CON FIAMBRE POR LOS CAMINOS DEL CAFÉ(minicrónica)

CAMINATA No. 184 Primavera(Caldas) hasta Fredonia. SEP. 19-09
LOS CAMINANTES TODO TERRENO

EL ENCUENTRO
En una mañana fresca y bajo cielo plomizo, hora 6:45 am. Estación Envigado del Metro de Medellín
Asistimos a la cita: Luis Fernando Zuluaga Z. (Zuluaguita) , Carlos Alberto Olaya Betancur (Polaroid Olaya) y Juan Fernando Echeverri calle (Juanfer)
Ausentes por fuerza mayor: Jorge Iván Londoño Maya (El lobato) y José María Ruiz Palacio (Chema)

LA SALIDA
A bordo d una buseta de Caldas, la cual tomamos ahí en la “autopista” sur, arrancamos a buena velocidad rumbo al citado Municipio (cielo roto para muchos), para luego de algunos minutos de recorrido en medio de un soso paisaje cubierto de humo y contaminación, quedarnos en la vereda Primavera.

NUESTROS PRIMEROS PASOS.
En la citada vereda, dimos inicio a nuestra marcha, pero no buscando la meta, simplemente buscando donde desayunar alguna cosita y lo encontramos: Estadero El Rancherito, que suena como a “ranchaito” según Olaya y es que la gente se rancha a dejar de ir, ya que sus precios no son para todos los bolsillos.

Con huevitos revueltos, chocolatico, arepa y quesito en porciones decenticas mitigamos el hambre que ya se apoderaba de nuestras entrañas, para arrancar la marcha felices y contentos, buscando el suroeste por la empinada vía, esa que sube y sube, por donde bajar el café. No sólo por ella, también en los precios internacionales.

El día empezaba a despejar, la mañana tenía cara de buena gente, el sol repartía sus rayos en forma generosa y nuestra conversación confundida con el clic de la cámara de Olaya, era interrumpida sólo por el quite a los carros que suben y bajan y por la presencia de un muchacho, quien vestido con la camiseta verde y blanca del Atletico “Vamuymal” Nacional, se nos cruzó en el camino.

Era un mono medio alemanoide, tipo nuestro amigo y caminante Chema, pero de pelo corto. Hablantinoso, simpático y muy formal, quien resultó integrando el grupo. Nos contó sobre su origen campesino, su venida para Medellín, ya que no aguantó más las humillaciones del patrón como operador de rula.

Aquí se lo llevaron para el ejército, pagó su servicio, volvió, se empleó de celador en una empresa de vigilancia, se casó y esperan su primer bebé. Echaba flores a nuestro hobby de caminantes, “ya que si uno no tiene buen estado físico, cualquier carrerita –lo aguasalea-“

LLEGADOS A LA TOLVA
Al llegar a la tolva, allí donde se recibe la producción hullera del suroeste Antioqueño, para ser distribuida a los compradores y donde también se reciben las negras noticias de bajó el carbón y bajó el dólar, lo cual acongoja a los exportadores del preciado mineral, nos despedimos del casual caminante y amigo que se nos había pegado, quien amablemente nos dijo: “Cuando vuelvan por estos lados, mi casita es allasito mismo, allá con gusto los invito y los espero a desayunar”. Qué bueno sería, creo coincidimos todos.

AHORA SI, RUMBO A FREDONIA
Mientras ascendíamos rumbo a la izquierda, dejando atrás esas enormes tolvas carboníferas, sumidas en el silencio y que parecen como unas esculturas en chatarra del maestro Justo Arosemena, en homenaje al dolor y a la explotación del hombre por el hombre, pisaron nuestras plantas los primeros guijarros y pantanos a medio secar, de esa carretera vieja a Fredonia “vía Piedra Verde”, por donde transitaron los arrieros con su desvelante carga de café, ese granito amarillento y oloroso, sobre el cual se aferró en su momento, el desarrollo exportador del país.

Parecía que nuestros pasos estaban engranados al canto de las aves, las cuales se mostraron en abundancia desde el inicio de la trocha. Fincas campesinas con olor a pobreza y a esperanza, gente buena que se asoma al camino, platanales, liberales, sietecueros, helechales, jardines que cuelgan en tarros viejos y bacinillas peladas, pero sin ninguna Babilonia, nos muestran esos rastros de aquella Antioquia pretérita que se atragantó de montaña.

Así fuimos devorando caminos, tamizando paisajes con nuestras retinas y disfrutando del clima agradable, hecho como para nosotros, mientras el sol cual estrella de Belén parecía vigilar tibiamente nuestros pasos, confundidos entre piedras enterradas, pantanillos, arena, frutales, flores, verdor y cielo que enmarcaba nuestra caminata.

Que triste ver los rastros de las quemas sobre la montaña, esas que todavía practican nuestros campesinos “dizque para preparar la tierra”, sin pensar que están preparando incrementar su pobreza. Pinares y pinares por montones. Bosque nativo y siempre presente como no nos ha faltado nunca, el canto de los pájaros.

Esta caminata, la cual fue ideada o mejor improvisada por Zuluaga ya que nuestros planes eran otros, había sido hecha por Los Todo Terreno en otra ocasión, lo cual nos permitía traer a nuestras mentes buenos recuerdos y refrescar anécdotas, pero esos mejores recuerdos y esas anécdotas, se detenían así en seco, para añorar la presencia de El Lobato y Chema: ¡Cómo hacen de falta!

Nuestra atención en cierta parte del camino, nos fue desviada por la relativa y lejana presencias de un gigante que se mostraba en el horizonte; era nada más y nada menos que Cerro Bravo, quien con su pequeña barriga que le sale en uno de sus costados, parece preñado de aventuras, para repartir en copas de sudor y esfuerzo a todos los caminantes.

Todas éstas imágenes fueron quedando en el mágico y artístico ojo de Olaya que lo contagia al de su cámara, mientras el Zuluaga goza y adoba con sus comentarios bien traídos, las bellezas que vamos repitiendo y repasando, pero que siempre serán nuevas y maravillosas. Buscamos esa otra maravilla, ese pico puntiagudo que parece introducirse sobre la piel del cielo, pero nada, no se dejaba ver; nos referimos a Cerro Tusa, otro referente del suroeste Antioqueño y “coco” de los caminantes.

Que simples y hermosos son nuestros paisajes. Verdor inmenso e intenso. Una agüita que baja allí, otra cantarina que se desprende por aquel lado; la cascada de buen tamaño que ofrece sus aguas espumosas, desprendidas desde lo alto de la montaña y hasta algunos cultivos de peces, esos que balbucean sus primeras esperanzas en la región, mirando al futuro.

Cítricos, más pinos, los cafetales soqueados que reviven más verdes y frescos que nunca y el andar cansado del campesino que con su herramienta al hombro regresa a casa, luego de su jornada, esa que desarrolla a la vista de los enormes y hermosos cerros, amigos silenciosos de su rutina y de su esfuerzo y me acuerdo del Apóstol Santiago: 5, 1-6: “¡Habéis amontonado riqueza, precisamente ahora, en el tiempo final! El jornal defraudado a los obreros que han cosechado vuestros campos está clamando contra vosotros; y los gritos de los segadores han llegado hasta el oído del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en este mundo con lujo y entregados al placer. Os habéis cebado para el día de la matanza”.

Fincas de recreo hermosas con lujosas viviendas, fincas cafeteras que reparten el trabajo al mejor postor, algunas ganaderías incipientes y allá arriba la Vereda de Monte Verde, donde apurando el paso llegamos, para descansar un poco, asentar comentarios y refrescar nuestro cuerpo recalentado. Estábamos a mitad de camino de nuestra meta.

