Caminata Sopetran - Vereda Santa Rita - Sopetran

Fecha: 12 de enero de 2008

Integrantes: Luis Fernando Zuluaga Zuluaga, Carlos Alberto Olaya betancur y Juan Fernando Echeverri Calle

Nombre: Calor, Color, Luz, Flores, Frutas y Belleza

Brillados los cayados, desempolvados los tenis y recobrados los ánimos luego de unas merecidas vacaciones, los Caminantes Todo Terreno iniciamos el 2008 con pie derecho, eligiendo para la patoniada al municipio de Sopetrán, la tierrita de Don José MaríaVilla, constructor del puente de Occidente, declarado monumento nacional, y de allí a Santa Fe de Antioquia. Como larguita la caminata.

En una bonita y fresca mañana, el Polaroid Olaya y Juanfer, nos encontramos en la Estación Estadio del Metro a las 6:45 a. m. y de allí en nuestro querido gusano, haciendo trasbordo en San Antonio, hasta la Terminal del Norte Mariano Ospina Pérez, donde nos encontraríamos con el Zuluaguita, quien es más cumplido que novia fea. En efecto, allá estaba periódico en mano y dando vueltas como tigre recién cogido.

Luego del saludote de rigor y con la ausencia de nuestro compañero Jorge Iván Londoño Maya, quien en este día había trastiado su cayado y sus corotos pa’ otro programa más titino y entretenido, arrimamos a un negocito de la Terminal, donde hicimos un “predesayunito,” con perico y empanadas, para luego dirigirnos a la Flota de Colectivos de Santa Fe de Antioquia, donde encarapetados en uno de estos automóviles, el cual creo no hubiese sido del gusto del Lobato, arrancamos a las 7:20 a m. rumbo a Sopetrán con el cupo completo; y digo completo, ya que además del “fercho” (quien resultó buen conversador) también iba un señor como medio rarongo, con pinta de “abogado en ayunas” y más serio que un marrano haciendo pipi.

Así fue que arrancamos en el blanco vehículo haciendo zumbar sus pistones, para agarrar rumbo a la carretera al mar, donde pudimos ver y conocer la parte del nuevo metrocable de Nuevo Occidente, ese que llega hasta la Aurora y que se inaugurará el próximo mes de febrero. ¡Qué belleza carajo!!!!

En menos de lo que demora el Chávez de Venezuela en tirarse cualquier reunión, estábamos ingresando al túnel Fernando Gómez Martínez, toda una maravilla de nuestra ingeniería, el cual pasamos en dos boliones para comprobar, como al otro lado, se ven los efectos del invierno y los derrumbes que tienen la carretera medio jodida y que si no se le pone remedio, el hermoso túnel quedará sirviendo para ensayar relojes fosforescentes, y pare de contar.

Ahí, conversaito y comentando las situaciones íbamos songo sorongo, cuando el señor misteriosito que nos acompañaba sacó media de guaro y se empujó el primero, claro que no ofreció ni unito, por el contrario, se guardó la botella entre el sobaco pa’ que no se la viéramos y ahí si empezó a hablar sin parar hasta su destino final en Sopetrán. Es como medio político, ha trabajado con el gobierno y es más Uribista que Juanfer que ya es mucho decir.

Siendo las 8:35 a.m. llegamos a nuestro destino, ya que el viajecito fue rapidito. Allí nos despedimos y dirigimos nuestros pasos a la Heladería y Restaurante la Nube, en el bien tenido parque La Ceiba del pueblo patria chica de nuestro amigo Raúl Emilio Tamayo G. y de otro montonón de gente.

Que falla, primera vez que no vamos a la iglesia (Nuestra Señora de la Asunción) a visitar al Gran Arquitecto Universal y darle gracias por los favores recibidos, lo cual hicimos a larga distancia mientras pedíamos nuestros desayunos, los mismos que no describo, pero que en la foto están bien representados.


Así comiditos, pero con algo de hambre, salimos siendo las 9:07 rumbo al Puente de Occidente, por una calleja abajo, donde nos llamó poderosamente una placa de mármol, recordando la “pavimentación de la cuadra gracias a la gestión del Alcalde Gerardo Vanegas”, calle que no tiene más de cuarenta metros de larga y que gastaría cinco bultos de cemento y cinco viajes de arena; es decir, vale más la placa. ¡Estos políticos home!!!!

Que día, o mejor que mañana más hermosa, que derroche de sol, de luz y de color en el ambiente, que calor tan verraco y a esa hora....es decir, ya nos imaginábamos el día que nos esperaba y la cuasi cocinada vivos, pero no importa. De pronto, así “como el roce de un ala sobre el viento”, un gran aviso llamó poderosamente nuestra atención: Vereda Guatocable – Municipio de Sopetrán – El cable Aéreo obra del departamento de Antioquia, que beneficia a 1.500 habitantes de las veredas Guatoco – Miranda Alta – Santa Rita y El Pomar.-

¿Cómo? Eso nos han dicho, pues arranquemos para allá home que no conocemos, gritó el Zuluaga, cual general Córdova en Ayacucho, y como constituyentes venezolanos, muy obedientemente sumisos, y sin mostrar ninguna resistencia, fuimos doblando a la derecha, refrescados por el murmullo de la quebrada la Sopetrana, por un camino veredal que desde su primer paso se empina para sumergirnos en un paisaje realmente hermoso, con fincas lujosas, donde las portadas son obras de arte y parece que estuvieran en concurso.

Nos llamó poderosamente la atención unos troncos talados de un par de ceibas que sobresalían sobre el tejado de una casa campesina, nos dolió ese crimen ecológico, pero cuando llegamos a los mismos pudimos comprobar que eran dos especies de esculturas en cemento concreto, muy bien pintados y que servían de marco a la portada de una finca hermosa, la cual ni nombre tiene, pero que destila lujo por todos sus muros, cercas, alambrados y jardines......y no me digan nada de la casa.

En medio de ese calor impresionante y en pura trepada, protegidos por piñones de oreja, búcaros, campaños, algarrobos y tamarindos, preguntamos a unos parroquianos: ¿A cuánto estamos del cable? A lo que uno nos respondió que a 15 minutos en carro, que traducido a pata ventiada y considerando lo exigente del terreno, da algo así como casi las tres horas, lo cual nos hizo mover todavía más para lograr nuestro cometido.

Que belleza de paisaje en estas veredas, donde los pájaros abundan, las frutas se ven por todo lado, las musaendras y los curazaos o veraneras en todos los colores reinan en los jardines, el agua se distribuye en mangueras por las diferentes fincas, pero también y como no puede faltar, aparecen las bolsas de basura arrojadas por inescrupulosos y desadaptados, contaminando el medio ambiente y sobresaliendo los envases de gaseosa, de esas multinacionales que poco o nada hacen por el mismo, a las cuales se les podría cobrar un impuesto adicional, para reparar en algo, el daño que hacen con sus productos, según recomienda serio y bravo nuestro Polaroid Olaya.

Nos impresionaron unos bosquecillos de árboles, muy parejos, delgados y con alturas superiores a los cuatro o cinco metros, los cuales según fuimos informados, se trata de cultivos de teca, la dura y apreciada madera, de la cual se está exportando bastante hacia el exterior y cuya siembra y producción en Sopetrán, parece que tiene un futuro inmenso.

La nota humana de nuestra caminata la tuvimos con un señor de nombre Luis Emilio, conocido como “Millo”, quien en su oficio de aserrador, la naturaleza le cobró por ventanilla hace seis años, cuando un árbol le cayó en su cuello y prácticamente lo dejó parapléjico, pero “Millo” con sus ganas de vivir y su tesón, ha venido superando su mal y ya camina ayudado con un caminador, montó un negocio a bordo del camino donde vende gaseosas, cigarrillos y otras cositas, instalado en una caseta metálica, donde también tiene su residencia, con su catre, televisor, equipo de sonido, nevera, agua, luz, bicicleta estática, es decir, un hombre digno de ser admirado e imitado.

Donde “Millo” refrescamos los guargueros secos como estopa y desviando nuestros pasos por una trocha que nos mostró otro parroquiano, nos economizamos unos cincuenta minutos en nuestra marcha, por un sendero estrecho, rodeado de naturaleza y hermosos frutales, así como de algunas casas campesinas, nos volvió a dejar en el camino o carretera principal, la cual nos llevó a la vereda Santa Rita donde está ubicado el cable o teleférico, con el que la Gobernación de Antioquia dotó a Sopetrán y lo viene haciendo con varios municipios, constituyéndose en un alivio para los habitantes de los sectores donde se ubican, especialmente para los estudiantes y los campesinos para transportar sus productos; además de ser atractivo turístico.

