SAN SEBASTIAN DE PALMITAS

PAISAJE, BELLEZA, CABLE, OLOR A DULCE Y FUTURO. ¡QUE MEDELLÍN PA’PISPO!

En medio de una mañana con las muestras de la lluvia caída la noche anterior, un frío muy agradable, una ciudad hecha un solo bostezo y las montañas que encierran la Bella Villa, desigualmente enruanadas en un manto palpitante de neblina, los Caminantes Todo Terreno fuimos llegando a la Estación Caribe de nuestro querido quinceañero, el Metro de Medellín, para iniciar la caminata de la fecha.

Aun no se clavaban los punteros del reloj sobre las 7 am, hora de encuentro, cuando ya Luis Fernando Zuluaga (Zuluaguita) se encontraba en el sitio fijado leyendo en el periódico El Colombiano, la columna Just Gentium (léase Just Fajardus) de nuestro buen amigo Raúl Emilio Tamayo.

Tremendo saludo el de los amigos, quienes ubicados en todo el rincón del pasillo de salida de la estación, nos pusimos a actualizar los termas de la semana, mientras aparecía Carlos Alberto Olaya (Olayita) quien muy cumplido llegó a la cita, pero no nos vio.

Inquieto el hombre miró para todos lados y alistó su cámara para empezar a filmar, cuando le salimos al encuentro...”Vea hombre y yo que había pensado que había llegado de primero y ya estaba listo a filmar para tener como prueba”, afirmación que le acompañamos de risas mientras dábamos la feliz bienvenida a nuestro tercer caminante.

¡Éramos tres los caballeros!...o mejor los caminantes, ya que por razones de fuerza “mayor”, con la debida anticipación Jorge Iván Londoño (El Lobato) y José María Ruiz (Chema) habían presentado motivos para no asistir a la caminata.

Mientras compartíamos alguna situaciones de la semana y noticias de última hora, Olayita dice con inspirado acento: “Definitivamente la gente no lee...” y agacha su cabeza para que le admiremos su nueva gorra o cachucha, marcada o mejor bordada con el nombre de LOS CAMINANTES TODO TERRENO, lo cual arrancó nuestra admiración, mientras nuestro querido amigo sacaba de una bolsa plástica cuatro cachuchas similares.

Que detallazo, había mandado a hacer diez de estas, para regalarnos a cada uno de a dos y así mejorar nuestro atuendo, como un distintivo en los caminos. ¡Gracias Olayita! Esos son esos detalles que alimentan el alma y revitalizan la amistad.

A paso seguro, felices como por variar y estrenando cachuchas, cruzamos el puente peatonal que nos lleva a la Terminal de Transportes Mariano Ospina Pérez, donde buscamos presurosos las flotas de Occidente, ya que nuestra salida estaba fijada para el corregimiento de San Sebastián de Palmitas en el Occidente. . Efectivamente en Transportes Urabá compramos los tiquetes respectivos y para salir a las 7:30 am., no sin antes haber degustado cualquier traguito en cualquier local de la terminal y para “mamarle gallo al hambre”.

Acomodado el trío de caminantes en el vehículo no.288 de la precitada flota, iniciamos nuestro carreteo y salida, siendo las 7:33 am., pero como cosa graciosa, el conchudo “fercho” se instaló sobre la berma de la vía y a escasos metros de la terminal, a esperar pasajeros como cualquier lechero de otrora y ahí si no aparece ningún azul que le recuerde la norma.

Reiniciada la marcha, en veloz carrera y en un cómodo y agradable viaje, interrumpido por los infaltables vendedores de galleticas que le anticipan a uno el mareo, nos fuimos descontando kilómetros en medio de ese paisaje tan acogedor hacia San Cristóbal y el Túnel de Occidente, esa hermosa obra de ingeniería, que tanto servicio ha prestado y el que prestará en el futuro y sometida hoy a toda clase de chismes y cuentos infundados con el único fin de desprestigiarla, pero a palabras necias, empuje paisa.