Reiniciamos la marcha, con el Cerro de los Fernández a nuestras espaldas, esas que portando morrales se aliviaban ante el descenso. Hablando de morrales, el de Zuluaga se veía repleto e hinchado por su contenido. Claro, traía los fiambres que para nuestra caminata había preparado con gusto y cariño su esposa Carmenza Montoya de Zuluaga, esos que más adelante serían víctimas inocentes de nuestro apetito.

Son las 12:12 pm., situación que hace que el Zuluaga nos recuerde al Lobato y su recomendación: “No se olviden del Angelus”, ese que antaño era recordado a los hombres de buena voluntad, por la voz de la campana y que hoy lo siguen acostumbrando los hombres buenos, a los hombres de buena voluntad, que se descubren al rezarlo. Cumplida con la sencilla y cuasi extinguida oración, continuamos la marcha, por esa carretera que amerita sea arreglada y ojalá pavimentada, ya que es una ruta alternativa a la vía del café.

Un paisaje repetido fue el monólogo de nuestro caminar, pero sin perder su belleza, siempre armonizada y amenizado por el canto de las aves, las cuales ese día abundaron para nosotros.

El sol arreciaba, el cansancio se hacía presente de una u otra forma y los fiambres se querían salir del morral de Zuluaga, en una franca manifestación de “ganas de ser devorados”, cuando aparece ante nuestros ojos la presencia del muy bonito Estadero Y Restaurante El Mirador; sitio predilecto de caballistas de la región y desde donde se organizan excelentes cabalgatas.

Ni cortos ni perezosos los tres caminantes y amigos (mejores amigos que caminantes) nos tomamos como por asalto una de las mesas de aquel sitio, donde fuimos atendidos amablemente. Ahí como que no se quiere la cosa y la cosa queriendo, le dijimos al señor que nos atendió, que nos sirviera por favor dos cervezas bien frías y un juguito de naranja Valle, ante la carencia de Mr. Tea.-

Al llegar el buen hombre con el servicio, tímidamente le pedimos permiso para “descorchar sin cover” tres tamales que traíamos para nuestro almuercito, a lo que el señor asintió positivamente y sin ningún remilgo.

Ante la vista curiosa (y hasta envidiosa) de algunas personas que compartían en el lugar, fuimos empelotando navaja en mano, esos fiambre con la marca exclusiva y registrada, de Doña Carmenza Montoya. Corte cabuya y separe con paciencia y calma, centímetro a centímetro las hojas que cubrían aquel tesoro alimenticio, el cual dejó ver a nuestros ojos, arroz, costilla pero carnuda y de la mejor, arepa, tajadas de plátano, huevo duro y carne molida que muéranse de la dicha queridos y babiados lectores , trajeron a nuestra memoria esos paseos del colegio o aquellos familiares que con pelota de números, hacíamos a las quebradas cercanas a Medellín, antes que se llenaran de suciedades, se le murieran los peces y se llenaran de pillos y ladrones.

No dieron un brinco esos manjares ante nuestro aleve ataque, armados de cuchara, tenedor y cuchillo y de eso pueden dar fe y testimonio, dos perritos quienes se arrimaron a nuestra mesa y que fueron premiados con los huesos, pero a quienes como que no les gustó la hoja o dermis en que venían envueltos nuestros fiambres. Ni la cabuya se perdió, ya que fue recogida y guardada por Olayita, por un quien sabe en qué se puede necesitar. Gracias Señor por hacer que Doña Carmenza prepare tan deliciosos alimentos, sin nosotros merecerlos y que se aumente la devoción, amén.

Nos paramos de esa mesa como tres chinches. Si nos cabía un tinto, no nos cabía el azúcar. Posamos para las visticas para olvidarnos de la siesta y háganle muchachones pa’abajo y pa’arriba a punta de columpios que ya esto huele a Café de Fredonia.

Efectivamente, siga contemplando paisajes, cafetales, montes que desafían la altura y el vértigo de la caída en picada. Un cielo limpio y un sol como acabado de vestir, luciendo sus mejores prendas para descargarlas sobre nuestras espaldas, hasta que llegamos a la Vereda Uvital, allí donde vio las primeras luces y sus primeros cinceles el mejor escultor monumental que ha dado Colombia y uno de los mejores del continente, así no tenga plaza, ni parque ni nada.

En esa vereda, ahí junto al Liceo Uvital, desviamos nuestros pasos de la antigua carretera, otrora principal, para trepar por un atajo en piedra que ascendía, descender luego en medio de matas y lisas piedras debido a la humedad, hasta unas casitas, que se confunden con las dolorosas ruinas de la casa donde nació el maestro Arenas Betancur, clara muestra del descuido, el desgreño administrativo y la indolencia de las autoridades en todos los órdenes, ya que se viene hablando de reconstruirla desde hace mucho tiempo y por el contrario cada vez la esperanza se pierde en medio del olvido y el desagradecimiento.-

Por fin, luego de salvar aquella trocha, “más lisa que un corroncho enjabonado”, llegamos ahora sí a la carretera principal pavimentada; la vía del café, para dirigir nuestros pasos a Fredonia “Tierra de hombres Libres” y que dejaba ver allá abajo en medio de los Cerros Combia y Bravo, los tejados rojizos y las torres de su iglesia, como presencia viva de ese municipio que es sinónimo de café, de trabajo y de antioqueñidad “así le rasque, le duela y le pique a algunos”.

Que pereza caminar en pavimento, caliente y para acabar de ajustar bien parado, ya que a cada paso, la carretera parece que asciende inmisericordemente sobre nuestras humanidades cansadas, luego de poco más de ocho horas de haberle dado manivela al calzado.

Pese a lo conocido del terreno, una especie de cascada que se dejaba venir desde la altura de un barranco, con sus aguas negras y un insoportable olor a podrido, que se desparramaba abajo contaminando lo que coge, nos hizo ver muy cercana las calles del pueblo; situación que no dejó duda en nosotros, ya que al llegar al mismo y en plena entrada, vimos lo que nunca antes habíamos visto: Un inmenso basurero, donde se arrojan huesos y sobras de las carnicerías y quien sabe que más inmundicias, donde los gallinazos en manadas, pelean por el periostio restante de algún pelado hueso. Pésima imagen para el Municipio de Fredonia, sus aguas negras sin control y el basurero de marras.

Esquivada la gallinazada y los malos olores, nos vimos en las calles de Fredonia y enrutamos cayados a buscar la Terminal de Transporte, ya que eran nueve horas de caminada lo cumplido. No arrimamos al parque y por ende a la iglesia y como tal, rememoramos “Las Manos de mí Madre”, obra hermosa del Maestro Rodrigo Arenas Betancur, que reposa en el templo. Compramos tiquetes y escasamente tuvimos tiempo de tomar algún refresco, ya que el bus esperaba.

Efectivamente un vehículo de la Flota Fredonia, a buen paso nos fue llevando a nuestras residencias allá en el l Valle del Aburra, mientras recordábamos la caminata, rescatábamos las bellezas de la misma, decantábamos lo poco grato y no digno de tocar, pero eso sí, resaltando la presencia de nuestro Ejército en la vía y la buena que está quedando la misma, en especial la doble calzada en Caldas, donde ya se entregaron los primeros 1900 metros de carretera en condiciones y especificaciones excelentes.

Hasta la próxima con el superior permiso,

LOS CAMINANTES TODO TERRENO –Medellín, Colombia-
Juan Fernando Echeverri Calle
www.caminantestodoterreno.blogspot.com

Ver más fotos en el siguiente vínculo:
http://picasaweb.google.com/ob.carlos/Primavera_Fredonia19_09_09#

Tejas arriba buscando a Dios.