Efectivamente, sudando a mares, bajo un cielo “límpidamente” azul, ese sol con sus cuatro parrillas encendidas en alto, dotado de gafas oscuras y bermudas, el cual por más que ascendiéramos no rebajaba en su calentura y al fondo el río Cauca majestuoso, dejando ver muy lejos la estructura casi imperceptible del Puente de Occidente, logramos divisar en la distancia y sobre el cañón de nuestro río los dos cables destemplados del teleférico, el cual para nuestro desconsuelo no estaba funcionando debido a graves fallas mecánicas, según fuimos informados. No obstante, seguimos nuestra marcha hasta llegar a la primera caseta o estación, allí en Santa Rita.

Efectivamente es una construcción pequeña, pero cómoda, muy bien dispuesta para sus fines; con su sala de espera, taquilla para venta de tiquetes, escalinatas para llegar a la góndola, idénticas a las del Metrocable de Medellín, la cual permanece colgada del cable y firmemente amarrada con una gran lazo, espera silenciosa y sumisa, se terminen los lentos trabajos de reparación e instalación del nuevo motor, para poder entrar en servicio a la comunidad, trayendo desde el otro lado del cañón, en las vereda Guataco y Los Pomos, las deliciosas frutas que allí se producen, tales como: nísperos, mamey, papaya, mango, naranja, guanábana, algarroba, corozos, chontas, coco, zapote, chirimoya, mamoncillo, tamarindo y maracuyá, ya que por tradición Sopetrán es tierra de las frutas y allí se celebra la fiesta de las mismas en el último puente de junio.

Aprovechamos la góndola ahí amarrada para tomarnos algunas fotos en la misma, plasmar el hermoso paisaje y la estación de la vereda Guatoco (Guatocable), la cual parece una porcelana china, descargada en la falda de la cordillera, resaltando con su color rojo encendido, debido a la tableta tipo bocadillo con que fueron recubiertas estas construcciones.

Allí también aprovechamos para conversar con los técnicos de la obra, que adelantan actualmente su reparación y leer las varias placas de mármol, puestas sobre muros y columnas, haciendo énfasis a la entrega y construcción de la obra, la cual hasta el momento no ha podido cumplir con su cometido, por más que aparezcan los nombres del Gobernador Aníbal Gaviria y del Alcalde Gerardo Vanegas, repetidos en las placas.

Conocido éste bonito e interesante lugar, con el sabor agridulce de no encontrar el teleférico en funcionamiento, pero con la esperanza de poderlo ver y disfrutarlo en una próxima caminata, iniciamos nuestro regreso hacia Sopetrán, deshaciendo pasos, reconociendo en la bajada una cantidad de detalles bonitos e interesantes que se nos habían pasado en la subida y apreciando el paisaje desde otros ángulos. Es lo bueno de caminar y conocer, ya que no conoce más el que más viaja, sino el que más observa y nosotros como observadores nos tenemos respeto, además de llevar los ojos mágicos de nuestros fotógrafos el Polaroid Olaya y el Melitón Zuluaga. ¡Pa’ qué más! o sino hay tienen de muestra la excelente foto del gusanito que nos encontramos.

La bajada fue suave, ya que bajando ruedan las piedras, pero el calor nos molestó durante todo el trayecto, ya que nos resultó más fastidioso y pegajoso que la tal senadora liposuccionada y apátrida que sabemos, pero por fortuna lo soportamos, lo que no podemos soportar ni poquito, es al entrometido vecino del oriente, llavería de aquella y a quienes es hora de decirles ¡Por favor, cállense ya!!!!! dado que son como los estribos, que sólo sirven pa’ meter las patas.

Eran las 3.30 p. m. cuando hicimos nuestro ingreso al parque de Sopetrán, para dirigirnos al restaurante El Balcón del Parque, donde con el calor que estaba haciendo y la sed que traíamos, el Zuluaguita y el suscrito nos contentamos con jugo de tamarindo (no tan delicioso como el de Santa Fe de Antioquia) y una deliciosa sopa de legumbres, mientras que el Polaroid Olaya, si se fajó su almuerzo completo. Yo le doy ropita y le pago estudio...¿Pero comida??

Ahí mientras consumíamos nuestro almuerzo, pasó un parroquiano, que resultó ser conocido de Carlos Polaroid Olaya. Se trataba de Don Fernando Orrego, quien muy amablemente se nos sentó en la mesa, nos ofreció gaseosa y nos contó todos los milagros del pueblo, con sus pelos y señales. Que señor tan amable, cordial y buen conversador, además de ser amigo de nuestro contertulio Raúl Tamayo Gaviria a quien le mandó saluditas reforzadas.

Despedidos De Don Fernando Orrego, quien hasta botellas de miel de abeja pura también nos regaló, otro producto que se produce en Sopetrán, compramos tiquetes de regreso a Medellín en la buseta de las 5:30 pm. la cual nos dejó en la terminal de transporte del Norte, de donde habíamos salido y de allí nuevamente el Metro y a las casitas a descansar.

Que caminata tan bonita e interesante nos resultó esta, ahí sin querer queriendo. Ya será en otra que vamos al Puente de Occidente, el cual hemos visitado unas tres veces y que aguanta otras treinta.

Fuerte potencial de turismo el que tiene el Occcidente Antioqueño, galopando en los lomos del túnel, en la calidad de sus gentes, el clima, las frutas, las aguas y los paisajes.

En Sopetrán, con sus 11.500 habitantes, acomodados los unos sobre las otras en 223 Km2. se tiene una temperatura de 25°C (eso dicen, pero debe ser más) , separado de Medellín por 68 kilómetros que se cubren en algo más de una hora y tiene con la Bella Villa, una situación coincidente: Ambas fueron fundadas en 1616 por Francisco Herrera Campuzano, como quien dice, son hermanitas. El primer nombre que tuvo el poblado fue Los Guamos, cambiado luego por Viceparroquia de Nuestra Señora del Saladito de Córdova, el cual hubo que cambiarlo por Sopetrán, ya que para pronunciarlo completo había que llevar fiambre.-

Hasta la próxima y no se les olvide visitar estos paraísos de nuestro Occidente. Ahhh!! Y hacerle fuerza a la conservación de las aguas y de los bosques,

JUANFER

Tercera caminata por Medellín

Fecha: sábado 1 de diciembre de 2007

Asistentes: Luis Fernando Zuluaga Zuluaga (El Melitón Zuluaga)
Jorge Iván Londoño Maya (El Lobato) y Juan Fernando Echeverri Calle (Juanfer)

Duración: 8 horas

Nombre: Medellín, Lo bueno, lo malo y lo feo

Así en silencio, como recibiendo de rodillas este mes de diciembre cargado de alegrías, y con el Niño Jesús a bordo, el protagonista más olvidado que tiene cualquier fiesta, tomemos asiento ahí en las butaquitas, en el quicio o en el suelo, pero bien arrejuntaditos, pa’ que escuchen la crónica de nuestra caminata citadina del sábado primero de diciembre de 2007 por nuestra ciudad de Medellín, con duración de ocho horitas, ya que el recorrido a muy buen paso, y prácticamente sin parar, no es cualquier cosita. Con “deciles” que no lo hacen ni todos los carros de basura junticos. Paren bolas pues.......

Eran las 7:30 a. m. cuando el suscrito y el Lobato nos “topamos” muy cumplidos en la Iglesia de la América (Nuestra Señora de los Dolores), la cual se ha vuelto punto de referencia y encuentro para los Todo Terreno en sus caminatas.

Allí, entramos al templo y luego del saludito de rigor al “Caminante Mayor”, enfilamos piernas rumbo a la carrera 80 con la calle 30, donde nos encontraríamos con Melitón Zuluaga, recorrido que tomando por la calle Velásquez, y a buen paso, cubrimos en 28 minutos hasta el punto de encuentro, pero para sorpresa, el rastro de nuestro caminante estrella estaba más frío que la misma mañana, lo cual nos pareció bien raro, ya que Zuluaguita es más cumplido que “Parlamentario” a debate para aprobar aumento de dietas.

Pues resulta que como a los diez minutos vimos al hombre venir por toda la ochenta rumbo hacia nosotros. “Venía cantando su loca esperanza”. En el cinto colgando la cámara y bajo el brazo su eterna tulita y un ejemplar de El Colombiano... Claro que venía como achantadito, e inmediatamente dio explicaciones: “que había cogido un bus de Itagüí y que lo había llevado pa’otro lado, y que esto y lo otro”...Lo importante es que el muchacho había llegado e igualmente recibió nuestro saludo de bienvenida.

Como atletas debutando en maratón pueblerina, arrancamos sobre la calle 30 haciendo el recorrido parcial del carril que utilizará Metroplus, el cual está quedando como pa’ dar y convidar, además de tener un acabado espectacular y un entorno paisajístico lo máximo, donde ya no se quejarán los vecinos ni los comerciantes; pues, eso creemos, pero es que aquí pa’ tener contenta a la gente se necesita “saber de agua” y de naves espaciales. Lo que se diga en contrario es “gadejo.”

