, torcazas y una soledad pichona…y el encuentro con Don Miguel Angel Vanegas Gutierrez, un viejo campesino que habita en una finca allá entre el bosque, poseedor de nueva cuadras de tierra y quien con su hermano, se cansó de sembrar hortalizas y legumbres, ya que el costo de los insumos y la dificultad de venderlos a un precio que justifique, les arrojaba sólo pérdidas y trabajo.


Por eso se dedicaron a quemar carbón y allí conocimos los quemaderos y a hacer trabajos dos o tres días a la semana en fincas vecinas” y con eso vivimos” nos dijo como con cierto dejo de resignación Don Miguel Angel, quien además tiene una vaquita y un ternero para la lechita…Esa es la injusta situación de nuestros campesinos, en un país que se precia de ser agrícola.

Nos despedimos de Don Miguel Angel, con quien pudimos haber conversado todo un día y dos más y quien también nos comentó, que ellos en su tierra, la cual tienen hace 64 años, siempre disfrutaron de agua limpia y pura nacida en el lugar, pero que un día llegaron las EPM , enterraron unos tubos, pusieron una planta de bombeo y “purificación” y les llevaron otra conducción de agua a sus casas, pero al módico costo de $8.500.00 mensuales, platica que podrían emplear en otras cosas más necesarias, sabiendo que tenían agua su propia agua.

Estaba oscuro y frío el día, la lluvia cada segundo mostraba con su negro manto su presencia allá arriba, pero nada que se menguaba la belleza y las flores y el bosque cada vez con más orgullo parecían mostrar su estampa, esa que hará del Parque Arví, un santuario donde la naturaleza será un milagro repetido y ponderado no en vano, en cada amanecer y en cada anochecer.

¡Que verraquera y que piedra hombre Zuluaga! le dije a mi amigo caminante, mostrándole uno de los hermosos aviso de señalización del camino! Tiene que ser muy ignorante, pendejo, bruto además hijo de la gran puta de su madre, aquel que sea capaz de dañar ociosamente con una moneda o cualquier objeto, un aviso de estos y es que de verdad vimos varios rayados y como cosa rara, ninguno hablaba de “los del sur, o los del norte, la rexixtenxia…” es decir, hay idiotas más peligrosos y antisociales, que los de esas barras que sabemos.


En un determinado lugar el pantano se hizo abundante, parecía que el camino hacía esfuerzos por desaparecer a nuestros ojos, se bifurcó la vía y la señalización en medio de un pinar se limitó a estacones pequeños pintados con naranja fosforescente, los cuales fuimos siguiendo en el único acenso que hasta el momento nos había presentado el trayecto recorrido.


Llegamos a una pequeña mesetica y allí, dos enormes pinos y otro aviso de señalización mostrando sendero L a Flora como que nos hicieron aterrizar… ¿Dónde quedó el camino al Arroyo? Efectivamente habíamos perdido el camino. No obstante, quisimos concentrar toda nuestra atención en esos pinos del lugar, los más viejos, gruesos e imponentes que hemos conocido en nuestras vidas, con algo más de dos abarcaduras en sus troncos, lo cual aproveché para abrazarme a uno de ellos y compenetrarme con esa presencia tan hermosa, que me hizo recordar a Leticia allá en el Amazonas, donde los árboles son tan gigantes que brindan un espectáculo.

En medio de aquellos hermosos pinos sonó el celular de Zuluaga (que feo se escucha eso en medio de la naturaleza) y era nuestra caminante honoraria Gloria Muñoz desde los Estados Hundidos….Habló con Zuluaga y…se le acabaron los minutos”. No alcanzó ni un segundo para Juanfer…pero bueno, al fin y al cabo casi no escucho por esos aparatejos.

¿Seguimos a la Flora o nos devolvemos? preguntó Zuluaga. Nos devolvemos al Arroyo a buscar nuestro destino original y así lo hicimos. Habíamos perdido cerca de cuarenta minutos, o perdido no, caminado, y de no haber sido así, no habríamos conocido aquellos pinos.

