San Antonio de Prado - Belén Aguas Frías

Fecha: sábado 10 de noviembre de 2007

Asistentes: Luis Fernando Zuluaga Zuluaga, Juan Fernando Echeverri Calle y Jorge Iván Londoño Maya.

Duración: 5 horas

Nombre: Un árbol para celebrar la vida

- Buenos días señorita, por favor me vende un tiquete integrado para San Antonio de Prado
- Con Mucho gusto.
- ¿Cuánto vale?
- $1.550
- Mil Gracias

Este corto diálogo entre el suscrito y la taquillera de la estación Estadio del metro, a lo mejor no tenga mucho valor para los desprevenidos y amables lectores de esta crónica, pero si para quien lo compró ocasionalmente como yo, así como para los miles que lo compran diariamente para dirigirse a su trabajo o de regreso de éste para su casa. En mi caso era el inicio de una nueva y hermosa caminata, que venía envuelta en un espléndido día pintado al óleo por el pincel de un sol radiante que despuntaba por las montañas del oriente. Parecía mentira que en medio de este inclemente invierno se nos apareciera un soleado y veraniego día, con un cielo despejado, sin una nube al menos para dedicarle algo tan sencillo como una matada de ojos.

Pero no le echemos más piropos al día y volvamos al tiquete integrado, porque muchos no sabrán de qué se trata. Este tiquete permite montar en el metro desde la estación Estadio, en este caso, hasta la estación Itagüí, y allí tomar una buseta hasta San Antonio de Prado, ambos recorridos cuestan $1.550, precio módico que beneficia, como ya anoté, a miles de trabajadores y estudiantes.

En el segundo vagón del metro, tal como lo tenemos convenido para cuando Carlos Olaya no nos puede acompañar, como en esta oportunidad, debido a obligaciones laborales plenamente certificadas por notario publico, me encontré con Juanfer para seguir hasta la estación Itagüí en donde nos esperaba el siempre puntual doble Zuluaga de Luisfer. Luego del abrazo, del canto a la belleza de estas mujeres de mi Dios y la izada de zurriagos, procedimos a mirar el adelanto de las obras de ampliación de la estación y de la futura línea hasta Sabaneta, prospero y agradable municipio donde el alcalde hace lo que diga María Auxiliadora.

Del metro pasamos a una de las busetas que cubren las rutas integradas, en la cual le entregamos al chofer el segundo tiquetico. Con pocos comensales y al son de salsa y vallenatos arrancamos para el corregimiento de san Antonio de Prado, que cuenta con más habitantes que la gran mayoría de los 125 municipios de Antioquia. El trayecto se hace por las estrechas calles de algunos de los populosos barrios de Itagüí y por sitios tan conocidos como el parque Ditaires y las instalaciones de Cervecería Unión, por donde a Luisfer se le volvió agua la boca.

Entrados en predios de San Antonio de Prado se estrecha la carretera y comienzan las curvas a diestra y siniestra, curvas cerradas donde solo cabe el piropo para las muchachas que a esa hora salen a barrer las aceras vestidas con sus chorcitos. Ese corregimiento es un puñado de casas, edificios de dos y tres pisos, calles empinadas, curvas, solares y lotes viejos; pareciera como si alguien hubiera cogido todo el pueblo entre sus manos y lo hubiera tirado a la jura, y así como cayó así se quedó. Es un enredo con nomenclatura.

Gracias a la Virgen del Carmen llegamos al parque principal, porque estábamos a bolsa y media de la mariada de Juanfer. Para ganar indulgencias entramos a la iglesia para agradecer lo mucho que hay que agradecer. Me imagino que Juanfer, entre su listado, incluyó su cumpleaños a cumplirse mañana 11 de noviembre, día de la independencia del corralito de piedra, el cual se independizó de la esclavitud (¿si será?) pero no de la politiquería y la corrupción.