Así, conversadito y con pasito ligerito, nos internamos por el sector de La Palma, donde vive nuestro caminante Carlos “Polaroid” Olaya B, quien se tomó su lustro sabático, hasta llegar al lugar donde se levantaban las antiguas dependencias del F-2, borradas del mapa (gracias Espíritu Santo por...), para dar paso al Parque Biblioteca de Belén, el cual constará de 18 módulos y que se construye a buen ritmo.

Pegadito a la biblioteca y contra la carrera 80, la cual nuevamente nos encontramos en nuestro recorrido, se construye la moderna clínica de Saludcoop, donde hasta capilla se va a tener; clara muestra de la transformación de Medellín, donde sin lugar a dudas se vienen haciendo cosas muy, pero muy buenas.

Ahí mismito en la carrera 80, en la panadería Las Delicias de la 80, la misma que sirvió de salón de recepciones, pa´ que mis amigos caminantes me celebraran mi cumpleañitos el pasado 11 de noviembre, tomamos asiento en las mismas sillas y mesa, para ver desaparecer como por arte de brujería: pasteles de pollo con verduras, empanadas aseadas (ni mugre de carne), cervecita pa’…. (adivinen si son tan machos) y Mr. Tea y Piña Lux pa’ (sigan adivinando si son tan muchos)........

Ahorita si. Con la barriga a medio llenar y los tenis que se andaban solos, arrancamos para el occidente, con el Cerro del Padre Amaya de guía, buscando a Simón Bolívar y sus muy bonitas construcciones, acompañados en parte por la quebrada Ana Díaz. Cruzamos por el Barrio Cristóbal, Santa Mónica y el 20 de Julio, para bajar hacia La América - San Javier donde encontramos el Parque Biblioteca R.P. José Luis Arroyave, ya visitado por nosotros en otra oportunidad, el cual sigue muy aseado, bien tenido y repleto de jóvenes y niños que aprovechan el beber en esa fuente de cultura y educación que hoy les ofrece el Municipio de Medellín, y la cual sin lugar a dudas encarna la mejor inversión social, ya que un pueblo sin educación es un pueblo que errará sin rumbo fijo y en tinieblas hacia su propia destrucción, no dejando ni siquiera un mínimo legado de su existencia para la historia. Eso dice mi amigo Jesús Alonso Bolívar, pregúntenle a él, ya que yo no se de hilos, María es la que cose.

Desde la altura de la biblioteca se divisan las imponentes montañas de Medellín, las barrios que se trepan a las mismas como una mancha rojiza imposible de sostenerse y desafiando la atracción de Newton sobre el paisaje. El cielo medianamente azul, cubierto de nubecillas oscuras y al fondo, como una nave espacial blanca y brillante frente a los tímidos rayos de sol que le caían, la hermosa estructura de la Estación del Metrocable de Nuevo Occidente, el segundo que se construye en Medellín, próximo a inaugurarse y que ya deja ver las pilonas y los cables, que le darán vida a esta gran obra, la cual unida a nuestro METRO (lo veo, me arrodillo y me echo la bendición), serán en parte la redención de un importante sector de la ciudad, olvidado por años: Las comunas 12 y 13. Como se ve de bonita y hermosa la pobreza hoy en éste lugar, así como también se respira paz, aunque aún falta bastante por hacer, es por eso que no se puede bajar la guardia, especialmente en aspecto de seguridad.

A un lado de la Biblioteca y como haciendo un juego desigual a la Cárcel de Mujeres del Buen Pastor, próxima a irse del lugar, se deja ver otra inmensa construcción en la cual los obreros se mueven sin descanso en su labor: El Colegio San Javier. Todo un establecimiento moderno e inmenso, como para ser envidiado por los mismos Jesuitas y que albergará parte del el futuro de Medellín, Antioquia y Colombia, ese que hoy se desplaza en medio de las tinieblas y de la ignorancia. Si educamos un niño… preparamos toda una generación. Y una generación educada, es un pueblo menos sujeto a la esclavitud. (Vuelve y afirma Jesús Alonso Bolívar.)

De largo pasamos por el frente del cementerio Parroquial de La América y no entramos, ya que como estaban sacando unos restos, al Lobato le pareció algo “denigrante” (¿Cómo la ven? Eso que es tan normal como tomar agüita o respirar) y entonces seguimos de largo, ya que como es nerviosito, no lo imaginábamos con pesadillas en la noche.

Eran ya como las 10:05 a.m. y nuestra caminata apenas empezaba, así que sin pérdida de tiempo, nos dirigimos hacia la Estación San Javier por la Carrera 99 con calle 44, allí pudimos apreciar mejor las obras que se adelantan en el sector, admirar la inmensidad y fortaleza de las pilonas del Metrocable de nuevo Occidente, para luego salir a buscar la casa de Doña Elba Cecilia Restrepo G. (ElbaCé), nuestra amiga, contertulia y columnista de El Colombiano, de quien medio me acordaba su dirección, pero guiados por el instinto y el olor a tamales fuimos preguntando y preguntando, ya que estábamos más perdidos que candidato a la Alcaldía derrotado por quien menos se piensa; aunque convencidos que sabíamos pa’ donde íbamos, como diría Manuel Mejía Vallejo en su “Aire de Tango.”

Es importante citar además el imponente y extenso puente peatonal que actualmente se termina, entre la Biblioteca y la Estación del metro en San Javier, pasando por encima de la calle San Juan, una obra que definitivamente habla solita desde su frialdad y silencioso cemento, de la utilidad que prestará a la comunidad.

Igualmente mis “muditos” compañeros de caminata, pudieron conocer, ese puentecillo o andén, que por años pidió el suscrito sobre la quebrada El Salado en la Cra. 97 con la Calle 44 y que sólo fue logrado, como cosa rara, durante ésta administración; evitando así peligros e incomodidades a los peatones que cruzan por el lugar, en su mayoría niños que se dirigen a sus escuelas.

Ya cerca de la casa de ElbaCé, nos arrimamos a una carreta de frutas y compramos como dos docenas de mandarinas dulces, las cuales fuimos devorando, confiados en aquello que dicen, “de ser una fruta muy nutritiva y excelente aperitivo, especial para antes de un almuerzo con tamal........
Cuando estábamos en nuestro cítrico pre-almuerzo, salió de una casa una señora más bien joven y muy bien arreglada, quien se disponía a subirse a un automóvil azul oscuro (no reparé su marca ni modelo) y le pregunte: Buenas tardes Doñita, usted me podría decir, ¿dónde vive Doña ElbaCe Restrepo? Y la señora, más seria que un marrano haciendo pipi, ya que creo que por nuestras fachas y nuestras mandarinas en mano, nos confundió con aquellos “chachos” que una vez prendieron el barrio, simplemente contestó: “Ella es prima mía y vive a la vuelta.... está en el grado de la hija. Permiso señor” y se montó en su carro....., sin mirarme siquiera..Ni modo de ampliar más aquella “prolifera” conversación, ante tanta “fluidez” de palabra...y tanta simpatía.

Pues nos fuimos pa’la vuelta, sin calcular ni reparar, en cuál puede ser el tamaño y la distancia de una vuelta, máxime que no conocíamos ni su diámetro ni su radio. Averiguando, averiguando, por fin un fulano, nos mostró la casa de Doña ElbaCé y pegados del timbre, lo dejamos sudando y humeando, pero nadie abrió.....tampoco se sentía el aroma de los tamales en plena ebullición, sólo el olor a caucho recalentao, que despedía el pobre timbre “sobretocao.”

¡Jijuemichica muchachones parece que se nos volaron los tamales....A almorzar con la mano en la cintura y con llenura de mandarina. Otro día será que nos pegamos de Doña ElbaCé. Y así medio decepcionados, ya sin mandarinas y con el sabor virtual a tamal en la boca, nos dirigimos por el cauce de la quebrada La Pelahueso ahí en Santa Lucía, hacia la Floresta, Calasanz y enfilar hacia Robledo, para luego continuar por la vía al mar, pero enrutados a la Carrera 80 con la Calle 80, donde se hizo un CAI, se amplió la vía, se construyen muros de contención, cordones, andenes y al fondo se ve el otro Parque Biblioteca Tomás Carrasquilla. Moderno, bonito, amplio y bien dotado, donde los niños y los jóvenes se dedican a la lúdica, lectura y a los computadores. Nos preguntamos: De no existir estas bibliotecas, esos niños que hoy las ocupan desde horas tempranas en sábados y domingos ¿qué estarían haciendo?

