Caminata San Vicente - Rionegro

Fecha: sábado 9 de febrero de 2008

Asistentes: Luis Fernando Zuluaga Zuluaga, Juan Fernando
Echeverri Calle, Carlos Alberto Olaya Betancur y Jorge Iván
Londoño Maya

Duración: 7 horas

Nombre: Todo Terreno

Nuevamente la Terminal del Norte se vistió con sus mejores enaguas para recibir a los Todo Terreno, a la cual llegamos muy cumplidos el trío Echeverri, Olaya y Londoño, tanto que por segunda vez le ganamos al doble Zuluaga, mas cumplido que el floripondio cobrador del restaurante Salvatore, por allá en los años ochentas.

Con la presencia confirmada de Zuluaga, procedimos a comprar los cuatro tiquetes en Transportes san Vicente, buseta que salía a las 7 y 30 de la mañana. Así que con tiempo de sobra procedimos a entrar en materia gastronómica en el negocio donde todo lo que brilla es aceite, harina, huevos, queso costeño, papa y carne trituradas, aliños y pollo desmenuzado; les hablo de la materia prima para los buñuelos, las empanadas y el pastel de pollo que bien cuñados con cafecito en leche sirvieron como antesala al desayuno oficial que nos esperaba donde Teresita, allá en san Vicente. Lástima eso sí, la señora mal encarada que nos atendió; tanto, que ni ají le tuvimos que pedir ¡Pa´que más!

Terminado el precalentamiento culinario nos llevamos tremenda sorpresa al ver en la plataforma de salida la buseta Daihatsu que nos llevaría al imperio de los Zuluaga y los Arbeláez, lo que mereció la foto de rigor. Digo sorpresa porque siempre nos había tocado viajar en las incómodas buseticas escolares, tan estrechas que por los cayados teníamos que pagar medio pasaje para que fueran de pié.


Como seguíamos bien encaletados de tiempo cogimos los mejores puestos, o sea los de adelante; así que bien acomodados nos entretuvimos ojeando el Colombiano y la revista nueva, y de paso echándole flores a misia Viena Ruiz. Mientras tanto, el desfile de vendedores ambulantes no se hizo esperar, así que gracias a los antojos de Olayita compramos pastillas mentoladas con sabor a naranja y 6 paquetes de galletas tipo Wafers, “no traguen saliva muchachos, llevando por mil pesitos el combo de 3 paquetes de galletas en sabores surtidos”, así que por dos mil pesitos quedamos envainillados, afresados y achocolatados hasta las cachuchas. Por fin, con cupo completo y salpicados de harinas por toda la ropa, salimos rumbo al oriente, no sin antes estrenar, así fuera sin bombos y platillos, el intercambio vial de Acevedo, moderna obra que descongestionó ese crítico sitio.

Pasaditas las 8 y 30 llegamos al pequeño pero acogedor parque de san Vicente Ferrer, municipio productor de fique, papa, maíz y fríjol y poseedor de 18 rutas ecológicas, entre ellas la que lleva a su propia piedra de 130 metros de altura y 450 de diámetro, por lo que los sanvicentinos no tienen nada que envidiarle al Peñol y a Guatapé por la famosa piedra que comparten.

Luego de la requisa espiritual en la iglesia de nuestra señora de Chiquinquirá, pasamos a manteles en el restaurante de la parroquia, atendido por Teresita, quien no tiene idea de lo que es la norma ISO 9000 versión 2000 pero que atiende a los clientes como si fuéramos hijos suyos. Por el colorido mantel desfilaron la carne de cerdo, el hígado encebollado, las arepas, la porción de pandequesos y el espumoso chocolate, desayuno que nos recordó aquellos que nos hemos pegado al mejor estilo camionero. Definitivamente a sufrir no salimos, pa´ esa gracia nos quedamos en la casa jugando parqués.

La Casa de la Cultura fue nuestra siguiente estación. Allí fuimos atendidos con mucha amabilidad por su Director, quien nos explicó sobre cada uno de los personajes típicos que conforman el hermoso mural que recibe a los visitantes, y nos informó sobre algunas de las rutas ecológicas y las riquezas naturales que posee la región. La última parada la hicimos en una ferretería, en la cual compramos un par de zapatos para calzar el bastón de Olayita, que perteneció a su padre, y el cayado de Zuluaga.

Ahora si, a las 9 y 10 de la mañana comenzamos a buscar la salida para la cancha de fútbol, santo y seña para encontrar la carretera veredal que nos llevaría hasta Rionegro. No habíamos salido del pueblo cuando nos encontramos con Alba, una joven señora y con su hijo Julián, quienes iban en la misma dirección nuestra. Ella, con la amabilidad característica de las personas del campo, nos dijo que nos acompañaría hasta la finca de su hermana y que desde allí nos mostraría el camino para llegar a la carretera que nos llevaría hasta el sitio conocido como Belén, a un kilómetro de Rionegro.

En pocos pedalazos de la pequeña bicicleta de Julián llegamos al altico donde se asienta la sabrosa finca de la Hermana de Alba, de esas con olor a gallinero y huerta. Desde allí pudimos observar el camino a seguir y la carretera que en definitiva teníamos que coger, la cual podría estar a unos dos kilómetros.



Luego de conocer la casa, los cachorros de la perra y el hermoso gallo, y de quedar invitados, sin fecha en el calendario, a un sancocho de gallina certificada, cogimos manga abajo hasta llegar a un camino de herradura que nos pasaba por un lado de las casas campesinas que abundan en el sector.



El cielo andaba de medio luto, y el sol cruzado de brazos esperaba que dieran paso por el derrumbe de nubes, hasta goteras comenzaron a caer, por lo que no tuve mas remedio que acudir a nuestra patrona (La Milagrosa) para pedirle, mano en alto y avemaría a todo taco, que así no tuviéramos un día de verano, al menos no nos lloviera, y sin mentirles, a los 300 metros aparecieron los primeros rayos del pelicandela Restrepo machete en mano y preguntando con voz de macho: a ver pues, ¿cual es el incrédulo pa´cogelo a planazos? Ahí están los Echeverri, los Zuluaga y los Olaya de testigos.

Terminado el camino de herradura llegamos al río Nare, el cual desde atrás nos venía haciendo ojitos. La pasada se hace por un puente improvisado, consistente en un tronco de madera, menos mal con el piso aplanado, y un alambrito a un lado que hace las veces dizque de pasamanos; ¡ay Dios! y uno con este mal de sambito. Zuluaga pasó muerto de la erre, Juanfer haciéndose el guapo se pego de todos los santos, caliche es un maromero curtido y yo me aferre por un lado del alambrito y por el otro del cayado que me sostenía Olaya, menos mal de la cintura me llevaba cogido La Milagrosa. Ufff..., por fin al otro lado, donde nos esperaba una trochita por pura manga y en subida, la cual felizmente nos entregó en bandeja de plata a la carretera veredal, que con risa burlona nos daba la bienvenida.

Enrutados y felices por habernos ganado unos buenos pesos en tiempo, enfilamos las botas con rumbo a Rionegro, por una de las carreteras destapadas en mejor estado que hemos transitado, rodeada de florecidas casas, fincas de labor y de recreo, extensos cultivos de fresas, fríjol y papa y adornada con paisajes certificados por el Icontec y pintados en todos los tonos de verde; es decir, aquí si se cumple lo que dice Alberto Cortéz en una de sus canciones: “el verde es verde para siempre verde”. Otro atractivo que tiene esta región es la variedad de pájaros, unos que van y vienen y otros posando de rama en rama, pero todos miembros del mismo coro que nos expresan su alegría por nuestra presencia.

Como si fuera poco, a lo anterior hay que agregarle la estampa serena que nos brindan las tranquilas aguas del Rionegro, aprovechadas por los lugareños para el transporte de mercancías y materiales en sus balsas de madera. En las riberas del río abundan los oasis tupidos de guadua y frondosos árboles, creando un ambiente de frescura y paz indescriptible.