Luego de cinco minutos de oración quedamos libres para mirar en el empinado parque, la flota de los Renault 9, todos como 9-citos, que atienden a las diferentes veredas y a su lado la tropa de camperos para trochas mas complicadas. Se destaca la construcción de la casa de gobierno, a cuyo lado está la estación de policía. Precisamente, mientras Luisfer tomaba la foto al edificio, se le acercó un policía y le dijo: “Oiga señor, está prohibido tomarle fotos a las guarniciones militares, así que haga el favor de borrar la foto que acaba de tomar” por lo que Luisfer procedió a “borrar” la foto (claro que de mentiritas, porque ahí la tienen) obviamente le preguntamos al policía el porqué de esa prohibición y nos respondió: “es que esa foto puede caer en manos de la guerrilla (?) y aprovecharla para un ataque”. Ahí si como dicen: El que manda manda aunque mande mal.

Después de este incidente, procedimos a buscar donde desayunar y…..atérrense, los dos o tres restaurantes estaban cerrados. Así que entramos a una de esas panaderías modernas que nos vienen invadiendo como por arte de mafia, con enormes avisos de gas neón, silletería y mesas en reluciente aluminio, vitrinas extravagantemente iluminadas, lujosos exhibidores móviles, etc, etc. Juanfer y yo pedimos huevos pericos, pan y gaseosa y Luisfer pastel de pollo, buñuelo y café en leche. Yo dejé casi todo el huevo porque, quien lo creyera, pero para preparar deliciosos huevos se necesita, al menos, un cuartico de hora de uno de los cursos de culinaria de Comfama, y además tener buen gusto, ¿o no? así Juanfer diga que yo soy muy “estirado” para comer y que como el tiene boca de dragón todo le sabe rico, bueno, al menos eso cree él. Mejor dicho eran huevos revueltos de batallón.

Mientras desayunábamos le dije a Juanfer: hermano te salvaste de que el policía aquel te decomisara el sombrero de camuflado que llevas puesto, aludiendo que es una prenda de uso privativo de las fuerzas armadas. Más bien escóndelo en la mochila para la salida y te lo pones cuando estemos bien retirados.

A las 8 y 10 minutos, hora que marcaba el ESS (El Santuario Swatch) de Juanfer, y con el Lobato entamborado de pan y gaseosa como gamín bogotano, pintamos la raya de salida virtual en toda la esquina nororiental del parque. A las pocas cuadras llegamos a la carretera pavimentada que conduce a Belén Aguas Frías, Heliconia, San Cristóbal y varias veredas, lo que convierte a esta región en lugar predilecto de los caminantes.

Como si hubiéramos pisado un nido de hormigas, comenzaron a aparecer unas volquetas en fila india que no sabíamos para donde ni a que iban, lo que hacía más complicado y peligroso el tránsito por aquella estrecha carretera, por lo que a cada momento se oía el grito: ¡ojo que hay vienen otras dos¡ ¡Juanfer entrate! ¡Todos para el mismo lado! ¡Pilas que viene una arriada¡

Este primer trayecto se hace bordeando la quebrada La Larga, que luego de pasar con los ojos cerrados por San Antonio, por la cantidad de basura que le tiran, se convierte en la Doña María. Así mismo decoran el paisaje varias caídas de agua que vienen desde la montaña y los extensos cultivos de pinos, cuya madera es ampliamente explotada; eso si, teniendo en cuenta la resiembra.



Hablando de árboles, en una de las curvas nos encontramos de frente con un hermoso paisaje cuyo componente principal era una fila de árboles perfectamente alineados, que gracias a la perspectiva, y mirados de frente, daban la idea de ser uno solo. Este regalo de la naturaleza se lo endosamos a Juanfer con motivo de su cumpleaños. En las siguientes fotos aparecen a la izquierda el árbol y a la derecha los árboles que lo componen.











Terminado el tramo pavimentado comienza la carretera destapada y golpeada por el invierno, por lo que no se hacen esperar los tramos pantanosos, el mayor de ellos ocasionado por el derrumbe en una zona rica en vetas de carbón de hulla, de ahí el color gris plomo del barro que nos tocó sortear. En ese punto había una retroexcavadora haciendo los trabajos de limpieza y adecuación de la vía. Los montículos de material que encontramos al comienzo del derrumbe, nos dieron las respuestas sobre la caravana de volquetas que vimos pasar al principio.