A escasos tres minutos del túnel y ahí donde se ubican los estaderos, nos apeamos del vehículo, divisando en el acto, un aviso muy bien presentado que indicaba la ruta hacia San Sebastián de Palmitas, por una carreterita pavimentada, estrecha y empinada, la cual tomamos sin mucho ruego, era la carretera vieja.


Desde el primer paso dado, siendo las 8:35 am. empezó a brindarnos sus bellezas el paisaje: Vegetación variada, las cristalinas aguas de la volcana, el trinar de los pájaros, los nidos de gulungos colgados de los árboles, flores en abundancia, cultivos de cebolla, legumbres, café, caña dulce y hortalizas y ese ambiente campesino que da ganas de quedarse viviendo en esos lugares...y un aire limpio que contagia libertad.

La cámara de Olayita hacía rato que venía trabajando, pero aquí aceleró su ritmo para apresar tanta belleza, al tiempo que en medio de chistes, comentarios y admiraciones, los tres caminantes y mejores amigos, le dábamos a la marcha y a la camaradería, esa que tornaba nuestra caminata en una delicia.

Nos llamó la atención encontrar al borde del camino, atados de caña dulce cortada y amarrada, esperando las bestias para ser cargadas, ya que quién lo creyera, esa es nuestra sorprendente Medellín, en la que en sus propias goteras, hasta trapiches paneleros y arrieros se encuentran, aunque de cachucha y sin carriel ni mulera, atuendos que ya prácticamente desaparecieron y sólo se encuentran en las ferias y en uno que otro campesino de esos que sigue aferrado a su tierra y sus costumbres.


Pocos carros en el camino, muchos ciclistas que hacen ejercicio, algunos arrieros con sus cargas de caña de azúcar la cual se produce generosamente en aquellas tierras..y un olor a encanto, que nos llevó hasta el Estaderito Palmitas, famoso por sus pandequesos y almojábanas, esos que pudimos degustar calienticos, acompañados de tres tazas de chocolate humeante y como sólo se prepara en esos lugares.

Que atención tan buena la recibida por los Caminantes Todo Terreno y que formalidad la de los administradores y empleados del lugar, quienes gozaron de lo lindo con la cámara de Olayita, quien plasmaba sus actividades sin descanso, mientras Zuluaguita y Juanfer gozábamos como “bobo chupando caña”, ante tanta calidad y belleza juntas.


Seguimos nuestro camino en medio de un paisaje de neblina, agua, montaña y naturaleza viva, hasta que en menos de lo que demora un político de el Polo en lanzar su crítica mañanera y nociva, su pan de cada día, estábamos haciendo ingreso al pequeño poblado de Palmitas, el cual parecía arrancado a un pesebre, con sus casitas bien tenidas, sus callecitas estrechas y limpias, el comercio que huele a trasnocho, las amas de casa que barren los frentes de sus viviendas, un niño allá, otra acá, un perro que cojea y recorre el lugar con su nariz pegada al piso y los vecinos que dejan escuchar su saludo.

Ahí, en un nivel más alto, como queriendo mostrar su importancia, estaba la pequeña y hermosa iglesia de San Sebastián de Palmitas con su torre firme sosteniendo el reloj, el cual mostraba una hora incierta, ya que su puntero horario, como que no se atrevía a salir del 8 para ubicarse cerca al 9 dada la hora: 9:50 am.

Ingresamos al templo, el mismo que no conocíamos, ya que en una caminata que hicimos por estos lados hace como cinco años y rumbo a Ebéjico, estaba cerrado. Que belleza, que gusto para su arreglo, que aseo, que altar y que cuadros de las estaciones, dignos de cualquier templo. El maderamen del techo, ni hablar, toda una obra de arte tejiendo y desafiando la resistencia, frente a la gravedad del peso.


Ahí en un establecimiento contiguo al templo, un parroquiano del lugar muy amablemente nos refrescó la memoria respecto a la ruta que debíamos tomar para ir a la hermosa vereda de La Aldea y conocer el trapiche, las obras del teleférico (cable) que actualmente se construye y tantas cosas hermosas que tiene ese lugar. Efectivamente era una desviación enrielada a la izquierda de la carretera y a no más de doscientos metros de donde estábamos.