Durante el retorno, divisamos a lo lejos un grupo de turistas dirigidos que gozaban del espectáculo del parque y sin mucha dificultad encontramos el camino, ese que siempre acompañado por El Arroyo, nos fue llevando hacia nuestro destino, todo envuelto en ese común denominador de belleza y naturaleza que sazonó nuestro recorrido, metro a metro y paso a paso, con esas obras que allí se adelantan: Ojos de agua, jardines, puentes, terraplenes, pasamanos, muros, caminos, terrazas, como también nos tocó enfrentar canalones y subidas empinadas en barro amarillo, lisas a morir y exigentes para la marcha.

A nuestro paso y utilizando los cobertizos que se han hecho para el turismo, nos encontramos unos 200 agentes de nuestra policía, quienes con toda su dotación y con sus caras pintadas en negro y verde, como listos para el combate, hacían ejercicios de supervivencia y entrenamiento especial . Por prudencia y respeto, nos abstuvimos de sacarles una foto que hubiera sido lo propio para engalanar la crónicas, pero…tate, tate folloncicos que no me serás tomada.


Por fin y luego de habernos encontrado en uno de estos “deslizaderos” con un grupito de cuatro muchachos y una joven muy bonita, quienes se aventuraron por el lugar y haber conocido la quebrada Mata Sano, a la cual desemboca El Arroyo y ésta a la Santa Elena, llegamos a la carretera en plena salida al Parque de Piedras Blancas, donde se abría el paisaje por encima de los pinares, mostrando un cielo gris y negro y a los empleados del Área Metropolitana que se dedican a sus labores de guías, limpieza y ordenamiento y al frente, descendiendo a toda velocidad, la Santa Elena, llevando las aguas del Arroyo y de la Matasanos, para alejarse hacia abajo en medio de árboles y paisaje.

Esas aguas, medianamente cristalinas, forman los baños o charcos que pueden ser utilizados por bañistas, creo que venidos de alguno de los polos, así como rápidos y el Salto Clarín, el cual espumoso y con su cantar garrulo sobre el pentagrama de natura y en clave de sol y debidamente afinado por la mano de Pan, presenta ante los ojos y oídos del visitante un hermoso espectáculo, matizado todo con esas grandes piedras de cuarzo blanco, tan común en la región y que son un verdadero adorno en donde se les ubique o se encuentren.


Empezaron a caer las primeras gotas de lluvia y los caminantes a llover ideas: Vamos para el mundial de patinaje en Guarne, o nos vamos para Medellín…No hombre, busquemos un almorzadero…Y dicho y hecho, ahí mismito teníamos el Estadero y restaurante El Tambo, de gran tradición en la región, donde sentados en tablas de pino, finamente barnizado y formando un mueble en “U”, “despachamos” como haciendo un favorcito dos tremendas bandejas con chicharrón de cuarenta y siete patas, banca de músicos y derecho a reclamo si la garra no se va solita...

Claro que ese “despachamos” es un decir y una ilusión, ya que Zuluaguita no pudo con el 80% del seco y el “sustecliante”, alguna cosita dejó ahí pegada del plato, ya que si nos cabía un tinto, no nos cabía el azúcar…y es que nosotros no salimos a sufrir, frase ya muy propia de los Todo Terreno y acuñada hace muchas caminatas por el Zuluaga.

“A ver hombre, esta temprano dijo Zuluaga y esta hermosura hay que aprovecharla”, busquemos la salida a La Flora y recorramos el sendero hasta carabineros…” No hermanito le dije, quedé hasta Aburrido con ese almuerzote y sabiendo que estamos aquí en Medallito…me dieron como ganas de nietos…

Entonces en medio de una llovizna bogotana y en ascenso fuerte, recorrimos los quinientos metros que nos separaban de la estación de la línea “J” y nuevamente con nuestros cayados virtuales, esos que se apoyan en el aire, volamos rumbo a Santo Domingo acompañados por esa vista impresionante, donde la naturaleza se confunde sin mezclarse, con la miseria de las invasiones, la pobreza que se sacude y mejora en esa gran barriada de gente buena y trabajadora que transpira esperanza y en esa gran ciudad que abajo, emparamada y medio perdida entre la niebla, es una aventura moderna y abigarrada donde todo puede suceder.

A bordo de nuestro querido Metro Los Caminantes Todo Terreno, deshicimos nuestros pasos para volver a casa, maravillados con toda esa belleza que se tiene en las montañas de Medellín y que ni se sospecha…Ese Parque Arví, toda una gran maravilla ecológica y de turismo, pero…que sigue conservando el pero a partir de lo social.

