Caminata El Santuario - El Carmen de Viboral - San Antonio de Pereira

Fecha: sábado 6 de septiembre de 2008

Caminantes: Luis Fernando Zuluaga Zuluaga, Juan Fernando Echeverri Calle, Carlos Alberto Olaya Betancur, José María Ruiz Palacio y Jorge Iván Londoño Maya.

De croché por el Oriente

Repetir una caminata es como leer un buen libro por segunda vez: se siente la misma o mayor emoción al llegar a los sitios que en la primera resaltamos con lapicero. Se ejercita la memoria anticipándonos a lo que vendrá en cada curva. Repetición espontánea de todo lo sucedido en la primera, lo que hace de la caminata un entretenido juego de “concéntrese”. Infaltable el caluroso saludo de las mismas personas y a veces la sorpresa por la ausencia de otras que dejaron alguna huella por su amabilidad y cercanía al grupo. José María, recién integrado al grupo, y quien debutaba por estos lares, fue el beneficiado con nuestro vasto conocimiento del trazado y sus intimidades.

Como de costumbre, nos encontramos en la Terminal del Norte, donde ya tenemos camino hecho. Luego de comprar los tiquetes en la flota que sirve a El Santuario, nos gastamos los diez minutos que restaban para la salida en probar los deliciosos buñuelos con cintura de luchador de sumo y el infaltable cafecito con leche, más caliente que el otrora horno de Siderúrgica. Todo iba muy bien hasta que el conductor nos hizo tragar el cabo con la prendida del motor. Así que todavía con harinas en la boca salimos escalas arriba a buscar acomodo en la confortable buseta, que sin recargo alguno viene dotada hasta con portacayados.


El agradable viaje por la autopista Medellín – Bogotá va matizado con fluida conversación, al mejor estilo de paseo de escuela, pero sin rancheras ni azuzadas para el conductor de turno. Los rayos de sol comenzaron a caer sobre el horizonte y el firmamento corrió sus blancas persianas para dejar ver un cielo con tantos tonos de azul como de verdes está vestido nuestro campo.

En una hora llegamos a El Santuario, donde el 17 de octubre de 1829 fuera asesinado el Héroe de Ayacucho, General José María Córdova Muñoz. El Santuario, tiene una población de 31.722 habitantes, de los cuales la mitad son Zuluagas y el resto Giraldos, Gómez y Sernas, representados todos ellos por Guillermo Zuluaga Azuero, Montecristo, quien al parecer nació en Medellín pero fue hecho hijo adoptivo de los santuarianos por residir allí desde los primeros pañales. Este municipio se mece plácidamente en un valle de 75 kilómetros cuadrados de extensión, donde al calor de sus 17 grados centígrados se cultivan papa, fríjol y hortalizas.

La plaza mayor, que lleva el nombre de nuestro General de División, José María Córdova, alberga la iglesia de nuestra Señora de Chiquinquirá, cuyas cúpulas compiten en altura con las tres araucarias que le dan imponencia al lugar. Además de los museos de Córdova, en el mismo lugar donde fue asesinado, y el de Montecristo. Lástima que uno de los bustos que se aprecian en la plaza, carezca de la placa con el nombre del ilustre personaje exaltado y mucho más que algunos parroquianos no conozcan su nombre e historia.

En esta oportunidad cambiamos de restaurante para el desayuno, así que optamos por dejarnos aconsejar del amable conductor de la buseta quien nos mandó al Palermo, atendido con lujo de detalles por doña Gloria. Entramos entonces en estado de “coma” para dar buena cuenta de huevos revueltos, arepa, porción de arroz, chocolate, pan, mantequilla y quesito entero exclusivo para la mesa. Ahora sí, atérrense: $3.500 el valor de cada desayuno. ¡Recomendado!

Puestos los relojes a las 9 horas, y bajo el manto de las oraciones y recomendaciones pedidas en el interior de la iglesia, dimos el primer paso de los “sincuenta” que nos esperaban. Las estrechas calles y los inertes balcones que reflejan el paso de los años con sus “arrugas” nos daban la quinta despedida, número de veces que El Santuario nos ha bajado la bandera para dar inicio a nuestras caminatas hasta El Peñol, la piedra, Marinilla y El Carmen.