La llegada de las tiendas no se hace esperar, por lo que en tres oportunidades paramos para refrescarnos, unos con su infaltable cervecita y otros con su mr. Tea o pony malta, porque el día continuaba veraniego y con buena temperatura.

En dos oportunidades llegamos a algunas partidas, o las famosas “Y”, carentes, como siempre, de toda señalización, como para no perder la costumbre de nuestras carreteras. Por fortuna nuestra patrona siempre nos manda un chivero, o un motociclista, o un labriego a pié para que pase en el preciso momento y nos muestre el camino correcto.

Faltando media hora para llegar al intercambio vial de la autopista, conocido con el nombre de Belén, paramos en un kiosquito, atendido por una amable señora, a comer, a modo de “entrada” para el almuerzo, unas empanaditas recién sacadas de la paila, acompañada de un ají, que si bien no cumplía con los grados exigidos por Juancé y el Doctor Vélez, no se podía descartar del todo; hasta yo, que tengo paladar de monja para esos menjurjes, me dí mi buena dosis.

De allí en adelante pasamos a carretera pavimentada porque prácticamente estábamos en la zona urbana. Así las cosas comenzó el desfile de fábricas e instituciones, comenzando por la Zona Industrial de Rionegro, que posó para la foto, prácticamente terminada; continuando con las hermosas instalaciones de la Aldea de los Jóvenes, entidad de origen suizo que cuida de niños y jóvenes y terminando con el batallón.

Más adelante nos encontramos con el imponente intercambio vial sobre la autopista Medellín – Bogotá, la que ahora si se le puede llamar así, que da entrada a Rionegro y a los sitios ya citados. En el último kilómetro encontramos las modernas y pujantes fábricas de Pintuco y la Nacional de Chocolates; ésta última se distingue por el delicioso olor a chocolate que inunda la zona; en su portería compramos las famosas chocolatinas Jet para reponer las energías gastadas después de 6 horas y media de sacarle brillo a los caminos.

La capilla de san Francisco nos dio la bienvenida al valle donde viven los casi cien mil rionegreros, que poco a poco ven como se les crece el otrora pueblo famoso por sus zapatos. Quien no recuerda los paseos de día entero a Rionegro a comprar zapatos para toda la familia, costumbre que a lo mejor siga vigente.






A las 4 de la tarde, cual ejercito comandado por el General José María Córdova, nos tomamos la plaza de la Libertad de Santiago de Arma de Rionegro, donde anclan sus bases la imponente catedral de san Nicolás el Magno y el monumento a Córdova, obra en bronce fundido del maestro Rodrigo Arenas Betancur. En la catedral, donde se oficiaba la misma de 4 de la tarde, pudimos observar el mausoleo donde reposan los restos de don Juan del Corral, primer gobernador del estado soberano de Antioquia.

Por afortunada insinuación de Juanfer entramos al restaurante El Manantial, ubicado en todo el marco de la plaza, restaurante que además cuenta con cafetería, hotel, salón de reuniones y juegos infantiles. Bajo la sombra de un quiosquito en el patio central, dimos buena cuenta de dos mondongos completos, un lomo de cerdo a la plancha y una posta a la criolla. Todo muy delicioso, según consta en el registro fotográfico al que solo le falta el olor y la arepa.

Que cuentos de busetas, cuando hay para gastar se gasta. Así que poniendo cara de camionero recién almorzado y bolsillo de Echavarría, cogimos taxi expreso hasta Medellín. Juanfer se fue tirando ventanilla al lado del chofer, a quien le anticipamos lo que le esperaba, y el Zuluaga y el suscrito atrás cuñando a Olayita quien con sólo subir la ventanilla y tirarse la cachucha sobre la cara tuvo para quedar planillado hasta la terminal de Transportes.

A la terminal llegamos “en un abrir y cerrar de ojos” tal como lo afirmó Olayita mientras se bajaba del taxi todavía con los ojos pegados y la cachucha sobre la cara. Es que Olayita en los poquitos ratos que está despierto se manda unos apuntes del carajo. En la terminal cogimos el metro, el cual esta vez nos tenía tremenda sorpresa. Si señores, debido al partido de fútbol entre el Medellín, mas conocido como el Poderoso, y el Deportivo Pereira, estaban transitando trenes por la línea “C”, o sea el que va derecho por toda la autopista para empalmar en la Macarena con la línea “B”, así que como el próximo metro hacía este recorrido, no lo pensamos dos veces para cogerlo; nos despedimos de Zuluaga, a quien no le servía este recorrido, y cataplum, caminantes trepados en el segundo vagón y a mirar por las ventanillas el nuevo recorrido el cual inauguramos de pura chepa. Hay que recordar que este tramo estuvo operando algún tiempo, pero por falta de pasajeros fue suprimido, ahora parece que lo habilitan para los partidos de fútbol.

Como de costumbre me bajé en la estación estadio, y Juanfer y Carlos siguieron rumbo a sus respectivas estaciones. En dirección a mi casa, las últimas seis cuadritas, me fui pensando que en esta caminata habíamos tenido todos los terrenos y caminos, por eso creí propicio bautizar la crónica como la Todo Terreno, ¡y así fue!

Hasta la próxima

Jorge Iván Londoño Maya

Caminata Barbosa (Molino Viejo) - Santo Domingo

Fecha: sábado 19 de enero de 2008

Asistentes: Luis Fernando Zuluaga Zuluaga, Juan Fernando
Echeverri Calle, Carlos Alberto Olaya Betancur y Jorge Iván
Londoño Maya

Duración: 5 horas

Nombre: Feliz cumpleaños, don Tomás

Con abrazos de oso siberiano, izada de cayados y canto del himno a la alegría en la Terminal del Norte, dimos inicio a nuestra primera caminata del 2008, la cual, por fortuna, contó con la presencia de todo el combo Todo Terreno, lo que no pasaba desde hacía mucho rato.

Estos motivos había que celebrarlos con buñuelo completo, así que sin más preámbulos caímos en las barnizadas uñas de Lizeth, la amable empleada de uno de los quiosquitos que adornan con sus apetitosas vitrinas a la Terminal. Luego pasamos a la taquilla de transportes Juan B Vásquez para comprar los tiquetes hasta el sitio conocido como Molino Viejo, cerca de Popalito. Haciendo la fila nos abordó un personaje con uniforme de la empresa y nos preguntó para donde íbamos; al responderle nos dijo que para ese sitio no vendían tiquetes (?), pero que nos montáramos a la buseta que había puesto de sobra.

Al final de cuentas esto fue el resultado: el tipo resulto ser el ayudante, como los tiquetes venían enumerados nos toco renunciar a las cómodas sillas delanteras que habíamos cogido e irnos como regañados para las últimas, donde cabíamos pero sentados a lo travesti, o sea “deladito”, y al ojicontento Zuluaga lo mandaron para la silla de adelante, al lado del ruido del motor.

Gracias a la Milagrosa por los lados de Niquia se montó una señora con una niña de unos 2 años, a quien le cedí el puesto. Era preferible ir de píe que irme todo el trayecto jugando estrella china con “aquellas”

A las 8 y 40 llegamos al estadero Molino Viejo, el cual está estrenando remodelación. Todo indica que la acumulación de kilómetros en nuestras botas nos está llevando a rebajarle al desayuno, porque de aquellos recalentados de camionero, adornados con media cuadra de carne de cerdo y arepa tamaño triple equis, estamos pasando a un huevito revuelto con media arepita y un pocillo de chocolate, con decirles que el Zuluaga y el suscrito pedimos aguapanela con quesito. Eso si, que pena que en plena tierra panelera nos hubieran salido con una aromática de aguapanela, tanto que se podía leer en el fondo la marca de la taza.

Con la despedida del administrador del restaurante, quien la semana anterior había hecho la misma caminata, de una ligera lluvia y la mirada desapercibida de los soldados que custodian permanentemente las partidas, comenzamos a las 9 y 10 a devorar los 22 kilómetros que nos separaban de la patria chica de Tomás Carrasquilla, a quien ese jueves anterior, enero 17, le celebraron con primera dama, ministra y gobernador a bordo, los 150 años de su natalicio, efemérides que dio lugar a nuestra segunda incursión por esa empinada carretera.