Me ha faltado agregar, que durante nuestro recorrido, El Melitón Zuluaga, fue mucho lo que disfrutó haciéndole “clic” a su cámara, dejando las “visticas” para recuerdo de los Todo Terreno; pero como cosa rara, allí en la Biblioteca Tomás Carrasquilla, nos iban a poner problema por las fotos, ya que “dizque” es prohibido tomarlas,.....sabrán el Agente 007; Chan Lee Po y el Super Agente 086, los motivos para tal prohibición, máxime que en el lugar no vemos obras de arte, ni terminados en dorado u objetos vulnerables al flash.

Bonita la vista del lugar. Mucho progreso y mejora urbanística. Arriba el Picacho, sin lugar a dudas el Cerro tutelar de Medellín, que mejores condiciones presenta para hacer un mirador turístico. Al fondo la comuna Nor-Oriental, inmensa, cubierta con su lograda “paz” y el progreso que hace rato la invade, gracias al Metrocable, EL Parque Biblioteca España, las escuelas y colegios y a tanta obra e inversión que sobre la comuna se ha hecho, pero especialmente a la calidad y fe de sus gentes, honestos trabajadores, que supieron confiar y esperar.

En el camino y antes de cruzar la autopista(¿?) norte, aprovechamos para ingresar al Cementerio Universal........en el que también se ve la mano que se le ha puesto. Más organizado, aseado, con jardines bien dispuestos, ya que las cruces un poco lúgubres y tétricas no existen y cuenta con buena vigilancia, esa que dejó al Melitón Zuluaga de ojo apagado y cámara levantada, ya que “dizque” no se permiten las “visticas”....., no obstante siempre se logró una tomita.

Nuevamente salimos los caminantes hacia el Puente del Mico, sobre el río Medellín, hoy transformado en un altar navideño, y allí en la calle Barranquilla (por fortuna no habla), muy vecinos a la Universidad de Antioquia, otro lugar que ha sido tocado por el bisturí del progreso, nos arrimamos al Parque Norte: Jota Emilio Valderrama, muy bonito y recién reinaugurado (el parque home, no don Jota), con atracciones de lujo y a precios muy alcanzables, ya que hay subsidios para los estratos 1, 2 y 3. Recomendamos sea visitado en familia, ya que vale la pena.

Hasta la vieja Estación Villa del Ferrocarril de Antioquia, está siendo remodelada y hoy está totalmente cubierta en una especie de encerado, que no permite ver las obras adelantadas. Esperemos la sorpresa, ya que es una construcción digna de ser conservada.

Luego, pasamos al Parque Explora.....a “explorar” su progreso. Que verraquera....desde ya se sabe lo que va a ser esta gran obra y lo que representará a la comunidad y a la cultura, así como al turismo local. Espejo o fuente de agua, amplias zonas para disfrute del visitante y parqueo....acuario a ser inaugurado en febrero de 2008 y muchas atracciones más, como pa’ chupase los dedos.

El Jardín Botánico Joaquín Antonio Uribe (antiguo bosque de la Independencia), desprovisto de ese lúgubre muro que una vez lo encerró y hoy protegido por una bonita reja en hierro, que deja ver todo el contenido de esa naturaleza interior, no propiamente empacada al vacío y que invita a conocer el orquideorama, el lago y tantos atractivos con que cuenta, incluido restaurante y cientos de especies vegetales pa’ engordar cultura.

Así mismo, aprovechamos para dar una mirada al parque de los Deseos, otra obra hermosa y de atracción para el ciudadano del común, hecha por la anterior administración y donde también se puede admirar el Planetario Municipal.

Continuando nuestra marcha, nos dirigimos al Jardín Museo Cementerio de San Pedro, el más antiguo de la ciudad y el más tradicional, allí donde dejaban sus huesitos los ricos de Medellín, ya que hasta la muerte tiene estratos sociales y condiciones económicas, como si en ese hueco no “guelieramos” todos igualitico, lo que parece no sucedía antiguamente, ya que a su lado existió, en época de bárbara naciones, el Cementerio Laico, propio para ateos, no católicos, suicidas, masones.....¡Abrase visto Sarita que cosas!!!

Descubriendo nuestras cabezas y con mirada al frente, ingresamos al hermoso Cementerio e inmediatamente empezamos a mirar tumbas y a leer lápidas y epitafios. Es todo un baúl de recuerdos, esculpido en mármol por los años, la tradición y el sentimiento, durante los siglos XIX, XX y lo que va corrido del presente. Los deudos aferrados a las tumbas, los muertos que callan y no responden y el tonelaje de Padre Nuestros que se elevan, se elevan y se elevan.........

Imposible citar la cantidad de personajes importantes que aquí reposan. Venga amigo lector a este sitio que vale la pena y conózcalo o vuélvalo a conocer, pero con calma y sin miedo ni dolor, ya que los cementerios son bellos, guardan ese silencio y esa paz, que sólo en los huesos fríos nos recuerdan que “no somos nada” o como afirmaba mi viejo: “somos un bulto de mierda amarrao con lombrices.” ¡Como viven de bueno, los muertos y los locos!!

Mausoleos, esculturas, monumentos de lujo y también lo mañé y ridículo, pero respetable. Tumbas y lápidas con fotos del difunto, carticas, mensajes, carritos, motos, lamparillas, escudos del Nacional, Medellín, promesas, intenciones de canonización, buenos augurios...etc...etc...Pendejadas home. Ahí tenemos que decir como el poeta: “....en vida hermano en vida.....

En este Cementerio, en el cual reposan junticos los Echeverri, familiares de Juanfer, a quienes visitamos para ver sus telarañas y flores ancianas y resecas sobre sus lápidas, se celebran en noches de luna llena, espectáculos lúdicos musicales, de teatro, mimos, poesía y otros.... que mezclan la vida con la muerte, para que los muertos gocen y los vivos despierten. Aquí tampoco nos permitieron tomar foticos (vea pues que pendejada), pero el Melitón Zuluaga, haciendo uso de su disimulado ingenio, logró algunas tomitas y eso si podemos jurar, ningún difunto protesto, hasta creo que posaron, previo arreglo de sus cráneos inpeinables y fríos, además con una ventaja: No hay que decirles que sonrían ya que todas las calaveras “viven muertas” de la risa y barriga ningún esqueleto tiene.

Salimos el campo santo y tomamos hacia la carrera Bolívar en dirección al viaducto del Metro, donde pudimos ver las cosas feas y malas de nuestra Medellín del alma. El consumo de licor, pegante y “perico” es exagerado. A los consumidores les da más pena fumarse un tabaco 101 o un cigarrillo Cruz Blanca o Dandy, que un pucho de “maracachafa” o tirarles el empujón de perico, definitivamente es un problema que crece en Medellín y en las grandes ciudades y con el cual tiene que ver mucho la aprobación de la famosa “dosis personal” propuesta y defendida por el exsenador....mejor no digo nada, pero ahí está........

El viaducto del metro una vergüenza para la ciudad en mucha parte de su recorrido. Todo un depósito de bolsas de basuras (común en muchas calle de la ciudad), sanitario público, dormitorio de vagos e indeseables, depósito de muebles viejos y lugar de reunión de pirómanos, que con sus candeladas tienen las columnas ennegrecidas y vueltas miseria, sin contar los infaltables y perniciosos letreros de movimientillos políticos y revolucionaritos de cuarta categoría o los grafitis de la hinchada de nuestros equipos locales, todo un burdo alud de incultura y malas maneras, que se podría minimizar, donde las directivas de esos equipos de fútbol, hicieran una campaña educativa con los seguidores e hinchas, en asocio con la Administración Municipal.

Así en medio de lo feo y lo malo, subimos hasta el tradicional Barrio Prado (monumento arquitectónico), visitamos la casa propiedad del municipio, destinada a residencia de los alcaldes de la ciudad, realmente hermosa y admiramos los viejos y hermosos caserones con forma de castillo y fortaleza medieval, que por fortuna escaparon del buril, la pica y la almadana, esa que muy conscientemente enterró para siempre la historia de nuestra ciudad.

En poco tiempo, estábamos en el tradicional barrio Los Ángeles, el cual poco cambia y que me trae gratos recuerdos, ya que allí me toco “marcar tarjeta” hace 30 años, para visitar a mi noviecita, la mujer de mis sueños y que hoy es mi esposa y madre de mis hijos a mucho honor.

Rumiando nostalgias y recuerdos, interrumpidos por mis compañeros de caminata, nos fuimos descolgando hacia el Parque Biblioteca León de Greiff, otra fuente de cultura y educación para los moradores del lugar y para todo Medellín, construido donde antes se levantaba la famosa cárcel “La Ladera”, hecha para 700 reclusos y la cual llegó a superar los 3.000, con los problemas que el hacinamiento representa. (“Aquí entra el hombre no el delito”...Ya voy Toño..Escupa y no se ría.)

