Caminata Caldas - Angelópolis - Amagá

Fecha: 12 de mayo de 2007

Asistentes: Luís Fernando Zuluaga Zuluaga, Juan Fernando Echeverri Calle y Jorge Iván Londoño Maya

Duración: 7 horas

Nombre:
ARTESANIAS DE DIOS

Homenaje especial a Carlos Olaya Betancur, quien por motivos laborales no nos pudo acompañar.

Definitivamente el hermano sol, como solía llamarlo nuestro parcero ecologista san Francisco de Asís, no pierde oportunidad para pegarse a las caminatas; así que estrenando cachucha nos lo encontramos en la estación Itagüí, sitio escogido para pasar revista a cayados y zurriagos y para que Luisfer nos chicaniara estrenando su tercera camiseta en línea. Juanfer se dejó venir nuevamente con su escudo pegado en el pecho con la foto de su nieta Sarita, por lo que le cobramos cuota y media para la tradicional vaca.

Pasando el puente peatonal aprovechamos para ver el adelanto de las obras de ampliación de esta estación, la cual dejará de ser la primera del sur, para cederle ese honor a la de Sabaneta. Por entre un enjambre de personas, que a esa hora, 7 de la mañana, se encargan de llenar los seis vagones del metro, llegamos al paradero de las busetas para el municipio de Caldas. Luego de media hora de esquivar grupitos de ciclistas, que los fines de semana inundan todas las salidas del valle de Aburra, especialmente las del sur, llegamos a la tierra donde viven 74.000 caldeños comenzando por su líder espiritual el profesor Luis Fernando Montoya. Caldas es famoso por sus aguaceros, los cuales vienen garantizados y certificados con el sello Icontec y por la industria casera de obleas con arequipe, que dieron lugar a la deliciosa frase sabatina: “vamos a comprar obleas a Caldas” práctica que se ha venido a menos porque hoy en día se las encuentra en todas las esquinas, disputándose masa a masa la popularidad con las inagotables y siempre ricas empanadas.

Para tomar el desayuno le pusimos la mano al primer restaurante que paso, y claro, como siempre nos tocó el más viejo y destartalado, por lo que pedimos algo ligero, digamos que desayuno de seminarista “builense” huevos revueltos, arepa amarilla, chocolate o algo parecido, dos pandequesos de tienda de carretera, y de ñapa un cuarto de quesito para cada uno, el cual salvo la carrera.

La salida para la carretera que conduce a Angelópolis se hace por las propias calles del pueblo, por lo que nos empapamos de tiendas, fruteras, legumbreras, carnicerías, de señoras barriendo el frente de las casas, de niños jugando en las aceras, de perros jugando en las calles; en fin, hasta pudimos ver al dueño de un carro de bestia sosteniéndole un balde al caballo para que orinara y no ensuciara la calle, en una muestra que clasifica para premio Nóbel de civismo; claro que nos fuimos preguntándonos, ¿como hará ese tipo para saber que el caballo tiene ganas de hacer pipi? Obviamente que ese gesto le valió al señor los elogios por parte de Juanfer quien no pierde oportunidad para elogiar o criticar ciertas conductas, de ahí que nuestros cayados no solamente sirven para ahuyentar los perros sino también a algunos que no se aguantan sus críticas.

En las afueras del pueblo, en una falda donde se resbala un gato errado, nos encontramos izadas dos enormes banderas, una del Medellín y otra del Nacional, lo que sirvió para algunas arengas y para la arrodillada y presentación de honores a la bandera de parte de Luisfer y Juanfer, en ese orden de equipos, todo acompañado por las risas y los comentarios de los moradores.

Siendo las 8 de la mañana cogemos la carretera, que en sus primeros 200 metros es destapada y estrecha, pero que luego se pone los zapatos pavimentados y amplios. El tramo inicial es en subida, por lo que el pueblo lo vamos viendo bajar como en cámara lenta. A medida que avanzamos comienza la sinfonía en verde mayor, representada por extensos pinares donde el pino patula se lleva todos los honores. El paisaje es toda una muestra gratis de la artesanía hecha por Dios, lo que nos da la idea para el nombre de esta crónica.

Al alcanzar la cima llegamos a la reserva natural El Romeral, ubicada a 2.750 metros de altura, la cual es contemplada y cuidada por Corantioquia. Esto nos permite tener como compañía, a cada lado de la carretera, tupidos bosques naturales que dan albergue a variada fauna y flora, como son: tigres lomo de machete, osos perezosos de dos y tres dedos, ñeques, liebres, guaguas, armadillos, perros de monte, chuchas, y ardillas.

Las existencias de aves son generosas. Comienza el desfile con el pájaro carraqui propio de la región, mencionado por Fernando González en su libro Viaje a Pie, le sigue el pájaro gulungo, de hermoso plumaje negro con pico, patas y alas en color amarillo fuerte, que emite un extraño sonido y que hace sus nidos en forma de calabaza o de jíquera colgando de los árboles como si se tratara de una propiedad horizontal. También se encuentran mirlos, turpiales, carpinteros, petirrojos, cardenales (diferentes al Echeverri) azulejos, torcazas, gavilanes y saltarines dorados, entre otros.