Hasta la próxima con el superior permiso, posiblemente a repetir con el Parque Arví, ya que su repertorio es grande e interminable y posiblemente con la compañía de nuestro amigo Julio Vélez A. quien ya ha caminado con nosotros y a quien hemos invitado.

Juan Fernando Echeverri Calle.

CAMINATA POR EL PARQUE ARVÍ

ARVÍ. Reserva ecológica, histórica, cultural y turística, pero…

Sábado 2 de octubre de 2010, 7 y 30 am, estación San Antonio de nuestro Metro. Una mañana fría, opaca, pero que no dejaba de ser hermosa y que sirvió para que los integrantes de Los Caminantes Todo Terreno: Luis Fernando Zuluaga Zuluaga y Juan Fernando Echeverri Calle, quienes dijimos presente a esta nueva cita, nos encontramos para abordar nuestro quinceañero gusanito, el cual, en “menos de lo que demora un ñato en persignarse”, nos llevó hasta la estación Acevedo, en ese viaje bonito y variado, mezcla de opulencia y de pobreza.

Allí nos apeamos para hacerle fila a la línea “K” del sistema, es decir al Metrocable, e instalados en una cualquiera de las góndolas, cruzamos por los aires ese espacio que nos llevaría hasta Santo Domingo, en medio de un paisaje esplendoroso y lleno de contrastes, que se extendía en medio de la niebla que ya empezaba a cederle espacio a los primeros rayos del sol, antojado de disfrutar de la antesala de nuestra caminata.

Llegamos a la estación Santo Domingo, pero como apenas eran las 8:10 am y nuestro destino era El Parque Arví, utilizando la continuación del cable y que sólo empieza a funcionar a las 9.00 am. salimos los dos fieles caminantes a dar un paseo por el barrio, el cual cada que uno lo visita le encuentra nuevas mejoras, progreso y ganas de salir adelante, gracias a la inversión que en el mismo se ha hecho y a la calidad de sus habitantes.

Santo Domingo, coronado y dominado por la Biblioteca España, es a esa hora un hervidero de gente que se apresta a sus labores y que con afán busca su medio de transporte para desplazarse a sus empresas, no sin antes darles a los caminantes un saludo o una mirada, mezcla de curiosidad y simpatía. El clic de la cámara de Zuluaga rozó con su flash la tranquilidad del ambiente, para ir plasmando en fotos lo que estábamos apreciando.


Posamos y nos posó la ciudad a lo lejos. Nos posaron la biblioteca, el paisaje y el entorno del barrio. Recorrimos las estrechas calles, tuvimos algún contacto con algunos moradores y descargamos nuestros pasos en La panadería Santo Domingo, para tomar un post desayuno consistente en gaseosa con pan de queso para el fotógrafo y el mismo menú para el sustecliante, pero con yogurt. Consumidas estas sencillas viandas y siendo las 8:55 am le hicimos fila a la lina “K”, para ahora sí, dirigirnos a nuestro destino: EL PARQUE ARVI.


Que derroche de naturaleza desde las alturas en un viaje hermoso, matizado por la presencia de unas colegialas que iban de paseo y que nos tocaron como compañeras de góndola. Atrás la ciudad medio brumosa que se hacía más chiquita, abajo las últimas casitas que interrumpían el verdor del paisaje y arriba el firmamento envuelto en fina lana nubosa y demarcado en su parte inferior por la montaña, esa que se oscurecía en su verdor ante los inmensos pinares que cubren el Parque Arví que a lo lejos ya se dejaba ver ante nuestros ojos.

Nos bajamos en la estación al final del recorrido y allí mismo pudimos ver, palpar y comprobar, la promoción que se hace con este proyecto de reserva ecológica y turística para Medellín, ubicada en el corregimiento de Santa Elena, tierra de nuestros silleteros.


Fuimos recibidos por guías que repiten sin cesar la historia y futuro del proyecto. Regalan mapas y folletos y explican los programas futuros, esos que sin lugar a dudas harán las delicias de los visitantes, ya que recorriendo los múltiples senderos y el camino prehispánico, a caballo, a pie o en bicicleta, todo ello adobado con casetas, sitios de descanso familiar, fogones al aire libre, juegos infantiles, comedores, jardines y sitios de reposo, serán un referente de la ciudad desconocida, esa que se agazapa callada allá en las alturas del oriente y por donde cada mañana se asoma el sol que se desparrama sobre el Valle del Aburrá, repartiendo su luz y su calor gratuitamente.