A los dos kilómetros ceso la llovizna, se despejó el firmamento y aparecieron los primeros rayos del pelirojo Restrepo, presagiando así un día veraniego, que nos obligó a reforzar la indumentaria para protegernos de la cantaleta casera. La ocasión la aproveche para entregarle a cada caminante las cachuchas que como regalo nos mandó mi hermana Marta desde el otro lado del charco.

La gran cantidad de guayabos, que en la primera caminata nos habían proporcionado de a galón de vitamina C por cabeza, ésta vez se limitaron a ofrecernos su precaria sombra debido a que no es época de cosecha. Lo que si mejoró, y mucho, fue el charco del estadero la Curva, con su cristalina y apetitosa agua.

En el horizonte va apareciendo el relleno sanitario La Pradera que sirve a Medellín y municipios vecinos, lo mismo que el barrio construido para alojar las familias que antes vivían en esos terrenos, barrio que Olaya bautizó Florida para que hiciera juego con Pradera, o sea que ya teníamos a Florida y Pradera, los lugares pedidos por los bandoleros para sentarse a mamar gallo sobre el canje de secuestrados por detenidos.

Comienzan a verse la maquinaria, las cuadrillas de trabajadores que se ocupan de la pavimentación y construcción de los muros de contención y los canales para aguas lluvias de esta carretera que hace parte del plan 2.500 del Ministerio de Transportes, lo que le da una imagen muy diferente a la vía destapada que encontramos hace año y medio. Con razón decía Juanfer, nos pavimentan las carreteras y nos dañan el caminadero, pero primero es el progreso.

A las dos horas de subida se pueden observar en la cadena montañosa al occidente los corregimientos de Bella Vista, punto de llegada de una de nuestras caminatas, y San Pablo. También se divisa el valle que rodea el río Medellín, el cual más adelante sube de estrato al juntarse con el río Porce y que desde esa altura parece una hilera de copitos blancos, formados por la espuma que desde el Hatillo comienza a dar punto en los innumerables remolinos.

A la mitad del recorrido llegamos a la vereda La Cejita, punto obligado para el primer refrigerio, el cual compartimos con 5 soldados a quienes ofrecemos gaseosas, chitos y nuestro reconocimiento por su labor. Al igual que la primera vez, nos atendió la misma muchacha de risa loca, que esta vez no lo fue tanto ante la ausencia de las trovas de nuestro jilguero Echeverri y Calle.

En el kilómetro 13 termina el pavimento y aparece la carretera destapada y el plan, lo que trae alivio a nuestros pies. Así mismo, comienza a verse la punta de la torre de la iglesia, enmarcada por el hermoso paisaje que forma el altiplano. El gasoducto que viene desde Sebastopol parece una enorme anaconda que se abre paso por entre los bosques, irrespetando pendientes o bajadas.

Muy cerca de Santo Domingo encontramos el más hermoso monumento a la virgen del Carmen que se consiga en carretera alguna, decorado con estas hermosas palabras: “Dios te salve María, llena eres de gracia”

No ha de faltar la típica estampa del chivero atestado de personas y carga, quienes se convierten en los principales clientes de la mencionada Virgen. ¿Pero que sería de todas estas regiones sin los servicios de estos carros, así a todo momento vayan con sobrecupo y sobrecarga?


En el último tramo de carretera, antes de tocar las calles de Santo Domingo, nos encontramos una enorme valla cuya información, seguramente de mucha importancia, fue tapada con NOVENTA Y SIETE (97) afiches de publicidad política de Fosión Cardona, aspirante a la alcaldía de este municipio, quien por fortuna ocupo el tercer lugar.

A las 2 y 20 de la tarde hicimos tronar nuestros cayados en las calles de Santo Domingo, llegada que celebramos con cremas compradas en las primeras casas del casco urbano. La subida más empinada de toda la caminata son las dos últimas cuadras antes del parque, pero las más gratificantes, porque siempre allí nos hemos encontrado hermosas jóvenes que nos reciben con su amplia sonrisa y sus ombligos al viento.

Las credenciales las entregamos en el templo mayor, a donde entramos para dejar testimonio de nuestra gratitud y para pedir uno que otro favor. Luego pasamos a la flota para asegurar nuestro viaje de regreso, al menos sentados, en la buseta de las 4 y 30 de la tarde. Acto seguido Juanfer enfila baterías y habla con el nuevo Alcalde sobre los afiches pegados en la valla y del feo aspecto que estos dan, máxime que han pasado varios meses después de las elecciones. El alcalde le promete que ordenará, a quien corresponda, el retiro de esos afiches; como quien dice, nos puso tarea para regresar el otro semestre para la verificación de rigor.

Por fortuna sabíamos sobre el natalicio de Tomas Carrasquilla, pero quien llegue al pueblo sin saberlo sigue en las mismas, pues no había ningún pasacalle, aviso, pendón, afiche o valla alusivos a dicha efeméride. Así que ubicamos la casa donde nació nuestro gran escritor costumbrista, la cual hace esquina en la calle Bolívar con la calle Girardot, según reza en las placas allí dispuestas, casa que fue comprada recientemente por la gobernación de Antioquia y la alcaldía para transformarla en museo

Para el almuerzo buscamos el restaurante de doña Rosa, pero que sorpresa nos llevamos cuando encontramos unos muebles de sala donde antes estaban las mesas, por lo que nos informaron que doña Rosa se había ido con su sazón para la calle por donde entran los buses que vienen de Medellín.

Atravesamos el parque y llegamos a las nuevas instalaciones, mucho más cómodas. Todos pedimos sopa de mondongo y bandeja con hígado o carne de cerdo, según el gusto y el infaltable claro helado; lástima que este delicioso y refrescante liquido no venga embasado en botellas no retornables de dos litros y medio como las gaseosas. Para la hora del postre salió doña Rosa de sus aposentos a saludarnos. Al final unos bomberos de Barbosa, que nos pasaron en la subida, muy amablemente nos pusieron a disposición la ambulancia en que andaban para llevarnos hasta la tierra de la piña, les dijimos que ya habíamos comprado los tiquetes de regreso.

Mientras llegaba la buseta desde san Roque hicimos roncha en el parque, mirando balcones, muchachas y pasando sustos, pues resulta que al que vende papitas fritas, a 3 metros de nosotros, se le desenganchó la manguera del gas y eso sonó como cuando se desinfla una llanta de bicicleta, sonido acompañado del nada agradable olor a gas.

Muy puntual llegó la buseta, la misma que se cuadró al frente de nosotros, por lo que cogimos las mejores sillas. El viaje de regreso hasta Niquia se hace en unas 2 horas y media. Allí cogimos el metro que es comienzo y final del 90% de nuestras caminatas.

Fue un pequeño homenaje de los Todo Terreno al autor, entre otros, de la Marquesa de Yolombó, Frutos de mi Tierra y En La Diestra de Dios Padre. Nuevamente, feliz cumpleaños don Tomás.

Hasta la próxima

Jorge Iván Londoño Maya

Caminata Sopetran - Vereda Santa Rita - Sopetran

Fecha: 12 de enero de 2008

Integrantes: Luis Fernando Zuluaga Zuluaga, Carlos Alberto Olaya betancur y Juan Fernando Echeverri Calle

Nombre: Calor, Color, Luz, Flores, Frutas y Belleza

Brillados los cayados, desempolvados los tenis y recobrados los ánimos luego de unas merecidas vacaciones, los Caminantes Todo Terreno iniciamos el 2008 con pie derecho, eligiendo para la patoniada al municipio de Sopetrán, la tierrita de Don José MaríaVilla, constructor del puente de Occidente, declarado monumento nacional, y de allí a Santa Fe de Antioquia. Como larguita la caminata.