Entre las quebradas mas importantes de la región están la Javilina, la Clara, la Bramadora y la Norosí, además de varios riachuelos y nacimientos que nos permiten refrescarnos a punta de botella alzada. Este Romeral es el más importante sistema geológico del país por sus características de falla, a la cual se deben sus formas y relieves. Esta zona es rica en carbón de piedra, pozos con aguas salinas, miradores y senderos ecológicos conservados por Corantioquia. Precisamente en uno de los miradores paramos a deleitarnos con el paisaje y con unas jugosas uvas chilenas que todavía conservaban el frío de la nevera.

El trafico por esta carretera es mas bien tranquilo, predominan los camperos marca Toyota, que hacen las veces de chiveros, todos de color blanco y verde. Pasan algunas pesadas volquetas cargadas con carbón y uno que otro vehículo particular para las fincas de recreo o de producción; eso si, todos se ponen de acuerdo para sonar los pitos o las cornetas cuando pasan por nuestro lado, en señal de saludo y de admiración por nuestra actividad. Además de poco transitada es la vía más sola que hemos visto en asunto de viviendas o fincas cerca de la carretera, por lo que nuestras existencias de bombones llegaron intactas a Angelópolis

Las manzanas, granadillas, mandarinas y uvas que llevamos para comer durante el viaje, hacen juego con la cantidad de moras silvestres que encontramos al borde de la carretera y de las cerezas, todo bien acompañado con buenas dosis
de agua.

El rezo del Avemaría nos cogió en las goteras de Angelópolis, que no tiene nada de megalópolis, pues apenas moran allí 6.600 angelopolitanos que viven del carbón y la ganadería. En toda la entrada paramos para refrescarnos con algo helado mientras divisábamos allá bien abajo a Amagá. La calle de entrada es tan pendiente y estrecha que las cuentas de los servicios las reparten con cauchera; hay que ver esas volquetas subiendo cargadas con carbón o bajando vacías, una prueba propicia para expedir pases de conducción.

Como siempre, entramos a la iglesia de los Santos Ángeles, a presentar nuestras credenciales como embajadores plenipotenciarios y a saludar a más de un amigo. La plaza estaba inundada de campesinos, puestos de revuelto y toldos para vender carne de cerdo, lo que aprovecho el chinche de Juanfer para disfrazarse de “carimarrano”. A paso seguido buscamos la salida para Amaga no sin antes entrar a la residencia de un parroquiano quien muy cordialmente nos invito a tomar guandolo heladito, nos presento su familia y nos mostró el enorme caserón.

La carretera para Amaga, como todas las vías secundarias de nuestro departamento, es destapada y estrecha. Se caracteriza porque tiene muchas casas y negocios a su alrededor a punto que las existencias de bombones comenzaron a bajar considerablemente. Cada dos cuadras hay una mina de carbón constituida por un cambuche que tapa la entrada al socavón, un arrume del mineral y varios bultos listos para ser montados a las volquetas.

Muchos tramos de la carretera, que tiene un 90% en bajada, están convertidos en verdaderos lodazales por el invierno reinante, por lo que los tenis y las medias blancas quedan pintados de color tierra. Esta caminata, pero a la inversa, o sea Amaga Angelópolis, ya la habían hecho Luisfer y Juanfer durante el mundial de fútbol del año pasado, así que a cada momento llegaba el comentario, “aquí paso esto”, “aquí nos encontramos con fulano” “allí queda tal cosa” etc.

El paso lo aceleramos porque comenzaron los truenos a nuestras espaldas y el aguacero en toda la montaña, el cual por fortuna no llegó a nuestra zona. Las tiendas para el refrigerio son abundantes, así que Luisfer no peno, como en el primer tramo, por su cervecita. Entre las tantas tiendas sobresale la administrada por una veterana quien nos recibió al ritmo de mis amores por aquí, mis amores por allá, que mas quieren mis amores, con todo gusto mis amores, vuelvan por aquí mis amores. La particularidad de esa tienda es que está construida sobre un barranco y sostenida con columnas de madera, por lo que en el pequeño local se siente permanentemente un sismo de grado y medio en la escala de Richter.

Rapidito llegamos al corregimiento Minas, el cual posee un parque bien organizado y arborizado, con una iglesia que siempre encontramos cerrada, con buen comercio y hasta cementerio. A las 3 de la tarde llegamos al campo santo de Amaga, en una de las casas del frente le regalamos los dos últimos bombones a un par de hermanitos morochitos, que jugaban delante de su mama, una corpulenta morena, a quien felicitamos por la nueva ministra de cultura. Cuando estábamos en esta exaltación étnica se nos aparece una vecina y nos dice: no se vayan que ya les traigo 10 sobrinos para los bombones, ¿Cómo les parece?

La entrada al pueblo la hacemos por la parte más empinada, por lo que el repecho lo afrontamos al mejor estilo de Lucho Herrera, parados en los tenis que siguen color tierra y con los cayados en segunda relación.