Ojeando una de las guías turísticas pudimos ver como sitio de atractivo la Laguna de Guarne y su humedal (realmente pertenecen a Medellín allá en Santa Elena) e inmediatamente le dije a Zuluaga: “Hermano, vámonos para la laguna, que hace años de los años que la conocí y nunca más he vuelto”. Listo responde mi compañero y nos lanzamos a la carreterita muy bien pavimentada, que conduce a la misma y según indicaciones que nos dio un vigilante del lugar.

Hacía frío realmente, el cielo se oscurecía a cada paso y el paisaje repleto de naturaleza a lado y lado de la vía, no perdía sus encantos. Pudimos ver la infraestructura que se viene instalando en el parque, las mejoras y la construcción que se levanta en lo que será un comando para los Carabineros con el fin de garantizar la seguridad de los visitantes.


Poderosamente nos llamó la atención, la cantidad de senderos ecológicos en piedra que se desprenden de la vía, los cuales tienen su nombre y excelente señalización. Mientras avanzábamos el pavimento se iba perdiendo hasta que quedamos en terreno destapado, algo pantanoso y con las primeras gotas de una fina llovizna sobre nosotros. El frío arreciaba sobre nuestros cuerpos.


Algunas aves hacían compañía a nuestra soledad, hasta que alcanzamos a un parroquiano, el cual venía en la misma ruta que nosotros y a quien lo estaba esperando otro señor más adelante. Como somos medio tímidos y complicados para hacer amistades (nos parecemos a la desaparecida SAM que hacía amigos volando), inmediatamente les pusimos conversación. Resulta que se trataba de dos cuñados, cuyas familias siempre vivieron por aquellos parajes, poseedores de alguna tierra más adelante y donde tienen sus casas.

Eran ellos el Ingeniero Forestal Braulio Gutierrez y el Señor Gustavo Gil, jubilado y hombre de mil batallas, verdaderas cajas de música y quienes en un abrir y cerrar de paginas nos relataron toda la historia de la región y de sus familias.


En pocos minutos estábamos ingresando a la propiedad de estos amigos. Un jardín en medio de jardines y pinares, dominado por dos casas: una de material y otra de madera de pino, tipo chalet suizo, a punto de ser terminada y la cual arrancó nuestras exclamaciones ante tanta belleza y ante la paz que se respira en este paraíso de nunca imaginar.



Nos invitaron a ingresar, nos presentaron a “Lucho” quien obra como encargado y celador de las propiedades tomamos tintico, botamos corriente y en medio de un aguacero que se estrellaba contra nuestras capas, seguimos nuestro camino, con la compañía de Don Gustavo, quien nos acompañó en un corto trayecto, para indicarnos el camino a los nuevos senderos de piedra y a la laguna de Guarne y el humedal, despidiéndose de nosotros e invitándonos a volver con todo el grupo de caminantes.

Que belleza de paisaje y ya nos había dicho Don Gustavo, “suban para que vean lo que se está haciendo y que no verán en ninguna otra parte”. El silencio fue golpeado por voces y risas…Efectivamente en una pequeña curva, alcanzamos a ver un grupo de personas, quienes lideradas por un guía de esos que tiene la Fundación Parque Arví, hacían el recorrido.


Alcanzamos el grupo y en un instante ya hacíamos parte del mismo y con quienes compartimos experiencias y vivencias. Estábamos en el mismito sendero prehispánico, ese que construyeron nuestros aborígenes antes del “gran raponazo”, hecho en piedra escogida y finamente pulida y tejida, para que sirviera como medio de transporte de sus mercancías (sal, mantas, frutas, productos agrícolas) y que se extendía hasta San Antonio de Prado, Aguas Frías, Alta Vista, Santa Fe de Antioquia, Urabá y de los cuales lamentablemente poco queda gracias a nuestra incultura e indolencia ante nuestra historia.

Ruinas, sí, ruinas de una escuela y un pequeño poblado con su iglesita…”esas ruinas presencia viva de un pasado que nos enseña nuestra historia”.