Arrancamos carretera arriba a buscar los rieles, los mismos que ya habíamos pisado en nuestra anterior caminata, pero era tal la compenetración con la belleza del paisaje y la carreta que veníamos hablando, que cuando nos acordamos de los rieles, ya estábamos como a medio kilómetro más arriba.

Hagamos una cosa pues, dijo Zuluaga: “No tenemos afán, sigamos para San Jerónimo que son como cuatro o cinco horas de camino” a lo que Olayita y Juanfer respondieron afirmativamente y dele manija por la vereda El Potrero para arriba, que San Jerónimo nos espera.

No habíamos recorrido mucho, cuando nos encontramos un viejo campesino cortando yarumos para leña (que daño tan grande a la naturaleza, pero le perdoné el regaño ante la presencia de su machete en la mano), quien preguntado sobre la distancia a San Jerónimo, inmediatamente nos dijo “eso está muy lejos, vea, allá donde está esa neblina tras esa montaña...a pie, hoy no llegan, además esto está muy sólo y hay mucho robo y atraco, no les recomiendo seguir”.

Ante tan sabia y poco consoladora recomendación, devolvimos nuestros pasos a buscar los rieles que nos llevarían a La Aldea, en medio de esa mañana fresca, con un cielo encapotado y algunas briznitas de lluvia que se hacían sentir muy levemente. A nuestra derecha ese cañón inmenso y quebrado donde se dejaba ver La Aldea y a nuestra izquierda, las casitas campesinas con sus jardines y sus gentes amables y laboriosas.

Fueron muy pocos minutos los que necesitamos para llegar al enrielado y empezar su descenso. Los mismos muestran haber sido reparados, ya que hay que decirlo, en San Sebastián de Palmitas, también están invertidos nuestros impuestos, lo cual claramente se ve en la cantidad de obras que se han adelantado y se adelantan en este hermoso corregimiento, potencial enorme de turismo y despensa agrícola.

La bajada de los rieles fue con precaución ante lo lisos que estaban por el agua caída. Al acercarnos a una casa campesina muy bien tenida, salieron a nuestro encuentro como seis perros haciendo bulla, los cuales ya habían desayunado por fortuna y tras esto aparecieron tres señores: Don Carlos de la Junta de Acción Comunal, otro Carlos y Héctor, quienes muy amablemente se nos presentaron y nos pusieron al día de todo lo que se hace en el corregimiento y nos recomendaron visitar el trapiche panelero, cuyo humear cadencioso y azulino, se veía en la distancia.

Despedido de estos ocasionales y amables amigos, dirigimos nuestros pasos al trapiche, al cual nos llevaría un camino de herradura, pantano, lodo, agua y más pantano que por fortuna logramos cubrir sin mucha dificultad, aunque sí con mucho riesgo, ya que “viejo caído es viejo perdido”.


El ambiente se inundó de ese dulce olor a miel en ebullición, a cagajón fresco, sudor de mulas, bulla de arrieros, el gemir de la caña entre los violentos sinfines del trapiche, melaza y el amable saludo de los operarios de la molienda, quienes nos invitaron a pasar:

“Te presento el trapiche. Su violencia es tan dulce,
que si llora la pulpa llora de enamorada.
De su queja inocente como de niña núbil
Aprendieron el Ángelus que rezan las campanas”.

Jorge Robledo Ortiz

En este punto y hora suena el rrrriiiinnnnn del celular de Olayita. Era nada menos que la infaltable llamada de la Coneja desde los Estados Unidos para darnos el saludo de rigor e indagarnos por los pormenores de la caminata. Hasta le toco mazamorra con blanquiado


Que fantasía a escasos minutos del centro de Medellín. Todo el proceso de la caña de azúcar, deliciosa y energética panela, esa que llega a los mercados y a nuestras casas, proceso que quedó registrado completamente en la cámara de Olaya y en el corazón de Zuluaga, quien endulzaba la vida comiendo pedacitos de “conejo” arrancado a las hirvientes y humeantes pailas, donde “ebulle” como cobrando vida, ese guarapo obtenido con sudor de hombres y mulas, el cual luego se transforma en la dulce panela, tradicional alimento y manjar de reyes, que en esta molienda es marcada con las letras J. F. cómo anónimo homenaje a cualquier caminante.