CAMINATA No. 183 LOS CAMINANTES TODO TERRENO
NOMBRE: CALIXTO, TEJAS ARRIBA EN BUSCA DE DIOS.
PARTICIPANTES:
LUIS FERNANDO ZULUAGA Z. (Zuluaguita)
CARLOS ALBERTO OLAYA BETANCUR (Olayita)
JOSE MARIA RUIZ PALACIO (Chepe)
JUAN FERNANDO ECHEVERRI CALLE (Juanfer)

Una vez más, bajo un cielo opaco clara muestra de neblina, antojitos de invierno no obstante el fuerte verano que nos pega y el infaltable esmog que enruana casi que permanentemente nuestro estrecho y hermoso Valle del Aburrá, Los Caminantes Todo Terreno nos dimos cita a las 7 am. en la Estación Envigado de nuestro querido Metro, donde muy cumplidos como ya es rigor y disciplina , nos reunimos los caminantes y mejores amigos de manera cumplida, con la ausencia sentida de nuestro compañero Jorge Iván Londoño Maya, quien debió viajar a los Estados “Hundidos” a acompañar a su padre Don Gustavo Londoño Londoño, quien sufre algunos quebrantos de salud de los cuales esperamos se recupere pronto, máxime que se trata de nuestro Cónsul, Embajador y Representante Legal: “Don Mister Paisa”.

Con tiempo disponible, aprovechamos para admirar el hermoso grabado litográfico sobre lámina, en honor de Fernando González “nuestro loco de Otraparte”, el cual ya presenta los infaltables rayones de esos canallas y vándalos, malos hinchas del fútbol quienes no respetan muro, fachada, monumento, pedestal u obra de arte, para defecar lo que sus estrechos cerebros producen, lo cual obviamente despierta nuestra indignación.

También pudimos admirar la hermosa obra de nuestra pintora Débora Arango “Silencio Materno”, una alegoría a la Virgen María, trabajada en retal de cerámica. Esta sí por fortuna se ha salvado de la acción de los vándalos.

Hechos los comentarios del caso, preparativos para la patoniada y enfilados nuestros cayados con dirección hacia los paraderos de las busetas integradas del Metro, para esperar con la paciencia del Santo Job, una que nos transportara vía El Alto del Escobero, hasta el Alto de la Palma (que verracas tan demoradas y que falta de civismo de algunas personas para hacer y respetar la fila), iniciamos por fin nuestro recorrido hacia el sitio donde empezaríamos nuestra caminata no. 183.

Debo agregar que previamente, habíamos tomado en un negocito del lugar, una especie de desayuno de “gamin”; café en leche con pan de queso o empanada al gusto. Así mismo desde mediados de la semana, el grupo se había puesto de acuerdo para que esta caminata se hiciese en homenaje al Sacerdote Gustavo Vélez, más conocido como Padre Calixto.

¿La razón? Muy simple y se desprende de su propio peso. El querido y conocido Padre Calixto, escritor, columnista, párroco de varias iglesias en Medellín, capellán de la Comunidad de la Madre Laura, servidor irrestricto de la fe y del servicio a la comunidad, caminante reconocido y amigo de lo bueno, había fallecido en su ley: Caminando, cuando infortunadamente incursionó desde el domingo 6 de septiembre y en compañía de un amigo por la hermosa reserva ecológica de San Sebastián La Castellana, en el alto de San Luis, entre los Municipios de Envigado y El Retiro.

Infortunadamente, su compañero no aguantó la caminata que se habían fijado y se devolvió por el camino recorrido, pero el Padre Calixto, quiso seguir adelante él solo y así con sus setenta y nueve años de edad y “Tejas Arriba” en busca de Dios, encontró la muerte. Todo parece indicar se perdió por algún sendero de tantos que existen entre el espeso bosque de pinos y vegetación nativa, donde lo cogió la oscuridad y sólo fue hallado sin vida al tercer día de desaparecido, en la vereda Normandía, ya que rodó por un abismo cayendo sobre unos peñascos y sufriendo graves lesiones.

Pues sí queridos lectores, si los hay, que la buseta abordada por nosotros, luego de recorrer la vía del Escobero y tomar rumbo al alto de La Palma, nos dejó en el sitio indicado por nosotros y ahí en la entrada al sendero que lleva a la Reserva de San Sebastián La Castellana, por donde en compañía de un amigo caminante, el Padre Calixto había iniciando su fatal y última caminata, para hacerle el amor a la naturaleza, ya que era un enamorado de la misma.

Bello el sendero desde el primer paso que dimos sobre el mismo. Vegetación y verdor en abundancia, sombrío y frescor sobre nuestras humanidades y la fastidiosa presencia del “chusco”, ese tunoso y desnutrido bejuquillo que parece como primo sesenta del bambú, pero que parece sólo sirve para chuzar las piernas de los caminantes y tapar los caminos.

Medio cautelosos y como con “cierta prevención que creo, no habíamos sentido nunca antes” nos fuimos introduciendo por el estrecho sendero en un derroche de naturaleza que animaba nuestros pasos. No habíamos recorrido más de medio kilómetro, cuando nos encontramos con un joven moreno, espigado y quien de binóculos colgados al cuello, nos saludó, informándonos que andaba observando aves, es decir, era un ornitólogo, lo cual además nos confirmó la presencia allí a un lado del camino y en el piso, de una bolsa de plástico, la cual dejaba ver una serie de recortes y publicaciones sobre pájaros.

Despedidos del citado joven, quien insistió en que nos apuráramos para que alcanzáramos a sus compañeros que iban adelante (recomendación que nos pareció como rara y hasta “cabriadora”), seguimos nuestro camino por el sendero, el cual poco o nada cambiaba en su entorno. Efectivamente, un poco más adelante nos encontramos con una simpática muchacha, quien también armada de binoculares, nos saludó muy amablemente; pero nos dijo no saber nada de un compañero que hubiese quedado atrás, ya que sus amigos y colegas de estudio, estaban más adelante.



De pronto, nuestros pasos fueron parados en seco por un alambrado, la espesura recostada contra el mismo y una gran puerta en reja, pudiéndose leer al frente (hay que agregar que la ruta es muy bien señalizada) un gran aviso que indica que estábamos en la Reserva Ecológica San Sebastián La Castellana, alto de San Luis, con una altura de 2.900 m.s.n.m.

Salvada la reja por un boquete en la misma, pudimos comprobar que estábamos en territorio de El Retiro, ya que en al precitado aviso, se fijaban unas comunicaciones emanadas de la alcaldía de dicho municipio, dando a conocer la existencia de la reserva, las limitaciones a visitantes, precauciones a tener y cuidados con la fauna, la flora y las aguas, haciendo énfasis en la prohibición al tránsito de triciclos y cuatrimotos, esa plaga que se quiere apoderar de nuestras montañas y campos y que hay que frenarla sin lugar a dudas, ante el daño que causan al medio ambiente.

En ese sitio, camino se bifurca, hacia arriba y hacia abajo, en pisos hechos en escalinatas de piedra muy bien distribuidas y dando un agradable y bonito aspecto al paisaje, el cual se abría sobre un horizonte de pinos pringado por la neblina a pedazos y bajo un cielo plomizo donde el sol no se había dejado ver la cara, no propiamente por timidez.

Brújula en mano ubicamos nuestra ruta. Tomar el camino que sube y que va hacia el sur, haciendo conjeturas sobre la ruta tomada por el Padre Calixto y que nos llevaría cerca a la vereda Normandía, para continuar nuestros pasos hacia el municipio de El Retiro; pero ¡A verdes que estaban las uvas!