Sorprende ver y conocer esos muros de piedra, que bordeaban y bordean el camino y que luego sirvieron para separar las encomiendas y hoy son linderos de las diferentes propiedades. Vetustos, ennegrecidos por la humedad, recubiertos de musgos y reconstruidos a tramos con barro cemento, como un maquillaje según afirmaba Zuluaguita, quien gozaba de lo lindo con su cámara atento todo para sacar sus vistas.


Los ojos de agua, rodeados de bromelias (cardos) , pequeñas cascadas encauzadas en piedra y que se desprenden de lo alto, los pinos, los robles, siete cueros, chingalé, canelos, pájaros, algunas casitas saltonas y como un espejismo el humedal, una especie de sembrado de arroz del tamaño de dos estadios, refugio de fauna y reserva acuífera.

Al frente, unos pasos más allá, la Laguna de Guarne, especie de apéndice muto del humedal, rebosante de agua hasta sus máximo nivel, bien conservada por sus dolientes: Metro de Medellín, Municipio de Medellín y Cornare, ya que estuvo a punto de desaparecer.


En compañía de los paseantes que nos encontramos, recorrimos el lugar, compartimos impresiones, fuimos condecorados por los guías con manillas de “El Parque Arví” y nos despedimos para retornar a nuestro sitio de origen y con miras a seguir rumbo al Parque de Santa Elena, separado unos 9 kilómetros de distancia.

Hacia buen rato que la lluvia había cesado, sólo unas pequeñas e intermitentes gotas que caían sobre nuestros rostros nos recordaban la misma. A paso sostenido y por esa carretera tan conocida por nosotros, en medio de naturaleza, flores, hermosas fincas, estaderos y presencia silletera fuimos logrando nuestro objetivo y repasando esas obras y trabajos que se adelantan en aquel pulmón verde que se le hace a Medellín.

El Parque Arví, reserva ecológica, arqueológica, histórica y cultural…pero….sí, no falta el pero. Fueron frecuentes los pasacalles y avisos que nos encontramos en el camino: “Parque Arví, controla al visitante y atropella al habitante”. MDL – VM (Mesa de Desarrollo Local – Vereda Mazo). Sin lugar a dudas, este hermoso parque, arriesga a convertirse en esa chispa que encenderá la llama de protesta y que hará explotar esa bomba de tiempo que allí crece ante la inconformidad de los habitantes.

De acuerdo con el contacto que tuvimos con algunos moradores, no están de acuerdo con que sean carnetizados, y sus familiares y visitantes anunciados. No pueden vender sus propiedades a nadie diferente al Municipio de Medellín o a Cornare. No pueden construir. Les limitaron sus huertas y sembrados y se sienten encerrados. Manifiestan que son “campesinos, pero no bobos y no se dejarán sacar de allí o soltar sus tierras por cualquier miseria, ya que son propiedades que vienen heredando desde los tatarabuelos”.


Avanzaba el tiempo y con ellos los caminantes. Atrás había quedado Arví, su imponente portería, los parqueaderos, fogones, comedores, tiendas, el cable, los jardines, los senderos, los caminos de piedra, la laguna, el humedal, ese “club entrometido" en el paisaje y en la tranquilidad del corregimiento, la protesta de la gente, esa que crece en la vereda Piedras Blancas pero con mucho interés y presencia en Mazo.

Olor a humo y humedad, olor a chorizo, tamal, carne y a flores y ahí mismito el restaurante Montañita, sin lugar a dudas el preferido de los Todo Terreno y hacia el cual nos dirigimos con nuestra fatiga y nuestra hambre. Inmediatamente nos reconocen y salen las empleadas a recibirnos carta en mano.


Ordenamos una cerveza para Zuluaga y té para Juanfer y casi que automáticamente ordenamos el pedido: ¡Dos mondongos con todos los fierros! Y dicho y hecho, en pocos minutos estábamos los dos amigos encartados con tan deliciosas viandas las cuales no emitieron ni un quejido, ante el paso arrollador de nuestro apetito, al cual no le importa si nos hace daño con tantas ganas.

Pagamos la cuenta, pegamos una tandita de buena cachada mientras reposábamos los mondongos y levantamos morrales y cayados, para abordar una buseta de Santa Elena, que portando a los dos felices y orgullosos caminantes, arrancó rauda hacia la “Tacita de Plata” dejando atrás al hermoso corregimiento, ese que posiblemente cobre más vida y recobre inseguridad con el imponente Parque Arví, esa reserva ecológica, arqueológica, histórica y cultural……….pero

Hasta la próxima con el Superior Permiso.