Los 12 kilómetros que nos separan de El Carmen los disfrutamos por un camino veredal en buen estado, que arranca desde la misma autopista. De entrada las primeras casas campesinas, que vemos en abundancia, nos dan la bienvenida, todas ellas decoradas con hermosas y variadas flores que predominan en estas frías pero productivas tierras del oriente, como novios, besitos, begonias, primaveras, josefinas, conservadoras, bailarinas, azulinas, hortensias, conchitas, orquídeas, bella a las once, claveles, cartuchos, anturios, camarones crisantemas, geranios y hasta curiosidades propias de las amas de casa, como aquella penca adornada en sus puntas con cáscaras de huevo y que la hacen ver como una rara especie a los ojos del desprevenido observador.

No se hacen esperar los amplios paisajes con su generosa tonalidad de verdes que albergan el valle de San Nicolás, y con ellos los sembrados de papa, que por su tramado y verdor semejan un laborioso bordado de croché, de fríjol, maíz, hortalizas y moras de castilla. Hablando de moras, no hay caminata en la que no encontremos las que crecen silvestres a lado y lado de la carretera, que nos obligan a acercarnos para coger las maduritas; eso si, poniendo mucho cuidado de que no vengan con un grajo pegado como ñapa, como ya le pasó a Juanfer. ¡Uuuggggg!

Aparecen también estampas propias de cada camino, en este caso una enorme piedra con rasgos familiares parecidos a la que se encuentra en Guatapé, que incluye la infaltable imagen de la Virgen. Las tiendas no se hacen esperar, y con ellas los puestos de empanadas y buñuelos, estos sí con cintura de reina. Como un alto en el camino no se le niega a ningún caminante, paramos donde esperábamos encontrar a la amable propietaria que nos recibía con el característico “eavemaría, si que estaban como demorados para volver, ¿y que les pasaba, pues?” Pero esta vez no se oyó el cariñoso reclamo porque la agraciada tendera vendió el negocio y se fue a otros lados. De todas formas los nuevos dueños nos atendieron con esa amabilidad tan propia de nuestros campesinos.

Como me cogió la noche para comprar la bolsa de los bombones que repartimos a los niños en cada caminata, esta vez sólo disponíamos de dos para regalar, así que le dije a Carlos que la escogencia tendría que ser muy rigurosa. La primera fue una hermosa monita cuyos ojos hacían juego con el azul del cielo de ese momento. La segunda favorecida fue otra linda niña, hija de un campesino que en agradecimiento nos regaló las pocas uchuvas maduras (no eran más de tres) de la mata que crece al frente de su casa con el riego del polvo, y que él, con esmerada atención, cogió para nosotros. Con razón decíamos en ese momento que por fortuna nuestros campos están sembrados de muchos campesinos que encarnan la inocencia y la bondad.

Con cada paso nuestro va una palabra, y con ésta una frase que unidas hacen de nuestra caminata un completo periódico donde tratamos todos los temas de actualidad. No se nos escapa el comentario político, social o deportivo. Las discusiones sobre arte o religión. La situación general del país y de la ciudad merecen kilómetros adicionales de análisis y no faltan las caricaturas con los apuntes de Carlos, nuestro filósofo ambulante.

Muy cerca a El Carmen de Viboral comienzan a aparecer los cultivos de flores al aire libre, en los que predominan hortensias, pompones y boca de dragón. Estos cultivos están dotados de cantidad de lámparas que alumbran en la noche con el propósito de “engañar” a las plantas, haciéndoles creer que siempre está de día, lo que agiliza su crecimiento y florescencia. Esto hace, entonces, que el sembrado se asemeje a un campo de aviación de pequeños platillos voladores.

Con el rezo del Ángelus hacemos la entrada al pueblo, montados sobre uno de los modernos carros de bomberos que encontramos parqueado en la estación, pero sin hacer sonar las sirenas para no alterar la tranquilidad del pueblo, aunque en el parque principal nos recibieron con el infaltable reguetón como fondo musical a una bulliciosa promoción que estaba haciendo una cadena de almacenes. El Carmen, regido por los Betancur, los Alzate, los Hoyos y los Valencia, cuenta con casi 50.000 habitantes, quienes todos los días se dan el lujo de cambiar vajilla por el amplio mercado de cerámica que allí se encuentra. La Virgen del Carmen, a quien se le tiene endosada la amplia e iluminada iglesia, rige los caminos espirituales de estos pacíficos carmelitanos, quienes la veneran con mucho fervor.