De la citada cárcel, sólo queda en pie su frontis principal y sus dos garitas, mudos testigos de una época aciaga para la ciudad, hasta tocar la vergüenza, digna de ser olvidada, pero no borrada de la historia de Medellín. En este hermoso lugar, también nos quisieron privar de las “visticas”. En la Biblioteca que nos ocupa, brillan el orden, el aseo, las buenas maneras, las oportunidades antes negadas y la cultura, esa donde beben nuestros niños y jóvenes que reclaman un futuro: SI FUTURO.

Que verraquera: Habíamos logrado nuestra meta. El cielo opaco dejaba caer goticas menuditas de lluvia, el clima nos ofrecía una especie de sopor pesado y fresco con olor a humedad y abajo EL Barrio Boston, el cual quisimos visitar, ya que allí nació el suscrito, vivió nuestro amigo Bernardo González White (Begow) y ha sido cuna y lugar de residencia de ilustres ciudadanos, además de tener una gran tradición.

Bajando por Giraldo, arribamos al Parque Principal, donde se destaca el monumento al gran general de división y héroe de Ayacucho José María Córdova, digno de toda admiración y como tal, frente a él nos ubicamos para hacerle nuestro saludo de rigor. Igualmente dimos una mirada de admiración al busto del gran poeta Carlos Castro Saavedra, el hombre para el que “toda la vida fue un lunes” y que así en su figura amable y simple, pudo “escuchar la voz del viento” y vibrar con su canto.

Del Parque de Boston, bajamos una cuadrita para mostrarle a los Todo Terreno, el lugar que ocupó la casa de Begow, la casa de los abuelos del Alcalde Fajardo, la casa de León de Greiff, la casa de Doña Rafaela de la Calle (mi abuela), la de la matica de coca y el entierrito, ese que cayó en manos de escarbador ajeno y donde pasé mis primeros años de vida; así como otras casas de otros vecinos del lugar y sitios de interés, que aún perduran en mi memoria.

A paso lento, con el cansancio rondando por las botas de nuestros pantalones y orgullosos de nuestra caminata, salimos a buscar almuerzo, el cual estaba ahí unas cuadritas abajo en el Parque del Periodista, otro lugar “malo y feo,” repleto de basura, vagos y viciosos, en el que sólo se rescata el monumento a los jóvenes asesinados por fuerzas oficiales una noche cualquiera de un año ídem, allá en el Barrio Villatina. Ni siquiera es rescatable el busto de Don Manuel del Socorro Rodríguez, el periodista cubano que vino a nuestro país a desarrollar el periodismo, no a fundarlo, ya que se le había adelantado Don Antonio Nariño y su revolucionario periódico “La Bagatela”.

En casa de herrero, azadón de palo y en casa de periodista, tiene más fuerza un purgao, ya que es increíble que nuestros periodistas “con su fuerza y empuje”, no sean capaces de lograr que ese parque y sus monumentos, se mantengan a la altura de las circunstancias y de lo que representan.

Cómodamente ubicados en el Restaurante Santa Teresita, ubicado en una esquina del parque del Periodista, ordenamos nuestros almuerzos, los cuales fueron de nuestro gusto y el de nuestra hambre, ya que escasamente dejamos las servilletas y eso que “mordisquiadas.” (No los describo ya que las fotos son elocuentes)

Satisfechos de estómago y contentos de alma, salimos hacia Maracaibo, por donde bajamos para divisar el regularcito estado de nuestro Parque de Bolívar, el papelerío y basurero de Junín y el desorden del Parque de Berrio, que como basurero tampoco lo hace mal, además de contar con una inmensa manada de palomas que se mueren de hambre y de sed.-

Es bueno agregar que antes habíamos cruzado por la Avenida Oriental, donde pudimos apreciar las discutidas pirámides que hoy se construyen. Arte country y todo es asunto de gustos. A Zuluaga le parecen horrorosas, al Lobato le parecen hermosísimas, tal que si lo escucha el Alcalde hasta le escritura una para que lo entierren en ella. Al suscrito....le parece que van tomando forma y si, si...son bonitas.

También fuimos a la Plazuela Nutibara...otro horror y otro monumento al abandono y a las basuras, además de ser un mal vecino del Parque de Botero, ese si toda una belleza, todo un lujo y un orgullo para Medellín, muy visitado por propios y extraños y donde tranquilamente el Melitón Zuluaga, pudo tomar sus “visticas” sin tener que pedirle permiso a nadie. ¡Abrase visto Jerónimo!!!

En la Estación Parque de Berrío, Tomamos el Metro (nuestro gran amor y orgullo), convencidos que definitivamente el centro de Medellín es el gran lunar negro de la ciudad y parece que sin solución. Nuestro Metro nos llevó las estaciones desde donde continuamos la marcha a nuestras residencias, siendo las 3:40 pm.

Habían Sido ocho horas exactas de caminata, por la Ciudad de Medellín, nuestra hermosa ciudad, transformada por el alcalde Sergio Fajardo V., quien lastimosamente debe entregar su administración el 31 de diciembre de 2007 y para quien los Antioqueños y Medellinenses, sólo debemos tener sentimientos de agradecimiento y leal reconocimiento, por su excelente labor.

Como diciembre por su trajín y compromisos es un mes muy agitado, “dizque” empieza en primero y termina en primero; Los Caminantes Todo Terreno, nos despedimos de nuestras salidas, hasta el año 2008, con el superior permiso y si “el Caminante Mayor” nos presta la vida, los tenis y los cayados.

Feliz navidad y nuestros mejores deseos para el año nuevo,

Juan Fernando Echeverri Calle (Juanfer)

Caminata Girardota - Alto de la Virgen

Fecha: sábado 24 de noviembre de 2007

Asistentes: Luis Fernando Zuluaga Zuluaga, Juan Fernando Echeverri Calle y Jorge Iván Londoño Maya.

Inasistentes: Carlos Olaya Betancur y Gloria Helena Gutierrez Gómez. Otra más y se les cancela la matricula.

Duración: Que hijuemama 3 horas pa´ duras

Nombre: De la Mano de María Virgen

¿Pa´donde van don Jorge?
Arfirio, vamos a subir del parque de Girardota hasta el alto de la Virgen.
Aaahhhh, que subida tan berrionda; pero eso pa´ustedes no es nada
Eso cree usted Arfirio
Menos mal don Jorge el día pinta como bueno
Ojala, al menos que no nos llueva y que se quede encapotado que así es mejor para caminar.
Bueno Arfirio, Dios mediante hablamos esta tarde
Que les vaya muy bien don Jorge.

Este fue el diálogo que sostuve con Arfirio, el portero de nuestro edificio, quien además es el director del grupo de música guasca Arfirio y sus Friolentos, yo los puse así porque todos son oriundos de Santa Rosa de Osos. Para presentaciones en diciembre no pregunten, porque están copa´os desde marzo. Así de sencillo.

A buen paso completé las 6 cuadras hasta la estación Estadio. Allí me uní a Juanfer quien muy puntual venia en el segundo vagón, y hágale para Niquía, punto de encuentro. En la estación san Antonio cogimos para el lado contrario, y nos dimos cuenta hasta cuando íbamos bajando las escaleras, ¿la causa? Contándole a Juanfer intimidades de la pasada tertulia, a la cual no pudo asistir porque lo llamaron a una reunión con la plana mayor del metro para condecorarlo como “pasajero fiel” y para prestar una platica en el grupo financiero que representa.

Con diez minutos de adelanto llegamos a la estación Niquía, otrora pista aérea para elevar cometas que se elevaban tanto que les ponían bombillos intermitentes para alertar a las avionetas que por allí pasaban raudas para el Olaya Herrera; así como dormitorio cinco estrellas de los trenes del glorioso Ferrocarril de Antioquia, de los cuales hoy, vencidos por el tiempo, sólo quedan los esqueletos de tres o cuatro vagones, arropados por los recuerdos de quienes fuimos sus agradecidos pasajeros y abrazados por la maleza que pretende tapar la indiferencia de todo un pueblo.

Raro que no encontráramos a Luisfer por ahí sentado en alguna banca leyendo el Colombiano, porque es más cumplido que agiotista cobrando intereses. Al rato apareció mezclado entre el gentío que a esa hora sube y baja de la plataforma, y como soldado que llega tarde a la izada de bandera, dio las explicaciones del caso, plenamente justificadas por la cúpula de los Todo Terreno.

Del metro pasamos al paradero de los buses hasta que paso una estrecha buseta para Girardota, apta para llevar niños de kinder pero no caminantes con “alguito” de sobrepeso, con cayados de 1 metro y 50 centímetros de estatura y morrales con sobrecupo. La subida y la bajada de ese armatoste se convierte en un exigente ejercicio físico, apenas para los hombres de acero.