Juan Fernando Echeverri Calle

Caminata El Carmen de Viboral - Marinilla

SOPA DE LEGUMBRES, HERVIDA EN CUATRO HORAS LARGAS

Como les parece, sábado 18 de septiembre de 2010, caminata con japiverdiañero a bordo. En efecto, Olayita, a quien no le cabe el Olaya, estaba de cumpleaños. Así que le firmó vale a las celebraciones familiares diurnas; eso si, las nocturnas no fueron perdonadas, se chantó su nueva cachucha Todo Terreno, y hágale

Allá en la esquina de siempre, donde comienza a estirarse el largo puente peatonal de la estación Caribe del metro, lo estábamos esperando agazapados para aplancharlo en coro con el primer “feliz cumpleaños amiguito, te desean los TeTesramo, que el recuerdo de este día…….bueno, ahora no digan que no se saben el resto. Josema era el único que se perdería la piñatapatoniada, debido a su poetizada agenda.

De una, y en mitad del puente, se entregaron las primeras “cuelgas”. Camiseta con el nombre de Colombia en letras de gran tamaño, la misma que se chantó encima de la otra, más una correa, de cuero y todo, número 38 largo, con la que no pudo hacer lo mismo por estrechez de los pasadores, pero ya vendrá el turno de estrenar. La restante cuelga será entregada directamente en el domicilio porque que encarte un tonel de vino a las espaldas.

Con tiquetes comprados para el Carmen y veinte minutos adicionales de regalo, pasamos a mostradores para pedir buñuelo o empanada entera, pues la ocasión lo ameritaba. Esas muchachas de la cafetería, que ya nos distinguen, nos saludan a boca rellena:

Oigan muchachos, estaban como muy perdidos
¿Y cuando nos van a invitar pues a una caminata?
¡Ustedes… si no!
Haber, ¿que les sirvo?

Tire empanadas a la jura como dice la pecosa Restrepo y chorree café en leche a la nata, dijo el Lobato.


Esa plataforma de lanzamiento está siendo remodelada, por lo que los plásticos verdes hacen las veces de pasillo de salida. Allí nos esperaba una buseta marca Asia, con un sistema panorámico de ventanillas al mejor estilo de bus de turismo europeo. Muy cumplido el conductor prendió el diesel a las 7 y 30 y a la lata pa´ l Carmen, en medio de una animada tertulia y con buena musiquita de fondo.


En una hora larguita cubrimos los 54 kilómetros que separan a Medellín con la tierra de la cerámica y la loza. La primera visita obligada es al templo principal, al cual le están engalanando la fachada. Un hermoso Cristo central y la Virgen del Carmen nos dan la bienvenida. Los vitrales, en buena cantidad, no deslumbran como en otras ocasiones, debido a que el día está opaco y con amagos de lluvia.


Una mirada al arborizado parque, a sus balcones y negocios, más un sorbo de esa calma pueblerina y a manteles en el restaurante La Frisolera, en donde ya casi completamos los diez bonos para reclamar un almuerzo gratis. Luego de póner las cachuchas en posición de descanso, quedamos en manos de las finas cejas de Andrea quien en forma rápida nos despacha el pedido que esta vez resultó bien fácil: tres hígados encebollados, unos huevos revueltos con hogao para el quinceañero, arepas compañeras y chocolate espumoso. Quesito cortesía de la casa, no más para Olayita.

A las 9 y 31 pusimos los relojes en cero, incluido el de la iglesia, que como cosa rara si funciona, y dimos el primer paso de los setenta veces siete hacia Marinilla. Leves goteritas caían por lo que Juanfer, el Max Echeverri del grupo, presagió la mojada, lo que obligó al Lobato a replicarle: ¿Mojada? espere y verá


Esa salida por las calles del Carmen se vuelve interesante, porque pasamos por el cementerio, el centro de acopio y el centro de convenciones, ¡Que creyeron pues! Carmelitanos por todas partes haciendo honor a sus cincuenta mil, según el último censo del DANE más una encimita nuestra, y perros, esos si, sin contadero.