Y sí señores, más adelante nos encontramos con el grueso del grupo. Se trataba de unos doce estudiantes (hombres y mujeres) de la Universidad Nacional, quienes en compañía de su profesor (más joven en apariencia que los alumnos), se dedicaban a su observación de aves para su clasificación y ubicación en la región.

En ese mismo sitio, pudimos ver el primer mirador en madera inmunizada, levantado por Corantioquia, de seis que se ubican a lo largo del camino, el cual en esas instancias ya era más amplio y con piedra entreverada, y desde el cual se divisa gran parte del sur del Valle del Aburra, cubierto en ese momento por esa capa de niebla y esmog ya descrita al inicio de esta crónica y que se incrementaba con el paso del tiempo, dejando presagiar la posibilidad de lluvia.

Chao muchachos y éxitos en sus observaciones y seguimos nuestro camino, el cual iba ascendiendo, mientras el ambiente se tornaba un poco frío.
Que belleza de camino se abría ante nuestros pies, lo cual era aprovechado por las cámaras de Olayita y Chema, mientras Zuluaguita y Juanfer no nos perdíamos pose ni detalle. Ascienda por las escalinatas en piedra, disfrute el paisaje, hidratemos con nuestra provisión de agua, sintamos los primeros rayos francos de sol sobre nuestras espaldas.

Descubrimos senderos señalizados al lado de nuestro camino y pudimos observar sobre el barro en algunos trayectos del sendero, las huellas de los perros y ahí en los rastrojos y matorrales, la trilla y el rastro que dejaron los machetes sobre los mismos, hechos por aquellos ciudadanos y grupos de rescate que se dedicaron a buscar al meritorio y querido sacerdote, de quien con dejo de pesar y admiración, nos referimos en muchos pasajes de nuestra caminata. Dios lo tenga en su Gloria y ocupando ese lugar que le corresponda para gozar de su presencia. Hasta los volantes arrojados desde al aire con la foto del sacerdote, no encontramos entre la espesura.

Así fuimos cubriendo los columpios del bonito camino, ese que nos fue llevando adentro del monte, inclusive haciéndose necesario que Chema en una parte del mismo, sacara su macheta, para despejar algunas ramas que se cruzaban en nuestra marcha. Arriba el cielo plomizo, al fondo los bosques de pinos salpicados por la neblina y como queriendo cerrar el camino, un alambrado que guardaba una porción de bosque y un portillo que poco significaba, excepto la conclusión de Chema “que no era el camino ya que no mostraba nada claro”, lo cual me dejó dudas; no obstante dimos media vuelta y empezamos a deshacer los pasos y a desandar lo andado, mientras sobre nosotros se sentían caer algunas gotas de lluvia, que por fortuna no ascendieron a nada.

En nuestro descenso, tomamos otro camino diferente al original y que nos ponía a la vista a Envigado, es decir, llegamos a la conclusión, que habíamos equivocado la ruta y como tal, a despedirnos de llegar hasta el Retiro, como inicialmente nos habíamos propuesto.
Como cosa rara, ni un solo pájaro en el trayecto, aunque si escuchamos algunos cantos entre los árboles. Pudimos ver algunas fuentes nacientes de agua, entre ellas la de la Ayurá, símbolo de la fertilidad Envigadeña, esa que hace rato pereció bajo el peso de la píldora y otras yerbas.

De todas formas el objetivo estaba cumplido. El homenaje al Padre Calixto, el caminar un trazado exigente y hermoso que nos hizo sudar, una nueva experiencia y nuevo enriquecimiento a nuestras salidas, gracias al conocimiento de esta nueva reserva ecológica natural, que llenaba todas nuestras expectativas. Así, por un camino que perdía la cobertura en piedra y su forma, nos encontramos de pronto caminando peligrosamente entre palos, troncos, leños y ramas cortadas que dificultaban nuestro avance.

Era la clara muestra de la gran tala de pinos que se había hecho en el terreno, daño enorme al ecosistema, no obstante tratarse de vegetación foránea, pero que mostraba sobre el pelado suelo los nuevos brotes por miles, los cuales contaban con unos tamaños entre los tres y los doce centímetros, gracias al poder de recuperación de la naturaleza, la cual sigue luchando contra su mayor e inconsciente enemigo: El hombre.

Siendo las 12:12 am. Zuluaguita encabezó el rezo del “Ave María” por tradición, fe y recomendación del Lobato, ya que no le podemos fallar a la patrona “La Milagrosa”.

Arriba el cielo medio abierto y el sol con nueva sonrisa. Al frente y abajo, muy abajo y lejos Envigado, Sabaneta, Itagüí y parte de Medellín y muy pero muy al fondo hacia el noroccidente , el brazo de la cordillera que encierra el Valle de Aburra y que nos deja ver los cerros El Tobón, El Padre Amaya y más lejos La Popa y el páramo de las Baldías (los receptores), así como la garganta que separa estos dos últimos accidentes citados, repleta de niebla simulando un helado de crema servido en las montañas.
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Que tierrero y que polvero en este camino, pero lo peor, que descenso, el cual aporreaba nuestros pies y nuestros dedos. Así fuimos cubriendo el regreso con rumbo a Envigado, pasando por los rastros dejados por una gran quema, gracias a la acción de los desadaptados y pirómanos. A lo lejos se veían algunas columnas de humo, las cuales en pocos minutos pudimos comprobar se trataba de quemadores de carbón de leña, gracias a la materia prima que les queda con los troncos, ramas y leños producto de las talas, lo cual nos permitió ver el bonito y complicado proceso con ese negro y codiciado elemento vegetal, que se obtiene con el duro trabajo de gente humilde a la que se le paga “nada”, para que los intermediarios y mayoristas se ganen “mucho” con su sudor y esfuerzo.

Con una vista maravillosa, rodeados de fincas lujosas, pasamos la Ayurá arrogante, espumosa y cristalina que nos acompañó algunos metros y entramos al pavimento, ya cerca a Los Salados, donde el descenso se tornaba casi que insoportable. Allí en Los Salados, ingresamos a una tienda donde consumimos algunos refrescos para calmar la sed, ya que todo héroe merece algo fresco, no obstante contar con buena reserva de agua.

Mientras dejábamos al punto el reseco chasis, tuvimos oportunidad de atender un muchacho, quien nos explicó una campaña ecológica patrocinada y promovida por la Alcaldía de Envigado, para la recolección y reciclaje de basuras, con miras a preservar el medio ambiente. Clap clap clap clap clap, para la pilosa administración, la cual le está dando lecciones de “de todo” a Medellín.

Ahí mismito donde consumimos los refrescos, tomamos la buseta integrada al Metro, la cual no dejó cerca al Parque de Envigado y mientras nos dirigíamos al mismo, nos topamos con un Bar y Restaurante “con más presencia un perro de taller” al cual ingresamos sin titubeos, para sentarnos de una y así mediante carta verbal que entregamos al atento administrador, pedimos cuatro sopas e igual número de secos, bien con carne de res, cerdo o chicharrón, viandas deliciosas y caseritas que no dieron un brinco, ante el hambriento ataque de los caminantes.

Tomamos un taxi, el cual nos dejó a Zuluaguita, Olayita y Juanfer en la Estación del Metro de donde habíamos salido, para regresar a casa, mientras el Chema cómodamente sentado en el vehículo siguió rumbo a su hogar, para tomar ese descanso que todos nos merecíamos. Atrás quedó la Reserva de San Sebastián, los carboneros, el monte, las quemas, el camino, las aguas, pero “tejas arriba” de nuestros recuerdos, la grata presencia del Padre Calixto; eso sí y el reto de volver a repetir esta caminata el próximo sábado, pero corrigiendo el camino y apostándole a El Retiro.