En una bonita y fresca mañana, el Polaroid Olaya y Juanfer, nos encontramos en la Estación Estadio del Metro a las 6:45 a. m. y de allí en nuestro querido gusano, haciendo trasbordo en San Antonio, hasta la Terminal del Norte Mariano Ospina Pérez, donde nos encontraríamos con el Zuluaguita, quien es más cumplido que novia fea. En efecto, allá estaba periódico en mano y dando vueltas como tigre recién cogido.

Luego del saludote de rigor y con la ausencia de nuestro compañero Jorge Iván Londoño Maya, quien en este día había trastiado su cayado y sus corotos pa’ otro programa más titino y entretenido, arrimamos a un negocito de la Terminal, donde hicimos un “predesayunito,” con perico y empanadas, para luego dirigirnos a la Flota de Colectivos de Santa Fe de Antioquia, donde encarapetados en uno de estos automóviles, el cual creo no hubiese sido del gusto del Lobato, arrancamos a las 7:20 a m. rumbo a Sopetrán con el cupo completo; y digo completo, ya que además del “fercho” (quien resultó buen conversador) también iba un señor como medio rarongo, con pinta de “abogado en ayunas” y más serio que un marrano haciendo pipi.

Así fue que arrancamos en el blanco vehículo haciendo zumbar sus pistones, para agarrar rumbo a la carretera al mar, donde pudimos ver y conocer la parte del nuevo metrocable de Nuevo Occidente, ese que llega hasta la Aurora y que se inaugurará el próximo mes de febrero. ¡Qué belleza carajo!!!!

En menos de lo que demora el Chávez de Venezuela en tirarse cualquier reunión, estábamos ingresando al túnel Fernando Gómez Martínez, toda una maravilla de nuestra ingeniería, el cual pasamos en dos boliones para comprobar, como al otro lado, se ven los efectos del invierno y los derrumbes que tienen la carretera medio jodida y que si no se le pone remedio, el hermoso túnel quedará sirviendo para ensayar relojes fosforescentes, y pare de contar.

Ahí, conversaito y comentando las situaciones íbamos songo sorongo, cuando el señor misteriosito que nos acompañaba sacó media de guaro y se empujó el primero, claro que no ofreció ni unito, por el contrario, se guardó la botella entre el sobaco pa’ que no se la viéramos y ahí si empezó a hablar sin parar hasta su destino final en Sopetrán. Es como medio político, ha trabajado con el gobierno y es más Uribista que Juanfer que ya es mucho decir.

Siendo las 8:35 a.m. llegamos a nuestro destino, ya que el viajecito fue rapidito. Allí nos despedimos y dirigimos nuestros pasos a la Heladería y Restaurante la Nube, en el bien tenido parque La Ceiba del pueblo patria chica de nuestro amigo Raúl Emilio Tamayo G. y de otro montonón de gente.

Que falla, primera vez que no vamos a la iglesia (Nuestra Señora de la Asunción) a visitar al Gran Arquitecto Universal y darle gracias por los favores recibidos, lo cual hicimos a larga distancia mientras pedíamos nuestros desayunos, los mismos que no describo, pero que en la foto están bien representados.


Así comiditos, pero con algo de hambre, salimos siendo las 9:07 rumbo al Puente de Occidente, por una calleja abajo, donde nos llamó poderosamente una placa de mármol, recordando la “pavimentación de la cuadra gracias a la gestión del Alcalde Gerardo Vanegas”, calle que no tiene más de cuarenta metros de larga y que gastaría cinco bultos de cemento y cinco viajes de arena; es decir, vale más la placa. ¡Estos políticos home!!!!

Que día, o mejor que mañana más hermosa, que derroche de sol, de luz y de color en el ambiente, que calor tan verraco y a esa hora....es decir, ya nos imaginábamos el día que nos esperaba y la cuasi cocinada vivos, pero no importa. De pronto, así “como el roce de un ala sobre el viento”, un gran aviso llamó poderosamente nuestra atención: Vereda Guatocable – Municipio de Sopetrán – El cable Aéreo obra del departamento de Antioquia, que beneficia a 1.500 habitantes de las veredas Guatoco – Miranda Alta – Santa Rita y El Pomar.-

¿Cómo? Eso nos han dicho, pues arranquemos para allá home que no conocemos, gritó el Zuluaga, cual general Córdova en Ayacucho, y como constituyentes venezolanos, muy obedientemente sumisos, y sin mostrar ninguna resistencia, fuimos doblando a la derecha, refrescados por el murmullo de la quebrada la Sopetrana, por un camino veredal que desde su primer paso se empina para sumergirnos en un paisaje realmente hermoso, con fincas lujosas, donde las portadas son obras de arte y parece que estuvieran en concurso.

Nos llamó poderosamente la atención unos troncos talados de un par de ceibas que sobresalían sobre el tejado de una casa campesina, nos dolió ese crimen ecológico, pero cuando llegamos a los mismos pudimos comprobar que eran dos especies de esculturas en cemento concreto, muy bien pintados y que servían de marco a la portada de una finca hermosa, la cual ni nombre tiene, pero que destila lujo por todos sus muros, cercas, alambrados y jardines......y no me digan nada de la casa.

En medio de ese calor impresionante y en pura trepada, protegidos por piñones de oreja, búcaros, campaños, algarrobos y tamarindos, preguntamos a unos parroquianos: ¿A cuánto estamos del cable? A lo que uno nos respondió que a 15 minutos en carro, que traducido a pata ventiada y considerando lo exigente del terreno, da algo así como casi las tres horas, lo cual nos hizo mover todavía más para lograr nuestro cometido.

Que belleza de paisaje en estas veredas, donde los pájaros abundan, las frutas se ven por todo lado, las musaendras y los curazaos o veraneras en todos los colores reinan en los jardines, el agua se distribuye en mangueras por las diferentes fincas, pero también y como no puede faltar, aparecen las bolsas de basura arrojadas por inescrupulosos y desadaptados, contaminando el medio ambiente y sobresaliendo los envases de gaseosa, de esas multinacionales que poco o nada hacen por el mismo, a las cuales se les podría cobrar un impuesto adicional, para reparar en algo, el daño que hacen con sus productos, según recomienda serio y bravo nuestro Polaroid Olaya.

Nos impresionaron unos bosquecillos de árboles, muy parejos, delgados y con alturas superiores a los cuatro o cinco metros, los cuales según fuimos informados, se trata de cultivos de teca, la dura y apreciada madera, de la cual se está exportando bastante hacia el exterior y cuya siembra y producción en Sopetrán, parece que tiene un futuro inmenso.

La nota humana de nuestra caminata la tuvimos con un señor de nombre Luis Emilio, conocido como “Millo”, quien en su oficio de aserrador, la naturaleza le cobró por ventanilla hace seis años, cuando un árbol le cayó en su cuello y prácticamente lo dejó parapléjico, pero “Millo” con sus ganas de vivir y su tesón, ha venido superando su mal y ya camina ayudado con un caminador, montó un negocio a bordo del camino donde vende gaseosas, cigarrillos y otras cositas, instalado en una caseta metálica, donde también tiene su residencia, con su catre, televisor, equipo de sonido, nevera, agua, luz, bicicleta estática, es decir, un hombre digno de ser admirado e imitado.

Donde “Millo” refrescamos los guargueros secos como estopa y desviando nuestros pasos por una trocha que nos mostró otro parroquiano, nos economizamos unos cincuenta minutos en nuestra marcha, por un sendero estrecho, rodeado de naturaleza y hermosos frutales, así como de algunas casas campesinas, nos volvió a dejar en el camino o carretera principal, la cual nos llevó a la vereda Santa Rita donde está ubicado el cable o teleférico, con el que la Gobernación de Antioquia dotó a Sopetrán y lo viene haciendo con varios municipios, constituyéndose en un alivio para los habitantes de los sectores donde se ubican, especialmente para los estudiantes y los campesinos para transportar sus productos; además de ser atractivo turístico.