A las dos horas llegamos a la truchera Pisarro (con ese) sitio donde alguna vez estuvimos con el cura Pacho comulgando con el pan árabe y el queso crema que nos había llevado para brindar por su primera salida con nuestro grupo. En esta oportunidad, a falta de pan y queso, nos tuvimos que contentar con los hermosos ojos de Gladys, una de los ocho hijos de los propietarios del estadero, y pasarlos con unas gaseositas, como para hacer el gasto y justificar la sentada.

De la truchera para arriba comienza Cristo a padecer porque llega el tramo mas empinado. Hay que ponerle la polla a los cayados y tirar los morrales para adelante para equilibrar el peso. La subida se hace por unos rieles en cemento, y por entre extensos pinares donde resaltan el color rojo de los uniformes de los obreros que talan y sacan los troncos y las trozas, los cuales sirvieron de motivo para la foto de rigor.

En este ascenso nos encontramos con el dueño de la truchera, o sea el papá de Gladys, quien al igual que la primera vez, nos informó sobre los diferentes caminos que podemos coger, utilizando el mismo idioma y claridad con el cual los campesinos dan las indicaciones para llegar a una parte: “ustedes siguen derechito por aquel camino, antonces cuando lleguen a la chambrana, allá en ese altico, cogen pa´ abajo y donde está la mula amarrada cogen a la izquierda y ahí se van preguntando, hágale que no tienen pierde”

Terminado el duro ascenso comienza la parte plana y con ella el extenso y agradable mirador, desde donde se divisan esas montañas nuestras que nos son capaces de vivir sin nosotros, y nosotros sin ellas, algunos tramos de la carretera que acabamos de pasar, las marraneras que abundan por el sector, infinidad de fincas y un pedacito de San Antonio de Prado que desde lo lejos nos dice adiós y nos pide a gritos que volvamos.

El pelicandela Arango que nos acompañó durante casi todo el trayecto, cerró el chuzo al medio día porque en invierno sólo trabaja medio tiempo, así que terminado el terreno plano aparecieron los negros nubarrones. Abajo el imponente paisaje de la parte occidental de Medellín y el fuerte descenso no apto para una vuelta a Colombia en bicicleta porque se resbala hasta una cabra, por lo que los cayados seguían con la polla puesta para bajar a punta de compresión, pero los morrales nuevamente puestos sobre la espalda para guardar el equilibrio.

En plena zona de alimentación hicieron su desfile las mandarinas, manzanas y granadillas, manjares que en esos lugares saben a gloria. Así mismo llega el momento del rezo del ángelus con la misma devoción de siempre y las gorras en la mano.

A las dos horas de descolgada aparecen los primeros vestigios del barrio belén aguas frías, casas a lado y lado de la vía, las busetas sin pasajeros que a paso de tortuga comienzan su viaje hacia Medellín, las tiendas, etc. A propósito, nos llamó la atención el letrero que encontramos en un pequeño almacén en el cual públicamente dan cuenta de los morosos; por fortuna no estábamos en la lista ni ningún pariente o amigo hasta el quinto grado de consanguinidad o afinidad, menos mal.

Como lo de los nubarrones no era charlando, comenzó a caer una llovizna que nos obligó a entrarnos a un estaderito a tomarnos otro refrigerio acompañado de nuestra famosa picada de papitas (de las de paquete) amenizado con el noticiero de Teleantioquia al fondo. Amainada la lluvia seguimos bajando pero a las pocas cuadras se volvió a largar por lo que decidimos coger una de las busetas, de esas con una sola puerta y mas estrechas que sanitario de tren.

En la carrera 80 nos bajamos luego de cancelar los $3.600 del pasaje y de haber doblado la registradora con los cayados, porque para salir hasta se necesita de abogado. A la media cuadra entramos a almorzar en Alex Carne de Res, famoso por el litigio jurídico con el Andrés Carne de Res de Bogotá, al que yo llamo “Andrés Carne al Revés” por el complique para conseguir una mesa un domingo a las dos de la tarde, experiencia que me tocó vivir, esa vez terminamos almorzando en otro a cuatro cuadras, en donde nos recibieron de pico y nos dieron menticas a la salida, ah… y no tuvimos que dejar el carro como parte de pago.