Hasta la próxima con el Superior permiso, aprovechando un saludo para “El Lobato” allá en los Estados “Hundidos” y un abrazo grande para nuestro embajador, cónsul y representante legal, Don Gustavo Londoño Londoño, “Don Mister Paisa” a quien deseamos mucha salud; así como a Gloria Muñoz “La Coneja”, caminante honoraria y a quienes con seguridad podemos decir, hoy llevamos en nuestros morrales.

Juan Fernando Echeverri Calle
Los Caminantes Todo Terreno -Medellín, Septiembre 12 de 2009-


Para ver más fotos:

Sabaneta - La Romera - Caldas.

Caminantes:
Juan Fernando Echeverri
Luis Fernando Zuluaga
José María Ruiz.

Cuantas veces se suba a La Romera, ya sea para bajar a Caldas, o a Envigado, o subir y bajar luego a El Retiro, o para regresar por el mismo camino a Sabaneta; o por otro de los muchos que hay, es una verdadera experiencia para compartir con los amigos.
Esta vez y pensando el partido que jugaría la selección Colombia en la tarde, decidimos que subiríamos a La Romera y rapidito, bajaríamos a Caldas para estar a la 3.30 frente a la TV disfrutando del encuentro futbolero en el que muchos cifran la razón de ser del patriotismo…
Nos citamos para las 7.30am. en el parque de Sabaneta. De ahí a Caldas por la Romera hay unos 13 a 15 kms mal contados, llenos de paisajes conocidos, pero que no por eso dejan de ser asombrosos.
A Las 7.20am. llegué al parque y ahí encontré a mi amigo Herlán Agudelo el escultor del Bolívar Civil que iba a tomar tinto y junto esperamos a que llegaran los TTs disfrutando de la mañana fresca y de la aromática bebida recién colada. A qué hora llegaron, no nos dimos cuenta; el caso es que llegaron Juanfer y Zuluaga. Olaya por trabajo pendiente y Lobato por culpa de un espolón que resultó ser otra vaina, no pudieron acompañarnos. Nos despedimos de Herlán y arrancamos rumbo a la Romera a eso de las 8.10am.
Ya sobre la marcha, caímos en cuenta de que no habíamos desayunado y que a pesar de lo corto del trayecto, deberíamos hacerlo. Nos sentamos a manteles con café en leche, panzeroti y pastel de pollo en la cafetería “El Bizcocho” y a las 8.30 reiniciamos el camino y claro, Juanfer tenía que posar orgulloso en la nueva oficina de su banco en Sabaneta.
Dejamos la vía principal de Sabaneta un poco más arriba del Éxito y sobre la izquierda tomamos una veredita, especie de Boulevard o malecón sobre cuyo costado derecho corre la quebrada “La Doctora”, llamada así según algunos, por una conseja popular sobre la familia de don José Felix de Restrepo que rezaba así: “Ave maría, si en esa familia hay tantísimos doctores, a lo mejor hasta la quebrada es doctora”. La familia de don José Felix de Restrepo era muy numerosa, culta y estudiada y vivían en una finca, justo al lado del cauce de la quebrada. De ahí lo de doctores y doctora. Otra versión dice que el nombre deriva de un vocablo indígena, pero no hay registro de indígenas raizales en Sabaneta.
Terminado el sendero, se desemboca a lo que alguna vez fuera “Camino real” y hoy sigue siendo casi la única vía para transitar por las varias veredas de Sabaneta, que genéricamente se conocen como la vereda “La Doctora”, hoy llena de urbanizaciones y casas fastuosas, discotecas ruidosas, tres Universidades, una que otra finquita de recreo y restaurantes carísimos. La primera parte del camino se recorre por entre ese collage de contaminantes. Ya un poco más arriba, el paisaje cambia para mejorar, porque se divisan otros paisajes diferentes y se inicia una subida supremamente empinada llamada “La Loma del Taurete”, tal vez más empinada que “la Falda de Robledo”, pero menos que la de Cerro Tusa. Ahí prueban finura muchos novatos en la ruta a “La Romera” ya sea en bicicleta de trial o a pie. Superado este escollo, se llega a la fonda “Las Brisas” una de las pocas paradas camineras de los tiempos de la colonia que perdura en esta ruta, pero a esa hora; 9.15 aún cerrada. En esas épocas, hasta aquí llegaban a descansar y recargar ánimos las muladas con mercancías para y desde el altiplano sur oriental de la provincia de Antioquia y de mucho más allá. Hasta este punto según una de las versiones circulantes llegaría el cable aéreo que se discutió y aprobó por estos días en el “Plan Básico de Ordenamiento Territorial” PBOT. Según otras versiones llegaría hasta la finca, hoy reserva natural de “La Romera”. De todos modos hay que tratar de impedirlo, porque el daño ambiental sería grandísimo.
Desde este punto se desprenden dos rutas; una sobre la izquierda que lleva a otras veredas de Sabaneta y en un circuito a Sabaneta de nuevo y otra que sigue sobre la derecha hacia La Romera. Una pequeña bajada alegra los corazones que apenas se recuperan del duro esfuerzo de la trepada del “Taurete”, para luego seguir con una sucesión de pequeñas subidas y bajadas, recodos, quebraditas, casas campesinas y ya algunas de “emergentes” que van desarmando el paisaje bucólico de nuestros abuelos colonos.
Por tantas veces recorrido el camino, ya se conoce cada recoveco y después de una subidita más bien empinada por entre un sendero de eucaliptos, encontramos la última casa y que a la vez es la última tienda del camino. Parecía cerrada también, pero un niño que jugaba nos dijo: ¡Si, si está abierta! - ¡Amáááá´!, ¡Venga que la necesitan unos señoreeeeessss!- . Llegó la doña, muy joven ella y empieza Juanfer: ¿Tiene Mister tea? ¿No? aaaahhh! ¡Entonces deme agua! ¿Tampoco? ¿Cerveza de pronto? ¡Ah, entonces para hacer el gasto deme cualquier cosa. Zuluaga al ver lo poco surtido del “chuzo” hizo mutis y yo me tomé una gaseosa.
Seguimos el camino y pasamos por la puerta de entrada propiamente dicha a la Reserva Natural de “La Romera” Un poco más adelante está el puente sobre “La Doctora” todavía estudiante de primaria, o sea una quebradita límpida y cantarina que baja por entre el monte formado cascaditas y charcos que son aprovechados por los paseantes para refrescarse y chapucear un rato. El camino asfaltado hace pocos años, está en buen estado y la vegetación alrededor se ha recuperado bastante. El piso está recubierto de hojas secas, que se presentan como tentación para cualquier pirómano, como por ejemplo al miserable que le ha metido candela a uno de los miradores construidos en madera inmunizada del recorrido.
Un perro ladrando cerca no indicó que había alguien por aquellos lados. El latir del perro era característico de los de raza Beagle y de inmediato Zuluaga recordó a don Otto, su mascota. Después de una curva vimos más adelante un perro Pastor Alemán que echado sobre el pavimento nos observaba tranquilamente. No era ese el que ladraba. Cuando llegamos junto a él, resultó ser ella, también un Beagle y otro de no tan buena familia junto a un campesino que tranquilamente estaba acostado sobre el pavimento disque esperando a alguien que le entregaría unas sobras para alimentar unos cerdos. Entonces vimos una mula enjalmada y unas canecas dispuestas para el encargo. Saludamos al “estresado” sujeto y seguimos la ruta. Un poco más adelante están las bocatomas de los acueductos veredales a los que llevé a mis compañeros a conocerlos. Bastante descuidadas por cierto las bocatomas.
Continuamos la marcha y pronto estábamos en la casa principal de la reserva natural “La Romera”. El paisaje límpido sobre la zona sur del valle del Aburrá nos brindó su espacio para deleitarnos un rato observándolo y posando para la foto reglamentaria. Fuimos a la casa del mayordomo que limpiaba la huerta y acondicionaba un corral para gallinero. Ahí su esposa nos esquilmó sin misericordia por dos gaseosas y una bolsa de agua. Luego del pertinente reclamo y la tácita noticia de que informaría del asunto al director de la UMATA de Sabaneta, continuamos la marcha. Por entre el bosque ya recuperado y por un camino de herradura, ramal del “Camino Real”, nos dirigimos a los límites de Sabaneta con el municipio de Caldas. Un rugido silbeante rompió la tranquilidad de nuestro paso y conversa. El viento bailaba su danza matinal subiendo y bajando por entre el monte de manera que cimbreaba y arqueaba árboles y rastrojos como buscando algo entre ellos. Llegamos a la alambrada que sirve de límite a los 2 municipios. El paisaje se abrió de manera increíble y el campo visual se abría con toda claridad hacia el Suroeste. Cerro Bravo al fondo, inconfundible, nos daba la bienvenida a tan hermoso paisaje. Ahora el viento nos la dedicó a nosotros. Las gorras y mi sombrero pretendieron seguirle el baile al “Romerante” (Duende-viento y protector de la Romera según mi amigo qepd Alberto Cadavid) y tocó agarrarlos, no fuera que nos tocara recogerlos abajo en la quebrada La Miel. videoUnimos nuestra alegría a la del viento y por un rato nos sentamos a contemplar el paisaje y a oírlo silbar mientras doblaba arbustos y las hierbas altas del lugar. Continuamos la marcha, pero esta vez no por el lado derecho que ya conocíamos, sino por la izquierda, a buscar un camino por entre el bosque de pinos que nos llevaría a la carretera vecinal, que trazada sobre otro ramal del “Camino Real” llevaba de Caldas al Retiro o a Envigado y viceversa. Pronto lo encontramos y nos internamos por él. Estaban desramando los árboles, porque el camino estaba obstruido con ramas aquí y allá, que Zuluaga retiraba diligentemente. Más adelante nos encontramos a los trabajadores madereros en plena labor.
Pronto estuvimos en la confluencia de los caminos y ahora sí, rumbo a Caldas. En 40 minutos estábamos a orillas de la quebrada La Miel. En un tienducho ahí cerca refrescamos de nuevo los gaznates con la que todo héroe se merece y seguimos. En un recodo apareció “La Sinagoga”, lugar de nacimiento de este que les cuenta, ahora convertida en fonda para caballistas y aunque conserva su estructura, fue pintada de forma estrambótica con colores no combinantes. También ha sido reformada y le han “añadido” un adefesio de ladrillo para acondicionarla como “cantina”.
Estamos ya por el barrio Andalucía y mientras bajábamos las empinadas escalinatas, un viejito sentado a un lado me miró detenidamente. Lo saludé y en él vi al padre de uno de mis amigos de infancia y juventud… Sí, claro, no era el padre, era el hijo, mi compañero de clase, ahora más traquiado que yo. Hice las presentaciones de rigor, conversamos un rato con él y seguimos camino mientras hablábamos de lo duro que le da la vida a algunos…
Llegamos al pueblo y directo al restaurante Milán en donde ya nos tienen mesa reservada y cervecitas y mister Tea servidos, para que nos refresquemos mientras decidimos qué almorzar. Buena atención, pronto servicio, gran sazón, así sólo fuera el menú del día para tres, buenos precios y hasta que vuelvan muchachos; nos dice uno de los dueños del lugar que casi siempre nos atiende.
De ahí a la buseta, hay un paso, de la buseta a la casa, otro… En la casa a la ducha y de la ducha a la poltrona cuñada con doña cervecita frente al pantalla plana de 36 para ver ganar a Colombia. ¡El que quiera más, que mande por otra caja!
Hasta la próxima…
josé M.
Para ver mas fotos: http://picasaweb.google.com/sietenpunto/SEP05#