Efectivamente, sudando a mares, bajo un cielo “límpidamente” azul, ese sol con sus cuatro parrillas encendidas en alto, dotado de gafas oscuras y bermudas, el cual por más que ascendiéramos no rebajaba en su calentura y al fondo el río Cauca majestuoso, dejando ver muy lejos la estructura casi imperceptible del Puente de Occidente, logramos divisar en la distancia y sobre el cañón de nuestro río los dos cables destemplados del teleférico, el cual para nuestro desconsuelo no estaba funcionando debido a graves fallas mecánicas, según fuimos informados. No obstante, seguimos nuestra marcha hasta llegar a la primera caseta o estación, allí en Santa Rita.

Efectivamente es una construcción pequeña, pero cómoda, muy bien dispuesta para sus fines; con su sala de espera, taquilla para venta de tiquetes, escalinatas para llegar a la góndola, idénticas a las del Metrocable de Medellín, la cual permanece colgada del cable y firmemente amarrada con una gran lazo, espera silenciosa y sumisa, se terminen los lentos trabajos de reparación e instalación del nuevo motor, para poder entrar en servicio a la comunidad, trayendo desde el otro lado del cañón, en las vereda Guataco y Los Pomos, las deliciosas frutas que allí se producen, tales como: nísperos, mamey, papaya, mango, naranja, guanábana, algarroba, corozos, chontas, coco, zapote, chirimoya, mamoncillo, tamarindo y maracuyá, ya que por tradición Sopetrán es tierra de las frutas y allí se celebra la fiesta de las mismas en el último puente de junio.

Aprovechamos la góndola ahí amarrada para tomarnos algunas fotos en la misma, plasmar el hermoso paisaje y la estación de la vereda Guatoco (Guatocable), la cual parece una porcelana china, descargada en la falda de la cordillera, resaltando con su color rojo encendido, debido a la tableta tipo bocadillo con que fueron recubiertas estas construcciones.

Allí también aprovechamos para conversar con los técnicos de la obra, que adelantan actualmente su reparación y leer las varias placas de mármol, puestas sobre muros y columnas, haciendo énfasis a la entrega y construcción de la obra, la cual hasta el momento no ha podido cumplir con su cometido, por más que aparezcan los nombres del Gobernador Aníbal Gaviria y del Alcalde Gerardo Vanegas, repetidos en las placas.

Conocido éste bonito e interesante lugar, con el sabor agridulce de no encontrar el teleférico en funcionamiento, pero con la esperanza de poderlo ver y disfrutarlo en una próxima caminata, iniciamos nuestro regreso hacia Sopetrán, deshaciendo pasos, reconociendo en la bajada una cantidad de detalles bonitos e interesantes que se nos habían pasado en la subida y apreciando el paisaje desde otros ángulos. Es lo bueno de caminar y conocer, ya que no conoce más el que más viaja, sino el que más observa y nosotros como observadores nos tenemos respeto, además de llevar los ojos mágicos de nuestros fotógrafos el Polaroid Olaya y el Melitón Zuluaga. ¡Pa’ qué más! o sino hay tienen de muestra la excelente foto del gusanito que nos encontramos.

La bajada fue suave, ya que bajando ruedan las piedras, pero el calor nos molestó durante todo el trayecto, ya que nos resultó más fastidioso y pegajoso que la tal senadora liposuccionada y apátrida que sabemos, pero por fortuna lo soportamos, lo que no podemos soportar ni poquito, es al entrometido vecino del oriente, llavería de aquella y a quienes es hora de decirles ¡Por favor, cállense ya!!!!! dado que son como los estribos, que sólo sirven pa’ meter las patas.

Eran las 3.30 p. m. cuando hicimos nuestro ingreso al parque de Sopetrán, para dirigirnos al restaurante El Balcón del Parque, donde con el calor que estaba haciendo y la sed que traíamos, el Zuluaguita y el suscrito nos contentamos con jugo de tamarindo (no tan delicioso como el de Santa Fe de Antioquia) y una deliciosa sopa de legumbres, mientras que el Polaroid Olaya, si se fajó su almuerzo completo. Yo le doy ropita y le pago estudio...¿Pero comida??

Ahí mientras consumíamos nuestro almuerzo, pasó un parroquiano, que resultó ser conocido de Carlos Polaroid Olaya. Se trataba de Don Fernando Orrego, quien muy amablemente se nos sentó en la mesa, nos ofreció gaseosa y nos contó todos los milagros del pueblo, con sus pelos y señales. Que señor tan amable, cordial y buen conversador, además de ser amigo de nuestro contertulio Raúl Tamayo Gaviria a quien le mandó saluditas reforzadas.

Despedidos De Don Fernando Orrego, quien hasta botellas de miel de abeja pura también nos regaló, otro producto que se produce en Sopetrán, compramos tiquetes de regreso a Medellín en la buseta de las 5:30 pm. la cual nos dejó en la terminal de transporte del Norte, de donde habíamos salido y de allí nuevamente el Metro y a las casitas a descansar.

Que caminata tan bonita e interesante nos resultó esta, ahí sin querer queriendo. Ya será en otra que vamos al Puente de Occidente, el cual hemos visitado unas tres veces y que aguanta otras treinta.

Fuerte potencial de turismo el que tiene el Occcidente Antioqueño, galopando en los lomos del túnel, en la calidad de sus gentes, el clima, las frutas, las aguas y los paisajes.

En Sopetrán, con sus 11.500 habitantes, acomodados los unos sobre las otras en 223 Km2. se tiene una temperatura de 25°C (eso dicen, pero debe ser más) , separado de Medellín por 68 kilómetros que se cubren en algo más de una hora y tiene con la Bella Villa, una situación coincidente: Ambas fueron fundadas en 1616 por Francisco Herrera Campuzano, como quien dice, son hermanitas. El primer nombre que tuvo el poblado fue Los Guamos, cambiado luego por Viceparroquia de Nuestra Señora del Saladito de Córdova, el cual hubo que cambiarlo por Sopetrán, ya que para pronunciarlo completo había que llevar fiambre.-

Hasta la próxima y no se les olvide visitar estos paraísos de nuestro Occidente. Ahhh!! Y hacerle fuerza a la conservación de las aguas y de los bosques,

JUANFER

Tercera caminata por Medellín

Fecha: sábado 1 de diciembre de 2007

Asistentes: Luis Fernando Zuluaga Zuluaga (El Melitón Zuluaga)
Jorge Iván Londoño Maya (El Lobato) y Juan Fernando Echeverri Calle (Juanfer)

Duración: 8 horas

Nombre: Medellín, Lo bueno, lo malo y lo feo

Así en silencio, como recibiendo de rodillas este mes de diciembre cargado de alegrías, y con el Niño Jesús a bordo, el protagonista más olvidado que tiene cualquier fiesta, tomemos asiento ahí en las butaquitas, en el quicio o en el suelo, pero bien arrejuntaditos, pa’ que escuchen la crónica de nuestra caminata citadina del sábado primero de diciembre de 2007 por nuestra ciudad de Medellín, con duración de ocho horitas, ya que el recorrido a muy buen paso, y prácticamente sin parar, no es cualquier cosita. Con “deciles” que no lo hacen ni todos los carros de basura junticos. Paren bolas pues.......

Eran las 7:30 a. m. cuando el suscrito y el Lobato nos “topamos” muy cumplidos en la Iglesia de la América (Nuestra Señora de los Dolores), la cual se ha vuelto punto de referencia y encuentro para los Todo Terreno en sus caminatas.

Allí, entramos al templo y luego del saludito de rigor al “Caminante Mayor”, enfilamos piernas rumbo a la carrera 80 con la calle 30, donde nos encontraríamos con Melitón Zuluaga, recorrido que tomando por la calle Velásquez, y a buen paso, cubrimos en 28 minutos hasta el punto de encuentro, pero para sorpresa, el rastro de nuestro caminante estrella estaba más frío que la misma mañana, lo cual nos pareció bien raro, ya que Zuluaguita es más cumplido que “Parlamentario” a debate para aprobar aumento de dietas.