Este próspero municipio tiene mucho para mostrar, resaltemos: el parque lineal El Pórtico, su plaza principal, el hermoso cementerio, su centro de convenciones, los parques la Alhambra y los Artesanos, el mirador de la Virgen, el templo de San José y la cantidad de fábricas de cerámicas. Igualmente el recinto de Quirama hace parte de su inventario de centros turísticos.

Terminado el descanso, que incluyó refrigerio con gaseosas, bocadillo y parva de pueblo, representada por cucas y rollos, iniciamos el segundo tramo hacia San Antonio de Pereira. A las 12 y 40 del medio día nos entramos por otra carretera veredal, que nos llevaría a través de igual número de kilómetros (12) por otros paisajes, otros cultivos y otras casas.

El paisaje sigue con los mismos verdes, pero cambia de entorno porque las montañas están más cerca, destacándose el cerro el Capiro. La región consta de varias vías terciarias que empalman con la carretera principal para La Ceja, lo que ha permitido la proliferación de hermosas fincas de recreo o para la cría de ganado. Esto hace que esta carretera sea más transitada y que a cada instante se oiga el grito: ¡Ojo, carro o moto a la vista!

Los cultivos del primer trayecto desaparecen y se abre el telón para las fresas, el aguacate, de gran auge por todo el oriente, y el eucalipto plateado, preferido para las exportaciones por su alto precio. Las rosas, crisantemos y gerberas son los consentidos de los floricultores. Su cultivo se hace bajo extensos invernaderos que desde lejos parecen ciudades de plástico.


En un tramo nos encontramos con una caravana de cuatrimotos que venían a la lata y sin respetar pinta, como dicen los muchachos, dejando a su paso una cortina de polvo, prima hermana de la de humo, tan famosa por estos días. Hasta da susto encontrarse con esta gente, por que vienen ataviados como si fueran extraterrestres, además de lo empolvados. Más adelante nos encontramos un grupo de muchachos montando en bicicleta. La conclusión, entonces fue muy sencilla, cada edad en lo suyo: los muchachos en bicicleta, los jóvenes en cuatrimotos y los cuchos a. Eso sí, adivinen quiénes disfrutamos más la actividad.

Los apacibles y silenciosos riachuelos nos indican que nos estamos aproximando a nuestro objetivo. En efecto, a las 3 y 30 plantamos cayados en el corregimiento San Antonio de Pereira, famoso por sus empanadas, los primeros sábados del bolero, sus estaderos, restaurantes y mecatiaderos. Hay que destacar las urbanizaciones de hermosas casas, que traen consigo toda clase de negocios y centros comerciales, aporte al progreso y desarrollo de las personas que allí ganan su sustento.

Luego del obligado descanso, después de seis horas de “pedaleo”, y del refrigerio con nueva tanda de gaseosa, cogimos una moderna buseta hasta Rionegro, más con el afán de llegar temprano a nuestras casas para ver el partido de Colombia ante Uruguay, así estuviéramos advertidos y cantaleteados por Juanfer de que íbamos a perder por dos goles contra cero.

Más se demora el conductor en entregar la devuelta del pasaje, que en llegar al centro de Rionegro, atestado a esa hora por buena parte de los 100.000 rionegreros que han convertido el otrora apacible pueblo donde nos compraban los zapatos, en una ciudad que ya no necesita mostrar la cédula para entrar a películas para mayores de edad. Sitio de visita obligada es la catedral de San Nicolás el Magno. Allí apreciamos el mausoleo donde reposan los restos de Juan del Corral. Luego de agradecer los beneficios recibidos, pasamos a la plaza, para admirar el monumento a José María Córdova, imponente obra del maestro Rodrigo Arenas Betancur, en bronce fundido.


Preguntando fuimos a parar al restaurante el Paisa, que resultó de todo nuestro gusto. Allí vimos por la tele los goles del partido entre Argentina y Paraguay, al calor de una deliciosa sopa campesina (anoten la receta: papa capira, nevada y criolla, en caldo con sustancia de carne y recortes de tortilla de huevo) acompañada, sin exagerar, con medio kilo de carne molida. De sobremesa, claro helado, servido en tasa de la que debe ser y bocadillo envuelto en guasca.