Quinta Caminata por Medellín

Fecha: sábado 29 de mayo de 2009

Los que fuimos: Luis Fernando Zuluaga Zuluaga, Juan Fernando Echeverri Calle, Carlos Alberto Olaya Betancur y Jorge Iván Londoño Maya.

Nombre: Esculcando la Bella Villa

La idea

Como a Londoño, o Lobato que llaman, le apareció en días pasados un espolón, pero calcáneo, para no confundirlo con los de Coveñas, se programó una caminata dizque suave por Medellín, en solidaridad con dicha protuberancia, a la que solo le faltó el carro de bomberos con doña Nidya Quintero saludando desde las alturas y pegada hasta de los clavos de Cristo. De paso ajustaríamos la quinta versión de nuestras patoniadas por la Bella Villa, por lo que ya vamos cogiendo pinta y acento de guías turísticos.

Josema se abstuvo de jugar golosa en las cebras peatonales, por compromisos que lo llevarían hasta el encantador y siempre acogedor municipio de Jardín.

Los encuentros

El primer encuentro tuvo lugar a las 6 y 30 de la mañana entre Juanfer y el Lobato en la iglesia parroquial de la América, Nuestra Señora de los Dolores, encuentro que estuvo matizado por dos o tres “Dios te salve María” del rosario que allí se reza a esa hora y todos los días de la semana.

Salimos San Juan abajo y luego hicimos travesía por las circulares del barrio Laureles mientras ponderábamos la actuación de nuestro Presidente Uribe, y despotricábamos de las de algunos otros en la reunión de Unasur, que por poquito termina siendo de “losdelSur” (Entiéndase barra berrionda del Nacional)

Pasaditas las 7 llegamos a la calle 30 con la carrera 65, sitio designado para el encuentro oficial del grupo. Allí nos esperaban Luisfer, como siempre de periódico en mano, y Olayita con su unípode color verde camión de escalera de San Vicente.

Esculcando negocios y vitrinas entramos a Delicias del Pan No. 385 para disfrutar de un desayuno a lo secretaria de consultorio médico, milo frío con empanada y pandebono. Que conste en el acta que nos dieron de a media servilleta para cada uno.

Parque Biblioteca de Belén


A pocas cuadras encontramos nuestro primer objetivo. El amplio y hermoso edificio de la biblioteca de Belén, administrado por Comfenalco y construido donde antes era la sede del F2, beneficioso cambio de armas por libros. El arquitecto japonés Hiroshi Naito fue el diseñador del edificio, el cual cuenta con un inmenso y atractivo espejo de agua que brinda una sensación de sosiego inigualable. Lástima que el celador no nos haya dejado entrar para apreciar con detalle toda la construcción, porque el horario de atención comienza a las 9 de la mañana.

Clínica SaludCoop


De la biblioteca, y atendiendo instrucciones de un celador, nos “brincamos” por el lindero de bambú que limita con los parqueaderos de la nueva clínica construida por SaludCoop, brincada que nos costó el amable llamado de atención de otro de los vigilantes, quien por fortuna se tranquilizó al ver la cara de obispo de Juanfer. Eso si, quedamos en la grabación para futuros reclamos. La clínica es una moderna construcción que junto con la biblioteca le cambiaron la cara a ese sector de la ciudad.