Pues resulta que como a los diez minutos vimos al hombre venir por toda la ochenta rumbo hacia nosotros. “Venía cantando su loca esperanza”. En el cinto colgando la cámara y bajo el brazo su eterna tulita y un ejemplar de El Colombiano... Claro que venía como achantadito, e inmediatamente dio explicaciones: “que había cogido un bus de Itagüí y que lo había llevado pa’otro lado, y que esto y lo otro”...Lo importante es que el muchacho había llegado e igualmente recibió nuestro saludo de bienvenida.

Como atletas debutando en maratón pueblerina, arrancamos sobre la calle 30 haciendo el recorrido parcial del carril que utilizará Metroplus, el cual está quedando como pa’ dar y convidar, además de tener un acabado espectacular y un entorno paisajístico lo máximo, donde ya no se quejarán los vecinos ni los comerciantes; pues, eso creemos, pero es que aquí pa’ tener contenta a la gente se necesita “saber de agua” y de naves espaciales. Lo que se diga en contrario es “gadejo.”

Así, conversadito y con pasito ligerito, nos internamos por el sector de La Palma, donde vive nuestro caminante Carlos “Polaroid” Olaya B, quien se tomó su lustro sabático, hasta llegar al lugar donde se levantaban las antiguas dependencias del F-2, borradas del mapa (gracias Espíritu Santo por...), para dar paso al Parque Biblioteca de Belén, el cual constará de 18 módulos y que se construye a buen ritmo.

Pegadito a la biblioteca y contra la carrera 80, la cual nuevamente nos encontramos en nuestro recorrido, se construye la moderna clínica de Saludcoop, donde hasta capilla se va a tener; clara muestra de la transformación de Medellín, donde sin lugar a dudas se vienen haciendo cosas muy, pero muy buenas.

Ahí mismito en la carrera 80, en la panadería Las Delicias de la 80, la misma que sirvió de salón de recepciones, pa´ que mis amigos caminantes me celebraran mi cumpleañitos el pasado 11 de noviembre, tomamos asiento en las mismas sillas y mesa, para ver desaparecer como por arte de brujería: pasteles de pollo con verduras, empanadas aseadas (ni mugre de carne), cervecita pa’…. (adivinen si son tan machos) y Mr. Tea y Piña Lux pa’ (sigan adivinando si son tan muchos)........

Ahorita si. Con la barriga a medio llenar y los tenis que se andaban solos, arrancamos para el occidente, con el Cerro del Padre Amaya de guía, buscando a Simón Bolívar y sus muy bonitas construcciones, acompañados en parte por la quebrada Ana Díaz. Cruzamos por el Barrio Cristóbal, Santa Mónica y el 20 de Julio, para bajar hacia La América - San Javier donde encontramos el Parque Biblioteca R.P. José Luis Arroyave, ya visitado por nosotros en otra oportunidad, el cual sigue muy aseado, bien tenido y repleto de jóvenes y niños que aprovechan el beber en esa fuente de cultura y educación que hoy les ofrece el Municipio de Medellín, y la cual sin lugar a dudas encarna la mejor inversión social, ya que un pueblo sin educación es un pueblo que errará sin rumbo fijo y en tinieblas hacia su propia destrucción, no dejando ni siquiera un mínimo legado de su existencia para la historia. Eso dice mi amigo Jesús Alonso Bolívar, pregúntenle a él, ya que yo no se de hilos, María es la que cose.

Desde la altura de la biblioteca se divisan las imponentes montañas de Medellín, las barrios que se trepan a las mismas como una mancha rojiza imposible de sostenerse y desafiando la atracción de Newton sobre el paisaje. El cielo medianamente azul, cubierto de nubecillas oscuras y al fondo, como una nave espacial blanca y brillante frente a los tímidos rayos de sol que le caían, la hermosa estructura de la Estación del Metrocable de Nuevo Occidente, el segundo que se construye en Medellín, próximo a inaugurarse y que ya deja ver las pilonas y los cables, que le darán vida a esta gran obra, la cual unida a nuestro METRO (lo veo, me arrodillo y me echo la bendición), serán en parte la redención de un importante sector de la ciudad, olvidado por años: Las comunas 12 y 13. Como se ve de bonita y hermosa la pobreza hoy en éste lugar, así como también se respira paz, aunque aún falta bastante por hacer, es por eso que no se puede bajar la guardia, especialmente en aspecto de seguridad.

A un lado de la Biblioteca y como haciendo un juego desigual a la Cárcel de Mujeres del Buen Pastor, próxima a irse del lugar, se deja ver otra inmensa construcción en la cual los obreros se mueven sin descanso en su labor: El Colegio San Javier. Todo un establecimiento moderno e inmenso, como para ser envidiado por los mismos Jesuitas y que albergará parte del el futuro de Medellín, Antioquia y Colombia, ese que hoy se desplaza en medio de las tinieblas y de la ignorancia. Si educamos un niño… preparamos toda una generación. Y una generación educada, es un pueblo menos sujeto a la esclavitud. (Vuelve y afirma Jesús Alonso Bolívar.)

De largo pasamos por el frente del cementerio Parroquial de La América y no entramos, ya que como estaban sacando unos restos, al Lobato le pareció algo “denigrante” (¿Cómo la ven? Eso que es tan normal como tomar agüita o respirar) y entonces seguimos de largo, ya que como es nerviosito, no lo imaginábamos con pesadillas en la noche.

Eran ya como las 10:05 a.m. y nuestra caminata apenas empezaba, así que sin pérdida de tiempo, nos dirigimos hacia la Estación San Javier por la Carrera 99 con calle 44, allí pudimos apreciar mejor las obras que se adelantan en el sector, admirar la inmensidad y fortaleza de las pilonas del Metrocable de nuevo Occidente, para luego salir a buscar la casa de Doña Elba Cecilia Restrepo G. (ElbaCé), nuestra amiga, contertulia y columnista de El Colombiano, de quien medio me acordaba su dirección, pero guiados por el instinto y el olor a tamales fuimos preguntando y preguntando, ya que estábamos más perdidos que candidato a la Alcaldía derrotado por quien menos se piensa; aunque convencidos que sabíamos pa’ donde íbamos, como diría Manuel Mejía Vallejo en su “Aire de Tango.”

Es importante citar además el imponente y extenso puente peatonal que actualmente se termina, entre la Biblioteca y la Estación del metro en San Javier, pasando por encima de la calle San Juan, una obra que definitivamente habla solita desde su frialdad y silencioso cemento, de la utilidad que prestará a la comunidad.

Igualmente mis “muditos” compañeros de caminata, pudieron conocer, ese puentecillo o andén, que por años pidió el suscrito sobre la quebrada El Salado en la Cra. 97 con la Calle 44 y que sólo fue logrado, como cosa rara, durante ésta administración; evitando así peligros e incomodidades a los peatones que cruzan por el lugar, en su mayoría niños que se dirigen a sus escuelas.

Ya cerca de la casa de ElbaCé, nos arrimamos a una carreta de frutas y compramos como dos docenas de mandarinas dulces, las cuales fuimos devorando, confiados en aquello que dicen, “de ser una fruta muy nutritiva y excelente aperitivo, especial para antes de un almuerzo con tamal........
Cuando estábamos en nuestro cítrico pre-almuerzo, salió de una casa una señora más bien joven y muy bien arreglada, quien se disponía a subirse a un automóvil azul oscuro (no reparé su marca ni modelo) y le pregunte: Buenas tardes Doñita, usted me podría decir, ¿dónde vive Doña ElbaCe Restrepo? Y la señora, más seria que un marrano haciendo pipi, ya que creo que por nuestras fachas y nuestras mandarinas en mano, nos confundió con aquellos “chachos” que una vez prendieron el barrio, simplemente contestó: “Ella es prima mía y vive a la vuelta.... está en el grado de la hija. Permiso señor” y se montó en su carro....., sin mirarme siquiera..Ni modo de ampliar más aquella “prolifera” conversación, ante tanta “fluidez” de palabra...y tanta simpatía.