Nos despedimos de estos amables señores de hierro, por su fortaleza; para continuar nuestro camino, pasando en medio de las mulas cansadas y sudorosas que recién descargadas, despachaban sedientas esos bongados de melaza y guarapo servido por sus amos, revuelto con harina de trigo.


Bajamos a paso lento pero seguro, por ese sendero de herradura, empantanado hasta las cachas, el cual en medio de flores y vegetación, caña, frutales y canto de aves, nos llevó al enrielado, para seguir nuestros pasos hacia la acogedora y bonita vereda La Aldea, digna de ser conocida, no sólo por su paisaje y la amabilidad de la gente; también por la existencia en la misma, de la estación principal de ese cable o teleférico que hoy se construye para pasajeros y carga y que sin lugar a dudas será la redención de Palmitas y sus moradores, quienes esperan les sea inaugurado en los próximos días.


Ingresamos a la estación, donde posó el paisaje para las fotos y posamos nosotros. Nos dimos un baño de dicha contenida, ante tanta paz y tanta belleza y nos preparamos para el regreso, pensando primero en tomar un refresco, dirigiéndonos a uno de esos negocios que hay a bordo de carretera, encontrándonos en el trayecto con una jovencita que portaba oprimidas contra sus pechos, unas carpeta y un lápiz entre una de sus manos.

¿Ustedes quienes son y de dónde vienen? Fue su casi tierna e inocente pregunta, la cual fue respondida en coro y amablemente por los caminantes, quienes procedimos a entrar en diálogo con tan agradable y bonita persona, esa que sin titubeos ni temores, siguió el camino con nosotros, motivo que nos animó a invitarla a que nos acompañara a tomar un refresco con nosotros, para lo que no se hizo rogar.-

Sentados en una venta cualquiera, nos contó que trabajaba con el Municipio en labores sociales y que actualmente desarrollaba una encuesta sobre el tema. Su nombre es Diana, nacida en Caldas (Ant.), pero vive en San Sebastián de Palmitas hace cinco años...Así se nos fue el tiempo con esta dulce criatura, hasta que se despidió, ya que debía continuar con sus labores.

Nosotros mientras tanto y con el deber de caminantes ya cumplido y muy satisfechos, decidimos tomar carretera arriba para completar la caminata, pero la lluvia que se dejó venir en forma tímida pero mojadora y alguito de hambre, nos puso a escoger y adivine apreciado lector (¿si lo habrá?) por qué nos decidimos...


Claro, hora de buscar almuerzo, para lo cual enfilamos cayados y ganas al bonito y bien presentado Restaurante y Panadería La Aldea, dónde en medio de bebidas refrescantes, dimos cuenta de una suculenta picada para tres tragones, la que mostraba pobreza de papa y de tomate, pero mucha riqueza en colesterol. ¡Qué delicia!

Satisfechos, con paso tranquilo y botando corriente, en una tarde fría y con esa lluvia “moja bobos” pero casi imperceptible, esperamos bajo el puente peatonal ahí en los estaderos a que pasara un bus, el mismo que efectivamente apareció por obra y gracia de Transportes Occidente y de La Milagrosa, con puesto y todo, procediendo a su abordaje.


En un viaje excelente, sólo interrumpido por un vendedor de CDs. chivados, que empacaba los mismos a sus ocasionales compradores, en las bolsas que en el bus pone la empresa para “en caso de mareo”, lo cual nos resultó como graciosamente descarado, aprovechamos el paso por la línea “J” de nuestro Metro, para retornar a casa, bajándonos en Vallejuelos.


Importante agregar, que en ese colgante regreso, pudimos aprovechar allá en la estación San Javier, para conocer la muestra escultórica de Olga Inés Arango, todo un hermoso “grito de protesta social”, que quedó plasmado por la cámara de Olayita y reflejado en la retina de Zuluaga, quien no cesaba de admirar tan dolorosa belleza.