Elizabeth, una hermosa universitaria, fue la encargada de decorar la mesa con un churrasco, una pierna de cerdo y una pechuga de pollo, todo a la parrilla, acompañado de papa al vapor con salsa yonoseque, arepa con hogao y ensalada de repollo con zanahoria. Mientras almorzábamos les propuse a los caminantes que montáramos un restaurante, y que para seguir con la rima de los nombres, muy de moda por estos días, lo pusiéramos “Jaramillo carne de Novillo”.

De allí pasamos a una de las panaderías “aquellas” para comprarle una tortica de cumpleaños a Juanfer. Así que en plena 80 con calle 30, ante la curiosa mirada de los pasajeros de los buses, le cantamos: “feliz cumpleaños amiguito, te desea ponque Ramo, que el recuerdo de este día llegue hasta nosotros, con la dulce y sana alegría del primer cumpleaños Ramo”.

De la 30 nos fuimos hasta la 33 riéndonos y dichosos por la mini piñata que le improvisamos al Juanfer, y para rematar se nos aparece una trigueña con cara de ángel y cuerpo de sirena que nos dejó boquiabiertos. En la glorieta de Santa gema bajamos la bandera a cuadros y cogimos los taxis para nuestras casas.

El chofer del taxi que nos toco a juanfer y a mi, nos dijo: “me imagino que vamos pa´ Bello, porque con esos palos parecen unos locos” por lo que le dijimos: tenés toda la razón, porque sólo los locos y los muertos son los que viven bueno. Al menos eso dice Juanfer.

Hasta la próxima

JORGE IVAN LONDOÑO MAYA

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buena la crónica. Me reí de cabo a rabo y la disfruté ídem, pero por dignidad no pienso decir absolutamente nada más. Sólo una cosita: me encanta ese espíritu alegre y de amigos entrañables que se les sale por los poros. Felicitaciones.

Anónimo dijo...

Super agradable el relato en la crónica de tan bella caminata y el homenaje merecido a nuestro amigo Juanfer, hiciste gala de tu reper-torio de escrito felicitaciones Luisfer

Jorge Iván dijo...

Eavemaría Elbacé, no fregués, dejá a la dignidad vestida de pijama y contanos pues el resto. No nos dejes con el entripa´o

Anónimo dijo...

Hola:
Sólo para comentar que en esta ocasión no tengo comentarios

Jorge Iván dijo...

eh, algo muy serio le tuvo que haber pasado a Herodes y su capote, Por que para no comentar nada. No leo y no lo creo.
ah, se me olvidaba, Elbacé, tambien se nos vino muy remilgada, hablando dizque de dignidad y dejándonos en ascuas y con los crespos hechos. Tu tranqui que la próxima columna tuya en el Colombiano.... ni de reojo. Oís

el lobato

Jorge Iván dijo...

Bienvenido Santiago, el de Cali, a estas ondas camineras. Leeremos con igual devoción sus cuitas.

el lobato de los Todo Terreno

Anónimo dijo...

Pues más les vale que lean mi próxima columna, porque pueden pasar dos cosas: o me adoptan de por vida o me sacan por un volao...

Anónimo dijo...

Pues Elbace no dijo segurito lo que voy a decir yo y que se vaya la dignidad al carajo, eso de que cria fama y echate a dormir en el Lobato si es mentira que hombre pa coqueto, mejor dicho es mejor tenerlo a leguas de distancia.
Pero como sea te la luciste en la cronica, muy romantica al principio
con eso de que esta caminata venia envuelta en un esplendido dia pintado al oleo por el pincel de un sol radiante, esas palabras son de mucha belleza lobatico, en fin que te das gustico saboreando al escribir y desplegando toda tu
poesia en las cronicas.
Que pereza como pasan ustedes de maluco.

Conejita
Harrison, N.J.