Pues nos fuimos pa’la vuelta, sin calcular ni reparar, en cuál puede ser el tamaño y la distancia de una vuelta, máxime que no conocíamos ni su diámetro ni su radio. Averiguando, averiguando, por fin un fulano, nos mostró la casa de Doña ElbaCé y pegados del timbre, lo dejamos sudando y humeando, pero nadie abrió.....tampoco se sentía el aroma de los tamales en plena ebullición, sólo el olor a caucho recalentao, que despedía el pobre timbre “sobretocao.”

¡Jijuemichica muchachones parece que se nos volaron los tamales....A almorzar con la mano en la cintura y con llenura de mandarina. Otro día será que nos pegamos de Doña ElbaCé. Y así medio decepcionados, ya sin mandarinas y con el sabor virtual a tamal en la boca, nos dirigimos por el cauce de la quebrada La Pelahueso ahí en Santa Lucía, hacia la Floresta, Calasanz y enfilar hacia Robledo, para luego continuar por la vía al mar, pero enrutados a la Carrera 80 con la Calle 80, donde se hizo un CAI, se amplió la vía, se construyen muros de contención, cordones, andenes y al fondo se ve el otro Parque Biblioteca Tomás Carrasquilla. Moderno, bonito, amplio y bien dotado, donde los niños y los jóvenes se dedican a la lúdica, lectura y a los computadores. Nos preguntamos: De no existir estas bibliotecas, esos niños que hoy las ocupan desde horas tempranas en sábados y domingos ¿qué estarían haciendo?

Me ha faltado agregar, que durante nuestro recorrido, El Melitón Zuluaga, fue mucho lo que disfrutó haciéndole “clic” a su cámara, dejando las “visticas” para recuerdo de los Todo Terreno; pero como cosa rara, allí en la Biblioteca Tomás Carrasquilla, nos iban a poner problema por las fotos, ya que “dizque” es prohibido tomarlas,.....sabrán el Agente 007; Chan Lee Po y el Super Agente 086, los motivos para tal prohibición, máxime que en el lugar no vemos obras de arte, ni terminados en dorado u objetos vulnerables al flash.

Bonita la vista del lugar. Mucho progreso y mejora urbanística. Arriba el Picacho, sin lugar a dudas el Cerro tutelar de Medellín, que mejores condiciones presenta para hacer un mirador turístico. Al fondo la comuna Nor-Oriental, inmensa, cubierta con su lograda “paz” y el progreso que hace rato la invade, gracias al Metrocable, EL Parque Biblioteca España, las escuelas y colegios y a tanta obra e inversión que sobre la comuna se ha hecho, pero especialmente a la calidad y fe de sus gentes, honestos trabajadores, que supieron confiar y esperar.

En el camino y antes de cruzar la autopista(¿?) norte, aprovechamos para ingresar al Cementerio Universal........en el que también se ve la mano que se le ha puesto. Más organizado, aseado, con jardines bien dispuestos, ya que las cruces un poco lúgubres y tétricas no existen y cuenta con buena vigilancia, esa que dejó al Melitón Zuluaga de ojo apagado y cámara levantada, ya que “dizque” no se permiten las “visticas”....., no obstante siempre se logró una tomita.

Nuevamente salimos los caminantes hacia el Puente del Mico, sobre el río Medellín, hoy transformado en un altar navideño, y allí en la calle Barranquilla (por fortuna no habla), muy vecinos a la Universidad de Antioquia, otro lugar que ha sido tocado por el bisturí del progreso, nos arrimamos al Parque Norte: Jota Emilio Valderrama, muy bonito y recién reinaugurado (el parque home, no don Jota), con atracciones de lujo y a precios muy alcanzables, ya que hay subsidios para los estratos 1, 2 y 3. Recomendamos sea visitado en familia, ya que vale la pena.

Hasta la vieja Estación Villa del Ferrocarril de Antioquia, está siendo remodelada y hoy está totalmente cubierta en una especie de encerado, que no permite ver las obras adelantadas. Esperemos la sorpresa, ya que es una construcción digna de ser conservada.

Luego, pasamos al Parque Explora.....a “explorar” su progreso. Que verraquera....desde ya se sabe lo que va a ser esta gran obra y lo que representará a la comunidad y a la cultura, así como al turismo local. Espejo o fuente de agua, amplias zonas para disfrute del visitante y parqueo....acuario a ser inaugurado en febrero de 2008 y muchas atracciones más, como pa’ chupase los dedos.

El Jardín Botánico Joaquín Antonio Uribe (antiguo bosque de la Independencia), desprovisto de ese lúgubre muro que una vez lo encerró y hoy protegido por una bonita reja en hierro, que deja ver todo el contenido de esa naturaleza interior, no propiamente empacada al vacío y que invita a conocer el orquideorama, el lago y tantos atractivos con que cuenta, incluido restaurante y cientos de especies vegetales pa’ engordar cultura.

Así mismo, aprovechamos para dar una mirada al parque de los Deseos, otra obra hermosa y de atracción para el ciudadano del común, hecha por la anterior administración y donde también se puede admirar el Planetario Municipal.

Continuando nuestra marcha, nos dirigimos al Jardín Museo Cementerio de San Pedro, el más antiguo de la ciudad y el más tradicional, allí donde dejaban sus huesitos los ricos de Medellín, ya que hasta la muerte tiene estratos sociales y condiciones económicas, como si en ese hueco no “guelieramos” todos igualitico, lo que parece no sucedía antiguamente, ya que a su lado existió, en época de bárbara naciones, el Cementerio Laico, propio para ateos, no católicos, suicidas, masones.....¡Abrase visto Sarita que cosas!!!

Descubriendo nuestras cabezas y con mirada al frente, ingresamos al hermoso Cementerio e inmediatamente empezamos a mirar tumbas y a leer lápidas y epitafios. Es todo un baúl de recuerdos, esculpido en mármol por los años, la tradición y el sentimiento, durante los siglos XIX, XX y lo que va corrido del presente. Los deudos aferrados a las tumbas, los muertos que callan y no responden y el tonelaje de Padre Nuestros que se elevan, se elevan y se elevan.........

Imposible citar la cantidad de personajes importantes que aquí reposan. Venga amigo lector a este sitio que vale la pena y conózcalo o vuélvalo a conocer, pero con calma y sin miedo ni dolor, ya que los cementerios son bellos, guardan ese silencio y esa paz, que sólo en los huesos fríos nos recuerdan que “no somos nada” o como afirmaba mi viejo: “somos un bulto de mierda amarrao con lombrices.” ¡Como viven de bueno, los muertos y los locos!!

Mausoleos, esculturas, monumentos de lujo y también lo mañé y ridículo, pero respetable. Tumbas y lápidas con fotos del difunto, carticas, mensajes, carritos, motos, lamparillas, escudos del Nacional, Medellín, promesas, intenciones de canonización, buenos augurios...etc...etc...Pendejadas home. Ahí tenemos que decir como el poeta: “....en vida hermano en vida.....

En este Cementerio, en el cual reposan junticos los Echeverri, familiares de Juanfer, a quienes visitamos para ver sus telarañas y flores ancianas y resecas sobre sus lápidas, se celebran en noches de luna llena, espectáculos lúdicos musicales, de teatro, mimos, poesía y otros.... que mezclan la vida con la muerte, para que los muertos gocen y los vivos despierten. Aquí tampoco nos permitieron tomar foticos (vea pues que pendejada), pero el Melitón Zuluaga, haciendo uso de su disimulado ingenio, logró algunas tomitas y eso si podemos jurar, ningún difunto protesto, hasta creo que posaron, previo arreglo de sus cráneos inpeinables y fríos, además con una ventaja: No hay que decirles que sonrían ya que todas las calaveras “viven muertas” de la risa y barriga ningún esqueleto tiene.