Hasta la próxima y contando con el superior permiso.

Juan Fernando Echeverri Calle
Medellín, Septiembre 4 de 2010.-

SAN SEBASTIÁN DE PALMITAS
Corregimiento de la ciudad de Medellín, conocido como Palmitas, es uno de los cinco con que cuenta nuestra ciudad. Ubicado en el noroccidente d e la misma, limita al norte con San Jerónimo, al oriente con Bello y el corregimiento de San Cristóbal, por el sur con el corregimiento de San Antonio de Prado y Heliconia y por el occidente con Ebéjico.

Fundado en 1745 por unos pobladores nativos indígenas, toma su nombre por la presencia de palmas naturales de cera. En 1930 año en que se construyó la carretera al mar, lo cual le dio un gran auge, el cual hoy ya no posee, fue trasladado su caso urbano al sitio que hoy ocupa.

Su historia reciente se asociaba con la carretera al mar, lo que Ahora viene cambiando con la aparición de la nueva carretera y el Túnel de Occidente, llamado Fernando Gómez Martínez (honor que debió ser reservado para Jorge Robledo Ortiz, el poeta de la raza...pero...), cuyo portal occidental está localizado en el corregimiento, provocando un nuevo ordenamiento a los asentamientos humanos de la localidad, esa que hoy muestra cambios y mejoras importantes y que encierra un gran futuro turístico, además de ser reserva agrícola digna de ser conocida, amén de su cable próximo a entrar en funcionamiento.

Palmitas tiene un área de 57.54 Km2. equivalente al 15.29% del total de la ciudad, con una topografía bastante quebrada, donde se asienta su cabecera en una alta pendiente y con una vista maravillosa y donde se desarrollan diferentes actividades.

Palmitas es rico en agua, gracias al riego de las quebradas La Volcana, Miserengue, y la Legía, así mismo cuenta con cerros y alturas de gran belleza, que resaltan su atractivo.

Palmitas localizado a una altura entre los 1.400 y 3.100 msnm, presenta un clima deliciosamente frío, que oscila entre los 10 y 17 grados centígrados y una precipitación promedio de 2.400 mm por año.

San Sebastián de Palmitas cuenta con una población estimada en 7.700 habitantes, siendo el corregimiento menos poblado de Medellín con una densidad de 133 hab/km2.

Sus veredas son: Urquita, La Suiza, La Sucia, La Volcana o Guyabal, La Aldea y la Frisolera, todas con su quebrada y sus cultivos, así como su sabor campesino, lo cual la hace más atractiva y espera que los turistas la visiten. ¿Cuándo va usted?

5 comentarios:

Jorge Iván dijo...

Con esta si hay que decir: "Al que quiera más que le piquen caña". Tremenda crónica te "fajardum" Juanfer, con olor y sabor a molienda

Anónimo dijo...

Quede enmielada, empandequesada, ja, ja, ja! Mejor dicho, querido Juanfer, le sacaste hasta la ultima gota de ese delicioso dulce a la cana, perdon, a la caminada y sus paisajes para asi regalarnos esta deliciosa cronica.

Felicitaciones mil.

Conejita.

Elbacé Restrepo dijo...

Tarde pero llegué!!!! Juanfer, muy rica la crónica, muy amena y muy energética, jeje. Me gustó mucho la narración, excelente. Además, tengo una preguntica: ¿las otras cachuchas para quién son?

Unknown dijo...

Definitivamente, mañana disfrutare de toda esa magia. Muchas gracias por está maravillosa crónica. Se puede sentir el corazón de Palmitas.

CRUZAMONTAÑAS dijo...

buenas tardes los felicitamos por las rutas y las fotografias son espectaculares, les quiero pedir un favor de poder utilizar la foto del salto velo de novia para un plano que estoy realizando para una posterior caminata en un tiempo se nos han borrado muchas fotos que teniamos guardadas y no tenemos esa, muchas gracias por su atencion