Pronto estábamos en las afueras en donde localizamos la carretera veredal que nos llevaría hasta la autopista Medellín – Bogotá, la misma que la vez anterior equivocamos, por haber tomado un rumbo diferente que nos llevó a salsipuedes, y que por fortuna al final pudimos; es decir, que en ésta nos íbamos a sacar la espinita, y bien que lo hicimos con creces.


En las primeras de cambio supimos lo que el paisaje nos depararía. Cantidad y calidad de sembrados de hortalizas, verduras, papa, fríjol, maíz, mora y pepino de agua. Potreros en todos los tamaños y verdes.

Un valle extenso con algunas laderas, apropiado por innumerables casas campesinas en todas las tallas y colores, todas con su muestrario de canastas florecidas con besitos, begonias, novios, rosas, y claveles, apenas como para celebrar el día del amor y de amistad que también ese día llevábamos a cuestas.

Una hora de camino y nos encontramos una familia campesina sobre la portada de su casa, quienes se encargaron de mejorarnos la caminada, porque nos hicieron desviar por otro rumbo, mas largo que el previsto, pero con más campo y sin necesidad de caer a la autopista sino directamente al pueblo. Que alivio, porque esa terminada en la autopista nos representaba caminar por unos 40 minutos por la misma, con el consabido peligro. Como siempre tuvimos que decir: “se nos apareció La Milagrosa”.

Hablando de nuestra patrona, a estas alturas el cielo se había despejado, el sol montaba a caballito sobre nuestras espaldas y la temperatura subía como las acciones de Ecopetrol (compro la que sobre) razón por la cual el bloqueador no se hizo esperar y brilló por su presencia en brazos, cuello y cara. Olvidaba contarles que todos íbamos de cachucha con el Todo Terreno bordado, fina atención de Man&obras, todo lo relacionado con lavada, pintada y restauración de edificios. Publicidad no cobrada

Los sembrados eran un continuo aparecer, así como los generosos paisajes, por lo que ha cada momento no se hacía esperar el “miren muchachos que belleza”. Y que decir de la variedad de pájaros endulzándonos el oído con su trinar, hasta sinzontes llegaron. Otro que endulzó, pero a los locos bajitos, como dice el tirapiedra de la 92, fue Juanfer con sus mini chocolatinas, las que a falta de los bombombunes del Lobato pusieron la nota dulce de la caminata.


Otro nuevo brindis por el quinceañero, esta vez con jugo de…… adivinen, llevado por el Lobato a cambio de su famoso guandolo, porque había que darle cierto cache a la piñatapatoniada, y la verdad que nos supo a Gloria… Luz, ¿Quién? pues la conejita, quien le puso ritmo al celuavispado de Olayita para la felicitada de rigor y de paso un saludo a cada uno de los tarraos Todo Terreno, pues, lo jura a orejillas juntillas la conejita, para que JuanCé no nos vaya a salir ahora con otra volquetada de chismes. ¡Dios nos ampare!


Desmenuzando paisajes nos encontramos a lo lejos unas elegantes construcciones, de rojo engalanadas, que semejaban un club o una parcelación estrato siete, pero nada que ver, indagando con una parroquiana nos contó que eran unas marraneras. ¿Cómo?
¿Marranos con suites? Comer para creer.


Hasta que le llegó el turno a Margarita, una hermosa campesina, dueña de una amabilidad sin límites y una casita de 30 metros cuadrados, adornada con flores por todos los mini corredores, la cual incluye mini tienda, y que elegimos como sitio para partirle el ponqué Ramo a Carlos, con apagada de vela rodeada por mil manos por que el viento no la dejaba prender, y con cantada del segundo: “que los siga cumpliendo…. hasta el año tres mil y pico”


Luego del paso de La Verdolaga, una hermosa línea más engallada que Lady Gaga, se nos fue acercando una señora en embarazo, que traía arrastrando un pedazo de manguera. Cuando la tuve a 10 metros le dije “Aques niño” y ella me respondió que si, a lo que Juanfer agregó ¿Y sabe porque el Lobato se dio cuenta? No, dijo la señora, pues por la manguera….ja, ja, ja, ja


¡Miren que belleza! Si señores, una casona de dos pisos, con los barrotes de las ventanas y los de la chambrana de los corredores pintados a pulso en varios colores, con materas florecidas que cuelgan del techo del segundo piso, lástima la ropa secándose a plena vista, pero bueno, si hasta Tatiana de los Ríos tiene su lunar. Allí hicimos la última estación para degustar la doñacerve de Luisfer y Olayita y para mirar, a tiro de cauchera, las casas de los barrios que forman la periferia de Marinilla.