A las 3 y 15 coronamos el parque Emiro Kastos, nombre de hipnotizador, repleto de amagacitas, sobre todo ellas, de mercado, de toldos, de camperos que sirven a varias veredas, de cachivaches, de buses, busetas, de mulas con el taxímetro parado, esperando pacientemente a que lleguen los arrieros con el bulto de bastimento al hombro y las cervecitas en la cabeza; en fin, eso parece una llegada de la vuelta a Colombia a Medellín, en tiempos de Cochise y el ñato.

Por entre la gente sentada en las escaleras que hacen las veces de atrio, entramos a la iglesia san Fernando Rey, nombre que tuvo el pueblo en sus inicios, para dar gracias el Creador por permitirnos la oportunidad de conocer tantas bellezas.

De la iglesia pasamos al restaurante Ramitama, (Ramírez Tamayo) otro que
está en la lista de nuestros favoritos por su deliciosa comida y por Angelita, así la llamo yo, quien nos ha atendido en ocasiones anteriores y que nos pone a sudar como ají pajarito, desafortunadamente no estaba en su turno. Como el local estaba hasta las banderas de comensales, nos sentamos al lado de la cocina, tal como lo hacen los choferes de buses, para que Patricia nos contemplara con un exquisito mondongo para Luisfer y el suscrito y con un sancocho de gallina para Juanfer, de sobre mesa claro con bocadillo y de encima miraditas de la patri que tiene mas ojos que una piña mal pelada.

Hablando de almuerzo, no fue sino estrenar nuestro blog, para que alguien nos escribiera: “eh, pero ustedes salen es a comer”. Que conste que nosotros no salimos a sufrir, pa´esa gracia nos quedamos en las casas arreglándonos las uñas o escogiendo las medias mas gastadas para regalarcelas al reciclador de la cuadra. Lástima eso si por Pablo Mejía, nuestro hincha gastronómico número uno, a quien le gusta todo bien descrito, con pelos (no en la comida) y señales. Como mi Dios es tan grande. Cuando estábamos pagando la cuenta apareció Angelita a hacer su turno, por lo que nos saludó con su hermosa sonrisa. Ahora si salimos “repletos”, bueno, “salimos” somos muchos….al menos yo.

Con renovados alientos compramos los tiquetes para el viaje hasta Medellín, en uno de los buses de la empresa Tratam, el cual salió a las 4 y 30. Ese bus parece del colegio san José, porque tiene una silla para 3 puestos a la izquierda y otra silla para 2 puestos a la derecha, claro que la silla de 3 puestos es para niños de kinder, porque los tres Todo Terreno no cabíamos, escasamente uno y medio. La salida se hace por unas largas, estrechas y empinadas calles, a 10 kilómetros por hora, lo que el chofer aprovecha para echarle piropos a sus amigas que conversan paradas en las puertas de las casas, y cuando pasa por las que mas le gustan hace sonar la corneta y le encima matada de ojo, y no es para menos, porque hay que ver que amagacitas.

Muy rápido llegamos a la vía principal que va para el suroeste, tan transitada por nosotros que ni el peaje nos cobraron. El Cardenal Echeverri apagó motores pero pronto se despertó y comenzó la conversa con Londoño. Mientras tanto, Luisfer, que iba sentado en la banca para dos, él y su morral, leía detenidamente el Colombiano, ejemplar que pensamos devolver porque no traía la columna de nuestro amigo Raúl Tamayo. De todas formas lo dejamos porque la columna de Ramiro Valencia sobre las madres, apoyada en textos de Tola y Maruja, fue todo un espectáculo.

Que conste que todavía nos quedaban manzanas, agua y ganas de seguir observando el paisaje, lo que nos permitió ver a lo lejos a Angelópolis, el punto intermedio de esta caminata.

Luisfer se bajó en la estación Aguacatala para tomar el taxi hasta su casa. Yo seguí con Juanfer hasta la Terminal del Sur a la que llegamos a las 6 de la tarde. Allí fuimos recibidos por las canciones de un grupo musical que cantaba tonadas españolas; así que al sabor de un refrescante Mr Tea de limón escuchamos canción y media.

El recorrido final hasta nuestras casas lo hicimos en un taxi manejado por un tipo mas serio que un mala paga saliendo de misa. Al llegar al edificio me preguntó Omar, el portero, ¿Quiubo don Jorge, donde estuvieron? le respondí, cerquita Omar, en el mercado de san Alejo del parque de Bolívar, mirando artesanías hechas por Dios.

Hasta la próxima

Jorge Iván Londoño Maya

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Felicitaciones por la crònica

Anónimo dijo...

Queremos felicitarlos por tan maravillosa pagina.

Mario Y Sonia

Anónimo dijo...

Estos chinches si pasan muy bueno ,no friegue ,no haber
iniciado unos años antes luisfer

Anónimo dijo...

Que programas tan sabrosos se arman estos muchachones todos los sabados, disfrutar de tanta belleza creada por papa Dios, eso si es saber vivir y disfrutar la vida. Que bueno que no se quedaron en la casa cortandonse las uñas, sino miren de cuanta cronica amena y de paisajes bellos nos hubiesemos
perdido.

Muy agradable la cronica Lobatico.

Abrazos mil pa los tres.

Conejita.