Por fortuna las busetas estaban a la vuelta de la esquina o si no hubiéramos tenido que pedir una ambulancia para Olayita porque llevaba la siesta en las pestañas. Esas busetas de Rionegro salen como hormigas arrieras, una detrás de otra, así que en dos chupadas de paleta ya estábamos en la autopista rumbo a Medellín, a donde llegamos en menos de una hora.

En la estación Universidad rematamos en el metro con destino a nuestras casas, cansados, obviamente, pero descansados de espíritu con tanta belleza. Y claro, inocentes de que el pronóstico de Juanfer sobre el partido estaba a noventa minutos de hacerse realidad, ¡Bendito sea Dios!

¡Hasta la próxima!

Jorge Iván Londoño Maya

10 comentarios:

Anónimo dijo...

JORGE IVÁN.Por fin cupo completo de los CTT,grupo lleno de fortaleza y optimismo que estan siempre dispuestos a darnos la mejor información de sus recorridos,afrontando las dificultades de los caminos veredales.Hasta la zona de alimentación es excelente.
RUMU

Elbacé Restrepo dijo...

En siete letras cabe mi opinión sobre la crónica:
¡celente!

José María Ruiz Palacio dijo...

Esta clasifica para el mundo, abc, ole, new york times, semana, cambio, el tiempo etc.etc.
Te quedaste con el puesto de cronicólogo de los T.Ts., como dice doña TODUESO I, ¡Celente!
José M.

Anónimo dijo...

Definitivamente, esto de ser caminante es el mejor pasatiempo del mundo. lástima no haber iniciado hace 30 años. Excelente la crónica del Lobato, Estoy seguro le llega a todo el mundo y confiemos que sea del tipo, agrado y gusto de todo "EL MUNDO." Aclaro que los cuchitos andamos a pata y gozamos y sentimos con el plumero del alma.
Que cuando me comí el grajo, no lo pasé con una mora, fue con una cereza de esas del camino, que tiene más gusto un caldo de carretas. ¡Agggg!!!!
¿CUANDO SE VAN A DECIDIR A CAMINAR USTEDES?? LA NATURALEZA NOS NECESITA A TODOS.
JUANFER

Jorge Iván dijo...

Agradecido por sus palabras, que se vuelven flores para enmarcar nuestras crónicas.

Unknown dijo...

Que bonita la monita!

Anónimo dijo...

¿Qué tal Pericles y los puro terreno en pleno? Envidia me da entrar a sus cronicas y escritos, para soñar con ese país que dejé hace tantos años y el cual nunca olvido y diariamente añoro. Que buenos escritores son todos. Colombia es el país más hermoso del mundo y ustedes la mejor gente. La naturaleza como dices, si nos necesita a todos sin falta y por estos lados de cemento, humo e infierno si que nos necesita, pero nadie camina; todo es trabajo y nada más.. Dios lo permita, estaré de vacaciones en mi Medellin en enero y creo que hasta me les uno en una salida, si los pulmones y las piernas lo permiten.
Amigo,
Jorge Mondragón.

Anónimo dijo...

Saben algo, que bueno encontrar personas como ustedes que realizan estas caminadas tan espectaculares y a la vez que disfrutan y re descubren nuestra tierra, enseñan y transmiten lo que encunetran.
Me gustaria hacer parte de su grupo.

Jorge Iván dijo...

Hola Carlos. Muchas gracias por tu positivo comentario. por favor me escribes al siguiente correo:

londonor@une.net.co

muchas gracias

Anónimo dijo...

Definitivamente inconfundible, desde las primeras lineas ya se adivina quien escribe la cronica,
eres un artista de la palabra Lobatico, poeta de caminos. Y si,
regrezar a lugares que han dejado gratos recuerdos, es volver a vivirlos. Me llamo al principio el nombre de la cronica, de Croche por el Oriente, que mas adelante describes de una manera muy hermosa, por la gran cantidad y variedad de cultivos de la region, y que tu con tu forma poetica tejiste para formar una manta de croche que cubriera la fertilidad de la tierra. Eres maravilloso
haciendo una fantasia de nuestro ya hermoso idioma.

Felicitaciones Lobito de caminos.

Conejita.