Esa buseta se fue a mil, parecía un marrano huyéndole a un bulto de helecho, por lo que sólo dio tiempo para leer la columna del contertulio Raúl Emilio Tamayo y la de su vecino Ramiro Valencia Cossio. No eran las 8 de la mañana y ya estábamos a merced de los 40.404 girardotanos entre quienes comparten honores el alcalde Luis Fernando Ortiz, nombrado hace poco como el mejor alcalde de Colombia para municipios hasta 50.000 parroquianos, y el Señor Caído.

Girardota, que en sus inicios tuvo el nombre de Hato Grande, es hoy un remanso de paz aromatizado por 35 trapiches paneleros; ubicados en los cuatro puntos cardinales, para muestra, hace como dos años cerraron la cárcel, por lo que sus instalaciones pasaran a ser oficinas de la administración pública. Este año tuvieron que traer dos presos prestados de Copacabana para celebrar el día de la virgen de las Mercedes, patrona de los reclusos. Y sin Cañar, al sepulturero lo tienen trabajando medio tiempo.

Dos cuadras mas abajo del parque nos bajamos como pudimos de la buseta, y nos entramos a una panadería muy diferente a aquella de San Antonio de Prado, ¿la recuerdan? Ésta si de mobiliario modesto pero con mucho calor humano. Afuera sobre bandejas se exhibían humeantes los pandequesos, las almojábanas, los buñuelos y demás piezas del amplio repertorio de nuestras típicas panaderías. El luisfer y el juanfer se fueron por par almojábanas con cafecito con leche, y el suscrito por un huevo en cacerola tirando paso sobre una deliciosa pista de maíz (arepa) y a falta de chocolate bueno es el chocolisto. Creo que me demoro para pedir huevos revueltos, porque es muy difícil conseguir algunos medio parecidos a los que hace Marta Ligia Rodas de Londoño.

En todo el parque, parte del cual se encuentra en remodelación, Luisfer compró el ají para el sancocho que nos esperaba arriba como remate de la caminata. No podía faltar la visita a la catedral Nuestra Señora del Rosario, en la cual se encuentra la imagen del Señor Caído, imagen que sostiene el turismo religioso de Girardota, al igual que la Iglesia de san Esteban de Hato Grande, construcción colonial hecha a semejanza de la primera iglesia del pueblo.

A las 8 y 10 minutos desde el propio atrio de la basílica le gritamos al alto de la Virgen ¡Tenete fino que allá vamos! y dígase a subir por esas empinadas calles rumbo a las veredas Manga Arriba y Juan Cojo. A las dos cuadras encontramos la construcción de la nueva biblioteca, una edificación de muy buena área construida. La zona rural aparece muy rápido y con ella se nos presentan el convento de las Carmelitas Descalzas (en la foto) el polideportivo, la cancha de fútbol, el hogar del anciano, obra digna de conocerse, y el seminario menor.

La cuesta se va empinando hasta que llegamos a las partidas para la vereda Manga Arriba, que nos da un respiro por el terreno plano y ondulado. En este tramo nos encontramos un amable parroquiano quien el primer sábado de cada mes sube al alto de la virgen, o sea el más indicado para darnos cartilla sobre el camino a seguir.

Pasamos por la tienda en donde el 18 de marzo de 2006, día que hicimos esta misma caminata, paramos con el kurdo, ataviado con su turbante musulmán y Olayita, hoy ausentes. Nos duro poco la dicha porque el terreno plano se nos acabó en un sitio conocido como “las sombrillas”. A pesar que llevábamos las instrucciones de aquel amable girardotano, reforzamos con las indicaciones que nos dio un jubilado de Polímeros Colombianos, quien lucia la camisa de trabajo con el nombre de la empresa, lo que le valió un emocionado saludo de Juanfer, quien a todo le hace una piñata.

Ahora si, la subida es subiendo. Por fortuna yo llevaba mis tractores con cordones que se aferraban muy bien a los rieles de cemento, los cuales desaparecieron al poco rato para darle la bienvenida al camino real, con piso de barro amarillo, que estaba blando pero transitable. En ese momento el pelicandela Restrepo tenía las parrillas en alto, pero unos negros nubarrones jugueteaban con nosotros pasando de izquierda a derecha y viceversa.

Terminamos el primer tramo del camino y llegamos a la vía pavimentada la cual nos llevó hasta el sitio conocido como la Terminal. Allí nuevamente cogimos los empinados rieles hasta llegar al corazón de la vereda Manga Arriba, en donde fuimos recibidos por unas amables señoras que estaban soleando la nieta de una de ellas. Dos cuadritas mas arriba se nos abre el panorama y aparece ante nosotros la enorme montaña que nos espera arremangada y que con vos de hombre nos dice: ¡vengan pues que aquí los espero, no estaban tan machos allá en el atrio!

En el último plan, de dos cuadras de largo, nos encontramos un perrito pelicandela que se nos pegó a la caminata y la hizo completa a nuestro lado. En este tramo obtuvimos la última información sobre el camino a seguir, dado por una persona inválida quien con pelos y señales nos mostró el mapa virtual hasta el santuario de la virgen Santificadora, nuestra meta.

Terminado el plan cogimos nuevamente un camino real que sería el que nos llevaría por entre el bosque nativo que cubre la montaña. La espesa vegetación es ahora nuestra única compañera, además de Tote, el perro que no nos desamparaba, y al cual Juanfer le daba de beber agua fresca en los improvisados recipientes hechos con hojas de los árboles. Lo pusimos tote en honor a nuestro nombre TOdo TErreno. Igualmente hicimos un alto para ofrecerle en silencio a la Virgen nuestras intenciones de esta caminata, acompañadas de un Ave María.

La tupida vegetación le daba al camino una oscuridad como de película de suspenso, lo mismo que los nubarrones que nos seguían de cerca. La frescura del monte contrastaba con las granadillas y las mandarinas que todavía conservaban el frió de la nevera. En algunos recodos se podía divisar el pueblo y sus alrededores, la autopista Norte, las instalaciones de Enka y las nuevas empresas que se están construyendo.

Al pasar por una de las dos casas que hay a borde del camino, y en la que se nos acabaron las existencias de bombones, la dueña nos dijo que Tote era una perrita, y que se mantenía por esos caminos. Que ella no la adoptaba porque ya tenía varios perros. Así que la seguimos llamando Totea, para que el nombre le saliera con el cambio de sexo.

A las dos horas de dura subida llegamos a un repechito, desde el cual se ve la autopista Medellín – Bogotá. Esa carretera parece una boa abriéndose paso por entre la montaña, con sus pesadas tractomulas sobre las espaldas, que desde allí parecen carros de juguete. En este repecho aprovechamos para declarar abierta nuestra zona de alimentación con una cervecita Pilsen enlatada y el Mr Tea, infaltables en nuestro menú, así como unos bocadillos de uchuva, sobre los cuales dice Juanfer que, además de reponer calorías, son muy buenos para la próstata. Vaya uno a saber.

Terminado el repecho regresa el ascenso hasta el sitio donde hay unas partidas. Allí, a diferencia de la primera caminata, cogimos por la trocha que nos llevaría directamente hasta el santuario de la Virgen Santificadora. Cuando se entra a esa trocha, haga de cuenta que nos despedimos del mundo, corrimos el telón y quedamos solos para afrontar el último repecho de la montaña.

El ascenso, guardadas las proporciones, es casi tan difícil como el de cerro Tusa, algunos tramos hay que atacarlos por los bordes porque lo resbaloso del centro no permite buen agarre. La trocha tendrá si muchos 40 centímetros de ancho, decorada a los lados por alta vegetación. Totea siempre adelante, pero a veces se iba para la retaguardia olfateando todo hasta que emprendía veloz carrera y nuevamente quedaba al frente del grupo.

Al llegar a la cima, y gracias al sermón que desde muy atrás traía Juanfer, “ya casi se larga el agua” se dejaron venir unos enormes goterones, por lo que de inmediato imploré a la Milagrosa para que no lloviera, dimos 20 pasos, ceso la lluvia y salió tímidamente el sol, fue cuando aproveche para decirle a Juanfer: “hombres de poca fe, no prueban leche porque no hay café”

De la cima comienza la descolgada y luego el plan en donde aparecen unas voces que irrumpen el silencio del bosque, eran unos peregrinos rezando en el santuario. A las 11 y 20 de la mañana Totea rompió la cinta de llegada y detrás los caminantes.

Aprovechamos para unirnos a las últimas oraciones de los presentes, y para darle gracias a la virgen por permitirnos llegar hasta su morada. Mientras tanto Totea se tuteaba con todo el mundo, le sobraron chitos y papitas fritas, y claro, se fue detrás de una familia que buscaba un lugar apartado para comerse su fiambre. Hasta allí llegó la amistad con Totea.