Unidad Deportiva la Mona Luisa


Despedidos por los integrantes de una banda musical juvenil que esperaban en las afueras de la biblioteca para el sagrado ensayo sabatino, cogimos la carrera 80 hacia el sur. Cómo han cambiado estos entornos, le comentaba a Luisfer, mientras caminábamos, pensar que la ida al colegio La Inmaculada, de las hermanas Capuchinas, era todo un paseo de olla. Al llegar a la clínica Las Américas echamos travesía por los parqueaderos de la misma, no sin antes admirar la obra de arte localizada en la glorieta de la entrada. Hay quienes la atribuyen al maestro Rodrigo Arenas Betancur, pero mirando la lista completa de sus obras, ésta no aparece incluida, además su estilo no se ve plasmado en la misma.

Pasada la portería de la clínica ubicada sobre la carrera 70, llegamos a dicha avenida pero haga de cuenta como escueleros saliendo a recreo, sin fijarnos para ninguna parte, por lo que quedamos a merced de los carros que venían en ambas direcciones. Por fortuna la Milagrosa nos cogió de la mano y a regañadientes nos pasó al otro lado.


Al frente está la Unidad deportiva María Luisa Calle, merecido homenaje a nuestra medallista olímpica. La unidad consta de una pista de patinaje y otra de atletismo, una cancha de hockey en patines y tres de microfútbol, además de una tribuna para unos 1.300 espectadores, quienes de ñapa pueden patearse cómodamente el aterrizaje y despegue de las aeronaves del Olaya Herrera, el segundo aeropuerto con mayor tráfico aéreo del país.

A la entrada de la unidad deportiva nos encontramos con un grupo de animadas cuchibarbis que venían de caminar y hacer ejercicio. Encantadas posaron con nosotros para la foto del recuerdo y nosotros para las de ellas.


Antojados de un juguito de naranja “cogimos el primer taxi que pasó” como bien anota el Lobato cuando entramos al primer negocio que vemos sin hacerle el previo estudio de mercadeo. Así que nos paramos en el primer puesto que encontramos, no muy surtido que digamos en materia de cítricos y regularmente acondicionado para estos menesteres. Pero bueno, a veces hay que hacer como el boquidragón, que todo le sabe a Gloria. Perdón, a Piedad.

El Crucero Bancolombia


Luego de la tumbada. (Un vasito de 5 onzas por mil pesos) cogimos por la carrera 70 hacia el Norte, pasando por todo el frente del aeroparque Juan Pablo II, el cual ocupa 17 hectáreas de esparcimiento, sobresaliendo los juegos acuáticos y la pista para patinaje y ciclismo, muy concurrida los fines de semana. Terminada la carrera 70 tomamos por la calle 30 hacia el oriente para llegar a la estación Industriales del metro. Allí pasamos por el puente peatonal desde el cual se observan la nueva vía distribuidora, la avenida regional y la sede de Bancolombia que da la idea de ser un crucero atracado en un puerto cualquiera. Lo que antes eran las instalaciones de Cementos Argos sirven ahora como sede del primer banco colombiano. Lo que se traduce en transformar un cuarto de cemento en una “taza” para sancocho de camionero, o sea del 27.98% anual

Admirados por tanta modernidad e imponencia pasamos por un lado de los dos edificios, convertidos en nuevos referentes de la ciudad, y de los cuales, obviamente los cuentasufrientes tenemos derecho, al menos, a ladrillo y medio.

Ciudad del Río


Enrutados por la avenida los Industriales hacia el sur, llegamos a lo que antes eran las instalaciones de Simesa y que hoy albergan una serie de edificios que hacen parte de Ciudad del Río. Consultorios, apartamentos, oficinas y comercio, hacen parte del menú que se ofrece a los compradores y que tendrán como copropietario de honor la nueva sede del Museo de Arte Moderno, MAM, que orgullosamente ocupará las antiguas instalaciones de lo que otrora fueran los talleres Robledo S. A. Así mismo, los constructores en buena hora han dejado como elementos referentes del pasado una de las enormes columnas que sostenía los polipastos que alimentaban los hornos, así como la portería general.

Premium Plaza.


Las calles del tradicional barrio Colombia nos sirvieron de pasarela para llegar hasta el centro comercial Premium Plaza, construido donde anteriormente era la planta de Pintuco, de la cual no quedó ni la famosa Marta, porque allí también levantaron camas y salieron mar adentro. La pasada por el interior del centro comercial nos sirvió para refrescarnos con el aire acondicionado, mirar vitrinas y ¡que mujeres!

San Diego


Continuamos el rumbo por la avenida San Diego en dirección al norte, para llegar al puente peatonal que une Almacentro con el centro comercial San Diego, puente que está estrenando camisa de cuero de cebra para llamar la atención a los peatones para que hagan uso de él. Como buenos ciudadanos pasamos al otro lado y enfilamos hacia la glorieta en donde fuimos sorprendidos por el profundo mensaje que la firma JuanBé volvió institucional en la valla de su serviteca. La acrobática pasada de la vía Las Palmas, nos demostró que definitivamente Medellín no está pensada para los peatones.

Niquitao


El otrora erótico barrio que a muchos les sirvió para dejar la pena por las primeras "experiencias", nos abrió sus puertas para mostrarnos su cambio extremo. Negocios, talleres, tiendas, inquilinatos, montallantas y hasta casas de familia forman el muestrario de nuevas actividades de este deprimido sector. Un fuerte tráfico acompaña las estrechas calles que han recibido el flujo vehicular de los que quieren salir a pitazo partido del caótico centro. Poco a poco fuimos alcanzando la parte superior, hasta llegar a los límites con lo que fuera el cementerio de San Lorenzo. Muy cerca hicimos la primera parada para refrescar gargantas asediadas por el fuerte calor.

Parque de San Lorenzo


Lo que fuera el cementerio más antiguo de Medellín, el San Lorenzo, está siendo convertido en parque recreativo. En este parque se construirá un circuito que servirá para que la ciudadanía realice actividades como trote o caminata. Además posee un espacio duro que se puede utilizar para ensayos de grupos de danzas, gimnasia, aeróbicos y juegos infantiles, para ser aprovechados por personas de cualquier edad, espacios que a su vez, son complemento de la vía Girardot en su costado oriental, o sea que la osamenta que ahora albergará el parque será totalmente activa y en movimiento


Llama poderosamente la atención el trabajo de pintura en perspectiva hecho sobre parte del muro oriental, con lo cual se logró darle profundidad y vida a esa zona. Así mismo pudimos constatar la venta, a través de un megáfono, de boletas para la rifa de 4 millones de pesos, actividad que viene inundando los barrios periféricos, y sobre la cual hay muchos comentarios acerca de la procedencia. A lo mejor a quien gane le dicen que el que paga se pasó de cementerio.

El Huevo

Una cuadra más abajo, y en medio del saludo de sacoleros y malandrines llegamos a la calle san Juan, por la cual tomamos hacia el occidente. En este recorrido encontramos el nuevo colegio Héctor Abad Gómez y muy cerca el edificio donde quedaba el teatro Roma, en mismo donde pasamos muchas tardes de domingos viendo unos dobles que ni en el mismito jolivud se conseguían.

El olor a pintura nos hizo recordar que estábamos en las famosas cerrajerías del Huevo, pleno san Juan con el Palo, y que estábamos muy cerca de los bajos del puente donde nos esperaban, no solamente el concentrado olor, sino la vista de mierrinche de todos los habitantes que viven en la manguita que forma la oreja del puente de san Juan con la avenida oriental. ¡Uuuggggggg! Mejor dicho, allí comprobamos que todo ese sector huele a olvido extremo gubernamental.