Desde allí hasta la entrada al pueblo, fuimos acompañados por un trío de muchachos que hacen sus pinos en aquello de la arriería y que nos mostraron el atajo preciso para llegar más rápido; y así fue, una bajadita y caímos a la autopista, la pasamos a zancadas con los ojos cerrados y al otro lado Marinilla nos esperaba con su eterna cosecha de Hoyos, abanderados por don Ramón, el de los paisas en caravana.


Antes de llegar al parque recorrimos varias cuadras llenas de Marinillos, de los que conforman los 45 mil, de perros también sin contadero como los del Carmen, de almacenes de variedades con su encanto particular y su olor a muñeca de traído decembrino, de legumbreras con productos dispuestos milimétricamente, de supermercados surtidos como con escuadra. Por fin el parque, donde se conjuga la imponencia de su iglesia, con su blanco púrpura que estrena pintura, los bien dispuestos parasoles de sus heladerías, sus casas de artísticos balcones, en fin, una sinfonía pueblerina que huele a Antioquia, a sus antepasados y a presente promisorio.


No hay otro sitio en nuestras caminatas que desplace del primer lugar en ser visitado a la iglesia parroquial. En este turno corresponde ese honor a Nuestra Señora de la Asunción, claro que a varias cuadras se encuentra la capilla de María Auxiliadora, digna también de ser visitada.


Agradecidos con el Creador nos disponemos para el almuerzo en el restaurante Los Parasoles, muy bien atendidos por Sandra, dueña de una boca que…. ni pa´ qué y una sonrisa como postre.


Imagínense el ofrecimiento: “Para hoy tenemos sopa de frísoles con coles (no me diga más) o sopa de verduras, como para no desentonar con el recorrido, y seco con res, cerdo, pollo o chicharrón. Tres nos tiramos de bruces contra los frisoles con coles y Zuluaga, fiel a sus ancestros del oriente, se fue por la sopita, Olayita no le falla a su chicharrón (el que siempre pide con garantía) y que resultó ser de los de criados en las suites aquellas, porque le vino tan finamente partido y delgadito que ya tenía cara de tocineta; eso si, todo se lo comió.

Terminada la tarea gastronómica y los piropos al por mayor para Sandrita, nos encaminamos a la terminal de transportes para tomar la buseta que nos traería de regreso a Medellín, no sin antes traer a colación que fue en esta misma caminata, hecha el 20 de octubre de 2007, que nos tocó el atraco dentro de la buseta para robarle una bolsa con dinero a un parroquiano. Yo deje dos mil pesitos “a la mano” por si las moscas.

¿Recuerdan el chaman peruano de apellido Inca…pié, que se nos montó yendo para Porce para ofrecer unos sobres con hierbas molidas?, pues cuando ya íbamos por la autopista se nos montó una muchacha a ofrecernos un polvo blanqueador para los dientes, lástima no ir en ese momento con Sandra la del restaurante para ponerla como modelo. Cada sobre a $4.000, y el que lo compre lleva cepillo de dientes por tan solo $2.000 y de encima, sólo por hoy, se le obsequia un tubo plástico para que guarde el cepillo y no permita que las cucarachas jueguen hula-hula con él. Solamente dos personas de las que íbamos en la buseta, en este momento deben tener una sonrisa reluciente, los demás, como no compramos, andamos mas serios que mala paga saliendo de misa.


A las 4 y 30 llegamos a la estación Universidad en medio de tremendo aguacero, confirmando así que el IDEAM milagroso nuevamente estuvo de nuestro lado. Allí cogimos el otro quinceañero, el metro, el cual, haciendo las veces de bus escolar, nos repartió hasta nuestros hogares. Obviamente aprovechamos el último cuartico de hora para ratificarle a Olayita los parabienes por su cumpleaños y para certificar que el agro es almuerzo seguro.

Ah, casi se me olvida contarles que el jugo era de lulo

Hasta la próxima

Jorge Iván Londoño Maya