Del santuario bajamos hasta la iglesia donde tiene su asiento el convento de las monjas de la comunidad Siervas de María Santificadora, en donde daban inicio a la misa de las doce del día. Allí fuimos recogidos por mi hermana Sonia, su esposo Mario, y mi tia Gilma, monja de la comunidad de las Teresitas, quienes previamente nos habían invitado a almorzar a su finca, ubicada muy cerca de donde nos encontrábamos. Así que tirando “carro particular” nos fuimos hasta la finca en la parcelación Altos de la Molina.

Al llegar a la finca fuimos saludados por el perro Candelario, las begonias, las hortensias, los novios, los besitos; en fin, por un dotado jardín que adorna el corredor principal de la casa, y por el humo del fogón donde hervía el sancocho trifásico. Luego pasamos a un merecido descanso, por esas 3 horas de exigente subida.

Luego de conocer la huerta, donde el primer puesto se lo disputan las granadillas, las curubas, las uchuvas, la papa, la mora de castilla, los higos, el maíz, el fríjol y las legumbres pasamos a manteles. Lo primero que había que hacer era escoger el plato, obviamente Juanfer se llevó el que parecía una ponchera de esas para enjabonar ropa toda la noche. Claro que Luisfer y el suscrito no nos quedamos atrás.

El sancocho traía chasis de marrano (espinazo) carne gorda y gallina colorada, el revuelto acostumbrado y de adorno una mazorca. Acompañado de todos los juguetes: arepas, aguacate, banano, limón, el ají que compramos en Girardota y ensalada tres colores; de sobre mesa leche con bocadillos rellenos de arequipe. Antes de la primera palada nos acordamos de ElbaCé, JuanCé y Pablo, los contertulios que mas gozan con nuestras viandas.

Por supuesto la foto obligada fue la del plato de Juanfer con los sobrados que dejó para Candelario, la tusa pelada de la mazorca. Que tal si hubiéramos llegado con Totea, pues se totea del hambre porque creo que hasta las pobres gallinas las tuvieron que envolatar con algo de concentrado.

Luego de la siesta virtual y de echar más cháchara. Sonia y Mario nos bajaron hasta la autopista en donde cogimos una buseta de Marinilla, las del atraco de aquella tarde, y claro…nos tocó de pie, pero hasta mejor porque si encontramos puesto a esta hora todavía estaría el chofer bregándonos a despertar de la siesta.

En la estación Universidad cogimos el metro de regreso a nuestras casas, no sin antes admirar el maravilloso espectáculo que brindan el parque Norte, el parque Explora y el jardín Botánico. Devolviendo los pasos por las 6 cuadras de la estación Estadio hasta mi casa, caí en cuenta de que no habíamos rezado al Ángelus y era precisamente la caminata en honor de la Virgen María. ¡No te enojes Milagrosa que en la próxima te lo rezamos dobles!

Recuerden, mañana martes 27 de Noviembre es el día de la Virgen Milagrosa, patrona de los Todo Terreno y mi tocaya, a mucho honor.

Hasta la Próxima

JORGE IVAN DE LA MILAGROSA LONDOÑO MAYA

Caminata Colegio Latino - Corregimiento de Santa Elena

Fecha: sábado 17 de noviembre de 2007

Asistentes: Luis Fernando Zuluaga Zuluaga. Juan Fernando Echeverri Calle y Jorge Iván Londoño Maya

Nombre: Borrachera de color, Naturaleza viva…naturaleza muerta.

¡Queridos lectores!! Si es que por ociosidad o casualidad hay alguno que se atreva meterse a estas garrapateadas breñas cibernéticas. Hoy 17de noviembre de 2006 y con este invierno tan “jijuemama” que hemos tenido en estos días, nos amaneció la mañana como bien pispa. Borrachera de luces y colores, el cielo medianamente opaco por encimita del Cerro Pan de Azúcar, el “mono Jaramillo” le coquetea a la mañana, las montañas medio cubiertas de niebla, pero por las sombras, efectos y luces se ven más hermosas que nunca.... O nos cambió el tiempo o es que hoy si se va a pegar por fin nuestro fotógrafo de cabecera el Carlos “Polaroid” Olaya, que hace rato nos tiene banquiaos.

Eran las 7:30 a.m. cuando en la Estación Estadio del metro, nos encontramos Jorge Iván Londoño (El Lobato) y el suscrito, para así sobre rieles y bajo un cielo que pintaba bien bonito en esa fresca mañana, continuar hasta la estación Exposiciones, donde nos bajamos para tomar un taxi, el cual, en menos de lo que un Parlamentario se demora para cobrar sus “suelditos”, estábamos allá en la vía a las Palmas en el Colegio Latino, donde habíamos quedado de encontrarnos con Zuluaguita y con nuestro hombre de la lente, el “Polaroid” Olaya, quien nunca apareció......., dejando las luces, los colores, las sombras, los efectos, los retiros y los rayos del sol, con los crespos hechos, pero entendible debido a sus labores.

Efectivamente, ahí en Las Palmas, en el excelente tramo recién entregado, al frente del Latino, estaba el Zuluaguita en un “caspete” de esos donde les venden alimentación y bebidas a los trabajadores de la obra, quien al vernos, y haciéndose el loco, tiró a un costado de la vía la cervecita que se estaba tomando y pidió en forma inmediata tres tintos, como si nada.

Reunidos los tres amigos y caminantes y luego del riguroso saludo con abrazo y pico incluido, procedimos a las 8:20 a.m. a iniciar nuestro camino, portando cada uno su vasito desechable lleno de oloroso y humeante café, el cual entre sorbo y sorbo y paso a paso fuimos sorbiendo y saboreando, mientras subíamos por la nueva carreterita recién pavimentada, que conduce a esos caminos que llevan al Alto de la Paloma, desde donde se descuelga uno a Santa Elena.

Es ésta nuestra sexta o séptima caminata con similar origen y destino, pero todas son totalmente diferentes, no sólo por la forma en que se presenta el clima, el tiempo y el día, sino que cada vez la carretera está más acondicionada y la montaña más deteriorada, gracias a las construcciones lujosas que inexplicablemente se levantan en la misma, con el lógico deterioro ambiental y el daño imperdonable a la naturaleza, la cual al paso que va, se apunta a declararse muerta en aquel sitio.

Lentamente, reparando en la naturaleza que aún se conserva “no tocada”, con el verdor de sus bosquecillos, pinares, presencia de pájaros con sus cantos, mariposas con sus vuelos desordenados y alegres y el “graznido” de las guacharacas, fuimos ascendiendo hasta llegar al camino, después de haber pasado por el frente de hermosas casas y fincas de ciudad, de donde salen los perros en manadas a ladrar y hacer bulla, pero muerde más el Señor Caído de Girardota.

Tomamos el camino en forma ascendente el cual se veía bastante empantanado. No habíamos caminado ni un kilómetro, cuando se nos presenta a nuestros ojos una especie de carretera en construcción....y que ...para nuestra sorpresa y rabia, es la marca nociva y dañina que hacen los motociclistas en sus motos y cuatrimotos, quienes vienen a competir o a “gomosiar” en estos lugares, sin medir el daño que le hacen al paisaje y a la naturaleza, ya que además tienen el descaro de cortar pinos que apenas están en crecimiento y como si nada, dejar inclusive tirados en el piso, galones y botellas plásticas conteniendo aceite y combustible de sus máquinas, lo cual constituye un peligro por aquello de los pirómanos que no han de faltar.

Definitivamente y así lo hemos denunciado en otras crónicas, es hora que las autoridades le pongan coto al daño ecológico que se hace a las hermosas montañas que encierran a Medellín, especialmente hacia estos lados.

En medio de un camino que dejaba ver los arroyos con resumideros, por las lluvias de los últimos días, cubierto de vegetación a lado y lado y donde en algunos lugares se cierra sobre nuestras cabezas, llegamos al sendero en piedra hecho por nuestros aborígenes en tiempos precolombinos, ese que ha sido utilizado por conquistadores, arrieros, comerciantes, viajeros, silleteros y caminantes y que conduce hasta el hermoso corregimiento de Santa Elena, “donde el que se va vuelve, y el que vuelve se queda....”

Atrás quedaba la hermosa ciudad casi cubierta por la niebla. Cerca en primer plano los lujosos edificios de El Poblado, encima ese chal o mantilla blanca tejida por “natura” con goticas de agua evaporada y más arriba los picos de nuestras montañas, esas que dan hacia el occidente y noroccidente, hermosas e imponentes, debiéndose resaltar el Cerro del Padre Amaya, El Tobón y el Toboncito los cuales contrastaban contra el azul del cielo, ese que se llenaba poco a poco de sol y de luz, ya que el “mono Jaramillo” sacaba a relucir lo mejor de su cálido repertorio.