Parque de San Antonio


Todavía groguis, nos montamos al puente peatonal que une la calle San Juan con el parque de San Antonio. Que pena con esos santos, pero el puente tampoco es que sea un dechado de pulcritud, por lo que lo pasamos en un tres por seis.


La hermosa y tradicional iglesia de San Antonio se encontraba cerrada, al menos por este lado. La fuente que adorna el arborizado parque, custodiada por cuatro ángeles en bronce, estaba sin agua en tu tanque y acompañada por algunas basuras. Este parque es frecuentado por drogadictos, prostitutas de mil pesos, malandrines, sacoleros, vagos y muy de vez en cuando por caminantes empedernidos. Para los inquilinos de este espacio el tiempo no tiene segundero y el calendario viene sin días.


La escultura de Botero que representa el torso desnudo de un hombre, y que encarna el compañero de la gorda del parque de Berrio, nos da la bienvenida a la enorme plaza, la cual tiene entre sus haberes, amén de las cuatro obras de Botero, el haberle quitado al atrio de la candelaria el primer puesto como punto de encuentro de los medellinenses.


Punto obligado para la foto es el pájaro donde explotó aquel 10 de junio de 1995, un petardo que acabó con casi una veintena de personas. A su lado emerge el nuevo pájaro donado por el maestro, el cual, por fortuna mantiene intacta su figura.

Juniniando

De allí pasamos a la carrera Junín, la que todavía por este sector alberga las mueblerías, pensiones y prenderías de siempre, más no los bares frecuentados en nuestra juventud y que fuimos desgranando con nostalgia. La Luciérnaga y el Montecristo entronizaron la lista de muchos otros en donde vibrábamos con La Copa Rota de Alci Acosta o Cuando Tu No Estas de Raphael. Parados en una distribuidora hicimos el brindis del recuerdo con agua bien helada.


La calle Amador, que poco ha cambiado, nos abrió sus brazos para dejarnos ver sus cacharrerías, sus almacenes de artículos eléctricos, para sentir el olor a tango del salón Málaga, que sigue intacto ahí en Bolívar, y desempolvar el recuerdo de almacenes tan conocidos como la Guitarra o la ferretería La Campana, hoy convertida en cigarrería.

Plaza de Cisneros

Rozando como gatos en celo los ladrillos del edificio Carré, y disfrutando de una pizquita del pasaje peatonal Carabobo, llegamos a la plaza de Cisneros, en donde se levantan, sin pena ni gloria, trescientos postes construidos con la idea de que fueran luminosos, adornados con pequeños bosques de bambú y una que otra fuente de agua.


Como este entorno fue el territorio Marlboro de Olayita (El tabaco en nocivo para la salud) nos indicó con centímetros, pelos y señales donde quedaban el pasaje Sucre, la farmacia Pasteur, la plaza de mercado y la calle tal. Buena parte de esa historia fue reemplazada por la funcional Biblioteca de las Empresas Públicas de Medellín.

Centro Administrativo La Alpujarra

Disponíamos de treinta segundos para pasar lo que para los antioqueños es la avenida 9 de julio de los argentinos, les hablo de nuestra calle 44, o San Juan, en su punto más ancho y más hondo.


Al otro lado nos esperaba el centro administrativo La Alpujarra, donde tampoco trabajan los días sábados, así que nos limitamos a ver de lejitos los edificios de la gobernación, alcaldía, juzgados y la antigua estación Cisneros.


Más hacia el occidente nos esperaba el primer edificio en construcción de los que conformarán la plaza de la Libertad. La locomotora número uno, encargada de llevar materiales para la construcción del túnel de la Quiebra, pensionada hace ene años en su pedestal, le sirvió a Carlos como punto de referencia para una hermosa foto.

El parque de los píes descalzos

Antes de llegar al Infaltable parque de los pies descalzos, degustamos por cuenta de Man&obras un delicioso mango, presentado en enormes tajadas dispuestas arquitectónicamente dentro de una bolsa de plástico y cuñado con harta sal y limón.


Después de la limpiada de manos en los pantalones, quedamos a merced de otro complejo turístico, compuesto por el edificio de las EPM, que sigue siendo inteligente, el parque de los píes descalzos, el jardín Zen, el bosque de guaduas, en buena hora convertido en besuquiadero público, Plaza Mayor, la fuente de los sonidos y el museo interactivo. Entre otras, aprovechamos para evacuar la vejiga que ya parecía de camello.

Barrio Corazón de Jesús

Montados en el amplio y agradable puente peatonal volvimos a pasar la calle San Juan para regresar al costado norte y quedar en terrenos del Barrio Corazón de Jesús, más conocido con el alias de barrio Triste, que dejo de serlo gracias al empuje de la corporación fundada por todos los comerciantes. De reojo los mecánicos nos fueron mirando el radiador a ver cual lo traía recalentado, pues a esa hora amasábamos casi las seis horas de caminata, y una más para Juanfer y yo.

Puente peatonal La Macarena


Por primera vez algunos integrantes del grupo pasábamos este puente, que en verdad hay que pasarlo en barra o al menos acompañados por dos policías, pero que no sean bachilleres, debido a los vecinos que tiene. Nos impresionó la extensión de este puente, construido con muy buenas intenciones por el Alcalde Sergio naranjo, pero que a la larga no ha logrado su objetivo. Dicen que después del de Semana Santa, es el puente peatonal más largo del país.

Unidad Deportiva Atanasio Girardot


Para llegar hasta el estadio, hicimos travesía en fila india por Home Center y CarreFour, no sin antes apreciar en todo el cruce de San Juan con la carrera 65 una función de circo callejero, que dura lo mismo que la fase en rojo de los semáforos.

Instalados en la unidad deportiva, nos dimos a la tarea de mirar las obras de los escenarios deportivos que tienen como objetivo la celebración de los IX juegos Sudamericanos a celebrarse en Medellín el próximo año.


Llama la atención el complejo de los coliseos, cuyos techos en este momento se asemejan a enormes montañas rusas. La zona de piscinas, donde antes quedaba el kartódromo, y cuya nostálgica desaparición puso en desbandada a muchos madrugadores caminantes, entre ellos el Lobato, promete ser una de las más modernas y completas.


La salida de la unidad deportiva la hicimos por el patinódromo, atestado de niños que a esa hora terminaban las clases del deporte insignia de nuestro país. De paso inauguramos el nuevo puente de guadua, que hará parte del parque lineal que será construido en esa zona, incluyendo los bajos del metro.

La Estación del Sabor como remate de caminata

El remate de esta caminata tuvo lugar en el restaurante La Estación del Sabor, calle 44-A entre carreras 73 y 74, digan que van de parte mía, el cual es de toda nuestra confianza.

Lastima que se nos pasó por alto la foto de rigor, pero imagínense una mesa para cuatro servida con: sancocho de bagre para Juanfer, mondongo para Luisfer, fríjoles con chicharrón garantizado por escrito para Olayita y pollo frito para el suscrito. Como no había campo para el guandolo, los claros y los tintos hubo que acondicionar una mesa auxiliar en la casa vecina.

De allí salimos con cara de siesta y pasados a Medellín por todas partes. Tres taxistas hicieron su agosto con igual número de caminantes y yo completé la jornada, así fuera rengueando, con las cuatro cuadras que me faltaban para tirarme en mi estadio (mi cama) que por fortuna no está en remodelación.

Eso era todo

Jorge Iván Londoño Maya

Simplemente un deseo

Ojala que el señor Alcalde y sus colaboradores hicieran de vez en cuando una caminadita de estas.