Salimos el campo santo y tomamos hacia la carrera Bolívar en dirección al viaducto del Metro, donde pudimos ver las cosas feas y malas de nuestra Medellín del alma. El consumo de licor, pegante y “perico” es exagerado. A los consumidores les da más pena fumarse un tabaco 101 o un cigarrillo Cruz Blanca o Dandy, que un pucho de “maracachafa” o tirarles el empujón de perico, definitivamente es un problema que crece en Medellín y en las grandes ciudades y con el cual tiene que ver mucho la aprobación de la famosa “dosis personal” propuesta y defendida por el exsenador....mejor no digo nada, pero ahí está........

El viaducto del metro una vergüenza para la ciudad en mucha parte de su recorrido. Todo un depósito de bolsas de basuras (común en muchas calle de la ciudad), sanitario público, dormitorio de vagos e indeseables, depósito de muebles viejos y lugar de reunión de pirómanos, que con sus candeladas tienen las columnas ennegrecidas y vueltas miseria, sin contar los infaltables y perniciosos letreros de movimientillos políticos y revolucionaritos de cuarta categoría o los grafitis de la hinchada de nuestros equipos locales, todo un burdo alud de incultura y malas maneras, que se podría minimizar, donde las directivas de esos equipos de fútbol, hicieran una campaña educativa con los seguidores e hinchas, en asocio con la Administración Municipal.

Así en medio de lo feo y lo malo, subimos hasta el tradicional Barrio Prado (monumento arquitectónico), visitamos la casa propiedad del municipio, destinada a residencia de los alcaldes de la ciudad, realmente hermosa y admiramos los viejos y hermosos caserones con forma de castillo y fortaleza medieval, que por fortuna escaparon del buril, la pica y la almadana, esa que muy conscientemente enterró para siempre la historia de nuestra ciudad.

En poco tiempo, estábamos en el tradicional barrio Los Ángeles, el cual poco cambia y que me trae gratos recuerdos, ya que allí me toco “marcar tarjeta” hace 30 años, para visitar a mi noviecita, la mujer de mis sueños y que hoy es mi esposa y madre de mis hijos a mucho honor.

Rumiando nostalgias y recuerdos, interrumpidos por mis compañeros de caminata, nos fuimos descolgando hacia el Parque Biblioteca León de Greiff, otra fuente de cultura y educación para los moradores del lugar y para todo Medellín, construido donde antes se levantaba la famosa cárcel “La Ladera”, hecha para 700 reclusos y la cual llegó a superar los 3.000, con los problemas que el hacinamiento representa. (“Aquí entra el hombre no el delito”...Ya voy Toño..Escupa y no se ría.)

De la citada cárcel, sólo queda en pie su frontis principal y sus dos garitas, mudos testigos de una época aciaga para la ciudad, hasta tocar la vergüenza, digna de ser olvidada, pero no borrada de la historia de Medellín. En este hermoso lugar, también nos quisieron privar de las “visticas”. En la Biblioteca que nos ocupa, brillan el orden, el aseo, las buenas maneras, las oportunidades antes negadas y la cultura, esa donde beben nuestros niños y jóvenes que reclaman un futuro: SI FUTURO.

Que verraquera: Habíamos logrado nuestra meta. El cielo opaco dejaba caer goticas menuditas de lluvia, el clima nos ofrecía una especie de sopor pesado y fresco con olor a humedad y abajo EL Barrio Boston, el cual quisimos visitar, ya que allí nació el suscrito, vivió nuestro amigo Bernardo González White (Begow) y ha sido cuna y lugar de residencia de ilustres ciudadanos, además de tener una gran tradición.

Bajando por Giraldo, arribamos al Parque Principal, donde se destaca el monumento al gran general de división y héroe de Ayacucho José María Córdova, digno de toda admiración y como tal, frente a él nos ubicamos para hacerle nuestro saludo de rigor. Igualmente dimos una mirada de admiración al busto del gran poeta Carlos Castro Saavedra, el hombre para el que “toda la vida fue un lunes” y que así en su figura amable y simple, pudo “escuchar la voz del viento” y vibrar con su canto.

Del Parque de Boston, bajamos una cuadrita para mostrarle a los Todo Terreno, el lugar que ocupó la casa de Begow, la casa de los abuelos del Alcalde Fajardo, la casa de León de Greiff, la casa de Doña Rafaela de la Calle (mi abuela), la de la matica de coca y el entierrito, ese que cayó en manos de escarbador ajeno y donde pasé mis primeros años de vida; así como otras casas de otros vecinos del lugar y sitios de interés, que aún perduran en mi memoria.

A paso lento, con el cansancio rondando por las botas de nuestros pantalones y orgullosos de nuestra caminata, salimos a buscar almuerzo, el cual estaba ahí unas cuadritas abajo en el Parque del Periodista, otro lugar “malo y feo,” repleto de basura, vagos y viciosos, en el que sólo se rescata el monumento a los jóvenes asesinados por fuerzas oficiales una noche cualquiera de un año ídem, allá en el Barrio Villatina. Ni siquiera es rescatable el busto de Don Manuel del Socorro Rodríguez, el periodista cubano que vino a nuestro país a desarrollar el periodismo, no a fundarlo, ya que se le había adelantado Don Antonio Nariño y su revolucionario periódico “La Bagatela”.

En casa de herrero, azadón de palo y en casa de periodista, tiene más fuerza un purgao, ya que es increíble que nuestros periodistas “con su fuerza y empuje”, no sean capaces de lograr que ese parque y sus monumentos, se mantengan a la altura de las circunstancias y de lo que representan.

Cómodamente ubicados en el Restaurante Santa Teresita, ubicado en una esquina del parque del Periodista, ordenamos nuestros almuerzos, los cuales fueron de nuestro gusto y el de nuestra hambre, ya que escasamente dejamos las servilletas y eso que “mordisquiadas.” (No los describo ya que las fotos son elocuentes)

Satisfechos de estómago y contentos de alma, salimos hacia Maracaibo, por donde bajamos para divisar el regularcito estado de nuestro Parque de Bolívar, el papelerío y basurero de Junín y el desorden del Parque de Berrio, que como basurero tampoco lo hace mal, además de contar con una inmensa manada de palomas que se mueren de hambre y de sed.-

Es bueno agregar que antes habíamos cruzado por la Avenida Oriental, donde pudimos apreciar las discutidas pirámides que hoy se construyen. Arte country y todo es asunto de gustos. A Zuluaga le parecen horrorosas, al Lobato le parecen hermosísimas, tal que si lo escucha el Alcalde hasta le escritura una para que lo entierren en ella. Al suscrito....le parece que van tomando forma y si, si...son bonitas.

También fuimos a la Plazuela Nutibara...otro horror y otro monumento al abandono y a las basuras, además de ser un mal vecino del Parque de Botero, ese si toda una belleza, todo un lujo y un orgullo para Medellín, muy visitado por propios y extraños y donde tranquilamente el Melitón Zuluaga, pudo tomar sus “visticas” sin tener que pedirle permiso a nadie. ¡Abrase visto Jerónimo!!!

En la Estación Parque de Berrío, Tomamos el Metro (nuestro gran amor y orgullo), convencidos que definitivamente el centro de Medellín es el gran lunar negro de la ciudad y parece que sin solución. Nuestro Metro nos llevó las estaciones desde donde continuamos la marcha a nuestras residencias, siendo las 3:40 pm.

Habían Sido ocho horas exactas de caminata, por la Ciudad de Medellín, nuestra hermosa ciudad, transformada por el alcalde Sergio Fajardo V., quien lastimosamente debe entregar su administración el 31 de diciembre de 2007 y para quien los Antioqueños y Medellinenses, sólo debemos tener sentimientos de agradecimiento y leal reconocimiento, por su excelente labor.

Como diciembre por su trajín y compromisos es un mes muy agitado, “dizque” empieza en primero y termina en primero; Los Caminantes Todo Terreno, nos despedimos de nuestras salidas, hasta el año 2008, con el superior permiso y si “el Caminante Mayor” nos presta la vida, los tenis y los cayados.

Feliz navidad y nuestros mejores deseos para el año nuevo,

Juan Fernando Echeverri Calle (Juanfer)