Es de anotar, que el Lobato Londoño venía con una gripa como de exportación y se había vestido una chaqueta en puro caucho y de amarillo intenso, la cual le hacía perfecto juego con su colorada nariz, formando en su interior una especie de “sauna o turco”, ya que cada que bajaba las manos salían por las mangas de la misma sendos chorros de sudor.

Mientras todo esto, el “Melitón” Zuluaga hacía maravillas con su cámara, labor que había iniciado desde el mismo momento de arrancar nuestra marcha, allá abajo en las obras de Las Palmas y es que hay que decirlo, este paisaje es fotogénico y “pinchaito”, registra mejores “visticas” que Natalia París, pero con todo el verde de la naturaleza vestida, no en “bola” como ella,; máxime que es el escenario que enmarca una caminata que vale la pena hacerla todas las veces, dado que en ella evocamos la presencia de Antioquia y sus silleteros.

Lento, muy lento, observando cada detalle, cada nubecilla, volviendo los ojos atrás para mirar como la ciudad se despojaba de su manto de niebla, dándole miradas al Cerro de La Paloma allá en lo alto, observando el milagro de la naturaleza en una flor o una semilla que revienta, los pájaros, las flores, los anturios, los helechos, los bejucos, los siete cueros, las carates, los palmitos de monte, todo eso hacía de nuestra caminata un evento primoroso de vida, tan diferente a lo que habíamos dejado abajo, la mortandad, gracias a la mano del hombre.

La cruz, sencillo calvario en madera ubicado en uno de los costados del cerro y que hace las veces de mirador, los secaderos de madera, el roncar de las motosierras, todo eso se combinaban en medio del silencio, dulcemente acicalado por el trinar de las aves y el colarse del viento entre las ramas de los árboles; cuando a mano izquierda y como tres ciclópeos gigantes, se levantaban ante nosotros, esos senderos hechos por Corantioquia en madera inmunizada y que a través de 204 escalones muy bien dispuestos conducen a la vereda El Plan. Por allí seguimos los caminantes, cayendo directo a esa vereda que hace honor a su nombre, antesala del ya famoso Parque Arví, anexo a Piedras Blancas, reserva ecológica donde se encuentra la represa del mismo nombre, la primera hecha por EPM para surtir de agua potable a Medellín. Igualmente las veredas El Plan, junto con Piedra Gorda y Barro Blanco, son sin lugar a dudas puntales en las fiestas de las flores, aportando el mayor número de silleteros, esos que se han convertido símbolo de Medellín ante el mundo y declarados patrimonio cultural. No sobra agregar, que el próximo Metro Cable y el tercero en la ciudad, se hará en este sitio y como continuación del de Santo Domingo y tendrá un carácter netamente turístico.

Casitas campesinas regadas en el paisaje, “casotas” de ricachones de Medellín, aferradas al mismo, dañando el conjunto visual, pero muy pasables, cultivos de claveles crisantemos, siempre vivas, cartuchos, begonias,. margaritas, pompones....es decir, todas las imaginadas y por imaginar, ya que Santa Elena, tierra a la que acabábamos de entrar, parece un bazar florido en las manos del Creador.

Si señores....estamos en la tierra de los Silleteros, de esos hombres verracos y forjadores de una cultura, que de iniciar con un oficio casi que de “bestia de carga” al servicio de los españoles y criollos encopetados, pasaron a poner sobre sus espaldas, todo ese jugo de la tierra, que conducido por los vasos leñosos de las plantas, se transforma en las más bellas flores, cual besos de la naturaleza sobre el follaje.

Con todo este deleite de color, fragancia y paisaje, adornado por el vuelo elegante de los gavilanes y el cantorreo de las mirlas, llegamos a la carretera principal, donde encontramos la Tienda El Plancito. Allí hicimos una parada para improvisar con buñuelos, empanadas y pasteles de pollo deliciosos, un desayuno reforzado con café en leche ordeñada, lo cual fue un deleite para el paladar y una afinación a nuestras máquinas.

Nuevamente iniciamos la marcha en medio de ese óleo transitable que es el bello corregimiento. El saludo simple y sincero de los campesinos, los hatos lecheros, algunas ovejas, legumbres, más casitas y por fin, el pequeño y acogedor parque de Santa Elena, dominado por la escultura en honor al Silletero, obra de la artista Maria Eugenia Piedrahita y atrás unos cuantos metros, la hermosa iglesita hacia a la cual, como en otras oportunidades dirigimos nuestros pasos, para dar gracias al Jardinero y Silletero Mayor.

Refrescamos nuestras gargantas, recorrimos el lugar; donde se tiene además la Casa de Gobierno, blanca, hermosa y muy bien tenida, echamos una mirada al Colombiano, admiramos las hermosas mujeres con sus cachetes de rubor natural y nos dejamos picar por las ganas de almorzar, pensando en una saludable “ensalada de frutas”, que venden en una heladería ahí mismito, cuando el Lobato con su nariz colorada, moquiando, sudoroso y abrigado en su chaqueta amarilla de caucho, manifestó que mejor buscáramos un trío de mondongos en el Estadero y Restaurante La Montaña, “ya que mondongo mata ensalada de frutas” según su expresión y como Zuluaguita y Juanfer somos tan obedientes, devolvimos pasos y cayados, rumbo al precitado Restaurante para almorzar a lo ociosamente rico, aunque “Mondongo” mata sano.

Efectivamente, llegado al típico y muy buen restaurante, fuimos atendidos como lo que somos: Tres príncipes embajadores de la naturaleza y caminantes, pero no politiqueros ni oportunistas como ese tal “Moncayo”. Allí, ubicados en la parte posterior del restaurante, en unos kioscos de paja muy bien jalados, con un ambiente campestre, en medio de jardines, frondosos árboles y con la formalidad de Wilson, el mesero que nos tocó en suerte, procedimos a pedir gaseosas para el Lobato y Juanfer y la infaltable cervecita para el Zuluaga y sin necesidad de mirar la carta, ordenamos trío de mondongos, los cuales llegaron “volando” a nuestra mesa.

Efectivamente se veían apetitosos, tenían un aroma especial y además del plato de mondongo, de respeto entre otras cosas, nos sirvieron arroz, aguacate y arepas, pero quedó faltando el “infaltable” banano, pero no importa, ya que “mondongo también mata banano.” Que pelea tan desigual la de estos tres caminantes “filudos”, contra esos tres inocentes y apetitosos mondongos. Eso fue lucha de cucaracha patas arriba y vieja de chancleta en mano....., ya que los tres no dieron un solo brinco.

Más repleticos que “sanitario de flota”, felices, palillo en boca y repuesto en una oreja, pagamos la cuenta y dejamos una buena propina. Nos terciamos los morrales y salimos rumbo a la carretera a buscar bus o buseta que nos llevara a Medellín, cuando un muchacho que había parado ahí junto a un Renault 9 “bien tenido”, nos ofreció viaje a “Medallo”, el mismo que fue rechazado por El Lobato, quien no se monta en el primer tiesto que le ofrezcan, no obstante y ante la insistencia del muchacho de marras, nos trepamos al Renault, sin hacernos rogar tampoco demasiado, máxime que a las 4:30 PM. había que ir a ver el partidito de eliminatorias para el mundial Colombia – Venezuela, programa este que mis dos compañeros de caminatas, no se pierden....con decirles, que más fácil faltan a la repartición de una herencia.

Buen viaje el de regreso, a un paso muy prudente y rendidor, por esa carretera Santa Elena, en la que se desajusta una barra de salchichón y se marea un Alka Seltzer, muy pronto teníamos a nuestra vista la ciudad de Medellín, allá abajo en el corazón del Valle del Aburra, esa que en medio de nuestras charlas y comentarios fuimos alcanzando poco a poco.

A Zuluaga lo dejamos en Buenos Aires, ahí en pleno Ayacucho, ya que iba a visitar a Doña Lalita, su querida y adorada Madrecita. El Lobato y Juanfer, seguimos en el carrito hasta Girardot, donde nos apeamos, para continuar a pata por el congestionado centro de Medellín, a buscar la Estación del Metro en San Antonio, el cual nos acabó de arrimar a tirito de piedra de nuestras residencias.

Santa Elena, hermosa y simple. Patria de los Silleteros y una muestrecita de Antioquia para el mundo, digna de conocerse y visitarse, entendiéndose que no conoce más el que más lejos viaja, sino el que más cuidado ponga, así sea en el patio de su casa.

Chaito pues, hasta la próxima y no olviden visitar el blog de los caminantes todo terreno, cacharriar y dejar sus mensajitos:

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JUAN FERNANDO ECHEVERRI CALLE